| 5/31/1998 12:00:00 AM

La revolución en las juntas

La revolución en las juntas

Las juntas directivas solían ser poco más que clubes cerrados de amigos, sin peso en el manejo de las empresas. Pero ha llegado la hora del cambio y el traspaso del poder.

Un fenómeno sin antecedentes está ocurriendo en el país. Las juntas directivas de las empresas colombianas están pasando por una transformación a fondo. El concepto completo de gobierno corporativo se está abriendo paso con profesionalismo y rigor en la toma de decisiones.



La junta directiva es el centro nervioso de una empresa, el lugar donde confluye la información crítica y donde se toman las decisiones más comprometedoras. Pero en Colombia la imagen de las juntas de las empresas no es precisamente estimulante. La mayoría de la gente las ve como clubes cerrados de amigos, a quienes les pagan por verse una vez al mes para intercambiar chismes y aprobar de pupitrazo las decisiones del gerente.



Esa imagen, sin duda, se la ganaron en justicia las juntas colombianas del pasado por su pasividad y su vocación para obedecer los dictámenes de los gerentes. Pero, ojo: las cosas están cambiando. Las presiones de la competencia y la globalización están obligando a las empresas a asumir modificaciones radicales o desaparecer. En este proceso, los empresarios están descubriendo que una junta bien manejada tiene un enorme potencial para transformar una empresa.



Una encuesta realizada por Invamer Gallup para Dinero entre los directivos de 100 de las 300 mayores empresas del país muestra que los empresarios están preocupados por el papel que han venido cumpliendo sus juntas directivas y están buscando formas para que sean más productivas y sirvan como una guía real para su gestión.



Las señales del cambio están por todas partes. Mientras que hasta hace pocos años se consideraba que la pertenencia a una junta era un privilegio garantizado en el largo plazo, en los últimos años se ha presentado una rápida renovación en las listas de miembros. En la muestra de empresas analizada por Dinero, en los dos últimos años el porcentaje de cambio de miembros de junta en los sectores industrial y comercial es del 30%. Y en el sector financiero, sacudido por las fusiones y adquisiciones, el porcentaje de renovación supera el 50%.



¿Sirven las juntas?



En un entorno tan convulsionado como el que viven las compañías en Colombia, acosadas por las presiones de la competencia internacional, los cambios en las preferencias de los mercados y la urgencia del cambio tecnológico, las empresas necesitan más que nunca tener a alguien que se ocupe de las decisiones estratégicas, que piense a fondo en los objetivos que se conseguirán a cinco y diez años, y que defina con precisión los esfuerzos y sacrificios que hay que realizar para alcanzar la meta.



La respuesta es natural: estas tareas son la función de una buena junta directiva. La junta es responsable por el desarrollo de la estrategia de la empresa y debe asegurarse de que las metas fijadas se cumplan. Debe cerciorarse de que la organización disponga de sistemas de información adecuados, que permitan seguir la marcha de las iniciativas. Y es la responsable de evaluar al presidente de la compañía y, si es el caso, reemplazarlo cuando no es eficaz.



¿Cómo son las juntas en Colombia? Los resultados de la encuesta muestran que el 47% de las juntas tiene 5 miembros (el 19% tiene 7 miembros), se reúnen predominantemente una vez al mes (así lo hace el 66%, mientras el 13% lo hace cada quincena), y sus reuniones duran 3 horas en promedio.



Pero es al examinar su desempeño se comienza a notar la diferencia que separa a las juntas de hoy de las que había en nuestra tradición empresarial.



Cuando se les pregunta a los presidentes de las empresas qué tanto soporte reciben de su junta para el éxito de su gestión, el 78% responde que es mucho o bastante (en cambio, el 22% no se siente bien respaldado por la gestión de la junta). El 71% de los presidentes considera que todos los miembros de sus juntas están comprometidos con el desempeño de la empresa, y el 14% estiman que sólo tres cuartas partes de los miembros de la junta tienen esta actitud. Así, la gran mayoría de los presidentes de empresa considera hoy a sus juntas directivas como un soporte esencial para su gestión. Las juntas que estaban hechas para honrar amigos y adornar a las entidades están pasando a ser cosa del pasado.



Manda el largo plazo



En contraste con las prácticas anteriores, cuando las reuniones más importantes de junta directiva se dedicaban a fijar el salario del gerente y el presupuesto del año en curso, la encuesta revela que los temas de largo plazo son ahora el centro del trabajo.



