| 6/16/1998 12:00:00 AM

La hora del ajuste

El modelo económico actual toca a su fin. Colombia se juega las últimas cartas para decidir si sale adelante o se sume en la crisis.

La turbulencia en la que se ha movido la economía colombiana durante las semanas posteriores a la primera vuelta es el más reciente desarrollo de un modelo que ya no aguanta más. La incertidumbre sobre quién será el próximo Presidente es sólo el detalle que faltaba para redondear la situación. Las apuestas de los especuladores contra el Banco de la República, las tasas de interés interbancarias bordeando el 100% anual y la virtual parálisis de la actividad económica conforman el cuadro clínico de un paciente que necesita tratamiento sin más dilaciones.



Colombia se encuentra al borde de una crisis económica que, de desarrollarse por completo, sería una de las más graves en décadas. Hay que afrontar los hechos. Independientemente de quién sea el nuevo Presidente y de que se haga o no un ajuste económico, los resultados en los próximos meses van a ser muy malos. La economía no va a crecer en los primeros 9 meses del próximo gobierno.



Pero las decisiones que se tomen ahora determinarán si ésta va a ser una recesión breve, necesaria para arreglar los problemas de fondo, o si será apenas una nueva fase más de una agonía que se pondrá peor de lo que hemos vivido hasta ahora.



"Hay que hacer un ajuste. Sería dificil adelantar un proceso de paz en medio de incertidumbre económica".



Las decisiones estarán en manos del Presidente elegido el 21 de junio y de su Ministro de Hacienda. Dinero ha interrogado sobre el tema del ajuste fiscal (página 40) a los directores de los equipos económicos de cada candidato, César González (por Serpa) y Juan Camilo Restrepo (por Pastrana), quienes dentro de cada campaña tienen las mayores probabilidades de llegar al cargo. Ambos están conscientes de la magnitud de la situación que vivimos. Sus respuestas deben entenderse en el contexto de la situación general que vive el país, cuyos principales elementos planteamos a continuación.



Se acabó el tiempo

El actual estado de la economía no debe sorprender a nadie. Es un desenlace que se viene anunciando desde hace cuatro años. El gobierno se ha limitado a hacer oídos sordos a las advertencias sobre el desmadre fiscal y a decir que las opiniones de sus críticos sólo las motiva la animadversión política.



Pero el tiempo para las dilaciones se acabó. En el mercado internacional, las cosas han cambiado. La prima que cobran los inversionistas por comprar papeles colombianos viene en franco ascenso. Y las calificadoras están listas para acabar con el compás de espera que le han dado a Colombia. Si no hay señales claras de un ajuste fiscal serio, la deuda colombiana perderá la calificación de grado de inversión, lo que desencadenaría un agudo encarecimiento del crédito externo, e incluso el cierre en algunos casos.



"Un ajuste fiscal exitoso acabaría con el temor a una devaluación brusca".



En el frente interno, las cosas no son mejores. En los reiterados ataques a la banda cambiaria en febrero y en junio, el Banco de la República ha desempeñado bien su misión y ha defendido la banda cambiaria, elevando la tasa de interés y disponiendo las reservas internacionales necesarias.



Pero ha habido una fuerte diferencia en los costos de la defensa entre los dos episodios de ataque cambiario. En febrero fue posible frenar la especulación aumentando unos puntos la tasa interbancaria e interviniendo activamente en el mercado cambiario. Al cabo de dos semanas, el mercado se calmó, si bien la tasa de interés DTF subió más de 7 puntos en los meses siguientes.



Sin embargo, para detener el ataque especulativo de junio, el Banco de la República tuvo que tomar medidas mucho más drásticas y más costosas, incluyendo la liberación de la tasa interbancaria, fijándole un piso de 30% y limitando el volumen de la oferta diaria de repos a $220.000 millones. La mayoría de los bancos estaban desencajados, porque la cartera venía creciendo muy por encima de lo conveniente en un momento de iliquidez y este nuevo recorte los tomó fuera de base. No les quedó más remedio que recurrir a los repos del Emisor, a una tasa que en pocos días llegó al 80%. Los bancos además tuvieron que eliminar los sobregiros y reducir el crecimiento de la cartera.



