La hora de las cooperativas

| 5/31/2002 12:00:00 AM

La hora de las cooperativas

Colombia cuenta con un gran potencial de desarrollo económico en sus cooperativas. El nuevo gobierno podría gestar un verdadero despegue de este modelo.

Carlos Palacino lleva toda la información imaginable sobre SaludCoop en su computador portátil, en el cual puede consultar desde el nivel de satisfacción que expresaron los pacientes encuestados en Turbo hace una semana, hasta el margen operacional que arrojó el último cierre financiero de la entidad. Ahora, sin embargo, Palacino quiere mostrar al reportero de esta revista el futuro: los planos del nuevo colegio Los Pinos, un plantel que se expandirá hasta tener 2.500 alumnos y contará con biblioteca virtual, varias aulas especializadas con computador en cada escritorio, salones acondicionados para la práctica individual de violín, canchas de tenis y un auditorio, entre otras muchas construcciones. Es probable que Los Pinos sea dentro de un año el colegio con las mejores instalaciones de Colombia. Palacino no retira los ojos de la pantalla mientras dice: "Ahora estamos depurando el modelo. Cuando lo manejemos bien, lo vamos a multiplicar por todo el país".



Estas pueden ser palabras mayores para el mercado de los colegios, porque Palacino ha demostrado su habilidad para escalar proyectos hasta convertirlos en grandes realidades. SaludCoop fue creada apenas en 1994, poco después de que la Ley 100 permitió la prestación de servicios de salud por empresas privadas en el régimen obligatorio, y se inició como EPS sin una marca conocida ni una base de clientes previa, como la que tenían sus competidores, que llevaban una larga tradición en medicina prepagada. Hoy, SaludCoop es la mayor EPS del país, con 2,3 millones de clientes y $716.000 millones en ingresos. Puesto que el crecimiento que se puede esperar en el negocio de salud para los próximos años será menor que el del período de rápida expansión de la década anterior, Palacino y SaludCoop buscan nuevas actividades que puedan soportar tasas de crecimiento de dos dígitos. Y han puesto sus ojos en la educación.



Salud y educación no son sectores que parezcan particularmente fértiles a primera vista para la iniciativa empresarial, pero son actividades naturales para SaludCoop, pues esta organización es una cooperativa. Este dato podría resultar sorprendente para muchos, ya que la imagen más común de las cooperativas (motivada por la crisis financiera) es la de la pobreza y el desorden administrativo, antes que la de una gestión competitiva exitosa. Sin embargo, cuando a los propósitos de servicio se unen la capacidad administrativa y la visión para alcanzar metas grandes, el resultado puede ser una sorpresa empresarial de primer orden.



SaludCoop no es, ni mucho menos, la única cooperativa exitosa de Colombia. En el mismo sector de la salud, Coomeva es la segunda EPS del país (juntas, estas dos empresas tienen casi tantos afiliados como el Seguro Social). Pollos Vencedor, una de las más tradicionales empresas avícolas, es una cooperativa. Colanta, en el sector lechero, también lo es y, junto con muchas otras entidades de este tipo, se ha convertido en un regulador del mercado de la leche en el país. La funeraria Los Olivos, que parecía haber surgido de la nada en Bogotá para adquirir a La Candelaria y disputar el primer lugar en este mercado, es una cooperativa. Las cooperativas cafeteras aportan la red que compra la cosecha del grano en el país. Copidrogas ha permitido a los droguistas de barrio participar en compras en grandes volúmenes y ofrecer a sus clientes precios similares a los que dan las grandes cadenas. Coratiendas ha hecho algo similar por los tenderos. La lista podría incluir muchas empresas más.



Las cooperativas tienen ventajas importantes. Por un lado, puesto que no tienen ánimo de lucro y no generan utilidades, no causan impuesto de renta. Por otro lado, cuando la contribución del asociado se da en trabajo, no están sujetas al régimen laboral normal, lo que permite una mayor flexibilidad para ajustar los costos a los niveles de ventas. Finalmente, cuando la cooperativa logra la dinámica adecuada, el compromiso de sus afiliados con el éxito de la entidad puede otorgarle una ventaja decisiva en la competencia.



