| 4/27/2011 12:00:00 AM

La rosca de los Nule

Ahora nadie los conoce. Pero en sus días de gloria, Ministros, Congresistas, consejeros presidenciales, economistas y destacados empresarios frecuentaban sus fiestas faraónicas. Dinero revela la lista.

Por estos días, algunas personalidades que se mueven fluidamente en los mejores círculos sociales del país andan con los pelos de punta. Si Guido, Manuel y Miguel Nule quieren acceder a los beneficios de rebaja de penas, tendrán que decirle a la Fiscalía cuáles personas y empresas participaron en sus maniobras. Cualquier vínculo social con los Nule es material radioactivo en este momento, pues podría servir como evidencia circunstancial en los argumentos que ellos van a presentar.

Y lo cierto es que a muchas personas importantes les gustaba dejarse invitar por los Nule a sus eventos y fiestas, donde los personajes VIP iban con gastos pagos y con frecuencia tenían a su disposición el avión privado para sus desplazamientos. Las fiestas de los Nule eran famosas y apetecidas y ellos no reparaban en gastos a la hora de una buena parranda. Por supuesto, su objetivo al organizar estos eventos era codearse con lo mejor de la sociedad en las diferentes ciudades del país. Los invitados siguieron jugando el juego incluso cuando ya estaba bien avanzado el escándalo que llevaría a los Nule a la cárcel.

Eran parrandas en las que, literalmente, se tiraba la casa por la ventana. Las orquestas internacionales de primer orden y los premios estrafalarios en torneos de golf daban tema de conversación durante semanas. El derroche y los excesos hacían recordar la cultura mafiosa de los años ochenta.

"Aunque muchos niegan ahora sus relaciones con los Nule, por miedo, conveniencia o por simple hipocresía -tal como le ocurrió a David Murcia tras el desplome de su pirámide DMG- la verdad es que prestantes personalidades de todo orden tenían relaciones de amistad con ellos", afirma un miembro del equipo de investigación que apoya las actuaciones de la Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema de Justicia.

La asistencia a una fiesta no convierte a alguien en un delincuente. Sin embargo, en materia de ética siempre habrá una línea gris que las personas no pueden traspasar sin quedar marcadas. Por ejemplo, no tiene por qué ser problemático que un ejecutivo de una empresa privada vaya a una fiesta, por delirante que ella sea. Sin embargo, cuando los periódicos y los noticieros ya hablan de fraudes y escándalos protagonizados por los anfitriones, este ejecutivo hipotético debería considerar si su presencia está avalando una manera indelicada de hacer negocios.

La línea ética es menos gris y más contundente cuando se trata de funcionarios públicos. Si un servidor público que participa en una negociación con un privado recibe de este una "invitación dadivosa" (gastos pagos, avión privado, salones especiales, tratamiento privilegiado), la situación es sin duda cuestionable.

Muchas personalidades de la sociedad y la política colombianas decidieron cerrar los ojos y gozar de las grandes rumbas de los Nule. Algunos, sin duda, fueron más allá y aparecerán pronto en las listas de quienes prestaron sus nombres para las operaciones fraudulentas de los flamantes cacaos de la época. En la fiesta, "el prohombre y el villano bailan y se dan la mano", como dice la canción. Ahora viene el guayabo, que para algunos podría terminar en largas sesiones de interrogatorios ante la Fiscalía. 

Ibagué con gastos pagos
Entre los hitos claves en la historia de las fiestas de los Nule se destaca el torneo de golf anual de Enertolima, la empresa de servicios públicos de la cual eran dueños en más del 50%, junto con su socio, Alberto Ríos, conocido como uno de los zares de los servicios públicos. En vuelos privados, los Nule transportaban hasta Ibagué a ilustres colombianos, a quienes atendían a cuerpo de rey en medio de estrafalarios gastos.

El viernes 24 de julio de 2009 es un día que quedó grabado en la memoria de los asistentes al torneo de ese año. Ludwig Clausen Mutis, golfista aficionado, hizo un hoyo en uno en el certamen, que se desarrollaba en los campos del Club Campestre de Ibagué, con un swing perfecto de 220 yardas en el hoyo 12. El premio para la hazaña fue un Mercedes Benz 180 Kompressor de color dorado.

