| 5/22/2008 12:00:00 AM

La destorcida

Las medidas adoptadas hace un año para enfriar la economía frenaron el consumo, pero la inflación y la revaluación siguen. ¿Hasta cuándo pagará el sector privado los costos del ajuste?

Para los empresarios colombianos, la desaceleración de la demanda por sus productos en 2008 es una realidad evidente. Los aumentos de precios han perjudicado la capacidad adquisitiva de las familias, que están comprando menos que el año pasado. Los grandes supermercados han tenido que multiplicar las promociones para atraer clientes, pues la gente está de vuelta en las tiendas de barrio, que dan crédito hasta el día de la quincena. El sector automotor, para salir de inventarios, entró en una espiral de ofertas especiales y rebajas en precios. Los volúmenes de ventas caen y la confianza de los consumidores se deteriora.

En realidad, este es un resultado buscado. En mayo de 2007, hace exactamente un año, los codirectores del Banco de la República, desesperados ante la poca efectividad de la política monetaria, optaron por una serie de medidas de carácter administrativo tendientes a controlar la inflación y la revaluación. En ese momento enviaron un mensaje con toda claridad: la Junta estaba dispuesta a incurrir en el costo que fuera necesario para enfriar la economía. También era claro que, ante la falta de eco que el Emisor encontraba en el Gobierno, el ajuste tendría que venir de parte del sector privado (ver Dinero 277). Esto es precisamente lo que está sucediendo ahora.

Se debe destacar que aún tenemos crecimientos altos en términos históricos y nadie está mencionando palabras alarmantes como "recesión". Era lógico que ocurriera una desaceleración en las ventas y el consumo en 2008, pues estaba previsto que el crecimiento del PIB bajara de 7,5% en 2007 a un nivel que se estima entre 4,5% y 5% para el final de este año. Sin embargo, varias preguntas les quita el sueño a los empresarios, respecto a las perspectivas. ¿Hasta qué punto se deteriorará la demanda de los consumidores? Y, por encima de todo, ¿hasta cuándo el costo del ajuste seguirá corriendo por cuenta del sector privado? La ausencia de un ajuste fiscal profundo es un elemento esencial en la situación actual y explica buena parte de los problemas que enfrentan los empresarios, desde la revaluación hasta las altas tasas de interés. ¿Vamos a seguir en las mismas?

La suerte de las ventas de las empresas dependerá de que el Banco de la República y el Gobierno logren ser más efectivos en el manejo de la economía. En esta materia hay bastantes elementos que preocupan.

Mientras el Gobierno mantiene un discurso según el cual está haciendo un gran esfuerzo fiscal, la realidad es que gran parte de los resultados en ese frente se deben a la buena suerte y a la capacidad para apropiar recursos que aparecen por una sola vez, antes que a la disciplina fiscal. Se debería lograr mucho más.

Por su parte, el Banco de la República se mantiene en el filo de la navaja con una política restrictiva de tasas de interés altas que busca contener la inflación. Las tasas de interés resultan poco eficaces cuando la inflación crece, fundamentalmente por presiones de precios internacionales. El Banco entiende esto, pero teme que si adopta una política laxa, podría ocurrir que unas presiones temporales de precios adquieran el carácter de inflación permanente, como pasó en los años 70.

Entre tanto, los empresarios están en la mitad de la tensión entre los dos grandes hacedores de la política económica y es incuestionable que están pagando los platos rotos. Vale la pena preguntarse si será posible mantener este modelo.

Se resienten el consumo y la producción

Los síntomas más evidentes de la desaceleración tienen que ver con el consumo en los hogares. Los datos de ventas al por menor que publica el Dane; los resultados de la compañía de investigación de mercados ACNielsen y los de la encuesta de consumo mensual de Fedesarrollo e Invamer Gallup apuntan todos en esta dirección. La Encuesta de Opinión del Consumidor de Fedesarrollo-Invamer Gallup muestra una clara tendencia al deterioro del índice de confianza de los consumidores, desde el segundo semestre de 2007.

Según el Dane, el comercio al por menor creció apenas 2,77% en el primer trimestre de 2008, mientras que en el mismo periodo del año pasado había crecido 17,13%. Las cifras de ACNielsen confirman esta tendencia y muestran que el crecimiento de las ventas en volumen se desaceleró fuertemente en el primer trimestre. Por su parte, mientras que en el primer trimestre de 2007 el crecimiento anual de las canastas de consumo de ACNielsen en volumen era de 5,4%, para marzo de 2008 se había reducido a 1,1%. Según esta empresa, la desaceleración en términos del valor de los consumos fue mucho menor, pues pasó de 9,6% en el primer trimestre de 2007 a 8% en el primer trimestre de 2008. Debido al aumento de precios en la mayoría de los productos, los colombianos se han visto obligados a gastar más en menos productos que el año pasado. Los alimentos son el rubro que más se ha encarecido. De acuerdo con el Dane, aumentaron de precio en 7,32% entre enero y abril de 2008.