La experiencia de las cooperativas exitosas adquiere una especial relevancia ante la elección de Alvaro Uribe como Presidente de Colombia. Uribe planteó en su campaña que el impulso al cooperativismo será uno de los siete frentes básicos para reducir la inequidad en la distribución del ingreso en Colombia. Uribe impulsará el desarrollo de cooperativas en economía rural, vivienda, obras públicas, educación, nuevas empresas, comercialización de insumos y exportaciones de bienes y servicios de microempresas, entre otros. También tendrán un papel importante en la educación de los niños y la atención a la población más amenazada por la miseria.



¿Es posible esperar tanto de este instrumento? A pesar de los muchos aspectos positivos de las cooperativas, las incógnitas también son grandes. La crisis de las cooperativas de ahorro y crédito de 1998 ha sido superada, pero mostró que el sector necesita altos niveles de control y vigilancia. Aunque la situación ha mejorado en ese aspecto, Colombia está lejos de alcanzar un nivel satisfactorio. Los casos de éxito no ocultan el hecho de que la figura de las cooperativas es explotada por muchas entidades, que se registran como tales pero son poco más que vehículos baratos para evadir impuestos. En la lista de más de 8.000 cooperativas registradas en Colombia hay centenares de nombres que están ahí por razones equivocadas, y lo grave es que nadie podría establecer rápidamente cuántas son. Para rematar, el Estado colombiano tuvo estrepitosos fracasos en el pasado cuando intentó generar cooperativas para sacar adelante programas de desarrollo, como ocurrió en la época de la reforma agraria.



Crear riqueza a partir de pobres y desempleados no es nada fácil y las cooperativas no son una vara mágica que pueda resolver este dilema instantáneamente. Sin embargo, sus posibilidades son muy importantes. Dinero realizó un recorrido por algunas de las cooperativas más exitosas del país, para conocer su experiencia e identificar los factores que permiten a estas organizaciones salir adelante en una economía de mercado. La conclusión es que las cooperativas definitivamente pueden lograr resultados notables si se mantienen tres pilares para su desarrollo: un liderazgo capaz de interpretar correctamente las oportunidades en el mercado, un respeto estricto por los principios cooperativos y una regulación adecuada para el sector.



Eso sí, quien tenga dudas sobre las posibilidades de las cooperativas solo tiene que hablar con Carlos Palacino. "El problema es de visión", dice, mientras señala en la pantalla un detalle del aula máxima en los planos del nuevo colegio. Luego afirma: "Falta asumir retos. Los líderes de las cooperativas tienen una visión recortada de lo que se puede hacer. Las oportunidades están ahí, para quien quiera ir a buscarlas".



La oportunidad



Si algo exaspera a los líderes cooperativos del país es la imagen de las cooperativas como un vehículo para el asistencialismo. "Esa imagen es desastrosa", dice Clemente Jaimes, gerente de Pollos Vencedor, cooperativa con 30 años de existencia. "La vocación del cooperativismo no es barnizar de dignidad a la pobreza. Su vocación es crear riqueza y ponerla al servicio del ser humano".



El primer requisito para el éxito no es diferente del que se aplica a cualquier otra empresa: hay que identificar una oportunidad en el mercado. Tiene que haber algún tipo de ineficiencia que se resuelva muy bien mediante el poder de asociación en una cooperativa. El acelerado crecimiento de SaludCoop obedece a que vio claramente un espacio para el crecimiento fuera de las grandes capitales. La base de clientes de medicina prepagada de sus competidores, que aparentemente ponía a SaludCoop en desventaja, se convirtió a la postre en el factor que le dejaría el terreno libre en provincia, donde la calidad de los servicios del Seguro Social era peor que en cualquier otra parte. Esto le permitió a SaludCoop llegar al número de afiliados necesario para alcanzar el punto de equilibrio después de solo dos años de gestión.