Clausen, representante legal de una compañía del sector de hidrocarburos, ingeniero constructor y yerno de Ernesto Navarro, uno de los más prestantes productores del sector agrícola del Tolima Grande, se fundió en abrazos con los demás competidores. Uno de ellos, el entonces senador Germán Vargas Lleras, propuso un brindis. Los observadores e invitados especiales -el ex ministro Rudolf Hommes entre los más destacados- lo saludaron con un cerrado aplauso.

La fiesta de remate del torneo, donde se reservaba el mejor tratamiento para los invitados especiales, fue esa noche en el hotel Altamira, el más exclusivo de la ciudad. Guido, Miguel y Manuel Nule habían llevado en un vuelo privado a varios de los invitados desde Bogotá y se habían asegurado de que estuvieran en orden las reservas de las suites y que la zona social asignada para el baile estuviera cerrada para el resto de los huéspedes y bien resguardada por escoltas.

"El baile se extendió hasta las cinco de la mañana, pero los detalles ya pertenecen a la reserva de los organizadores y la vida privada de quienes esa noche fueron nuestros huéspedes", le dijo a Dinero un empleado del hotel.

Aquella era la época de auge de Enertolima, controlada por los Nule y por su socio Alberto Ríos, y de las demás empresas en las que participaban los jóvenes empresarios costeños. No eran públicas en ese entonces las evidencias del descalabro financiero que se estaba cocinando.

En las listas de invitados al campeonato de golf y a las fiesta de 2009 figuran otras personalidades públicas. Además del entonces senador Germán Vargas Lleras y Gabriel Camargo; el entonces viceministro de Transporte, Gabriel García Morales; el secretario jurídico de la Casa de Nariño, Edmundo del Castillo; y el consejero presidencial de la época, Miguel Peñalosa. Curiosamente, en la misma lista estaba el ex congresista Luis Humberto Gómez Gallo -quien se encontraba ya privado de la libertad- y su novia de entonces y actual asesora presidencial Sandra Bessudo. Revista Dinero, trató de contactar a varios de estos personajes para confirmar si habían asistido a las reuniones, pero al cierre de esta edición no había recibido respuesta.

El hoy ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, confirmó que estuvo en esos eventos, pero dijo que no acudió por invitación de los Nule, con quienes no ha tenido nexo personal o político alguno. "Fui por invitación del doctor Alberto Ríos, quien hace veinte años es uno de mis mejores amigos", le dijo el Ministro a Dinero. Y agregó: "Fui en compañía de amigos con quienes ocasionalmente juego golf, pero eso no implica ningún nexo mío con Enertolima ni con ex socios que enfrenten problemas judiciales. No recibí de parte de ellos apoyo alguno para mi campaña y eso debe quedar claro frente a la opinión pública y para quienes no disciernen entre un contrato o un negocio y una simple reunión social".

La tradición de las fiestas faraónicas se mantuvo incluso cuando las actividades ilegales relacionadas con los contratos de los Nule ya estaban en todos los medios de comunicación. El escándalo estalló en marzo de 2010, cuando los Nule anunciaron que demandarían a la Nación, representada por el Distrito Capital, por la manera como les estaba "arrebatando" el contrato para la construcción de las obras de Transmilenio en la calle 26 de Bogotá. Sin embargo, en julio de ese año, cuando las noticias sobre el tema se sucedían en forma frenética, el torneo clásico de golf, combinado con una fiesta popular en el estadio de fútbol Murillo Toro de Ibagué, tuvo también una amplia convocatoria.

La zona VIP estuvo reservada para los invitados más importantes, entre ellos congresistas, funcionarios públicos y dirigentes del sector real de la economía, mientras las graderías fueron colmadas por personas habilitadas para ingresar con el único requisito de mostrar a la entrada el último recibo de pago del servicio de energía.

Una tarima giratoria, bañada de luces de colores, fue el escenario donde actuaron reconocidos artistas como Gilberto Santa Rosa, J. Balvin, Sergio Vargas, Dragón y Caballero y Pipe Peláez. Los artistas y los invitados VIP fueron llevados a fiestas privadas antes y después de la presentación.