El alza de la interbancaria se transmitirá a toda la estructura de tasas del sistema. Como consecuencia, lo más probable es que en cerca de dos meses, la tasa de DTF habrá llegado al 35%. El gran sacrificado será el crecimiento de la actividad privada, pues no existe en el mundo ningún negocio lícito que rinda lo suficiente como para financiarse con tasas de interés reales de más del 22%.



Adiós al crecimiento

Así, después de un repunte del crecimiento económico en el segundo semestre de 1997, que en su momento fue calificado por el ministro Ocampo como "una reactivación con bases sólidas", en el primer trimestre de 1998 la economía perdió el impulso. Que la declaración de Ocampo no pasaba de ser retórica era evidente, pues el problema fiscal, el origen de todos los desequilibrios, se había dejado intacto. Los cimientos de arena que sostenían la economía pronto se derrumbaron.



El nuevo gobierno recibirá una economía muy deteriorada. En el mejor de los casos, el crecimiento del PIB en 1998 estará entre 2 y 2,5%, gracias al impulso que traía del año anterior y a la producción de petróleo. El resto de sectores tendrán poco dinamismo, debido principalmente al desplome de la demanda por el alza de las tasas de interés. Los sectores más afectados serán el comercio y la construcción, con efectos particularmente negativos sobre el empleo.



Y lo que es bastante grave, la situación del sector financiero se deteriorará aun más, ya que las altas tasas de interés elevarán la cartera mala. El sector financiero terminará pagando las consecuencias del gasto del gobierno, el cual es la causa original de las altas tasas de interés que estamos padeciendo. De llegarse a extremos, podría ser el detonante de un ajuste general de la economía.



Cualquier cifra de crecimiento que se alcance en 1998 se deberá a los resultados del primer semestre, pues en el segundo es poco probable que éste supere el 1%. La economía podría incluso decrecer en términos reales. El primer semestre de 1999 está virtualmente perdido en materia de crecimiento, casi sin importar qué decisiones tome el nuevo gobierno.



Todo esto va a terminar de detonar una situación fiscal que, con el continuo aumento de las tasas de interés y los compromisos de gasto de Samper en los dos últimos meses, ya se ha desordenado más allá de cualquier límite prudente.



Antes de la subida de la tasa interbancaria en junio, el déficit estimado del gobierno central en 1999 era de 5,15% del PIB. Dentro de esta estimación, los gastos por intereses valían 3,15% del PIB, 2,31% los de la deuda interna y 0,84% los de la externa. Fácilmente este déficit podría aumentar en un punto, superando el 6% del PIB, debido al mayor costo de los intereses. No hay que olvidar que en este momento la mayoría de las colocaciones de TES tienen como vencimiento un año.



¿Qué se puede hacer?



El próximo gobierno tiene varias opciones para enfrentar la situación. La primera, por supuesto, es negar la crisis y no hacer nada, es decir, continuar la herencia de la administración Samper. Esta opción es ingenua y peligrosa. Sería simplemente explosivo pretender ignorar los aspectos más críticos del entorno.



El efecto inmediato sería la reducción de la calificación de riesgo y el encarecimiento de la financiación externa del país. Suponiendo que el gobierno optara por financiarse con estos recursos más costosos, bajo el terco supuesto que los déficits son manejables porque se pueden financiar, la presión sobre el mercado cambiario sería de tal magnitud que ni con tasas de interés superiores a las actuales (que han estado en máximos históricos) se podría detener el ataque contra la banda cambiaria.



Este sería el peor de los casos. En este escenario, 1999 podría ser el peor año del siglo en materia de crecimiento económico, la tasa de desempleo podría superar el 20% y la inflación se desbocaría. Y lo peor es que se habría pagado un costo altísimo a cambio de un futuro incierto pues, a pesar del ajuste cambiario tras el rompimiento de la banda, el país no habría resuelto el desajuste fiscal.



La economía no va a crecer en los primeros 9 meses del próximo gobierno, quien quiera que sea el Presidente. Lo que importa es lo que ocurrirá después.



Otra posibilidad sería emprender un ajuste gradual, en el cual el gobierno se comprometiera a reducir el déficit del gobierno central en un punto del PIB por año. Por ejemplo, podría empezar por ajustar el Presupuesto General de la Nación de 1999 en lo necesario para lograr este objetivo, sin hacer ningún otro tipo de ajuste y dejando para un momento posterior las modificaciones a la ley o a la Constitución.