Así, el plan estratégico de la compañía había sido presentado y discutido activamente en la junta directiva del 93,7% de las empresas consultadas. Es más, el 81% afirmó que el hecho de que un nuevo presidente llegara a la compañía no afectaría el plan estratégico. Los que afirmaron que las cosas serían diferentes en ese caso sólo llegan al 17,7%. Esto muestra que al final priman el interés de la compañía y su buen desempeño a largo plazo, por encima de intereses personales o de terceros.



Además, la encuesta muestra que las decisiones más importantes tomadas en las juntas en los meses anteriores tienen que ver con temas de larga proyección. Las decisiones sobre temas estratégicos copan el 50% de la agenda, mientras que las relacionadas con definiciones de política son el 36% del total.



La calidad de los miembros



¿Qué debe tener una junta para funcionar correctamente? En el pasado, el proceso de selección se centraba en tener personas bien conectadas en la sociedad, que fueran amigas del presidente de la empresa y que no causaran muchos problemas en las reuniones. Pero ese criterio está revaluado. Hoy es claro que las buenas juntas resultan del cumplimiento de una serie de condiciones, en su composición y en su funcionamiento.



El primer factor crítico es la conformación de la junta. La suma de los miembros debe arrojar una combinación de conocimientos y experiencia que corresponda a los objetivos estratégicos de la compañía. Las posibilidades de progreso de la empresa se reducen cada vez que hay un miembro nombrado exclusivamente por su amistad con el gerente.



Los resultados de la encuesta muestran que la concepción de lo que debe ser un miembro de junta ha cambiado, para bien. Sólo el 15,2% le dio importancia en este concepto a las personas que están bien conectadas desde el punto de vista social y empresarial. El 59,5% de los encuestados afirma que los miembros de junta que más contribuyen al éxito del negocio son aquellos que tienen una visión estratégica y el 45% dijo que son los que tienen amplia experiencia.



Esto muestra que se están invirtiendo las cargas, pues es indudable que las conexiones sociales fueron en el pasado uno de los grandes motivos para seleccionar a alguien para participar en una junta. En el esquema actual pesa más la especialización ganada en temas críticos y la capacidad de anticipar y proyectar el futuro.

Información es poder



El método clásico que manejan las administraciones para reducir los problemas que los miembros de junta puedan causarles es limitar la información que les entregan, para hacerles lo más difícil posible entender la compañía. La calidad y la oportunidad de la información con la que cuentan los miembros es un factor crítico en una buena junta.



Una junta activa debe tener acceso a múltiples fuentes de información sobre la empresa, de fuentes tanto internas como externas. Debe hacer un seguimiento permanente al cumplimiento de los planes estratégicos de la empresa y a lo que está ocurriendo con los clientes, los competidores y los empleados. La administración es responsable de adoptar los sistemas de información necesarios para que esta vigilancia tenga lugar.



La encuesta de Dinero revela que un 35,4% de los miembros de junta recibe la información necesaria para participar en las discusiones de la junta con una semana de anticipación a la reunión y un 8,9% la recibe entre 7 y 15 días antes.



Sin embargo, un elevado porcentaje, 27,9%, afirma que recibe la información el mismo día de la reunión. Otras compañías la entregan un día antes (1,3%), ó 2 y 3 días antes (11,4%), un tiempo insuficiente para que se pueda hacer un estudio en profundidad antes de tomar decisiones en las que se juega el futuro a largo plazo de una empresa.



En este campo, es notoria la tensión entre los miembros de junta y las administraciones de las empresas por manejar el poder que da la información. El porcentaje de juntas que recibe sus informes con adecuada anticipación es relativamente elevado.



Dedicación de tiempo



En el pasado, ser miembro de una junta era apenas una medalla honorífica más que añadía un toque de distinción a la hoja de vida de los seleccionados. Pero ahora las responsabilidades son grandes y se requiere gente dispuesta a asumir plenamente sus deberes.



El compromiso de los miembros de junta con la empresa y el nivel de información que manejan está directamente ligado con la cantidad de tiempo que le dedican a esta labor. El 60,8% de los encuestados afirma visitar periódicamente la empresa para enterarse más a fondo de cómo van la cosas. De ellos, el 4,2% dijo hacerlo en forma permanente, mientras que el resto se distribuye en dos días a la semana (18,8%), un día a la semana (16,7%), medio día a la semana (18,8%) o medio día al mes (8,3%). El 70% afirma que se entrevista regularmente con ejecutivos diferentes al gerente de la organización.