En esta fiesta, la empresa se gastó más de $600 millones, según las fuentes consultadas. Al mismo tiempo, sin embargo, la Procuraduría cuestionaba el incumplimiento de los contratos públicos asignados a los Nule y a consorcios en los que ellos tenían partida. Sus empresas comenzaban a ser trasladadas al control de fondos buitres, en lo que se interpretaba como una maniobra para eludir obligaciones.

Pedro Mora, presidente del Concejo de Ibagué, sostiene que el derroche de plata de Enertolima ocurría al mismo tiempo que la empresa incurría en prácticas cuestionables. Enertolima enfrenta hoy acciones populares y otras causas judiciales por posible sobrefacturación, cobros irregulares a sus usuarios y reposiciones obligatorias de contadores que suponen sobrecostos gravosos para ellos.

En la lista de 379 invitados a la tercera edición del torneo de golf de 2010 sobresalen los nombres de los actuales presidentes del Senado y la Cámara de Representantes, Armando Benedetti y Germán Varón Cotrino, y de la viceministra del Medio Ambiente, Claudia Mora. También los del entonces subdirector del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República, Luis Carlos Gómez; del magistrado de la corte constitucional Mauricio González; del actual superintendente de Industria y Comercio, José Miguel de la Calle y en aquella época abogado litigante; del reconocido contratista Julio Gómez. Con ellos alternó el congresista Simón Gaviria.

Aparecen además otros funcionarios del Ministerio de Minas y Energía del gobierno de Álvaro Uribe, entre ellos Andrés Taboada, director de Energía. Igualmente, Karen Shutt, asesora del Ministerio de Minas; el ex ministro Luis Ernesto Mejía, el ex viceministro Manuel Fernando Maiguashca y Hernán Molina Valencia, miembro de la Comisión de Regulación de Energía y Gas.

Los registros incluyen los nombres del gobernador del Tolima, Oscar Barreto Quiroga y de Israel Alberto Londoño Londoño, alcalde de Pereira, ciudad en la que los Nule también tuvieron intereses en empresas de servicios públicos.


Amigos vergonzantes
Varios de los asistentes a sus fiestas rehuyen ahora las alusiones a sus nombres. "Hay personajes que les han enviado a los Nule al búnker de la Fiscalía mensajes rogándoles para que no vayan a mencionar sus nombres porque podrían ver comprometido su futuro político. Entre ellos un gobernador actual", le aseguró a Dinero el ex contratista Alejandro Botero, que hoy actúa como testigo en la Fiscalía.

Haber tenido amistad con los Nule y asistido a sus fiestas no constituye un delito. Sin embargo, algunos de sus amigos, especialmente aquellos con responsabilidades públicas, hoy prefieren poner distancia frente a ellos para no verse afectados por el actual contexto crítico en el que se mueven. "Hoy son amigos vergonzantes", resumió un hombre de negocios socio del Club Campestre y testigo de excepción de las fiestas.

El nombre de Enrique Vargas Lleras, hermano del Ministro del Interior, ha sido mencionado en este contexto en algunos medios. Fue miembro de la junta de Enertolima y apoderado general de la empresa para asuntos jurídicos y mantuvo esa condición hasta finales de 2010, cuando transfirió poderes a otro abogado (ver facsímiles).

Por solicitud expresa de su hermano, el Ministro, Enrique Vargas Lleras le dijo a Dinero que llegó a la Junta de Enertolima en 2008 -consta en el acta 19 del 14 de noviembre de ese año- en reemplazo del ex ministro Rudolf Hommes, asesor permanente de Alberto Ríos. Explicó que su nombre fue seleccionado de una de las dos planchas presentadas por Ríos, actual socio controlador. "Jamás representé allí los intereses de los señores Nule", dijo.

El ministro Vargas agregó que sus hermanos Enrique y José Antonio son abogados con buen crédito y han trabajado para empresas del sector eléctrico. Ejercen estas funciones con absoluta libertad e independencia. "Lo único que les he ordenado es que no contraten con el Estado, al menos mientras yo tenga responsabilidades públicas", enfatizó.

Ante las dudas que han surgido sobre la posibilidad de que esta situación afecte la libertad de criterio del Ministro de Justicia para tomar decisiones de carácter administrativo, como las referentes a las condiciones de confinamiento de los Nule, el Ministro aseguró que esas decisiones han sido tomadas por el fiscal del caso y el juez de control de garantías.

