La banca sale adelante

| 9/14/2001 12:00:00 AM

La banca sale adelante

Las secuelas de la crisis financiera y la incertidumbre económica frenan las decisiones. Sin embargo, un grupo de entidades se está moviendo rápido para ganar mercado mientras otros vacilan.

Apenas habían pasado unos cuantos días desde que la Superintendencia Bancaria dio a conocer las utilidades de los bancos en el primer semestre de este año, cuando unas declaraciones del ministro de Desarrollo, Eduardo Pizano, pusieron al sistema financiero en el centro de una encendida polémica. Pizano señaló a los bancos por tener una elevada responsabilidad en el estado de decaimiento de la economía colombiana, debido a las elevadas tasas de interés que cobran por sus créditos. Los bancos captan recursos al 12% pero cobran por sus préstamos de consumo tasas cercanas a 34%, cuatro veces la inflación. Al mismo tiempo, mientras el crecimiento de la cartera es muy bajo, lo cual demuestra que el acceso al crédito es muy limitado en este momento, las utilidades del semestre llegan a cerca de $280.000 millones. El mensaje del Ministro es que los bancos prestan poco y caro y se rehusan a darle la mano al resto de los colombianos, a pesar de que el país lleva varios años apoyando a la banca y girando recursos para que supere su crisis. Los bancos no tardaron en responderle al Ministro, al explicar que las tasas de interés que aparecen en el periódico no son representativas del promedio cobrado por los créditos, el cual es realmente muy inferior. El debate lleva ya varias semanas produciendo titulares.

Lo malo es que esta polarización de puntos de vista no le ayuda a nadie. La banca se atrinchera en su argumento técnico, que la mayoría de la gente no entiende, pues lo cierto es que si van al banco les van a cobrar como mínimo lo que dice el periódico y eso si les aprueban un crédito. Por su lado, el ministro Pizano se queda con una agenda disminuida entre las manos, pues si bien su despacho está impulsando toda una batería de iniciativas para ampliar el acceso de la gente al crédito (por cierto, trabajando en colaboración con los bancos) la atención de los medios de comunicación se queda pegada del conflicto. Todos pierden.



Los resultados de la banca en el primer semestre constituyen una pieza clave para entender la situación y las perspectivas del sistema financiero. Esta información debería dar lugar a un debate mucho más amplio. Muestra, por ejemplo, que los bancos privados han registrado sustanciales progresos y están dejando atrás el lastre de la crisis. Bancafé, el banco público que queda por vender, tiene progresos admirables en su gestión operacional. Por su parte, las cifras revelan que el grupo de las antiguas corporaciones de ahorro y vivienda, conocido ahora como bancos especializados en crédito hipotecario (BECH), ha tenido un nuevo retroceso y sus indicadores están tan mal como antes de la entrega de los alivios a deudores. El bajo acceso al crédito que preocupa al Ministro encuentra su explicación en esta mezcla de factores, pues se trata de una banca que, si bien va superando los peores efectos de la crisis financiera, sigue siendo frágil como sistema. Los elementos que permitirán superar el problema también están aquí. Las mismas cifras muestran que un grupo de bancos ha dado un salto hacia adelante y, superando la convalecencia, está aumentando agresivamente el tamaño de su cartera, al mismo tiempo que mantiene buenos indicadores de riesgo y costos de operación. Este panorama revela que, en el fondo, la banca y el Ministro están del mismo lado en el debate. Ni al ministro Pizano ni a los accionistas de los bancos les gustan las entidades que no crecen. Un banco que deja de crecer en cartera, pierde espacio y se atrasa en la competencia.



La salida del hueco



Se necesitaron tres años y muchos ajustes y reajustes para que los banqueros volvieran a ver las cifras de sus balances en negro. Los bancos finalmente están dando utilidades, pero la recuperación es aún muy frágil y no se puede bajar la guardia. Como lo ha dicho Héctor Cadena, director de Fogafin, "el paciente ya salió de la clínica, pero si lo ponemos a trotar, lo podríamos matar". De unas pérdidas de más de $500.000 millones en el primer semestre del año 2000, los bancos pasaron a unas utilidades de $279.955 millones en el primer semestre del 2001, un aumento superior al 150%. Sin embargo, la rentabilidad medida en términos del patrimonio es apenas de 4%, muy baja si se compara con su nivel histórico, o con el rendimiento de un CDT.



Quizás donde se ve con mayor claridad el saneamiento de los balances es en las provisiones. Las entidades han hecho un avance importante en este frente hasta el punto de que en algunos, los cubrimientos de cartera superan los exigidos por la Superintendencia Bancaria.