De otra parte, sólo el 23% de las empresas en la encuesta tienen asignada una oficina para que los miembros de la junta puedan trabajar durante sus visitas a la empresa.



Se estima que la dedicación que un miembro debe entregar a una junta para hacer una labor eficaz es de 165 horas al año. En Colombia, en el mejor de los casos, si se cuentan reuniones mensuales de 3 horas y una hora adicional por semana, el promedio de dedicación se acercaría a las 88 horas anuales.



Sin embargo, ya empiezan a aparecer en Colombia los profesionales de las juntas. Se trata de individuos altamente capacitados y dotados de amplia experiencia, cuyo oficio de tiempo completo es participar en tres o cuatro juntas, y no tienen ningún otro compromiso laboral. Esta profesionalización es un paso importante dentro del proceso de modernización del gobierno corporativo que está viviendo el país.



Remuneración



Contar con los incentivos monetarios adecuados es fundamental para atraer a los mejores miembros de junta, lograr que aporten lo mejor de sus capacidades y garantizar que sus intereses se mantienen en línea con los de los accionistas de la compañía.



En Estados Unidos, hoy es común que la remuneración anual de un miembro de junta se acerque a los US$30.000 dólares. Además, muchas empresas se aseguran de que los miembros de las juntas posean cantidades sustanciales de acciones de la compañía, para que les den la máxima importancia al impacto que sus decisiones tienen sobre el bienestar financiero de la empresa. En algunos casos, para asegurar que el compromiso se extienda hacia el largo plazo, no se les entregan las acciones, sino opciones de compra a precios muy favorables, que sólo pueden ser ejercidas después de cinco o siete años.



La encuesta muestra que en nuestro país el 28% de las compañías todavía no ofrece pagos a sus juntas. Y dentro de los que sí pagan honorarios, el 26,8% sólo recibe entre $100.000 y 300.000 por reunión. Los que más ganan (5,4%) reciben $400.000 y sólo el 8,9% de las juntas estudiadas reciben una remuneración que supera esa cifra. Es decir, en la mayoría de los casos, las empresas aún no han comprendido la importancia de pagar bien a las juntas directivas.



Por otra parte, el 38% de los encuestados afirma que en sus empresas se requiere que los miembros de junta posean acciones o actúen directamente en representación de los accionistas.



Pero aunque son pocas, ya hay en Colombia algunas empresas que le están dando a la remuneración de los miembros de la junta directiva la importancia que realmente merece. Se trata de empresas que pagan a sus miembros de junta cerca de US$40.000 al año y les dan, además, los recursos que necesitan para poder aportar lo máximo al manejo de la organización, como frecuentes viajes al exterior, para conocer las soluciones que se están desarrollando en otras partes para problemas similares a los que tienen hoy sus empresas.



Los minoritarios



Un aspecto clave en las juntas directivas modernas en Estados Unidos es la importancia que le dan a la defensa de los derechos de los accionistas minoritarios. Estos cumplen un papel fiscalizador fundamental, para impedir que pequeños grupos de poder se enquisten en la dirección de las empresas y empiecen a manejarlas con el criterio de favorecer sus propios intereses.



En la encuesta resulta que en el 62% de las empresas los accionistas minoritarios no tienen representación en la junta. La baja participación de minoritarios es coherente con la escasa importancia que tiene el mercado de acciones en Colombia. Y lo contrario también es cierto: sólo cuando haya mecanismos adecuados que les den influencia a los minoritarios en las decisiones de las juntas directivas será posible tener un mercado de acciones desarrollado en Colombia. Es posible, sin embargo, que la tendencia renovadora que se está viendo en las juntas termine por producir este efecto en menos tiempo del que comúnmente se esperaría.



Los líderes del cambio



Todo esto revela que la manera de concebir el problema de las juntas ha cambiado en el país. Nuestros empresarios han emprendido la búsqueda de un paradigma nuevo para el manejo de las juntas que sea válido en Colombia.



En el ámbito internacional hay dos modelos fundamentales para el manejo de las juntas directivas: el estadounidense y el europeo. El modelo estadounidense avanza cada vez más hacia la profesionalización de los miembros de junta. Se trata de personas externas a la empresa, que se sientan periódicamente para trabajar sobre los problemas más estratégicos y de largo plazo en la organización. A medida que las empresas se vuelven más complejas, el tiempo requerido para cumplir bien esta labor se amplía, y aparece la figura del profesional de juntas: la persona que se dedica de tiempo completo a atender las obligaciones de las pocas firmas de las cuales es miembro.



