| 1/29/1999 12:00:00 AM

La apuesta por el 99

Después de un año casi catastrófico, los resultados muestran una cosa: quienes se la jugaron al cambio son los que mejor están enfrentando la tempestad.

La rápida desaceleración de la economía en 1998 se reflejó en un pobre desempeño de los grandes grupos empresariales del país. Las ganancias del consolidado de las empresas no financieras finalmente fueron nulas y las pérdidas del sector financiero fueron monumentales. A la luz de estos resultados, es paradójico recordar cuál era el estado de ánimo de los empresarios al comenzar el año 98, cuando reinaba el optimismo. En nuestro informe anual sobre grupos (ver Dinero No. 54) hace 12 meses dimos un vistazo a lo que se cocinaba en las cúpulas corporativas y encontramos que los proyectos ambiciosos y las actitudes decididas estaban en el orden del día. La agenda aparecía copada por las rápidas transformaciones corporativas, la captación de recursos en el mercado de capitales doméstico y en Wall Street, y los planes de penetración de mercados internacionales.



Pero el entusiasmo duró poco tiempo. La racha de malas noticias obligó a la mayoría de los grupos a pasar de la exuberancia a la extrema cautela, buscando controlar los daños y sobrevivir el chaparrón, antes de emprender cualquier proyecto nuevo. Los planes, en la gran mayoría de los casos, tuvieron que volver de nuevo al cajón.



Al comenzar 1999, nuestro informe sobre los grupos colombianos encuentra un espíritu diferente, no sólo al desbordante optimismo que reinaba 12 meses atrás, sino también distinto del estado de alarma general del segundo semestre del año anterior. Los grupos están ahora, por decirlo así, "quietos en primera", manteniendo cautela extrema porque el costo del error es altísimo. Pero la actitud de sus dirigentes es también, si se quiere, más madura y más robusta frente a la volatilidad de los acontecimientos. Están quietos, pero atentos a las oportunidades que se presenten.



En medio de una época tan difícil, han ganado en preparación para el futuro. El golpe que recibieron en 1998 los obligó a dejar de creer en caminos de esplendor. Aprendieron que para seguir creciendo hay que trabajar con planes que funcionen tanto en la adversidad como en los buenos tiempos. Como dice Mauricio Rodríguez, de la Casa Editorial El Tiempo: "en el 99 esperamos lo mejor, pero estamos preparados para lo peor". Hoy han entendido que hay que tener menos deuda, más eficiencia y más flexibilidad organizacional para adaptarse a los tiempos que vengan.



Cuando se escriba la historia de la economía del fin de siglo en Colombia, el período que vivimos será recordado como uno de transición, de reacomodamiento en las variables estructurales más importantes. En lo macro, nuestra economía está encontrando, para bien o para mal, nuevos niveles de largo plazo en los precios más importantes, como el tipo de cambio; en las variables estructurales definitivas, como la tasa de desempleo; y en los sectores generadores de riqueza.



En las empresas, la transición se está llevando a cabo en las apuestas al futuro que están haciendo los empresarios respecto a la forma como se organizan, los productos y mercados en los que se concentran y las innovaciones que buscan en las cadenas y los procesos productivos. Como veremos, lo que está ocurriendo con los grupos empresariales colombianos es una fiel radiografía de la transformación que está experimentando el sector empresarial colombiano (ver recuadro "Los resultados de los grupos").



Las apuestas de los grupos



Como se muestra en el recuadro, si bien el 98 fue mucho peor que el 97 para casi todo el mundo, es posible encontrar patrones que explican diferencias en los resultados. Por una parte, los grupos tuvieron mejor desempeño que el resto de las empresas. Y segundo, en los grupos de las de mejores resultados están las que han avanzado más en el camino de la modernización empresarial.



El cambio en la orientación de las empresas, cuyos componentes esenciales se resumen en el cuadro, ha sido sustancial. Los nuevos mantras son focus, sinergias, agregación de valor, movilización de capital, holdings, mercados globales y alianzas (ver cuadro "El cambio de paradigma en la organización de los grupos").



Con base en la información disponible y en extensas entrevistas con los dirigentes de los diferentes conglomerados, hemos desarrollado una cuantificación aproximada del grado relativo de avance de los distintos grupos empresariales hacia el nuevo paradigma de organización empresarial y financiera. En la gráfica se observa la situación de cada grupo en cuanto al esfuerzo por lograr transparencia en su asignación de recursos (precisando las fuentes de creación de valor al separar las unidades operativas de las holdings); y la modernización de sus fuentes de financiamiento (deuda vs. apertura a la capitalización externa) y de su estructura empresarial (la adquisición de un foco en las actividades en que tiene ventaja competitiva).



