| 5/28/2010 12:00:00 AM

Las 5000 empresas: Tiempo de crecer

En un año extremadamente difícil, el sector empresarial demostró que tiene capacidad de aguante y se mantuvo relativamente sólido. El reto es aprovechar estos resultados para acelerar el crecimiento.

Los resultados de las 5.000 empresas más grandes del país en el año 2009 sorprendieron por el lado positivo. A pesar de la fuerte crisis internacional, el cierre del mercado venezolano y el frenazo en el crecimiento del PIB (el cual fue prácticamente cero), las 5.000 empresas mostraron una dinámica y resiliencia notables frente al entorno desfavorable.

En el agregado, este dinamismo quizás no es evidente, pues las ventas totales del grupo crecieron tan solo 0,6% real, mientras sus utilidades tanto operativas como netas cayeron alrededor de 8%. Sin embargo, el resultado total tiene una fuerte influencia del sector hidrocarburos, cuyo crecimiento se frenó, si bien su participación sigue siendo muy alta. Al desagregar los datos aparece un grupo de sectores, y grupos de empresas dentro de estos sectores, que demostraron una capacidad extraordinaria para crecer en medio de circunstancias adversas. Desde energía eléctrica hasta azúcar y software, son evidentes en el país unos focos claros de dinamismo empresarial donde las ventas y las utilidades superaron las expectativas.

Estas empresas evidenciaron también una capacidad dinámica que invita a pensar el tema de sus perspectivas desde un ángulo diferente. Si resistieron tan bien un choque tan fuerte del entorno, entonces, ¿cuál podría ser su verdadero potencial hacia adelante?

Como lo dice Luis Andrade, socio de McKinsey & Co., los resultados llevarían a considerar que muchas empresas colombianas han alcanzado un grado de madurez que les permitiría pensar en que llegó el momento de acelerar el crecimiento con la meta de convertirse en jugadores importantes a nivel regional.

Cada vez hay mejores condiciones para las empresas de alto potencial que decidan seguir ese camino. "El interés de los fondos de capital e inversionistas extranjeros por este tipo de compañías es abrumador", afirma Mauricio López, director de segmentos en la vicepresidencia de banca empresarial de Bancolombia. Sin embargo, se requiere un cambio de mentalidad y un vuelco hacia una perspectiva de largo plazo, planes más agresivos de crecimiento, mayor disposición para abrirse a los capitales externos y mejor gobierno corporativo, entre otros cambios.

De hecho, las empresas que hoy jalonan los resultados del sector empresarial son aquellas que optaron por ese camino a lo largo de la década.

Es más, cuando una empresa logra entrar en una dinámica de crecimiento de este estilo, sus posibilidades hacia adelante se concentran en dos escenarios: o bien logra emprender por su cuenta un camino de internacionalización y crecimiento apoyado en capitales externos, o termina siendo adquirida por algún gran jugador. Los buenos resultados de 2009, entonces, imponen nuevos retos que no dan espera.

Resultados en 2009


El sector de hidrocarburos tuvo una caída del 50% en sus utilidades, ante los menores precios internacionales del petróleo. Su participación, no obstante, sigue siendo considerable, pues las casi cien compañías que componen este sector generaron cerca de una tercera parte de las utilidades empresariales y el 15% de los ingresos totales.

Sin embargo, cuando se miran las cifras de las 5.000 empresas, sin considerar el sector petrolero, se encuentra que las ventas crecieron un 5% real, al tiempo que las utilidades netas repuntaron un 28%.

Es un resultado francamente positivo. En gran medida, se explica por el buen comportamiento de algunos sectores de talla mundial, como energía eléctrica y servicios conexos, servicios tercerizados a distancia (BPO&O, por su sigla en inglés) y software y tecnologías de la información. También tuvieron comportamientos destacados sectores como bebidas; productos y servicios relacionados con la construcción, como cemento e ingeniería civil; y otros como combustibles y azúcar. Por su parte, el sector de transporte dejó de generar grandes pérdidas.

Al interior de estos sectores, el repunte estuvo impulsado por el buen desempeño de algunas compañías muy dinámicas (ver gráficos) como, por ejemplo, Colinversiones, EEB, EPM, Bavaria, Postobón, Argos y Terpel. De hecho, la responsabilidad del 80% de la mejoría de las utilidades está concentrada en un poco menos del 10% de las empresas.

En contraste, fue un año muy difícil para algunos sectores, por diversas razones. Algunos, como el automotor, textiles y confecciones, industria gráfica, cuero y calzado y cosméticos y aseo, se vieron fuertemente afectados por el cierre del mercado venezolano. Otros, como medios y publicidad, son muy sensibles a la volatilidad de la demanda interna. Otros más, como las flores, fueron perjudicados por la revaluación y el endurecimiento del mercado internacional. Por su parte, sectores como telecomunicaciones y hierro y acero enfrentaron fuerte competencia comercial interna y un desplome de los precios internacionales, entre otros elementos desfavorables.

