| 8/31/1998 12:00:00 AM

"La decisión está tomada"

El Presidente Pastrana habla en exclusiva para Dinero sobre la crisis internacional, el ajuste económico y el nuevo papel de los empresarios en el desarrollo.

En los primeros días del nuevo gobierno, el país ha puesto sus esperanzas en la paz y el ajuste fiscal. Pero ya es evidente que la luna de miel no va a ser fácil ni prolongada. Aparte de los feroces ataques de la guerrilla y de la rebeldía del Congreso, que demostró en la elección del nuevo Contralor, la turbulencia en los mercados internacionales plantea un panorama bastante más difícil que el que se apreciaba apenas semanas atrás.



En la primera entrevista que concede a un medio como presidente de la República, Andrés Pastrana compartió con Dinero su visión de la nueva situación y las acciones que va a tomar para enfrentarla. Encontramos a un Presidente completamente apersonado del manejo del tema económico, con un talante que nos pareció incluso más decidido que el de cualquiera de los miembros de su brillante equipo económico.

"La meta es bajar el déficit a la mitad en el primer año y medio y eliminarlo en los cuatro años del Gobierno".



Vimos a un buen director de orquesta que está dispuesto a jugársela para poner a andar la economía, asumiendo los costos políticos que la tarea impone. Y con una visión del mundo económico que sorprenderá a muchos colombianos acostumbrados a los estereotipos.



Los hechos económicos mundiales de la última semana son muy preocupantes. Algunos analistas han indicado que al país lo cogieron con los calzones abajo: con una estrategia macro poco precisa y sin una estrategia de desarrollo de largo plazo. ¿Es esto cierto?



La situación de los mercados internacionales es muy difícil. No sólo la crisis asiática se ha agudizado, sino que la situación rusa ha comenzado a afectar a todos los mercados. Esto nos dificulta mucho el financiamiento previsto. Estamos, sin duda, ante unas condiciones externas más graves de lo que identificamos.



Sin embargo, los calzones no están abajo, sino nuevos, fuertes y muy bien puestos.Primero, organicé un gabinete, eminentemente económico, para épocas de crisis. Más que individuos destacados, son un equipo para enfrentar en forma eficaz los problemas difíciles.

Curiosamente, aquí nadie lo ha visto de esa manera.



"La propuesta de hacer un ajuste fiscal gradual y una defensa de la revaluación a cualquier costo no hizo parte de mi campaña".



Además, en poco tiempo, a menos de tres semanas de mi posesión, hemos conformado una estrategia macro coherente y, como lo anuncié en la Asamblea de la ANDI, tenemos los lineamientos básicos de nuestra estrategia de desarrollo para el país.



Hablemos, Presidente, primero de la macro. ¿Cómo planea enfrentar el duro shock externo derivado de la crisis de los mercados mundiales de los últimos días? ¿Podremos ir tan despacio como en sus primeros días?



Ya nos habíamos propuesto desactivar la bomba fiscal, porque la prioridad es poner la casa en orden. La consecuencia más directa de la amenaza de crisis externa es obligarnos a acelerar nuestro proceso de ajuste.



La propuesta de un ajuste fiscal gradual y de defender a cualquier costo la revaluación no hizo parte de mi campaña. Y tampoco lo será de mi gobierno. Por ello, ante el recorte de las posibilidades de financiamiento externo, no tenemos otra alternativa que ajustar decididamente las finanzas del Estado, fortalecer nuestro sistema financiero y aumentar con todo nuestro entusiasmo nuestras exportaciones.



Aquí tenemos que tomar decisiones y rápido. Al presidente lo eligen para eso. Otro tendría la tentación de mirar al corto plazo y defender el prestigio político. Eso llevaría al fracaso. Yo miro distinto las cosas. Me he sentado con mi grupo económico a hacer un análisis profundo de las medidas que hay que tomar. Puede que sean uno o dos años muy duros, pero es mejor jugárnosla para tomar las medidas ya. A mí me deben juzgar en el 2002.



Yo le he dicho a Juan Camilo que estoy dispuesto a jugarme mi prestigio político a largo plazo. Nunca, que yo sepa, ha habido un Ministro de Hacienda al que un Presidente le diga eso. Pero es lo que hay que hacer.



También le he dicho que encontremos la forma de repartir el esfuerzo del ajuste entre todos. Que tenemos que proteger al sector social, en especial educación y salud, y a la gente más pobre de este país.



Así, paradójicamente, el shock externo nos da una gran oportunidad: hacer más rápido la reorientación del modelo de desarrollo que me había propuesto llevar a cabo.



Presidente, pero el ministro Juan Camilo ha dado unas declaraciones que sugieren que la estrategia de recorte fiscal está enredada.



Quiero que entiendan las angustias del Ministro de Hacienda. El se enfrenta a minas quiebrapatas por donde quiera que pase. Con su estrategia pedagógica, el Ministro está buscando lograr un consenso para que el ajuste fiscal sea lo menos doloroso posible. Pero quiero ser franco: la decisión de recuperar el orden fiscal está tomada. El ajuste que cambiará esta economía se llevará a cabo con toda decisión en la presente legislatura. Yo quiero reducir el déficit fiscal a menos de la mitad en mi primer año y medio de gobierno y eliminarlo prácticamente antes de que terminen mis cuatro años.



