"Siempre nos ha interesado tener un socio estratégico que aporte conocimiento y tecnología. No nos interesa y no necesitamos un socio capitalista.", Luis Carlos Sarmiento Angulo

| 5/16/2003 12:00:00 AM

"La crisis dejó grandes lecciones"

Luis Carlos Sarmiento Angulo analiza la situación del sector financiero, de la economía y de su grupo, en entrevista con Dinero.

Si se quiere entender la historia de los grandes grupos colombianos en los últimos tiempos, es indispensable seguir la trayectoria de Luis Carlos Sarmiento Angulo. Cuando hace 5 años, en 1998, Dinero entrevistó a Sarmiento, el banquero se encontraba en una fase de actividad extraordinaria y anticipaba un salto cualitativo y cuantitativo para su organización. Adquirió el Banco Popular y Ahorramás, conformó el Grupo Aval, e inició un proceso de diversificación hacia las telecomunicaciones con su participación en Orbitel. Su plan era llegar a la Bolsa de Nueva York para obtener capital en las grandes ligas y proseguir su proceso de crecimiento e internacionalización. En ese momento, Sarmiento simbolizaba la nueva pujanza de los grupos colombianos y sus ambiciosos planes de expansión. En la crisis posterior, el caso de Sarmiento también fue representativo de la situación que vivió el país. Como todo el sector financiero, su grupo de bancos se vio seriamente afectado por la crisis, registró enormes pérdidas y debió hacer multimillonarias provisiones.

Hoy, también, Sarmiento y Aval ilustran el momento por el cual están pasando los negocios en Colombia. Apoyados en unos balances recuperados, tras varios años de ajuste interno en busca de mayor eficiencia operacional y después de haber abandonado los intentos de diversificación y volver a unas estrategias focalizadas, el Grupo Aval se consolida y vuelve de nuevo a mirar hacia adelante. Como parte de esta edición especial sobre grupos, Dinero entrevistó de nuevo a Sarmiento para hablar sobre el panorama que se perfila tras la crisis para el país y para sus empresas. Está de nuevo optimista, aunque es cauto. Considera que la economía y la situación del sector financiero están mejorando. Sin embargo no está dispuesto a hacer una nueva compra, al menos mientras su grupo se ubica de nuevo en el 100% de su potencial.



¿Cómo está viendo la perspectiva para la economía?

No hay ninguna duda: estamos asistiendo al comienzo de una reactivación. Para mí eso es clarísimo. Es notorio que se está recuperando la confianza de la gente, que es un factor definitivo para la economía. La confianza es el mayor motivador y el mejor actor para reactivar una economía. Es claro que aquí la gente está recobrando la confianza, y se ve en muchas cosas. Se ve en la reactivación de la construcción, que es evidente, y en la reactivación de la cartera de los organismos financieros, que está volviendo a crecer después de estar disminuyendo en términos reales desde hace cuatro o cinco años.



¿En cuánto calcula que crecerá la economía este año?

Yo esperaría que el crecimiento sea 2,5% o superior. Eso se siente en los negocios, se siente en la gente, que está queriendo hacer cosas otra vez.



¿Cómo le va al sector financiero?

La crisis del 99 fue la más profunda del siglo XX. Naturalmente, eso tenía que repercutir en los bancos. Hoy, la situación del sector está mejorando. Es notorio y visible en los resultados de las entidades y va de la mano de la situación del país. El sector financiero no es más que el reflejo de la economía del país.



¿A qué se deben los mejores resultados que presenta el sector financiero?

Aparte de la recuperación de la economía, que es el factor más importante, los bancos hicieron un enorme esfuerzo por mejorar la capacidad administrativa. Además la crisis exigió la constitución de provisiones muy fuertes y las normas las endurecieron más. Lo pensaba entonces y lo podemos demostrar ahora: la exigencia de constitución de provisiones fue exagerada. Hubiera sido posible proteger el sistema sin exigir esos plazos tan apremiantes. Hoy esto es evidente en la reversión de provisiones que no se materializaron. Los resultados que hoy muestran los balances salen en buena medida de la reversión de esas provisiones.



¿Qué pasará con los balances cuando se agote la liberación de esas provisiones?

Actualmente el saldo de las provisiones se mantiene, porque estamos liberando unas y constituyendo otras. Esto es bien diferente a la peor época de la crisis, cuando el saldo crecía y crecía. Hacia adelante, los bancos deberán vivir del crecimiento. El sector financiero es una fábrica donde se producen créditos, con una materia prima que son los depósitos del público. El día que la producción de producto terminado se congela, pues se congela el negocio. Alguien podría pensar que si esto ocurre, se congelan las utilidades. Pues no señor. Si se le congela el producto final, el banco empieza a perder plata, porque sus gastos operacionales crecen en proporción a los ingresos.



Volvamos al panorama económico. ¿Cuáles son los sectores que jalonarían el crecimiento de la economía?

La construcción y el sector exportador, aprovechando las facilidades de la tasa de cambio y la necesidad de una buena balanza comercial.



¿No cree que las exportaciones se verán muy afectadas por la situación de Venezuela?