Aunque con un ajuste de este tipo el gobierno podría mandar la señal correcta y así mejoraría las expectativas de los inversionistas, rápidamente éstas se desplomarían porque no se habría atacado el problema de fondo. En pocos meses, la economía colombiana volvería a estar en una situación igual a la actual. Con las restricciones que existen, un ajuste gradual no tendría un efecto diferente al de repetir la receta de los últimos cuatro años.



Atacar el mal de fondo

Un ajuste ambicioso, por el contrario, no sólo enviaría las señales correctas que permitirían que el país recobrara la confianza, sino que solucionarían el problema de raíz.



Las cuentas acerca de cómo reducir el déficit del gobierno central ya están hechas. Se sabe que un porcentaje del gasto es discrecional y que con solo voluntad política podría empezar a reducirse de inmediato. Lo primero que tendría que hacer el gobierno entrante sería lograr que este recorte que obedece al gasto discrecional se incorporara en el Presupuesto General de la Nación, que debe ser aprobado por el Congreso en octubre.



Además, al tiempo que el Presupuesto ajustado se ponga a consideración del Congreso, se debe presentar un proyecto de ley que permita eliminar las rigideces que impiden reducir el gasto no discrecional.



Pero, ante todo, se debe lograr un acuerdo político que lleve a las entidades territoriales a asumir plena responsabilidad de sus funciones, evitando la duplicación de gasto que hoy asumen las finanzas públicas nacionales. Recortar de tajo las vagabunderías de la ley de regalías debería ayudar en esta decisión.



La reducción del gasto se debe combinar con reasignación de responsabilidades públicas y aumento de ingresos. La carga fiscal global que tiene el país es razonable. Sin embargo, la repartición entre los beneficios y las cargas no es la correcta. Por ejemplo, mientras que la gasolina que se vende en el territorio nacional cuenta con un subsidio que paga la Nación, las entidades territoriales tienen la potestad de cobrar una sobretasa al combustible y se quedan con los ingresos sin asumir ninguna obligación.



La gran objeción que siempre se argumenta ante la idea de hacer un ajuste ambicioso es que el Congreso no permitirá hacerlo. Es indispensable deshacerse de ideologías y replantear los términos de esa discusión. La única razón para elegir un gobierno es para que ofrezca a los ciudadanos un mejor futuro. Un gobierno fuerte y serio debería ser capaz de venderle tanto al Congreso como a la comunidad un programa de ajuste fiscal que les ofrezca a los colombianos precisamente eso: la única posibilidad que tienen de lograr un futuro mejor. Y el Congreso está en la obligación de considerar esa posibilidad con rigor, pues sus miembros han llegado allí para representar los verdaderos intereses del pueblo.



El ajuste es expansivo



El otro argumento que se presenta siempre para evitar hacer un ajuste es que tendría un alto costo en términos de crecimiento y empleo. Lo que no se suele mencionar es que, con o sin ajuste, la economía colombiana de todas maneras está abocada a un 1999 muy malo.



Pero, además, el ajuste económico es hoy un proceso cuya mecánica es conocida. En los mercados internacionales el ajuste ya no es un tema misterioso y las entidades financieras saben que, si éste se hace bien, conduce a una rápida recuperación. Hoy la salida de un país de la fase más difícil de un ajuste es veloz, porque los mercados internacionales están dispuestos a ofrecer crédito de nuevo con rapidez. El ejemplo más claro lo da una comparación entre la crisis de la deuda latinoamericana de los 80 y la crisis asiática de los 90. Mientras América Latina se gastó la mayor parte de la década en el proceso de refinanciar su deuda y recuperar el acceso a los mercados internacionales de crédito, en Asia la mayor parte de la refinanciación de la deuda ocurrió en apenas ocho meses y ya está prácticamente terminada.



El ajuste fiscal en el primer año lograría reducir la inflación y las tasas de interés algunos puntos, lo cual aliviaría el problema fiscal hacia adelante, permitiría un manejo monetario menos restrictivo y estimularía la inversión y, por tanto, la generación de empleo. Si Colombia logra reducir el tamaño del Estado, que hoy supera el 37% del PIB, el sector privado de nuevo podría ser el gestor del crecimiento económico.



