| 10/17/2003 12:00:00 AM

La otra Colombia

Más allá de las oportunidades en medio ambiente y sustitución de cultivos ilícitos, los antiguos territorios nacionales deben reforzar una de las principales tareas para poder florecer: crear un tejido social sólido.

María Isbelia Gutiérrez lleva más de 14 años construyendo una cooperativa en el Guainía. En ese departamento, al igual que en muchos otros de los que antes se conocían como los territorios nacionales, la principal fuente de empleo es el Estado. Sin embargo, con los recortes de personal y las pocas alternativas para generar empleo, María Isbelia, desde la cooperativa Cootregua, decidió promover el desarrollo empresarial, dar apoyo a grupos asociativos y generar una cultura de ahorro que no tenían.

La cooperativa, que inició en 1989 con 24 personas, hoy tiene 1.200 afiliados, un patrimonio de $1.200 millones y mueve unos $400 millones mensuales. Entre sus proyectos está la creación de industrias de confecciones, de peces ornamentales y de artesanías. "Estamos en unas regiones donde no hay identidad. Es necesario rescatar los valores y la asociatividad de la región", explica María Isbelia.

Uno de los grandes problemas que tiene esa otra Colombia, conformada por departamentos como Guainía, Vaupés, Vichada, Amazonas, Putumayo, Arauca y Casanare, es la multiplicación de la migración producto de la explotación petrolera, los cultivos ilícitos o la actividad de los colonos. El desastre económico, la droga, la violencia y la corrupción han impedido la construcción de tejido social.

El caso más diciente es el de la explotación petrolera. Las regalías equivalen al 29% de las transferencias del sistema general de participaciones. Casanare percibe cerca del 33% de ellas; Arauca, el 28% y Meta y Huila un 7% cada uno. "Esto crea una paradoja: las bonanzas en el país se dan en zonas sin identidad y sin tejido social", explica el analista Hernando Gómez Buendía.

Aunque las regalías contribuyeron al desarrollo de esas regiones, estimularon el conflicto armado y la corrupción. "Lo más importante de una bonanza es diluirla en el tiempo. Lo que pasa acá es que hay una indigestión. Es necesario crear fondos de estabilización para buscar una alternativa en el largo plazo", agrega Gómez Buendía.

Esa es la tarea hacia el futuro: construir posibilidades de desarrollo con base en el tejido social. Entonces, ¿dónde están las oportunidades?

"La biodiversidad es un elemento fundamental para el desarrollo regional", explica Luz Marina Mantilla, directora del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas, Sinchi. Para algunos, las selvas del Amazonas son el secreto mejor guardado por su riqueza en insumos para medicamentos, cultivos orgánicos y posibilidades de mercado a partir de la captación de CO2.

En el Amazonas, el ají ya hace parte de la producción de la Asociación de Productores Agropecuarios del Amazonas, donde 30 cultivadores cosechan 6 toneladas anuales.

El ecoturismo también tiene oportunidades. La Unidad Administrativa Especial del Sistema de Parques Nacionales Naturales inició hace unos días el proceso de concesión de los servicios turísticos de los parques nacionales, donde el Amazonas tiene un enorme potencial.

Al mismo tiempo, programas como el que adelanta la cadena de hipermercados Carrefour, que vende en sus góndolas palmitos del Putumayo y otros productos como el fríjol de Bolívar representan un nuevo canal para estos grupos.

"Nos parece positivo que haya comunidades que realicen sustitución de cultivos ilícitos en un proceso que involucra muchas familias. Y nuestro apoyo está en el eslabón de la cadena donde siempre se estrellan: la comercialización", afirma un vocero de Carrefour.

Hacia el futuro, esta actividad podría generar un paso adicional con la colocación de estos productos en las tiendas de esa cadena en otros países. Sin embargo, para llegar a esos nuevos mercados se requieren grandes niveles de producción que los productores aún no están en capacidad de ofrecer.

Mientras tanto, ¿qué hacer? Hay interesantes modelos que ya arrancaron. La Incubadora Empresarial de Producción y Comercialización Agropecuaria -Incuagro- es una empresa creada con fondos estatales que, con aportes privados y participación de asociaciones de campesinos, ha hecho posibles 4 proyectos productivos, con inversiones totales por más de $7.400 millones. La idea es crear empresas con enfoque de cadenas y conglomerados regionales para pequeños productores en zonas de conflicto.

Esta sería una experiencia interesante que podría ser replicada en otros lugares distintos a Bolívar, Cauca, Huila o Meta, donde se están desarrollando los proyectos. Sin embargo, la otra Colombia tiene un inconveniente adicional que la define: el precio por la mala comunicación, o como lo denomina Gómez Buendía, el impuesto a la distancia.

Para solucionar esto, hay dos caminos. Por un lado, se podría buscar el apoyo internacional y nacional más decidido sobre estas regiones. Por ejemplo, se podría buscar un papel más destacado dentro del Atpdea para los productos que surgieron de la sustitución de cultivos, para dinamizar su producción. Sería necesario promover esta inquietud en Estados Unidos en forma muy concreta, pues es una iniciativa que sin duda atraería el respaldo de ese país.

Muchos temas adicionales deben resolverse. Se debe trabajar para aclarar el verdadero potencial de cultivos como la palma en esas tierras. Por otra parte, se necesita encontrar una solución que permita estabilizar realmente los flujos de dinero de las regalías hacia las regiones más ricas en recursos petroleros, para que se conviertan en motores de desarrollo y no en las fuentes de corrupción y los destructores de oportunidades que han sido en el pasado. Según el documento El Conflicto, callejón con salida, del PNUD, las regalías pueden reducir la exclusión social propia de las economías de enclave, las cuales se caracterizan por una fuerte tensión entre acumulación de capital y exclusión social. El problema radica en las enormes deficiencias en el manejo de estos recursos. Por ejemplo, en su nómina, "los municipios petroleros gastan hasta diez veces más que los no petroleros de similar tamaño. Aunque la inversión per cápita es también mucho más alta en aquellos municipios, a menudo se trata de proyectos que ayudan poco al desarrollo humano", agrega el estudio.

El país debe aprender una lección vital al contemplar el estado de estas regiones. Por cuenta del abandono, se convirtieron en foco de violencia, guerrilla y narcotráfico, al punto de que esos fenómenos han puesto en vilo la estabilidad misma de la Nación. No puede haber futuro para Colombia si no hay recuperación en estas tierras. Y no habrá recuperación sin el empoderamiento de las comunidades y la reparación de un tejido social que hoy está roto. Este último punto no será fácil, pues además el tejido social ha quedado en manos de una población que ya se acostumbró a ser emigrante. La posibilidad de recobrar el país para los colombianos depende en forma vital de lo que ocurra en estas zonas.
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