La gráfica ofrece una buena radiografía del estado de la cuestión en los grupos. Carvajal y Corona han avanzado más rápidamente que los demás en concentrar su atención en actividades más especializadas (hacia el occidente en la gráfica). Quienes menos han avanzado han sido el grupo Cafetero, la organización Ardila y el grupo Lloreda. La separación financiera entre la operación y la inversión de las actividades, con la constitución de holdings independientes, ha avanzado más rápidamente también en los grupos Carvajal y Corona, y menos en los grupos Cafetero, Ardila y Lloreda.



Los grupos empresariales más grandes, como el Sindicato Antioqueño y Bavaria, parecen moverse en forma relativamente más lenta hacia el nuevo paradigma, en especial en la velocidad a la cual superan su excesiva diversificación. Los grupos de tamaño intermedio, como Carvajal y Corona, pero también Social, Mayagüez, Mundial y Sanford, parecen haber respondido con más agilidad a los nuevos escenarios.



Una cosa salta a la vista en la gráfica: la correlación entre los resultados financieros recientes y el avance organizativo en los diferentes grupos es muy grande. Los grupos que se mueven hacia el cuadrante superior derecho son los mismos que gozan de mayor reconocimiento entre los empresarios colombianos por su empuje hacia la modernización y, también, los que tuvieron un desempeño superior al promedio en 1998, como Carvajal, Mayagüez y Mundial. Y el pobre desempeño de Ardila y el grupo Cafetero confirmaría la importancia de moverse rápidamente. Da la impresión de que las ganancias de la reorganización empresarial aparecen en Colombia más rápido que en otras latitudes.



Por otro lado, la diversidad de los resultados de los grupos en 1998 también depende de las apuestas sectoriales que hicieron en el pasado. Los grupos con mayor foco en el sector financiero, la construcción o la producción no transable tuvieron los resultados menos favorables en 1998. Los grupos más concentrados en las telecomunicaciones han tenido una intensa actividad, pero las ganancias todavía no se han visto. Los mejores resultados parecen asociarse con aquellos sectores, como Carvajal, Sanford, Mundial, Haime y Neme, con clara vocación de producción internacional.



En el conjunto de los grupos, en especial en los menos grandes, también hay una notable diversidad en su modalidad de movilización de recursos (ver gráfica). Aquellos grupos que fueron más dependientes de recursos de endeudamiento, como los financieros, Ardila o Lloreda, tuvieron que asumir el impacto del alza en las tasas de interés. Los grupos con mayor capacidad de retención de ganancias y consecución de socios estratégicos internacionales, como Carvajal, el Tiempo, Sanford y Mundial, tuvieron financiación más sana en esta difícil coyuntura financiera.



Los grupos han presentado mayor capacidad de reorganización estratégica que el resto de empresas independientes. Pero cada grupo ha emprendido su reorganización con diferentes grados de decisión, entusiasmo y velocidad. Todo esto indica que el cambio previsto del modelo de desarrollo del país parece premiar más que proporcionalmente a los grupos que han optado por una estrategia global.



Entre todos los grupos, Carvajal se destaca por ser el pionero del nuevo paradigma. Hace más de dos décadas, cuando la mayoría de las empresas colombianas estaban concentradas en el mercado interno y los aranceles ofrecían amplia protección frente a la competencia, Carvajal comenzó a experimentar con las posibilidades del mercado internacional, adquiriendo una experiencia que posteriormente le resultó valiosísima. La estructura del grupo fue transformada hace varios años para enfocar esfuerzos y aprovechar sinergias. Además, lleva ya años avanzando hacia un modelo de manejo corporativo en que permite replicar empresas con gran rapidez, a medida que entra a nuevos países.



El período 98-99 será recordado como un momento particularmente difícil para la economía. Ya resulta evidente que no habrá nuevo ingreso, ganancias o inversiones cuantiosas. La profusión que había el año anterior de grandes y nuevos negocios asociados con la actividad estatal --como privatizaciones, concesiones y proyectos de transporte masivo-- o con bienes no transables, ha cedido. Las expectativas de grandes ganancias de corto plazo han disminuido. La convicción de que la reconstrucción de la economía va a tomar tiempo es ahora generalizada. Y la percepción de que el mercado externo, a pesar de la incertidumbre en nuestros países vecinos, es la mayor fuente de oportunidades crece entre los empresarios.