Se debe anotar que, incluso cuando se excluyen del análisis las compañías que están en los extremos de la distribución (las que tuvieron resultados muy altos o muy bajos), el balance final muestra un crecimiento de las ventas del 5% y un repunte de las utilidades cercano a 10%. En suma, si bien hubo crecimientos extraordinarios concentrados en unos pocos jugadores, fueron muchas las firmas que lograron defenderse y alcanzar cifras de crecimiento favorables.

Así, más del 80% de las empresas del país obtuvieron utilidades positivas, tanto operativas como netas. Cerca de una tercera parte de estas generó valor en 2009 (ver artículo EVA, pág. 100). Esto demuestra que el sector empresarial del país ha logrado grandes avances durante los últimos años en términos de capitalización y reducción del endeudamiento, entre otros frentes. Como lo ha señalado Dinero con anterioridad, ello representa un contraste bien marcado entre la coyuntura actual y la debilidad vivida durante la gran crisis del año 1999 (ver Dinero 326).

Los activos y el patrimonio del sector empresarial crecieron 10% y 14%, respectivamente, de modo que se logró mantener un ritmo de inversiones en el orden de los dos dígitos. Por su parte, el endeudamiento disminuyó y los gastos financieros representan alrededor del 7% de los ingresos operativos (Ebitda), un desempeño estable frente al año anterior. Cabe destacar las emisiones récord en bonos corporativos, que alcanzaron los $14 billones, la mitad por parte del sector empresarial.

¿Qué falta?

Durante el primer trimestre de 2010, los resultados, tanto a nivel empresarial como macroeconómico, muestran claros signos de recuperación y un mayor ritmo de crecimiento. Sin embargo, este será moderado. El crecimiento al final del año estará entre 2% y 3%.

Estos resultados son positivos frente a lo peor que habría podido pasar en el contexto de la crisis internacional. Sin embargo, son moderados en comparación con lo que otros países están logrando, pues América Latina crecerá más del 4% en 2010. El sector empresarial colombiano no puede incurrir en el error de darse por satisfecho con lo alcanzado hasta ahora.

Una empresa promedio en Colombia factura hoy tres veces más que hace una década en términos reales (alrededor de $80.000 millones) y más de 50 compañías venden por encima de $1 billón (mientras hace diez años eran solo 13). Sin embargo, las empresas colombianas siguen siendo muy pequeñas según los estándares internacionales, e incluso regionales. Nuestras compañías más grandes son pequeñas frente a sus similares latinoamericanas (ver gráfico pág 90).

Dentro de este panorama, hay un gran número de empresas con un enorme potencial por desarrollar. De las 5.000 empresas, alrededor de la mitad tiene un nivel de ventas entre US$15 millones y US$150 millones. De estas, alrededor del 12% viene creciendo por encima del 10% anual en promedio en los últimos tres años, con rentabilidades superiores al 6% en promedio y con bajos niveles de deuda. Entre este amplio número de empresas sin duda hay una extensa gama de oportunidades de alto crecimiento, si ellas escogen la estrategia correcta.

Estas empresas deberían concentrar sus energías en identificar las piezas del rompecabezas, necesario para acelerar el crecimiento y volverse jugadores más relevantes a nivel regional.

El capital para financiar la expansión de las compañías existe hoy en Colombia. Hay disponibles vastos recursos en los fondos de pensiones, que alcanzan hoy los $85 billones y hay un gran número de fondos de capital nacionales e internacionales interesados en invertir en el país.

Por supuesto, los empresarios tienen que demostrar que están dispuestos a hacer lo que se necesita para lograr el acceso a este capital. Como condición indispensable, deben tomar decisiones que no son comunes en nuestras empresas de tamaño intermedio, como adoptar normas de buen gobierno corporativo, incluyendo mayor transparencia en la información y compromiso con el respeto por el accionista minoritario. Además, deben adoptar estándares internacionales de contabilidad. Y este es solo el comienzo de una larga lista de tareas.

En realidad, a estas alturas de la evolución empresarial del país, la gran pregunta es por qué son tan pocas las compañías que, teniendo el potencial para acelerar su crecimiento, no lo hacen. El camino para lograrlo es conocido. Tenemos a la vista buenos ejemplos de empresas colombianas que ya lo han hecho, con resultados incuestionables. ¿Por qué no hay más empresas que avancen por este camino?