El gobierno quiere que esta mejoría se refleje rápidamente en nuevos préstamos. Para el ministro Eduardo Pizano, la reducción de unos puntos en la tasa "es lo mínimo que se podría esperar de un sector al cual el gobierno no solo ayudó a salir de la crisis, sino que benefició enormemente por medio de la ley 617 de racionalización del gasto de las entidades territoriales. El aval del gobierno a la deuda territorial significa que los bancos pueden liberar $1,8 billones de sus provisiones, lo cual no es para nada una cifra despreciable". Pero para los banqueros las cosas no son tan sencillas. De acuerdo con Patricia Cárdenas, presidente de Asobancaria, las condiciones no están dadas para reducir las tasas de interés, pero inclusive si se redujeran a la mitad de su valor actual, poniendo en riesgo la estabilidad de las entidades, la poca participación que tiene el crédito de consumo en el total de la cartera haría que el efecto sobre la demanda fuera mínimo.



Detrás de las cifras agregadas hay diferentes enfoques y capacidades para manejar el riesgo en la actual coyuntura. Golpeadas por la crisis, muchas entidades han decidido reducir su exposición al riesgo. Mientras el 58% de los desembolsos de crédito del primer semestre corresponden a créditos de tesorería, únicamente un 8% tiene como destino el consumo. La combinación que escoge cada banco no solo afecta el crecimiento de la cartera, sino también su rentabilidad, ya que para cada tipo de crédito hay una tasa de interés. En un extremo está la de consumo, que es en promedio de 34,5%, por el alto riesgo implícito, y en el otro la del crédito de tesorería, cuyo costo es de 15%, con un riesgo bajo.



Este perfil de desembolsos es insostenible en el largo plazo, porque implica crecimientos muy bajos en el tamaño de las entidades. La cartera bruta del total de los bancos se redujo en 0,8%. Con ese escaso dinamismo de la actividad de crédito, es muy difícil producir utilidades.



El dinamismo estuvo incluso más concentrado de lo que muestran estas cifras, pues el 50% del crecimiento de la cartera se explica por el comportamiento de 3 entidades: Bancolombia, Bogotá y Citibank. Estos tres bancos están ganando clientela con agresividad en la actual coyuntura. De las colocaciones nuevas que hizo el Banco de Bogotá en el semestre, por ejemplo, el 40% fue para crédito preferencial, un 30% fue para consumo, 15% se destinó a crédito ordinario y solo 12% se colocó en crédito de tesorería. En Bancolombia, las colocaciones para crédito de consumo son solamente un 9,3%, mientras que entre crédito preferencial y de tesorería están el 84% de las colocaciones. El Citibank tiene 76,2% en crédito preferencial, con una muy baja participación de 6% en el de tesorería y de 8% en crédito de consumo y ordinario. Como porcentaje del patrimonio, las utilidades del Citibank fueron de 117%, las del Banco de Bogotá fueron de 8%. Son niveles aún bajos, pero superan ampliamente los del promedio del sector.



¿Qué tienen estos bancos que no tengan los demás? Por una parte, lograron digerir en poco tiempo el impacto de la crisis, pues la cartera mala en los 3 bancos está por debajo de 3,7%. En contraste, un banco como el BBVA Ganadero aún está procesando el tema, pues el año pasado hizo una capitalización importante y aplicó grandes castigos de cartera que afectaron su crecimiento. Es de esperar que los indicadores del Ganadero muestren una rápida mejoría en los siguientes períodos. En el otro extremo está el Banco Santander, que ha adoptado una política de limitar su exposición al riesgo en la actual coyuntura, ante la incertidumbre que rodea la economía. Tiene provisiones que cubren el 240% de su cartera mala, un nivel muy superior al mínimo exigido por la Superintendencia Bancaria. Esto le permite castigar carteras con criterios muy estrictos. Colocó el 95,6% de su cartera nueva en crédito de tesorería.



Por encima de todo, los casos de Bancolombia, Bogotá y Citibank demuestran que para lograr un buen desempeño bancario hay que tener cartera en crecimiento. Solo tomando mercado entre las empresas es posible obtener verdadera productividad del capital invertido y la infraestructura de un banco. En los tres casos, el crecimiento de la cartera es fruto de planes deliberados y estrategias desarrolladas desde hace años. Todos tienen estrategias de expansión en el mercado de las medianas empresas, particularmente las exportadoras.



El punto de que sí es posible crecer la cartera se refuerza al ver los resultados del Banco Caja Social. Este banco, que se ha especializado en prestar a pequeñas empresas, incrementó su cartera en 16% frente al año anterior y obtuvo unas utilidades equivalentes al 15% del patrimonio. Caja Social domina la tecnología necesaria para prestar a las pequeñas empresas y por eso ha podido aprovechar este período de convalecencia del sistema financiero para tomar una amplia ventaja frente al conjunto.