¿No cree que el Congreso puede ser un obstáculo para tomar rápidamente las difíciles decisiones que se necesitan?



El tema económico no es sólo del gobierno. La corresponsabilidad del Congreso es muy importante. Estamos invitando al Congreso a aportar. Cuando presentemos el paquete con reformas de fondo, el Congreso tiene que responder.



Muchos creen que las negociaciones de paz con la guerrilla pueden ser un obstáculo aun mayor para arriesgarse a un ajuste fiscal drástico.



El ajuste fiscal no siempre tiene que ser recesivo. Quienes aprendieron esto en libros pasados de moda están equivocados. Estoy seguro de que en nuestro caso, aquí y ahora, el ajuste puede ser expansivo. Así parece contarlo la experiencia internacional: le dará mucho más espacio a toda la economía para crecer y generar empleo. Yo invito a los empresarios a que le apuesten al éxito del ajuste y al país a que deje de mirarlo con temor.



A las FARC les planteé que hiciéramos la paz. Puede que la hagamos y ojalá la hagamos. Pero en todo caso, nos la vamos a jugar por la reorientación del modelo económico. Haremos las inversiones sociales y de infraestructura con la creciente solidaridad de los colombianos y la cooperación internacional.



En Cartagena presentó un discurso optimista. Cree usted que el ajuste macro será suficiente para enfrentar los problemas de crecimiento y empleo de este país?



Nada tiene un efecto tan positivo para la dinámica productiva del país como un equilibrio macroeconómico. En esto quiero ser contundente. No voy a repetir ilusiones de gobiernos del pasado. Tener la casa en orden paga. El éxito y la reputación de la economía colombiana radican en haber sido muy prudentes en lo macro y en lo fiscal, cosa que se perdió en los últimos años. Pero, por supuesto, también hay que quitarles la ilusión a muchos economistas que creen que sólo lo macro importa.



En un mundo globalizado, nuestra economía sobrevivirá y crecerá sólo si es competitiva. Quiero hacer del incremento en la competitividad el eje del desarrollo de la economía. ¿Cómo vamos a generar empleo, que es el principal reto para mi gobierno? Necesitamos que este país se vuelva verdaderamente exportador y se proyecte en los mercados internacionales.



Desarrollar la competitividad implica tener un conjunto de estímulos coherentes por parte del Estado, una nueva actitud y un nuevo papel de los empresarios y unos canales de coordinación entre los empresarios y el Estado.



De acuerdo con los informes internacionales, la competitividad de Colombia es muy baja y, además, está en descenso. ¿Cómo se imagina el papel del Estado en la búsqueda de la competitividad del país?



Al Estado le corresponde, ante todo, tener una política macro que estimule un crecimiento sano y con estabilidad. Con tasas de interés altas y una tasa de cambio baja nunca llegaremos muy lejos. El ajuste fiscal busca precisamente lograr tasas de cambio competitivas que estimulen las exportaciones y el empleo nacional, así como tasas de interés que estimulen la inversión. Le he ordenado a la Ministra de Comercio Exterior elaborar un plan agresivo para duplicar nuestras exportaciones en los próximos cuatro años.



"Los empresarios se comprometerán en la discusión, elaboración y seguimiento del Plan de Desarrollo".



En el pasado, el Estado se alejó del sector productivo. Está bien que el gobierno haya vendido las empresas que el sector privado podía manejar mejor. Pero no que se haya olvidado de crearle al sector privado los incentivos necesarios para su expansión. Sin reglas de juego adecuadas, no hay desarrollo posible.



No permitiremos que la plata del Estado se desperdicie en el clientelismo y la burocracia. Mi compromiso es con la infraestructura y la educación. El pobre sistema de transporte les genera a las exportaciones sobrecostos superiores al 15%. Para integrar al país con el resto del mundo, lo mejor es un buen sistema de transporte. Allí puse al mejor economista joven de este país y le facilitaré todos los recursos que el sector privado requiera como complemento. Pondré todos mis esfuerzos en mejorar la educación de nuestra gente, modernizar agresivamente el Sena y mejorar sustancialmente la integración entre las universidades y el sector productivo.



En el mundo moderno, la competitividad se logra desarrollando nuevos mercados y más competencia. No crean que nombré a Marta Lucía y a Luis Alberto para hablar de la comunidad andina y de narcotráfico. Su tarea principal será la de abrir oportunidades de mercado en todo el mundo. Por otra parte, la defensa de la libre competencia será una de las herramientas para lograr el desarrollo con equidad. Aplicaré las normas existentes para impedir el abuso de la posición dominante y desarrollaré nueva legislación para profundizar la competencia como pilar de la democracia económica.



¿Y cómo se concretará todo esto?