Como se aprecia en los informes individuales de las páginas siguientes, los grupos colombianos aprendieron lecciones duras en 1998. Por un lado, se dieron cuenta de que el crecimiento basado en deuda en un país que tiene tasas de interés tan volátiles es una opción muy riesgosa. En el futuro tendrán que recurrir más a la reinversión de utilidades y a la búsqueda de socios internacionales que aporten capital, tecnología y mercados. Por otro, vieron que la búsqueda de la eficiencia y la reducción de costos es una carrera: quien no avanza con rapidez corre el riesgo de perder oportunidades irrepetibles o de verse diezmado por las coyunturas.



La recuperación de un ritmo razonable de desarrollo económico dependerá, más que del proceso de paz, de una aceleración de las decisiones de ajuste macroeconómico y de cambio hacia un modelo de desarrollo basado en las exportaciones y la inversión privada. Pero el futuro empresarial dependerá, sobre todo, de acelerar y profundizar el reacomodamiento hacia nuevas formas de desarrollo de mercados, organización y capitalización.



En medio de la cautela generalizada asociada con la compleja situación macroeconómica, la apuesta de los empresarios en el 99 es en realidad por el primer año del nuevo siglo. Un nuevo siglo de actividad empresarial en el que más que rentas de corto plazo, la consolidación del sector privado colombiano dependerá del encuentro de formas más eficaces y perdurables de generación de valor en un mundo globalizado. Y es en ese contexto que el camino que anticipó el grupo Carvajal, hoy con Adolfo Carvajal a la cabeza, tiene más validez que nunca.



Los resultados de los grupos



La información pública sobre el desempeño empresarial en Colombia es incompleta y tardía. Para analizar los grupos, Dinero ha utilizado en el pasado la información anual que reportan las empresas a la Superintendencia de Sociedades. Aunque esta información es bastante completa, únicamente está disponible medio año después. En esta ocasión hemos querido mejorar la oportunidad del análisis, concentrándonos en las empresas que reportan información mensual o trimestral a las Superintendencias Bancaria y de Valores.



Las 229 entidades financieras y las 179 entidades del sector real en esta muestra, que constituyen lo que llamaríamos el "sector moderno abierto" representan aproximadamente el 47% de los activos del universo empresarial. Utilizamos la última información disponible para proyectar, en forma preliminar, los resultados del 98.



Las cifras se expresan en dólares, a la tasa de cambio promedio de cada año.



Ya se sabe que la economía creció muy poco durante 1998. Al sector moderno abierto le fue aún menos bien, pues sus ingresos operacionales cayeron 2,5% real durante el año. Las utilidades del conjunto empresarial pasaron de más de US$1.500 millones en 1997 a ser negativas, en US$226 millones, en 1998. La rentabilidad sobre activos y sobre patrimonio fue negativa, por primera vez en muchos años. El valor de los activos cayó 10%, el patrimonio cayó casi 20% y la capitalización bursátil fue casi un 30% más baja que en el año anterior, una caída que creemos tampoco tiene antecedentes. Ciertamente, las empresas tuvieron un verdadero golpe en la valoración de su activos.



Sin embargo, la pertenencia a grupos empresariales fue un factor importante en los resultados. Estimamos que las empresas de los grupos lograron aumentar sus ingresos operacionales en 3,7% real. Sus utilidades reales, aunque se redujeron en un 70%, lograron ser positivas, y el valor de los activos decreció menos que en el resto de empresas. Así, durante el 98 los grupos empresariales tuvieron un deterioro de las utilidades sobre el patrimonio que fue menor que en el resto de empresas, y lograron mantener una rentabilidad positiva y más alta que éstas (gráficas 1 y 2).



A pesar de que las empresas de los grupos se defendieron en su conjunto mejor que el resto, su comportamiento fue muy heterogéneo. Las gráficas 3 y 4 muestran los niveles y variaciones del retorno sobre activos de los 13 principales grupos empresariales sobre los que pudimos reconstruir información significativa. Sólo Mayagüez aumentó su retorno frente al año anterior y Carvajal pudo mantenerlo. La reducción de utilidades fue mayor en los grupos Ardila, Cafetero y Superior, cuya rentabilidad fue negativa.