Otros casos demuestran cómo estas organizaciones pueden lograr resultados muy positivos en tiempos difíciles. El producto de Pollos Vencedor tiene una prima de precio en el mercado, gracias a su alta calidad, pues ha mantenido tecnología de punta en medio de las difíciles circunstancias de la industria avícola, que vive permanentemente amenazada por el contrabando, los precios de las materias primas y la competencia. Coratiendas, por su parte, ha multiplicado sus ventas por 6 en el último lustro, y hoy superan los $70.000 millones al año, justo cuando la competencia de los hipermercados ha replanteado totalmente las reglas del juego en el comercio al por menor en el país. La cooperativa se ha dedicado a agregar grandes volúmenes en compras y a impulsar a sus asociados a competir con base en servicio al cliente.



Si algo puede hacer el gobierno para replicar y extender la experiencia de las cooperativas, es ayudar a quienes emprenden este tipo de iniciativas a articularse para visualizar y aprovechar las oportunidades. Un excelente ejemplo es lo ocurrido con el sector agrario en los últimos años. En muchos productos se perfila la oportunidad que sale del pobre funcionamiento del mercado. La industria procesadora necesita un abastecimiento estable a lo largo del año y está dispuesta a garantizar compras con anticipación. Los productores también desean un cliente estable y están dispuestos a vender a buenos precios a cambio de que les garanticen sus cosechas. Sin embargo, los productores son pequeños, están atomizados y no tienen la capacidad gerencial que les permitiría asumir los compromisos de volumen, calidad y estabilidad en la oferta que la industria requiere.



El Ministerio de Agricultura y el Fondo Financiero Agropecuario (Finagro) han desarrollado un mecanismo para resolver estas deficiencias y permitir que la oportunidad se materialice. Finagro entrega préstamos a asociaciones de productores, que logran agregar los grandes volúmenes que la industria necesita. En ocasiones, también presta a la propia industria, con la condición de que se comprometa a comprar la cosecha a futuro, de modo que los productores reduzcan su riesgo. El mecanismo incluye la figura de un integrador, que se encarga de organizar a los productores, coordinar a las entidades de crédito, organizar el pacto de compromisos con la industria, coordinar la compra de insumos y materias primas para lograr buenos precios, y asegurar que los productores tengan capacitación para garantizar calidad y manejar su producción con criterio empresarial. Finagro entregó $197.000 millones para créditos asociativos entre 1999 y el año 2001.



"Los temas esenciales son el acompañamiento y la capacitación al productor, y el compromiso de cada uno con el proyecto. Aquí hay plata de donaciones, pero el productor tiene que tomar riesgo personal y hacerse responsable por un crédito", asegura Roberto Valencia, de Fundaset, que ha actuado como integrador en un proyecto de sustitución de cultivos de amapola por frutales que funciona en ocho municipios del Huila e involucra a varias organizaciones asociativas. Es un proyecto pionero, en el cual se negocian contratos forward para productos perecederos a más de 12 meses y para sustitución de cultivos. La aspiración es replicar el modelo. Después de los 24 meses iniciales, los productores estarán en condiciones de manejar el proyecto y sus empresas sin el soporte del asesor.



Los principios



Clemente Jaimes, de Pollos Vencedor, plantea varios principios para que las cooperativas puedan sacar adelante su misión. El primero es recuperar la identidad y desarrollar una verdadera participación de miembros. "Mucha gente no entiende qué es esto", dice. "En una empresa hay inversionistas que aportan capital, trabajadores, proveedores y clientes. Para que una cooperativa funcione, los asociados que hacen los aportes tienen que pertenecer también a alguno de los otros grupos: o son trabajadores, o son clientes, o son productores. Cuando no es así, vienen los problemas. La crisis del cooperativismo financiero ocurrió cuando los clientes y usuarios fueron terceros y no eran asociados".



