| 5/25/2011 12:00:00 AM

La vaca lechera

Ecopetrol es fundamental para el mercado de valores, para la salud de las finanzas públicas y hasta para superar la emergencia invernal. ¿Se nos está yendo la mano con la joya de la corona?

El año pasado, Ecopetrol rompió todas las marcas de la historia empresarial nacional: sus ingresos llegaron a los $42 billones y las utilidades operacionales fueron de $12,8 billones.

Los buenos resultados están explicados por dos factores: primero, el aumento en los precios promedio del crudo en el exterior, que pasaron de US$63 en 2009 a US$79 en 2010; segundo, su producción también creció y llegó a 616.000 barriles por día.

Año tras año, esta firma deja rezagados a sus seguidores y en el ranking empresarial es un competidor inalcanzable.

Evidentemente, Ecopetrol representa mucho para Colombia. En su primer giro de utilidades durante el actual Gobierno, le entregó a la tesorería general de la Nación más de $5 billones, el equivalente a una reforma tributaria como la que quiere presentar pronto el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry.

En el comercio exterior, Ecopetrol ocupa un primerísimo lugar: el año pasado exportó US$11.420 millones, casi 30% de las ventas externas del país. Además, la compañía representa alrededor de 20% de los principales índices accionarios locales.

En medio de tantas noticias positivas, ¿hay algún motivo de preocupación? Todo parece indicar que sí. El problema está en que el país se ha convertido en "Ecopetrol-adicto". El manejo de la política fiscal, la tasa de cambio y el comercio exterior y hasta la estabilidad del mercado de valores pasan por la tesorería de esta compañía. Obviamente no se trata de asustarse, pues que la petrolera crezca es y seguirá siendo una excelente noticia. Sin embargo, hay señales de alerta y por eso vale la pena poner el tema sobre la mesa de discusión.

El presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif), Sergio Clavijo, aseguró recientemente que Ecopetrol es una de las responsables de la revaluación, gracias a que ha traído masivamente dólares a la economía local.

Ese es un tema de fondo: lo que se está definiendo es cómo se administra la bonanza de ingresos petroleros, pues la llegada masiva de dólares implica un golpe para la industria exportadora local, por cuenta de la revaluación.

El reto para la economía colombiana es permitir que otras compañías crezcan a ese ritmo y conquisten otros países. Hay que encontrar ese balance. Grupos importantes como EPM, Nutresa, Argos, EEB e ISA, lo están haciendo. Cuidar y profundizar esa tendencia es un objetivo de largo plazo para que se siga fortaleciendo la balanza externa nacional.

El otro asunto clave son las finanzas públicas. Los recursos que le deja la actividad petrolera a la Nación son parte ya del nuevo boom de ingresos petroleros. Los gobiernos no se deben comportar como si Colombia fuera la nueva rica del vecindario. Además de reformar las regalías, el Congreso tiene que comprometerse con la iniciativa de estabilidad fiscal que actualmente cursa en el Congreso. Los altos ingresos de Ecopetrol no pueden ser una excusa para aflojar las riendas del ajuste de las cuentas públicas.

De ahí se desprenden unas observaciones sobre el nuevo proyecto para vender 10% de la compañía. Esos recursos se van a utilizar en la recuperación de las zonas afectadas por el invierno y en la construcción de nueva infraestructura. El país no puede darse el lujo de invertir esos recursos en elefantes blancos. La ley debe venir blindada para impedir que se malgasten esos dineros multimillonarios: se estima que la privatización de esas acciones de Ecopetrol dejaría unos $16 billones.

La bonanza también pone en evidencia que el mercado de valores local debe lograr mayores volúmenes de negociación. Las autoridades tienen que fomentar la llegada de más compañías a la bolsa para superar cualquier vulnerabilidad por las variaciones en el precio de la acción de Ecopetrol.

La estatal petrolera cumple 60 años en 2011, hay razones para celebrar, pues los logros de la última década son evidentes y nadie puede ponerlos en tela de juicio. Las expectativas del mediano plazo también son muy positivas, pues Ecopetrol está explorando mucho. Pero hay amenazas evidentes. Este año es un momento clave para reflexionar acerca del futuro de esta empresa y, en consecuencia, del país.

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