Ahora bien, un ajuste fiscal aliviaría ligeramente el desequilibrio externo que tiene el país, pero no lo corregiría del todo. Los desequilibrios de cuenta corriente no son exclusivos del desajuste fiscal, sino que obedecen a problemas de precios relativos. En otras palabras, incluso con ajuste fiscal, es muy probable que una devaluación sea indispensable en el futuro. Sin embargo, la forma de llegar a este nuevo equilibrio sólo podrá discutirse una vez se haya hecho el ajuste fiscal y de ninguna manera antes.



Con un ajuste integral, el sector privado volvería a ser el motor del crecimiento.



Y lo anterior no es todo: el ajuste debería ir más allá. Colombia se ha quedado rezagada en el tema de las reformas estructurales, llamadas "de segunda generación". Mientras que otros países de desarrollo similar ya lograron superar el tema de la estabilización y hoy tienen niveles de inflación de un dígito, además de superávit fiscal, en Colombia todavía estamos discutiendo si nos conviene lograr ambas cosas.



Ojalá el nuevo gobierno no tenga que gastar todo su capital político en el ajuste fiscal y pueda entrar con fuerza a la segunda fase de reformas estructurales que le permitan a Colombia tener tasas de crecimiento económico superiores al 6%. Para que ello sea posible, es preciso afinar las instituciones sociales y de descentralización, culminar la reforma de la seguridad social, profundizar la reforma laboral, fortalecer la educación y generar los estímulos al ahorro y al trabajador que permitan dinamizar el espíritu empresarial de los colombianos.



Y los candidatos, ¿qué?

El papel del tema económico dentro de la campaña presidencial cambió entre la primera y la segunda vuelta. Hasta el 31 de mayo, los mensajes de los dos candidatos sobre el tema eran ambiguos y las diferencias entre ellos se habían diluido.



Los dos candidatos ofrecían un ajuste gradual, tal vez algo más rápido en el caso de Pastrana que en el de Serpa, y utilizando mecanismos similares. Mientras que el equipo económico de Serpa hablaba de llegar al año 2002 con un déficit fiscal consolidado de 2% del PIB y un nivel de deuda pública de 24% del PIB, los de Pastrana hablaban de un déficit para ese año de 1% del PIB. Triunfó la tesis de que ofrecer sacrificios presentes a cambio de beneficios futuros no es popular.



Pero una vez pasó la primera vuelta, el discurso sobre el tema fiscal cambió radicalmente en las dos campañas. Aunque la especulación cambiaria que siguió a las elecciones del 31 de mayo no puede atribuirse del todo al resultado de las mismas, quedó claro que dicho resultado no despejó para nada la incertidumbre económica, sino que por el contrario la aumentó. El desarrollo de los acontecimientos obligó a los candidatos a asumir posiciones más claras.



La campaña de Serpa, por intermedio de César Gónzalez, quien es su director programático y su más probable Ministro de Hacienda, enfatizó su posición de que para hacer el ajuste fiscal es indispensable llegar primero a un consenso nacional de ingresos y salarios para reducir la inflación. Una vez logrado este acuerdo se haría un ajuste fiscal consistente, es decir, un ajuste en el que los gastos crezcan a la par con los ingresos.



El nuevo Presidente debería consolidar las reformas estructurales en descentralización, seguridad social, entorno laboral y educación.



Pero este reforzado énfasis de la campaña de Serpa en el logro de un consenso nacional antes de cualquier acción sólo surgió después de que César González planteara en un debate en Fedesarrollo, el 13 de mayo, la posibilidad de aumentar los salarios sólo un 12% para avanzar hacia el ajuste fiscal. Voces de la campaña manifestaron abiertamente su inconformidad con este planteamiento y llevaron al enfoque del consenso. Como resultado, una posición que ya era débil en el tema fiscal se debilitó aún más.



En contraste, la campaña de Andrés Pastrana adoptó después de la primera vuelta una actitud más abierta y seria frente al problema fiscal. Para Juan Camilo Restrepo, el más probable Ministro de Hacienda de Pastrana, en el primer año del gobierno se debe hacer un ajuste fiscal de por lo menos dos puntos del PIB. Cerca de un punto vendría de un recorte en el gasto discrecional, acompañado por un proyecto de ley omnibus fiscal que se sometería a la consideración del Congreso el 7 de agosto.