Otro punto clave que ha ayudado a mejorar la rentabilidad en los bancos ha sido la reducción de los costos laborales. Los gastos de personal, medidos como proporción del margen financiero bruto (la diferencia entre ingresos y egresos de intereses), se redujeron de 32,8% en el primer semestre del 2000 a 31,7% en el primero del 2001. La cifra agregada esconde grandes diferencias en el progreso. En los bancos nacionales, el indicador se redujo de 39,1% a 32,1%, mientras que en los extranjeros pasó de 41% a 36,1%.



El tamaño de la carga laboral, sin embargo, puede implicar la diferencia entre generar o no utilidades de ahora en adelante. Los gastos de personal contribuyeron a los resultados de junio porque cayeron en 2,3% frente al año anterior. Este punto es crítico en este momento, cuando los bancos están negociando las convenciones colectivas con aumentos salariales en promedio para el primer año de 11,5%, mientras que la meta de inflación para el país es de 8%. En otras palabras, el incremento salarial es superior a la inflación en 35%. Esto se convierte en una carga sustancial si se tiene en cuenta que los gastos laborales son el 45% de los gastos de operación y afectará particularmente aquellas entidades cuyo ritmo de ingresos crece por debajo de la inflación.



Enredo hipotecario



Como grupo, los bancos hipotecarios (o bancos especializados en cartera hipotecaria, BECH) no han podido levantar cabeza, pues sus indicadores de calidad de cartera son hoy parecidos a los que tenían antes de la entrega de los alivios a deudores. La mejoría que se vio en estos bancos hace un año fue solo producto de los alivios que el gobierno otorgó a los deudores. La agenda de cambios estructurales que estas entidades requieren está por realizarse. Las pérdidas de los bancos hipotecarios fueron de $8.934 millones, aunque aquí también hay comportamientos dispares. Mientras las pérdidas de AV Villas y Granahorrar suman más de $38.000 millones, las utilidades de Davivienda son de casi $25.000 millones.



Como sistema, sin embargo, todos los BECH presentan el mismo grave problema: la calidad de la cartera se ha deteriorado seriamente. El indicador había mejorado notablemente con los alivios financieros, pero echó reversa y para el total de los BECH ya está en 21,4%, es decir, 8 puntos por encima del año pasado. En varios casos es excesivamente elevado, como en AV Villas (27,1%), Granahorrar (27,6%) y Colmena (22,4%). Por su parte, la estructura del balance, que mide la relación entre activos productivos y pasivos con costo, se encuentra muy por debajo de un nivel aceptable. En todos está por debajo de 100, y los casos de AV Villas y Colmena está ya muy cerca de 80, nivel en el cual se pone en duda la viabilidad, pues los activos improductivos pesan tanto, que los ingresos comienzan a ser insuficientes para pagar la operación.



Esta situación llevó al gobierno a crear la nueva línea de crédito para capitalización, por medio de Fogafin, que deberá ser utilizada fundamentalmente por los bancos hipotecarios. La línea se estableció no solo para sanear balances, sino también pensando en los efectos que va a tener la norma de la Superbancaria, que exige que los bancos cubran el riesgo de mercado y que entra en vigencia a partir de enero de 2002. Los establecimientos que después de ajustar los balances a las normas tengan una relación de solvencia inferior a 10% podrán acceder a la línea. Dados los requerimientos de acceso que impuso Fogafin, es muy probable que tres de los cinco bancos hipotecarios se acojan a la misma. AV Villas ya anunció que lo haría y se espera que sigan Colmena y Colpatria.



El crédito de Fogafin dará a los bancos hipotecarios un nuevo impulso, al menos mientras encuentran la manera de crecer su actividad. El objetivo es ayudarles a continuar con el proceso de "sincerar" los balances, reconociendo los activos improductivos, mientras ganan tiempo para diversificar. La necesidad de moverse hacia actividades alejadas del crédito de vivienda, sin embargo, seguramente dará impulso a nuevas consolidaciones. Cuando los BECH pertenecen a grupos, la diversificación implicaría competir con otras entidades del mismo conglomerado, lo que no tiene mucho sentido a menos que desarrollen nichos especializados.



En el negocio hipotecario, la gran esperanza está en el extraordinario dinamismo que está tomando la construcción de vivienda de interés social (VIS), impulsada precisamente desde el despacho del ministro Pizano. Se espera que este año se completen 30.000 unidades nuevas en VIS. El Ministerio de Desarrollo está adelantando varias iniciativas para facilitar la fluidez del crédito. Con el respaldo del Fondo Nacional de Garantías, se otorgarán garantías para créditos a personas vinculadas a negocios informales e independientes, que son el 70% de los demandantes de VIS, una iniciativa sin precedentes en el país.