La desaceleración está afectando el comportamiento de los canales de venta de productos de consumo. De acuerdo con ACNielsen, mientras los supermercados apenas registran un crecimiento en volumen de 0,4% en el primer trimestre de 2008, las tiendas (el canal tradicional) crecieron en 7,7% en el mismo periodo.

Paola Fonseca, gerente de mercadeo de ACNielsen, afirma que, cuando hay desaceleración, el canal tradicional se favorece, pues ofrece beneficios como la cercanía al consumidor, el sistema de pago al "fiado" y la disponibilidad de una gran variedad de productos en presentaciones pequeñas que facilitan un bajo desembolso por cada compra. En el primer trimestre de 2008, las tiendas de barrio ampliaron su participación en el total de las ventas en pesos que registra ACNielsen, a costa de la participación de los supermercados.

Algunos sectores que venían creciendo aceleradamente el año pasado están viviendo un verdadero ajuste en la coyuntura actual. El sector automotor, por ejemplo, registra hasta abril una caída de 7,5% en ventas al por mayor -ventas de ensambladoras e importadores a los concesionarios- y de 3% en ventas al consumidor final.

El deterioro del consumo se debe a una suma de factores ligados al contexto macro. Para Pedro Manosalva, gerente de ACNielsen, se han combinado temas como el aumento en las tasas de interés, que desanima las compras con tarjeta de crédito (lo que golpea a los supermercados); la revaluación, que afecta la monetización de las remesas y reduce la capacidad de compra de miles de familias que reciben ayuda económica de sus parientes en el exterior y el 'Efecto Ecopetrol', que a finales del año pasado llevó a miles de colombianos a comprar acciones de esta empresa, absorbiendo una parte importante de los recursos disponibles para consumo.

En suma, como afirma Guillermo Botero, presidente de la Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco, las ventas en volúmenes no tienen el mismo dinamismo que exhibían en el primer trimestre de 2007, cuando el país vivía una verdadera fiebre de consumo y en el comercio reinaba el optimismo. En su opinión, factores aparentemente superficiales, como los largos puentes festivos, también han jugado en contra del comercio. Este año, por ejemplo, la Semana Santa se extendió con un puente festivo, lo que redujo sustancialmente el tráfico de clientes en los supermercados.

Por su parte, la producción manufacturera, según el Dane, mostró una fuerte caída en marzo (una variación anual de -9,4% en la producción y -12,9% en las ventas). Los sectores que presentaron el peor comportamiento en marzo fueron prendas de vestir y confecciones, fabricación de calzado, hilatura, tejeduría y acabado de productos textiles y vehículos.

Según los datos más recientes de la Encuesta de Opinión Empresarial (EOE) de Fedesarrollo, los empresarios industriales ya no están tan optimistas como hace algunos meses. Las condiciones para la inversión que mide esta encuesta cayeron drásticamente en el primer trimestre del año, aunque todavía se encuentran con signo positivo. La confianza industrial, por ejemplo, ya está en terreno negativo y la tendencia es particularmente fuerte en el caso de la pequeña y mediana empresa (Pyme).

De acuerdo con la encuesta, en la mayoría de empresas los pedidos se han reducido, a la vez que las existencias están aumentando y las expectativas de producción han bajado. La capacidad instalada, que hasta hace poco era vista como insuficiente, hoy ya es considerada suficiente para atender la demanda durante el próximo año. Para el total de la industria, el número de personas empleadas en la producción en los próximos tres meses se va a reducir. En las empresas que exportan, el descenso previsto en empleo es incluso mayor que en las que no exportan.

El desajuste macro

El paquete de medidas que adoptó la Junta del Emisor el año pasado incluía el aumento de los encajes bancarios, depósitos obligatorios sobre los créditos obtenidos en el exterior, los créditos de prefinanciación de exportaciones y un límite a la posición bruta de apalancamiento, como proporción del patrimonio técnico de los bancos.

Todas estas medidas estaban destinadas a frenar la actividad privada, el consumo de los hogares y la producción industrial. El encaje limita la cantidad de dinero y por tanto lleva a un encarecimiento del crédito a través de tasas de interés más altas, lo que afecta el consumo. La industria no solamente siente el efecto del mayor costo de las tasas de interés, sino que el costo del crédito se encarece por el depósito sobre el endeudamiento extranjero.

Los resultados no se hicieron esperar. Las tasas de interés diferentes a la de intervención del Banco de la República subieron rápidamente (las de consumo en 5 puntos porcentuales y las de tarjetas de crédito en 7,23 puntos porcentuales) y el crecimiento del crédito, especialmente el de consumo, empezó a ceder. Igualmente, la cartera del crédito de consumo empezó a deteriorarse.

El endeudamiento externo privado se redujo ligeramente en los tres meses siguientes a la imposición del depósito y posteriormente volvió a crecer. Todo esto sucedía a la vez que el Banco de la República continuaba con el incremento de su tasa de intervención.

Este paquete de medidas, que ya era controversial por el costo que imponía sobre el sector privado, al final tuvo efectos limitados sobre la inflación y la revaluación, las dos variables centrales que aspiraba afectar. El cambio en las condiciones externas arruinó sus posibilidades de éxito.