Por otra parte, y esto es muy importante, la propiedad es colectiva. Se ejerce mediante un organismo de control comunitario. Si se utiliza un bien de un asociado, la tenencia debe ser de la cooperativa. "Esto significa que en las cooperativas no cabe la figura del pequeño empresario. Se es asociado del colectivo", dice Jaimes. Sus planteamientos pueden parecer un tanto extremos, pues excluirían muchas organizaciones que hoy están consideradas como cooperativas. Sin embargo, puede tener razón. Los productores que se asocian para recibir créditos de Finagro, por ejemplo, siempre tendrán limitaciones para su acción si no se organizan de una manera que vaya más allá de sumar compras. Solo si se unen para tener una planeación y ejecución conjuntas, podrán lograr metas ambiciosas de largo plazo, incluyendo avanzar dentro de la cadena de valor hacia productos con mayor rentabilidad. Ese ha sido uno de los grandes loros de Vencedor, que hoy integra toda la cadena de la producción de pollos, desde el engorde hasta el manejo de los canales de distribución.



Finalmente, una característica de las cooperativas exitosas es que su gobierno corporativo funciona. En este modelo de organización, en el cual los asociados son numerosos y tienden a pertenecer a estratos populares, puede ser fácil nombrar juntas directivas de papel, que no se metan en la administración. En buena medida, la falta de controles internos permitió la crisis de las cooperativas de ahorro y crédito en la segunda mitad de los años 90.



Las buenas cooperativas tienen buenas juntas. En Vencedor, los miembros de la junta son trabajadores de la empresa. "Cuando estamos en la planta, ellos son mis subalternos; pero cuando entramos en la junta, están sentados ahí como mis jefes", dice Jaimes.



El debate que rodea actualmente a las cooperativas de trabajo asociado ilustra la diferencia entre las cooperativas que respetan los principios y las que son indiferentes a ellos. En las cooperativas de trabajo asociado, los afiliados aportan su trabajo y comparten los beneficios. En años recientes han surgido muchas cooperativas de este estilo, donde los trabajadores se asocian para vender sus servicios a una empresa. El mecanismo es controvertido, pues en muchos casos estas cooperativas están controladas por los empresarios y su único propósito es reducir costos laborales.



Sin embargo, cuando son organizadas por los propios trabajadores y son conducidas adecuadamente, demuestran la capacidad de un modelo asociativo para hacer más productiva y digna la experiencia del trabajo.



Transejes es una empresa de Bucaramanga que produce ejes delanteros, traseros y cardanes para Renault, Mazda, General Motors, Ford, Chrysler y otras ensambladoras en la región andina. Desde hace tres años y con un modelo de trabajo asociado, la compañía contrata con cooperativas de empleados labores específicas en la planta. Es un ejemplo del funcionamiento de cooperativas que liberan el potencial productivo y la creatividad de los trabajadores.



"La productividad ha aumentado porque todos podemos dedicarnos a pensar realmente en nuestro negocio principal", dice Germán Estrada, gerente de la operación de sistemas modulares en Bogotá. "Nosotros podemos pensar en hacer ejes, que es lo que sabemos hacer, y no nos desgastamos en negocios ajenos a lo central, como administrar transporte, por ejemplo. Y los trabajadores han visto que si mejoran su productividad, pueden ganar más. Ellos son los que saben cómo se hacen las cosas. Solo el que se puede machucar un dedo con la máquina sabe cómo funciona el proceso realmente, y ese es el operario, no el ingeniero. Han implantado ideas con mejoras de productividad sorprendentes. Es un esquema donde todos ganan: compañía, cliente y operario. Arrancamos con una cooperativa, pero ya tenemos cinco, buscando aumentar la flexibilidad laboral de la organización. La compañía busca un sistema flexible, que sea compatible con el desarrollo humano, buscando beneficios mutuos", dice Estrada.