Por otra parte, el Ministerio y la Superintendencia Bancaria están trabajando en mecanismos que permitan a los constructores realizar nuevos proyectos como patrimonios autónomos, pues los créditos serían calificados por los BECH con base en los activos y las perspectivas del propio proyecto, independientemente de la historia de crédito del constructor. Esto permitiría a muchos empresarios de la construcción volver a su actividad. También se destinarán más de $30.000 millones por medio del Banco Agrario para construir VIS fuera de las grandes ciudades. Y se está trabajando con el sistema judicial para acelerar los mecanismos de cobro cuando una entidad financiera busca ejecutar una deuda hipotecaria.



La expansión de la vivienda de interés social tendrá enormes consecuencias sobre el desempeño futuro de los bancos hipotecarios. Ellos tendrán que acelerar el proceso de aprendizaje de la tecnología organizacional que permite evaluar y administrar ese tipo de créditos, en segmentos de la población en los cuales la formalidad de la producción y la calidad de la documentación son muy bajas. Ya hay experimentos de colaboración entre los BECH y organizaciones no gubernamentales especializadas en microcrédito, en los que estas últimas organizaciones, que saben cómo entrar a los barrios y evaluar esos negocios, se encargan de la primera fase de la evaluación de los sujetos de crédito y transfieren este conocimiento a la banca hipotecaria. Si llegan a dominar la tecnología para prestar a los estratos más bajos de la población, desarrollan una presencia amplia allí, crean relaciones de largo plazo con esa clientela y además cuentan con el respaldo de los activos de vivienda (al contrario de lo que ocurre en los estratos más altos, el activo que garantiza un crédito de VIS suele aumentar su valor en el tiempo), los BECH podrían ser las grandes entidades de crédito en los estratos bajos, al llegar masivamente donde las instituciones tradicionales apenas se han asomado.



Las perspectivas



Transcurridos dos años desde el punto más grave de la crisis financiera, los resultados del sistema en el primer semestre del año 2001 permiten hacer una evaluación de resultados. El programa de saneamiento de entidades financieras que se inició en 1999 ha rendido frutos. Los bancos privados, en su mayoría, han logrado salir adelante. Los grandes con sus propios recursos, los medianos y pequeños con la ayuda de Fogafin. El nivel de provisiones, que era uno de los objetivos del programa, mejoró en los bancos grandes y extranjeros. Entre los medianos y pequeños, aún hay algunos con cubrimientos de cartera muy bajos, que para sobrevivir tendrán que encontrar la manera de capitalizarse.



La dificultad para conseguir recursos para capitalización indica que el proceso de consolidación del sector deberá continuar. La banca hipotecaria tendrá que cambiar su carácter y diversificarse para contrarrestar las limitaciones estructurales que impone fondearse con captaciones de corto plazo para entregar préstamos de largo plazo. Algunas de estas entidades serán absorbidas por sus grupos propietarios. Otras encontrarán nuevos nichos de mercado.



El problema fundamental, para todos los bancos, es crecer. Esto no es fácil para las entidades, que aún arrastran una carga de activos improductivos y enfrentan una economía debilitada. Sin embargo, no hay alternativa. Los bancos que no logren crecer su cartera, no podrán diluir los costos sobre una base de activos suficientemente amplia y tendrán que aceptar el deterioro de su posición competitiva. No hay una sola fórmula. Los bancos grandes tienen ventajas, pero hay espacio para bancos pequeños que manejen sus nichos de mercado con excelencia.



Un punto esencial para seguir progresando hacia un sistema financiero saludable es la venta de Bancafé. En caso de que no lo logre, el gobierno debería liquidarlo, para cumplir el propósito de dejar únicamente el Banco Agrario como banco público. El gobierno no se puede dar el lujo de quedarse con Bancafé, ya que tendría que capitalizarlo nuevamente por lo menos en $600.000 millones. Suele pasar que estas entidades son asignadas a gerentes técnicos en tiempos de crisis y a agentes políticos cuando las cosas mejoran. Lo peor que podría pasar ahora es que, ante posibles dificultades para vender el banco y después de haber mejorado sus indicadores operacionales, Bancafé volviera a ser el fortín político que fue en el pasado, financiado con los recursos del público.



El enfrentamiento entre el gobierno y la banca no le hace bien a nadie. El regaño del ministro Pizano a los bancos se ha quedado en un debate en compartimentos estancos. Por un lado, los técnicos discuten la diferencia entre ingresos medios y marginales en las páginas de las publicaciones especializadas. Por otro, miles de empresarios se quedan sin entender por qué sus empresas no pueden conseguir un crédito. La discusión así planteada es estéril, pues el tiempo debería dedicarse a reforzar las líneas de comunicación y las salidas. El bloqueo del crédito sí es un gravísimo problema que está atrasando la recuperación de la economía colombiana, pero no se gana nada inculpando a los banqueros. Por el contrario, los banqueros saben mejor que nadie que su principal necesidad es crecer. Lo que hay que hacer es aprender de quienes lo están logrando, y extender esas lecciones a todo lo largo del sistema.
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