La aspiración es reducir el déficit fiscal en un punto del PIB por año en los siguientes tres años del gobierno. Para Juan Camilo Restrepo, el problema fiscal además de técnico es político y por tanto se debe hacer una gran labor pedagógica que involucre a toda la comunidad.



César González



"El gobierno de Horacio Serpa hará el ajuste, porque está consciente del verdadero interés público"

Si el próximo gobierno continúa con la actual mezcla de políticas macroeconómicas, ¿qué cree usted que le ocurrirá al país en sus primeros 12 meses?



La responsabilidad directa del Gobierno Nacional se sitúa en el campo del manejo fiscal. Las demás políticas macroeconómicas están en manos del Banco de la República. Mediante una eficaz coordinación entre gobierno y Banco, en todo caso es necesario corregir drásticamente el rumbo. Sin cambios, las tasas de interés continuarán siendo muy altas, el aparato productivo seguirá débil y los índices de solidez del sistema financiero se deteriorarán.



"Sin cambios, las tasas de interés seguirán altas y el sistema financiero se deteriorará".



¿Usted es partidario de un programa de ajuste fiscal? ¿Qué características principales debería tener éste? ¿Por qué cree que un gobierno de Horacio Serpa tendría la decisión política y la capacidad para llevarlo a cabo?



Sí, soy partidario. Características del programa: serio, creíble y realista. El gobierno de Horacio Serpa hará un ajuste fiscal de esas características, porque expresa un proyecto político popular, de democracia social, que está consciente del verdadero interés público. Y porque sabemos que un proceso de paz sería muy difícil en medio de un ambiente económico de desorden e incertidumbre.



¿En qué se diferencia la propuesta de ajuste fiscal de Horacio Serpa de la de Andrés Pastrana?



La propuesta de Pastrana es populista ­y antipopular­. No tiene ningún sentido andar proponiendo rebajas de impuestos que no podrán cumplirse. Como estamos, Pedro (o Juan), ¿y tú cortando orejas? La propuesta de Pastrana no ha sido expresada con claridad, pero el candidato básicamente ha dicho que les va a quitar los celulares a los burócratas (¡!) y que no va a dar gasolina para los carros oficiales (¡!). Es obvio que la austeridad debe imponerse. Pero eso no es suficiente. También ha dicho que el ajuste fiscal se dará acabando la corrupción. Todo muy bien, pero no es suficiente. Más allá del maquillaje, el ajuste fiscal de la propuesta conservadora es un misterio. Además de sus propuestas de rebaja de impuestos, se ha limitado a decir que "va a reducir el gasto", pero no ha dicho cómo.



¿Cree usted que el problema actual de la tasa de cambio refleja exclusivamente el desequilibrio fiscal? ¿Cómo manejaría usted los otros instrumentos de manejo macroeconómico (política monetaria y financiera, política de endeudamiento, política arancelaria y cambiaria). ¿Qué estrategia cambiaria recomendaría para el próximo gobierno?



No lo refleja exclusivamente. Refleja también el estado de guerra y violencia, el colapso del ahorro interno, el recurrente déficit de la balanza de pagos en cuenta corriente. Todo esto se destila en una cierta incertidumbre y en un ambiente proclive a la especulación. Pero el Banco, sin duda, les ganará de mano a los especuladores. La mezcla de políticas macroeconómicas depende de la coordinación entre gobierno y Banco. Más que pensar en ajustes nominales a la tasa de cambio, la mejor estrategia cambiaria es una buena política de reducción de la inflación, junto con una estrategia eficaz para aumentar la competitividad real de nuestros sectores productivos y de servicios incluyendo los financieros.



Es posible que al próximo gobierno le toque gastar la mayor parte de su capital político en el programa de estabilización de la economía en los dos primeros años. Si a usted le quedara aire, ¿a qué reformas estructurales (de las llamadas de segunda generación) le gustaría dedicarle su atención?



Aquí hay varias peticiones de principio:



* Que sea inevitable gastar capital político en el necesario programa de ajuste.

* Que las reformas "de primera generación" ya están hechas, todas.

* Que ello sea un ajuste de "gusto" personal.