A partir de agosto del año pasado, la crisis financiera de la deuda hipotecaria subprime cambió radicalmente el panorama en Estados Unidos. La Junta de la Reserva Federal de ese país inició una política de reducciones de la tasa de interés de la FED, la cual bajó de 5,25%, en agosto, a 2% actualmente. El diferencial de tasas de intereses entre Colombia y Estados Unidos se amplió, con lo cual el incentivo para traer dólares al país aumentó. Esto era exactamente lo contrario de lo que se esperaba en Colombia tras el paquete de medidas. Como consecuencia, la tendencia del peso a revaluarse se fortaleció.

Por su parte, la lucha contra la inflación también se complicó. Debido al aumento de los precios internacionales de los commodities, como consecuencia de la mayor demanda mundial y de su utilización para la producción de agrocombustibles, los precios de los alimentos en Colombia también aumentaron rápidamente.

Así, un año después del drástico paquete de medidas de mayo de 2007, el peso se ha revaluado 10,5% en los últimos 12 meses y la inflación se encuentra por fuera del techo superior de la meta del Banco de la República.

Al final, la política económica en Colombia se quedó con el pecado y sin el género. Las medidas del Banrepública sirvieron para contener el crecimiento de la demanda agregada, pero no frenaron la inflación ni la revaluación.

¿Cuándo habrá ajuste fiscal?

El sector privado está llevando el costo del ajuste, pero el gobierno no ha asumido una actitud proactiva en el frente fiscal ante la caída de la producción y el consumo, y el aumento de la inflación y la revaluación. El Gobierno se limita a un papel de observador y parecería creer que los temas cambiarios y monetarios son asunto exclusivo de la Junta del Banco de la República, sin tener en cuenta que buena parte de la explicación de los mismos está en el manejo irresponsable de las cuentas fiscales.

El déficit consolidado de 1,2% del PIB del año pasado puede parecer un resultado satisfactorio, pero no fue causado por un gran esfuerzo fiscal, como lo anuncia el Gobierno, sino de los buenos resultados de Ecopetrol por los mayores precios del petróleo, las cifras positivas de las regiones, el impuesto al patrimonio, que en ese año no se ejecutó, y los mayores recaudos tributarios que se obtuvieron por un crecimiento económico mejor que el previsto.

El Gobierno se muestra complaciente con este déficit consolidado, pero en realidad ha desperdiciado una gran oportunidad para corregir el problema. Si realmente se hubiera comprometido con las recomendaciones de la Comisión Especial de Gasto Público, nombrada por el propio presidente Uribe, se habría acercado a crear el espacio fiscal necesario para contener la revaluación.

En cambio, nos alejamos cada vez más de esa posibilidad. En 2008, las condiciones fiscales son bastante menos favorables que en el año anterior. Los ingresos del impuesto de patrimonio se van a utilizar en la compra de equipo militar y las regiones empiezan a ser deficitarias. La liquidación del Seguro Social va a requerir recursos cuantiosos y el Gobierno debe acatar el fallo del Consejo de Estado que obliga al Fosyga a desacumular excedentes de la cuenta de solidaridad.

Incluso, después del incremento de los dividendos esperados de Ecopetrol, por el incremento del precio del petróleo y la transferencia de $2,4 billones del Faep, para 2008 se proyecta un déficit consolidado de 1,6% del PIB, compuesto por un superávit del sector descentralizado de 1,7% del PIB y un déficit del Gobierno nacional de 3,3% del PIB.

Además, es preocupante el creciente déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, de 3,4% del PIB al finalizar 2007, que pone a Colombia en una situación de enorme debilidad. El Ministro de Hacienda argumenta que no hay razón para preocupaciones, pues este déficit es financiado por inversión extranjera directa. Pero este argumento no lo comparten los analistas (locales o internacionales) ni las agencias calificadoras de riesgo. Cerca de la mitad de la inversión extranjera se concentra en petróleo y minería. No hay ninguna garantía respecto a que estos flujos anuales de inversión se mantengan indefinidamente. Es un frente de vulnerabilidad para la economía colombiana.

La alarma en el sector privado sobre la forma como se está manejando la economía es totalmente comprensible. El Consejo Gremial le ha hecho una solicitud formal al gobierno para que adopte una posición más activa en el esfuerzo de frenar la apreciación de la moneda. De acuerdo con el Consejo, "en la actual coyuntura el Gobierno nacional debe adelantar una política contracíclica, efectuando un fuerte ajuste del gasto público y de endeudamiento, haciendo prioridades fiscales para no afectar la inversión en infraestructura". El Consejo Gremial le sugirió además al Gobierno nacional que el crecimiento del presupuesto nominal para 2009 sea inferior al crecimiento nominal del PIB para el mismo año, con el propósito de controlar la presión sobre el mercado cambiario.

Estamos a mitad de 2008 y es un momento crítico para tomar decisiones. Si no cambiamos el rumbo ahora, las consecuencias para el país en los años 2009 y 2010 podrían ser graves en términos de crecimiento económico. La herencia histórica del gobierno de Alvaro Uribe en materia económica se va a definir en los próximos meses.
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