Por supuesto, Venezuela es una incógnita difícil de responder. Sin embargo esa economía tiene una capacidad de recuperación extraordinaria. Por otra parte, el cambio favorable al peso nos abre otros mercados, en las islas del Caribe, por ejemplo, y también en Estados Unidos, donde además vivimos un momento político muy favorable.



¿Cómo ve el tema de la inflación?

La inflación en este momento, particularmente con la cifra de abril, ha llevado a muchos a pensar que ya no hay posibilidad de cumplir la meta de este año. Yo no soy tan pesimista y todavía pienso que sí es posible cumplirla, porque tradicionalmente el mayor aumento de la inflación se concentra en los primeros cuatro meses del año.



¿Y qué pasa con los intereses?

Pues es evidente que si los intereses suben, esto puede influir en la reactivación y la pueden frenar. Por eso no resulta conveniente subir demasiado los intereses. Pero tampoco podemos ignorar las circunstancias de la economía, porque si lo hiciéramos resultaríamos en tasas negativas, y eso no es una situación que se pueda perpetuar.



¿Cómo ve la recuperación de la construcción?

Creo que ahora hay una reacción un poco mayor que lo normal, para compensar un poco la parálisis de estos últimos años. Además, hoy tenemos algunos factores muy positivos. El sistema de créditos en UVR es magnífico para el usuario. Por otra parte, hoy la mayoría de los proyectos salen prevendidos, con menores requerimientos de financiación y menores riesgos. No tenemos por qué temer que volvamos a una parálisis casi absoluta, como la del lustro anterior.



¿Cómo ve el país en un horizonte de 5 años?

Soy optimista. Estamos terminando una etapa de crisis muy aguda, pero creo que han quedado buenas lecciones, buenas experiencias y el país las está aprovechando. Hay un nuevo aire y la gente está queriendo dar la batalla, al contrario de lo que ocurrió hace un tiempo, cuando lo único en lo que pensaba la gente era en cómo irse a Miami. Aquí tenemos la mejor y la peor gente de Latinoamérica. El trabajador colombiano es inmejorable. Yo he construido aquí, en Panamá, Venezuela, Puerto Rico, en Miami, pero estos trabajadores nuestros no tienen igual en calidad de la obra, en actitud hacia el trabajo. Por otro lado tenemos la guerrilla, pero ese es el uno por mil de los colombianos. Tengo fe en que las cosas mejorarán.



¿Cree que podrán entrar nuevos jugadores al sector financiero?

Creo que siempre hay una posibilidad de que vengan nuevos jugadores. Lo que pasa es que lo primero que hay que vender no son las empresas, sino el país.



¿Se irán los bancos extranjeros?

Yo no soy tan negativo ni creo que estén dispuestos a irse, porque tienen la oportunidad de mejorar su operación.

¿Cuáles son los planes de expansión para Aval?

Estamos en este momento en una posición realmente muy buena. Sin embargo queremos estar más holgados antes de iniciar una nueva etapa de crecimiento. Por ahora, no nos vamos a meter en expansiones ni en grandes créditos. Yo diría que hoy estamos en lo que internamente hemos llamado el 80% de nuestra operatividad potencial. Posiblemente en un año estaremos en el 100%.



¿Están buscando socio para Aval?

No estamos buscando, pero si hubiera uno interesante, conversaríamos. Siempre nos ha interesado tener un socio estratégico que aporte conocimiento, tecnología. Ese sí nos gustaría tenerlo. No un socio capitalista, que no nos interesa y no necesitamos.



¿Qué pasó con la idea de ir a Wall Street?

Vino ese derrumbamiento de nuestra propia economía, lo que hizo que colocar a Colombia en los mercados públicos fuera imposible. Y cuando por fin empezó a cambiar la situación colombiana, se presentó la situación de Estados Unidos, con el 11 de septiembre y, más grave aún, con las quiebras fraudulentas de grandes compañías en las cuales la gente creía ciegamente.



En el caso de Colombia, ¿cómo les fue en la emisión de acciones?

Sumamente bien. En primer lugar quiero cobrar un mérito chiquito que tengo. La primera democratización que se hizo en Colombia la hice yo, con Aval. A nosotros nos fue muy bien. Conseguimos 45.000 accionistas nuevos, que representan un 2,5%. Desafortunadamente vino la crisis de 1999 y los precios de las acciones en Colombia se bajaron a la mitad. Entonces la acción de Aval, que la vendimos a $176, se bajó hasta $90. Y, claro, había gran preocupación de la democratización que habíamos hecho. Pero yo siempre estuve muy tranquilo porque conozco los resultados de las empresas de Aval. Hoy las acciones de Aval están a $185 y se han convertido en una de las acciones de mayor rentabilidad.



¿Haría una nueva emisión?

No. Si no estamos pensando en expansión, no hay por qué hacer una emisión.



¿Cómo se han organizado como negocio familiar?

Desde hace 7 años trabaja conmigo mi hijo Luis Carlos, quien es el presidente de Aval. El es una persona muy preparada, un ingeniero civil con maestría en Cornell y experiencia en Nueva York. Mis hijas también se desempeñan o se han desempeñado en la organización. La sucesión es clara. Está ahí, limpia, transparente. Eso sí, la última palabra sí la tengo yo.

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