Por otro lado, la diversidad de los resultados de los grupos en 1998 también depende de las apuestas sectoriales que hicieron en el pasado. Los grupos con mayor foco en el sector financiero, la construcción o la producción no transable tuvieron los resultados menos favorables en 1998. Los grupos más concentrados en las telecomunicaciones han tenido una intensa actividad, pero las ganancias todavía no se han visto. Los mejores resultados parecen asociarse con aquellos sectores, como Carvajal, Sanford, Mundial, Haime y Neme, con clara vocación de producción internacional.



En el conjunto de los grupos, en especial en los menos grandes, también hay una notable diversidad en su modalidad de movilización de recursos (ver gráfica). Aquellos grupos que fueron más dependientes de recursos de endeudamiento, como los financieros, Ardila o Lloreda, tuvieron que asumir el impacto del alza en las tasas de interés. Los grupos con mayor capacidad de retención de ganancias y consecución de socios estratégicos internacionales, como Carvajal, el Tiempo, Sanford y Mundial, tuvieron financiación más sana en esta difícil coyuntura financiera.



Los grupos han presentado mayor capacidad de reorganización estratégica que el resto de empresas independientes. Pero cada grupo ha emprendido su reorganización con diferentes grados de decisión, entusiasmo y velocidad. Todo esto indica que el cambio previsto del modelo de desarrollo del país parece premiar más que proporcionalmente a los grupos que han optado por una estrategia global.



Entre todos los grupos, Carvajal se destaca por ser el pionero del nuevo paradigma. Hace más de dos décadas, cuando la mayoría de las empresas colombianas estaban concentradas en el mercado interno y los aranceles ofrecían amplia protección frente a la competencia, Carvajal comenzó a experimentar con las posibilidades del mercado internacional, adquiriendo una experiencia que posteriormente le resultó valiosísima. La estructura del grupo fue transformada hace varios años para enfocar esfuerzos y aprovechar sinergias. Además, lleva ya años avanzando hacia un modelo de manejo corporativo en que permite replicar empresas con gran rapidez, a medida que entra a nuevos países.



El período 98-99 será recordado como un momento particularmente difícil para la economía. Ya resulta evidente que no habrá nuevo ingreso, ganancias o inversiones cuantiosas. La profusión que había el año anterior de grandes y nuevos negocios asociados con la actividad estatal --como privatizaciones, concesiones y proyectos de transporte masivo-- o con bienes no transables, ha cedido. Las expectativas de grandes ganancias de corto plazo han disminuido. La convicción de que la reconstrucción de la economía va a tomar tiempo es ahora generalizada. Y la percepción de que el mercado externo, a pesar de la incertidumbre en nuestros países vecinos, es la mayor fuente de oportunidades crece entre los empresarios.



Como se aprecia en los informes individuales de las páginas siguientes, los grupos colombianos aprendieron lecciones duras en 1998. Por un lado, se dieron cuenta de que el crecimiento basado en deuda en un país que tiene tasas de interés tan volátiles es una opción muy riesgosa. En el futuro tendrán que recurrir más a la reinversión de utilidades y a la búsqueda de socios internacionales que aporten capital, tecnología y mercados. Por otro, vieron que la búsqueda de la eficiencia y la reducción de costos es una carrera: quien no avanza con rapidez corre el riesgo de perder oportunidades irrepetibles o de verse diezmado por las coyunturas.



La recuperación de un ritmo razonable de desarrollo económico dependerá, más que del proceso de paz, de una aceleración de las decisiones de ajuste macroeconómico y de cambio hacia un modelo de desarrollo basado en las exportaciones y la inversión privada. Pero el futuro empresarial dependerá, sobre todo, de acelerar y profundizar el reacomodamiento hacia nuevas formas de desarrollo de mercados, organización y capitalización.



En medio de la cautela generalizada asociada con la compleja situación macroeconómica, la apuesta de los empresarios en el 99 es en realidad por el primer año del nuevo siglo. Un nuevo siglo de actividad empresarial en el que más que rentas de corto plazo, la consolidación del sector privado colombiano dependerá del encuentro de formas más eficaces y perdurables de generación de valor en un mundo globalizado. Y es en ese contexto que el camino que anticipó el grupo Carvajal, hoy con Adolfo Carvajal a la cabeza, tiene más validez que nunca.
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