* Me refiero, entonces al segundo punto: que Colombia necesita verdaderas reformas agrarias y urbanas que son reformas de "primerísima" generación. Tanto en el campo como en la ciudad, la formalización legal de la propiedad inmueble es sumamente precaria. Así resulta difícil el verdadero desarrollo de los mercados, no sólo de tierras y construcciones. Necesitamos muchos más propietarios capaces de movilizar sus propiedades como garantías, como participaciones de capital, como instalaciones de negocios rurales y urbanos.

* La principal reforma: la paz.



Por último, y en 20 palabras, ¿usted por qué recomienda a nuestros lectores votar por su candidato?



En 37. Porque su proyecto político mira confiadamente hacia el futuro. Lo malo del pasado no debe olvidarse, pero no nos debe encadenar a él. Con Pastrana, la polarización inútil continuará. ¿Cuatro años más de lo mismo?



Juan Camilo Restrepo



"El déficit fiscal no superará el 2% del PIB en ninguno de los años del gobierno de Andrés Pastrana".

Si el próximo gobierno continúa con la actual mezcla de políticas macroeconómicas, ¿qué cree usted que le ocurrirá al país en sus primeros 12 meses?



Si no se revisan las políticas en curso, los desajustes que ya son visibles continuarán acentuándose. El crecimiento económico seguirá deteriorándose, el déficit en la cuenta corriente se ampliará; el financiamiento externo se dificultará cada vez más, la inflación no retomará una tendencia decreciente y la zozobra en el frente cambiario se agudizará. El principal ajuste macro que hay que adoptar es el control de la situación fiscal.



"El país no es viable fiscalmente con la evasión del 30% que tenemos hoy".



¿Usted es partidario de un programa de ajuste fiscal? ¿Qué características principales debería tener éste? ¿Por qué cree que un gobierno de Andrés Pastrana tendría la decisión política y la capacidad para llevarlo a cabo?



* Las principales características del ajuste fiscal son las siguientes: El déficit de las finanzas públicas agregadas no debe superar el 2% del PIB en ningún año del próximo cuatrienio, lo que implica un ajuste importante (aunque no de shock) en el primer año de gobierno.



* Por el lado de los recaudos, es preciso hacer un gigantesco esfuerzo de gestión. El país no es viable fiscalmente con los niveles de evasión del 30% que hoy tenemos. Una reducción gradual de las tarifas del IVA, acompañada de mejor control de evasión y de ampliación de la base del tributo es perfectamente compatible con el propósito de reducir el déficit fiscal.



* Por el lado de los gastos, donde más rápidamente se puede avanzar es en el incremento de su eficiencia. En las recomendaciones de la Comisión del Gasto hay una buena cantera de iniciativas concretas para explorar.



¿En qué se diferencia la propuesta de ajuste fiscal de Horacio Serpa de la de Andrés Pastrana?



Se diferencian en muchos aspectos puntuales. Pero sólo quiero destacar uno que a mi modo de ver es el fundamental: entre el discurso político de Horacio Serpa y sus propuestas económicas hay un bache inmenso. Mientras las segundas tienen apariencia de seriedad, las primeras constituyen un verdadero ramillete de ofertas populistas. Esto indica que entre los compromisos políticos que ha contraído y los planteamientos económicos que le han elaborado los expertos hay una gran diferencia. Esto es lo que le resta credibilidad a Serpa. En cambio, entre el discurso político de Andrés Pastrana y su programa económico hay perfecta coherencia. No se ha comprometido en nada que no se pueda cumplir. De ahí su credibilidad.



¿Cree usted que el problema actual de la tasa de cambio refleja exclusivamente el desequilibrio fiscal? ¿Cómo manejaría usted los otros instrumentos de manejo macroeconómico (política monetaria y financiera, política de endeudamiento, política arancelaria y cambiaria). ¿Qué estrategia cambiaria recomendaría para el próximo gobierno?



Si el ajuste fiscal es exitoso y el resto de las variables se manejan con sensatez, la reducción de la inflación y la de las tasas de interés permitirán recuperar en términos reales el atraso cambiario que aún tiene el país. La devaluación brusca no es necesaria ni conveniente.



Además, el retorno de la tranquilidad es indispensable para que el frente cambiario fluya sin sobresaltos. La percepción que logre dar el nuevo gobierno de que su ajuste fiscal será serio y viable es condición indispensable para que se diluyan los temores de una devaluación brusca en el horizonte que, repito, no resultaría ni útil ni conveniente.