Por su parte, Clemente Jaimes, de Vencedor, es uno de los líderes de mayor trayectoria en el cooperativismo colombiano y también un fuerte crítico del uso que se está haciendo de la figura de las cooperativas de trabajo asociado.



Jaimes señala las cifras que publica la Superintendencia de Economía Solidaria. "La relación entre patrimonio y número de empleados muestra que esas cooperativas están creando un puesto de trabajo con $300.000 de patrimonio. En Vencedor, entre tanto, generar un puesto de trabajo vale cerca de $30 millones. Yo me pregunto cómo será la calidad de esos trabajos. Por supuesto, puede ser más barato crear trabajo en servicios que en producción, pero de todas formas aquí hay que hacer un cuestionamiento. Muchas de esas cooperativas se limitan a mandar trabajadores en misión a otras empresas, compitiendo con las empresas de servicios temporales. Esto no está permitido por la ley", denuncia con convicción.



La regulación



"Nadie está más ávido y deseoso de control que el propio sector cooperativo", dice Elvia Mejía, superintendente de Economía Solidaria. Esto se debe a que las entidades serias han tenido que soportar el impacto que se produce cuando el fracaso de unas pocas afecta a todas. "Hay que tener más control y limitar los abusos", dice Carlos Palacino. "Hoy cualquier persona puede registrar una cooperativa en una cámara de comercio".



Para que las cooperativas asuman su papel como impulsoras de un nuevo modelo económico, es necesario darle al sector el trato que le corresponde. Es esencial generar estadísticas válidas. Actualmente, proliferan entidades reguladoras con bajos presupuestos de operación que refuerzan el pequeño tamaño y el bajo horizonte de aspiraciones del sector. Es necesario incrementar el alcance de la Superintendencia de Economía Solidaria, para que pueda ejercer un control eficaz sobre las entidades a su cargo. La Superintendencia está avanzando al exigir reportes obligatorios y rigurosos, y está imponiendo sanciones a quienes no los presentaron en marzo. Sin embargo, hay límites fuertes sobre lo que puede hacer esta entidad que cuenta con 85 empleados y maneja un presupuesto de $4.000 millones.



También hay que estudiar cambios regulatorios que sirvan mejor a las cooperativas que tienen mayores ambiciones empresariales. En este momento hay un proyecto de ley impulsado por Ascoop, la asociación de cooperativas de Bogotá, que ya tiene un acuerdo previo con el Ministerio del Trabajo y la Dian (ver recuadro), el cual aprieta controles e introduce figuras que estimulan la acumulación de capital .



La legislación podría avanzar aún más, para estimular una integración entre cooperativas que les permita asumir proyectos grandes. Si una cooperativa invierte en otra, se necesita poder remunerar esta inversión.



La llegada de Alvaro Uribe a la Presidencia ha despertado gran expectativa en el sector. La principal observación que hacen los líderes del medio es que el apoyo del Estado es importante, pero no debe meterse a armar cooperativas para adelantar sus programas. En la época de Cecora, la central de cooperativas de la reforma agraria, "los campesinos veían su cooperativa como un requisito más para acceder a un crédito del gobierno. Esas cooperativas no podían perdurar", afirma un analista. "Cuando el compromiso del asociado no sale de adentro, la entidad no puede triunfar. El compromiso es algo que el gobierno no puede fabricar".



La tarea del gobierno es dar soporte en educación, formación gerencial, acceso a crédito y un marco regulatorio efectivo, para que las cooperativas que tienen la motivación correcta no se frustren antes de alcanzar la escala necesaria para ver el fruto de sus proyectos. Una vez que han superado ese límite de escala y han aprendido a operar como organizaciones coherentes, ellas pueden convertirse en verdaderas máquinas de productividad, capaces de elevar el nivel de vida de sus asociados dentro de una economía de mercado.
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