Voy a sacar un plan de desarrollo más simple y efectivo que todos los anteriores, que será el eje de la política. De acuerdo con lo que anuncié en mi campaña, sólo tendrá dos objetivos: la paz y el empleo. Como Misael Pastrana, me gustaría pensar en pocas y poderosas estrategias. Sólo que en las actuales condiciones internacionales y de conflicto interno, creo que el desarrollo de las exportaciones y la agricultura tendrán un papel estratégico de más largo plazo que la construcción de vivienda.



Involucraré desde el principio las iniciativas locales. No se les olvide que la mayoría de los gobernadores y alcaldes ya tienen sus planes de desarrollo elaborados y aprobados. Este plan, en especial en el área social, será entonces elaborado de abajo hacia arriba. Como corresponde a un descentralista de corazón como yo. Y el mundo empresarial se verá comprometido en la discusión, elaboración y seguimiento del plan, más que en ninguna otra oportunidad en el pasado. Todos tenemos que volver a pensar en grande.



Colombia es ahora el único país del mundo en donde los intelectuales contraponen el Estado y la iniciativa privada y se dividen entre estatistas y neoliberales. Mi plan de desarrollo no será ni lo uno ni lo otro, y permitirá pasar de la discusión sobre la apertura a la realidad de la competitividad y el desarrollo humano para reducir la pobreza.



Profundicemos en la participación de los empresarios. La mayoría se ha sentido excluida en los últimos años. Usted ha dicho que quiere ir más allá de la concertación para llegar a un esquema de corresponsabilidad. ¿Qué nuevo papel quisiera que ellos jugaran?



Me gusta ver cómo los empresarios, y la sociedad civil en general, se han ido involucrando en el proceso de paz. Eso es un progreso enorme. Pero, además, a los empresarios les corresponden tres tareas fundamentales.



Primero, crear empresa, mejorar la competitividad y dominar los mercados externos. Con los incentivos adecuados, la competitividad dependerá fundamentalmente de las acertadas decisiones empresariales. Pero la competitividad mundial no se logra sólo entre los muros de cada empresa. Se requieren mecanismos efectivos de coordinación entre las empresas de las diferentes cadenas productivas y de ellas con el Estado. Por ello he sugerido que quiero ir más allá de la simple concertación, hacia una corresponsabilidad con el sector privado en el manejo de la política empresarial, en unas políticas industriales de nuevo estilo.



"Hay que acabar con la institucionalidad de los cacaos y recuperar los conductos regulares con todos los empresarios".



En tercer lugar, los empresarios tienen que jugar un papel fundamental en la elaboración del nuevo plan de desarrollo. Les estamos pidiendo por primera vez que nos ayuden a pensar en grande: ¿Hacia dónde queremos llevar el país? La esencia de este mecanismo es congregar a los empresarios no alrededor de los pequeños privilegios, sino de los grandes intereses nacionales, en las grandes direcciones de política.



Le doy un ejemplo. Duplicar las exportaciones es una gran política que tiene que congregar a todos los empresarios. Por ello la ministra de Comercio Exterior ya ha dado los primeros pasos de esta convocatoria. Todos los ministerios han comenzado, además, a examinar las regulaciones que impiden producir y exportar. Hay que buscar los mecanismos para que vengan, colaboren con el país que queremos. El gobierno no puede seguir siendo el enemigo del sector privado y del empresario.



¿En qué se diferencia este esquema de participación de los empresarios con lo que hicieron los gobiernos anteriores?



En tres cosas. La primera es la actitud de acercamiento. El título del discurso del presidente de la ANDI en Cartagena, Reencuentro del sector privado con el gobierno, es muestra de algo que no existió antes. La segunda es la amplitud que ha dado el gobierno para trabajar con todos los empresarios. Hay que acabar con la institucionalidad de los cacaos y recuperar los conductos regulares de diálogo y coordinación. Hay que trabajar con todo el país. La tercera es el papel de los gremios. Siempre y cuando se modernicen y se organicen alrededor de los grandes intereses nacionales, van a tener un papel crítico.



Por último, Presidente, ¿cómo le gustaría que en agosto del año 2002 evaluáramos sus resultados económicos?



La historia mostrará que después de los difíciles primeros doce meses, logramos poner en marcha un proceso dinámico de crecimiento de la producción y del empleo, de la inversión, de la educación y de la competitividad general de la economía. Creo que vamos a terminar el gobierno con un crecimiento muy alto. Las exportaciones diferentes al café y al petróleo se habrán duplicado. Habremos recibido mucha inversión extranjera. La tasa de desempleo se habrá reducido al menos una tercera parte. Los empresarios se habrán vuelto obsesivos con la inversión de las ganancias en el país y las familias con la educación completa y de buena calidad para sus hijos. El campo habrá vuelto a ser atractivo para los empresarios y la gente. La disminución de la pobreza se habrá acelerado y la equidad habrá aumentado.



Habremos creado las condiciones objetivas para la obtención de la paz. Y el sustancial avance en el acuerdo de paz habrá creado el mejor estímulo para un desarrollo económico y social perdurable.
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