Es posible que al próximo gobierno le toque gastar la mayor parte de su capital político en el programa de estabilización de la economía en los dos primeros años. Si a usted le quedara aire, ¿a qué reformas estructurales (de las llamadas de segunda generación) le gustaría dedicarle su atención?



Al afianzamiento y racionalización del proceso de la descentralización, y a lo que ahora se ha dado en llamar la mesoeconomía. La reforma consistente en volver a dar estabilidad a las normas jurídicas que rigen la actividad económica me parece especialmente urgente. En Colombia a cada problema le disparamos un decreto o un proyecto de ley pero no una solución de gerencia pública. Estamos produciendo cerca de tres mil nuevas normas de carácter general por año, lo que es una verdadera locura.



Por último, y en 20 palabras, ¿usted por qué recomienda a nuestros lectores votar por su candidato?



Porque al anhelo de cambio y la ruptura con el continuismo queda mejor realizado en un gobierno de Andrés Pastrana que en un eventual mandato de Horacio Serpa.



Un ajuste rápido e integral



Un colapso de la economía en los próximos 18 meses no es inevitable. Es cierto que las tendencias inerciales de la economía son ahora claramente recesivas y que llevarán a la economía urbana (diferente de la agricultura y la minería) a no crecer en los primeros 9 meses del nuevo gobierno. También es cierto que en los frentes cambiario y financiero el país se encuentra en el filo de una navaja. Las amenazas contra la tasa de cambio no cederán significativamente en los próximos dos meses y el intento de las autoridades por contenerlas con una tasa de interés al alza tendrá costos elevadísimos sobre la cartera y las ganancias del sistema financiero. Esos costos comenzarán a verse en los balances al cierre del primer semestre del año.



Pero el diagnóstico se ha ido aclarando a medida que la situación avanza. También se hacen más claras las herramientas con las que contarán las nuevas autoridades.



En Dinero tenemos la firme convicción que el país sabrá recuperar la tradición de manejo económico sensato y podrá superar los errores acumulados. Salir adelante es posible si se siguen tres principios fundamentales.



Primero, hay que tener calma, mucha calma en los próximos días. El ataque especulativo contra el peso se debe y se puede aguantar, siempre que se abra paso un cambio del esquema de políticas y responsabilidades que condujo al rotundo fracaso de la Adminisración Samper.



Segundo, se necesita una formidable capacidad de decisión en las próximas semanas, para dejar atrás la cultura administrativa de este gobierno, basada en aplazar indefinidamente las decisiones indispensables. Cuanto más rápido y más integral el ajuste, mejor será el resultado para la economía.



En el primer año del próximo gobierno, la economía debería haber eliminado al menos la mitad del déficit fiscal actual y la mayor parte del desequilibrio cambiario. Esta es la condición para alcanzar a generar un despegue notorio de la actividad económica y el empleo en los tres años siguientes.



El nuevo gobierno no puede perder tiempo. El discurso presidencial de la noche del 21 de junio será interpretado como la principal señal de la voluntad de cambio. El recorte drástico de presupuesto y gasto público en la primera semana será la segunda gran señal. La reelaboración del presupuesto para 1999 y la presentación del paquete de leyes, decretos y resoluciones será la gran tarea para los primeros 30 días de gobierno. En los primeros 90 días el nuevo Presidente se jugará su credibilidad.



Y tercero, el Presidente debe tener visión, mucha visión para hacer compatible la ejecución del drástico programa de estabilización con la aceleración de las reformas estructurales que el país requiere para lograr un desarrollo económico y social satisfactorio. Las principales reformas están a mitad de camino: la descentralización, la educación, la seguridad social, la competencia, la reforma agraria. El país necesita complementar su ajuste macroeconómico con un plan de ajuste institucional que le permita recuperar la senda de un desarrollo firme.



La volatilidad reciente de la economía refleja, tanto como la incertidumbre y la especulación, la certidumbre que el país va por mal camino en materia económica. Para corregir el rumbo se requiere un decidido ajuste fiscal. Por eso, sobre los hombros del próximo Ministro de Hacienda recaerá más responsabilidad que sobre ningún otro de los últimos cincuenta años. Buena suerte, que todos la necesitamos.



Se necesita un ministro que tome decisiones y deje atrás la inercia del actual gobierno.
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