Por otro lado, en Europa se ha desarrollado un modelo diferente, el de las llamadas juntas burocráticas, compuestas principalmente por miembros de las propias empresas o de otras empresas del mismo grupo.



En Colombia aún no se conforma un modelo claro, pero parece que estamos avanzando hacia un sistema mixto.



Los esfuerzos más interesantes en modernización de juntas en Colombia vienen de dos fuentes. Por un lado, están los grupos económicos grandes y medianos, que replantean sus juntas como parte del proceso general de focalización de sus actividades, separación de la familia propietaria original del manejo diario del negocio y constitución de holdings en el sentido completo de la palabra. En estos grupos, la junta de la holding se convierte en la pieza clave del manejo de todo el grupo.



El mejor ejemplo de una empresa que está pasando por este proceso lo da el grupo Corona, que ha armado su junta siguiendo las mejores prácticas internacionales, en especial en el negocio cerámico. Se ha planteado un proceso de profesionalización de la gestión, en el cual los miembros de la familia van abriendo espacio de manera gradual a nuevos actores, caracterizados por un elevado profesionalismo. Han buscado gente de trayectoria, con opinión independiente y altura para tomar decisiones. Entre ellos se destacan Julio Manuel Ayerbe, Jorge Londoño y Santiago Botero. La junta está organizada en comités financieros y estratégicos, que tienen sólo dos miembros familiares.



Otro caso interesante es el del grupo Sanford, que está en el proceso de crear un comité directivo incorporando las ideas más modernas sobre el papel que deben cumplir las juntas en una organización.



En el grupo Neme también hay esfuerzos importantes, con un deliberado esfuerzo por formar y promover dentro de la misma organización a ejecutivos que pasan a formar parte de la junta. Si bien en esta empresa están los miembros de la familia, hay una clara conciencia de cambio.



En otro lugar donde se ha invertido tiempo y dinero en crear una junta operativa es en la Casa Editorial El Tiempo. Su principal característica es estar dividida en un Consejo Editorial, que se encarga de la posición ideológica de la compañía, y en un Consejo Directivo que asesora los negocios y alianzas estratégicas.



Carvajal es otra empresa que está adelantando procesos notables de reorganización, en su transición desde un grupo familiar.



Un modelo diferente, más parecido al europeo, es el que practica el Sindicato Antioqueño en sus juntas. En este caso, los vicepresidentes de unas empresas son miembros activos en las juntas de otras, con personas que juegan un papel crítico en el mantenimiento de una estrategia unificada para el grupo, como Jorge Londoño Saldarriaga, José Alberto Vélez y el propio Nicanor Restrepo. En empresas como Suramericana, Noel, Cadenalco y Nacional de Chocolates, el poder decisorio de la junta es fundamental.



Estas empresas revolucionarias son apenas un puñado. La mayoría, tanto en el sector privado como en el público, todavía están lejos de llegar a este ideal. Pero la semilla ya está sembrada.



¿Hasta dónde llegará la revolución de las juntas? El cambio siempre es difícil, pero pocas veces es tan doloroso como cuando se trata de ceder el poder para abrirle espacio a gente nueva. Esto es especialmente cierto cuando quien lo tiene lo ha heredado y lo ha manejado durante décadas. Pero en esta área, como en todos los demás aspectos de la transformación empresarial que vive nuestro país, cuando las decisiones críticas se demoran, o cuando se toman a medias, las consecuencias se pagan caro. A medida que las empresas pioneras comiencen a mostrar resultados que dejen atrás a su competencia, las decisiones que hoy parecen audaces se van a convertir en la norma.



¿Cuáles son los hombres más poderosos en las juntas de Colombia?



Todo el mundo sabe que algunas personas tienen influencia en las juntas directivas de muchas empresas, pero pocos saben exactamente quiénes son. Estos cuadros sugieren una respuesta.



Para las 300 empresas más grandes del país, Dinero calculó la cantidad de recursos sobre los cuales tiene poder cada uno de los integrantes de las juntas directivas. Se distribuyó el valor de los activos a diciembre de 1997 entre los miembros de las juntas directivas de las empresas y se asignó una poderación de 0,8 si pertenece a la junta principal y de 0,2 si pertenece a la suplente, se sumaron todos estos valores para cada persona diferenciando si es una empresa pública o privada y se usaron estos resultados para los ordenamientos. Estas son las listas de los miembros de junta más influyentes en el país.
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