El 12 de abril, por ejemplo, el Ministro recibió una comunicación en la que el fiscal segundo delegado ante la Corte Suprema de Justicia, Germán Pabón Gómez, le pide coordinar con el Inpec y en enlace con la cárcel de La Picota vigilancia especial 24 horas, ubicación en casas fiscales o pabellón independiente, permitir su propia alimentación (suministro por los propios imputados), así como adelantar actividades de trabajo relacionadas con entrega de información a la Fiscalía General de la Nación, sin que ello implique violación al Código Nacional Penitenciario, para Miguel Eduardo Nule Velilla, Manuel Francisco Nule Velilla, Guido Alberto Nule Marino y Mauricio Antonio Galofre Amín".

El magistrado Mauricio González, cuyo nombre aparece en la lista de invitados, dijo que no recuerda haber recibido invitación alguna a eventos sociales de ese tipo. "Bajo la gravedad del juramento afirmo que nunca he visto ni me he reunido con los señores Nule ni con nadie de Enertolima". Otras personas que aparecen en la lista de invitados no habían respondido las llamadas de la revista hasta el cierre de esta edición.

Riesgos legales
Varios de los invitados y asistentes a las reuniones preguntaron a Dinero qué podría tener de malo haber departido socialmente con personas que luego se vieron involucradas en problemas judiciales. Otros invocaron su derecho a la intimidad y dijeron que no están obligados a responder preguntas sobre actividades estrictamente privadas.

Dinero consultó la opinión del jurista Juan Manuel Charry Urueña, especialista en derecho público, ex procurador y asesor de la Constituyente. Charry explicó que pese a que los límites no siempre son fáciles de identificar, sí es un hecho que el Código Disciplinario Único -conjunto de disposiciones que rigen para todos los servidores públicos- prohíbe expresamente a estos aceptar atenciones y dádivas de personas o entidades sujetas a su vigilancia. Esa norma en particular afectaría a funcionarios de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios y de la Comisión de Regulación de Energía.

La norma sería aplicable también a otros funcionarios que, así fuese de manera transitoria, tuvieran que tomar decisiones en relación con los oferentes de las fiestas.

"Sin embargo -explicó Charry- en la legislación colombiana no hay cabida a posiciones radicales u ortodoxas que reprochen el hecho de que el servidor y el particular vayan a tomar un café o a almorzar. En casos como esos habría que probar la condición dadivosa de la invitación". Allí, en la definición de la 'condición dadivosa', radica la esencia del problema. ¿Cuándo hay una dádiva especial? ¿El que viaja en avión privado cabe en esta categoría, pero no el que toma el tiquete en clase turista? ¿Qué pasa con el que recibe entrada a palco privado, incluido abrazo con el cantante de la orquesta? ¿Dos fiestas en una noche implican pasar el límite?

Sin duda, los invitados a las fiestas tendrán argumentos para defender su actuación. Respecto al derecho a la intimidad existen dos corrientes que influyen en la jurisprudencia colombiana. De un lado, la escuela estadounidense, que sostiene que cuando una persona acepta una investidura pública, acepta igualmente restricciones en sus actividades privadas. Del otro, la escuela europea, que defiende el derecho a la intimidad, independientemente de la condición de la persona. Habrá argumentos para todos.

Sin embargo, los colombianos deberíamos aprender de las muchas lecciones del pasado para reconocer la importancia que estos gestos tienen. Más allá de las consideraciones estrictamente legales, los funcionarios públicos tienen la obligación de hacer claridad sobre las circunstancias que puedan poner en tela de juicio su comportamiento.

En julio de 2010, cuando los invitados a la fiesta de $600 millones disfrutaban las orquestas, los Nule ya incumplían contratos por los que habían recibido jugosos anticipos y habían convertido la calle 26 de Bogotá en un caos que afectaba la calidad de vida de millones de personas. Todo esto era información pública para ese momento. Las fiestas eran una estrategia transparente de los Nule para posicionarse en la sociedad colombiana y muchos no fueron capaces de guardar distancia. Hoy seguramente maldicen el momento en que decidieron subirse al avión y dejarse manosear por quienes supieron cómo valerse de todas las argucias para extender su efímero imperio.

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