Hay, sin duda, una fuerte barrera cultural que se atraviesa. "Tenemos un gran número de compañías y grupos familiares que han logrado consolidar sus empresas en el mercado colombiano y que se sienten cómodos con el estatus y los dividendos obtenidos. De alguna manera, están contentos con lo que han logrado y evitan enfrentar nuevos retos. Están como en una zona de confort que deberán abandonar si no quieren desaparecer. Sus referentes siempre son el pasado y deberían comenzar a ser el futuro", afirma Luis Eduardo Otero, socio consultor de Meritum.

El principal escollo que se opone al crecimiento parece ser la mentalidad de los empresarios colombianos. Decisiones como crecer más agresivamente, aceptar compartir la propiedad, asumir que la mayor parte de las operaciones esté por fuera del país, asignar los recursos necesarios para atraer y desarrollar el capital humano, resultan extremadamente difíciles para la gran mayoría de empresas colombianas.

Es indispensable dejar la actitud de "querer el 100% de poco (Colombia) y cambiarla por una mentalidad global que pretende el 1% de mucho (todo el mundo)", afirma Germán Martínez, socio consultor de Meritum. En muchos casos resultará indispensable buscar el acceso al mercado público de valores. Si una empresa enfrenta la necesidad de buscar US$500 millones para comprar una operación en otro país, no hay alternativa. Tomar este camino implica involucrarse en decisiones difíciles en corto tiempo y exponerse al escrutinio del mercado.

El mercado de capitales ha venido rompiendo mitos y demostrando que tiene la capacidad para financiar grandes montos a plazos largos, e incluso que está dispuesto a aceptar títulos más riesgosos. Tras la integración con las bolsas de Perú y Chile, se abren grandes oportunidades. El problema sigue siendo que faltan proyectos ambiciosos y agresivos de crecimiento.

Por otra parte, si a las empresas colombianas les cuesta trabajo pensar en el mercado de valores, esa barrera incluso podría parecer pequeña frente a su resistencia a invertir en adquirir, capacitar, fortalecer y retener el capital humano. La apuesta por un mercado global es una apuesta por el conocimiento, y este cuesta. Es indispensable atraer ejecutivos fogueados en los mercados y las oportunidades, pues la alternativa de formar a todos los cuadros dentro de la organización resulta ser la más costosa demorada y arriesgada. Además, para fomentar la innovación y la productividad habrá que invertir en los niveles intermedios, pues los sectores intensivos en mano de obra que logren dar un salto hacia la diferenciación y la generación de valor agregado tenderán a desaparecer.

Todo lo anterior es difícil de lograr, pero el juego no deja muchas alternativas. Quienes no emprendan pronto este camino corren el riesgo de ser eliminados de la competencia o comprados por jugadores internacionales De hecho, cerca de la mitad de las 100 compañías más grandes del país son hoy extranjeras.

Por su parte, el Gobierno también tendrá importantes retos en los próximos años para fomentar el desarrollo empresarial. No solo deberá reducir el rezago que tenemos en materia de infraestructura de transporte para reducir los costos logísticos y unir nuestros principales mercados con el mundo, sino que deberá orientar el desarrollo petrolero y minero para evitar la enfermedad holandesa y también para potenciar y desarrollar otros sectores productivos. El nuevo gobierno debería además seguir con la promoción de sectores de talla mundial y la búsqueda de nuevos mercados de exportación. Así mismo, continuar con la promoción del mercado de valores de un modo más claro y coordinado, pues éste debe ser una prioridad.

En suma, la gran lección del análisis de las 5.000 empresas es un mensaje de optimismo, pero también de cautela. La buena noticia es que tenemos un número grande de buenas empresas, que ajustaron sus balances y enfrentaron bien la turbulencia internacional. Esta noticia, sin embargo, viene con un gran mensaje de urgencia: quienes no se preparen para crecer con rapidez, pueden estar abriendo el camino de su propio fin como empresas independientes, pues otros jugadores internacionales, que sí se están concentrando en tomar posiciones en la región, las podrían absorber o derrotarlas en la competencia.

El mensaje no es muy distinto al que esta revista viene enviando desde hace una década. La diferencia ahora es que existen numerosos casos de éxito que demuestran que la ruta del crecimiento pasa por estas etapas. Por ejemplo, lo que han logrado las empresas del Grupo Empresarial Antioqueño en esta década, en términos de internacionalización y modernización de su estructura de gobierno, debería ser tomado como el camino a seguir por parte de las empresas de tamaño intermedio.

El tamaño de la empresa está dado por el tamaño de la mente del empresario. No hay empresas grandes o pequeñas, hay unos empresarios que piensan en grande y otros que nunca pueden dejar de pensar en pequeño. Hay que abrir la mente a las nuevas perspectivas, si se pretende sobrevivir y crecer.

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