| 9/20/2010 7:00:00 AM

José Alejandro Cortés. Un líder integral

Después de cuatro décadas al frente del Grupo Bolívar, este empresario se retira. La exitosa colocación de acciones de Davivienda reafirma la confianza de los inversionistas en su gestión.

En sus 41 años como presidente del Grupo Bolívar, José Alejandro Cortés vivió momentos de intensidad extrema que él mismo describe como "el cielo y el infierno". ¿Cuál fue el infierno? "El 26 de mayo de 1999, cuando se produjo una corrida de depósitos en el banco Davivienda", afirma. ¿Cuál fue el cielo? "La colocación de acciones de Davivienda, en la que participaron más de 82.000 colombianos".

Son, sin lugar a dudas, dos extremos. En 1999, por cuenta de rumores malintencionados sobre una supuesta intervención de Davivienda por parte del gobierno, se produjo una corrida de depósitos que durante algunas horas llevó a temer por la supervivencia misma de la institución. En 2010, en cambio, la colocación de acciones de la misma entidad se convirtió en la más demandada -realizada por una empresa privada- en la historia del mercado de valores en Colombia, pues se recibieron solicitudes de compra por $5,2 billones, más de 12 veces el valor de la emisión.

En ambos casos, los resultados demostraron la fortaleza de Davivienda y del Grupo Bolívar, y su posicionamiento en la mente del país, basado en los valores de la integridad y el respeto. Esos valores se han desarrollado durante décadas y están atados a la gestión de José Alejandro Cortés.

La renuncia de 'José Alejo', como lo conocen sus amigos, significa el cierre de un ciclo para el Grupo Bolívar. Después de 55 años de trabajar en el Grupo, Cortés afirma: "Nací en 1930. Estoy cumpliendo 80 años, que es un número redondo. No hay otra razón para mi retiro". Tras el éxito en la colocación de las acciones de Davivienda, su retiro ocurre en el punto más alto de su gestión. Sin embargo, la decisión tiene un significado que trasciende a este grupo empresarial. José Alejandro Cortés es el símbolo de toda una forma de hacer empresa en Colombia, en la que la preocupación por los valores y la responsabilidad por el bienestar de las personas tienen tanta importancia como la generación de utilidades para los accionistas.

Pocos ejecutivos colombianos despiertan tantos sentimientos de admiración y respeto como José Alejandro Cortés. "Cuando usted habla con él, sabe que siempre le está diciendo la verdad", dijo a Dinero Alejandro Figueroa, presidente del Banco de Bogotá. "Es una persona de la más alta calidad humana", afirma Jorge Londoño Saldarriaga, presidente de Bancolombia. "No es un líder apabullante, sino uno tranquilo, cerebral, respetuoso de las opiniones", destaca Jorge Alberto Uribe, ex presidente de Delima. "A lo largo de su carrera ha buscado el progreso del sector", resalta Roberto Junguito, presidente de Fasecolda. "Tiene un estilo de dirección muy especial. A través de las conversaciones, uno aprende a pensar como él", comenta Miguel Posada, presidente de Leasing Bolívar. "Siempre está pensando en cómo hacer para que las empresas nos trasciendan y puedan funcionar independientemente", señala Efraín Forero, presidente de Davivienda. "Tiene una visión sistémica de lo que es la sociedad, la comunidad, el país", resalta Fernando Cortés, vicepresidente de responsabilidad social de Sociedades Bolívar.

José Alejandro Cortés recibió una modesta compañía de seguros de manos de su tío, Enrique Cortés, y entrega un conglomerado empresarial que tiene el tercer banco más grande del país (Davivienda); la segunda mayor aseguradora de vida por primas (Seguros Bolívar); y la constructora más reconocida en vivienda de interés social (Constructora Bolívar). Hoy, la actividad financiera representa entre 60% y 65% del Grupo.

Las empresas del Grupo Bolívar son conocidas por el respeto a los valores de la transparencia y la honestidad y por una cultura corporativa en la que se valora al ser humano como el activo más preciado. Esta cultura ha sido construida poco a poco, a través de un trabajo tenaz y consistente, liderado por José Alejandro Cortés. La historia de este ejecutivo se confunde con la historia del Grupo Bolívar y deja grandes lecciones para todos los empresarios del país.

Los orígenes

Para comprender la actual cultura corporativa del Grupo Bolívar, es necesario entender la formación que recibió José Alejandro Cortés en su juventud. Cortés se graduó de bachiller del Gimnasio Moderno, en Bogotá. Luego estudió en Pomona College, en California, un prestigioso centro de estudios de pregrado con énfasis en arte, humanidades, ciencias sociales y ciencias naturales. Finalmente, se especializó en matemáticas actuariales en la Universidad de Michigan, en Ann Arbor. "El paso por Pomona fue muy import, ante para mi carrera, porque tuve que estudiar filosofía, sicología, sociología, historia y otras disciplinas que a la postre me han servido enormemente en los negocios. Las ciencias humanas son fundamentales para el manejo de las empresas, en lo que atañe a las relaciones humanas", asegura Cortés.

La combinación de una formación universal en humanidades con la profundización en el uso de las matemáticas en temas actuariales, le brindó a Cortés una visión que complementa lo universal con lo inmediato y lo estratégico con lo práctico. Esta mezcla se convertiría en una parte esencial de su sello personal como directivo empresarial. "Tiene un compromiso con todas las personas que lo rodean: familia, empresa, comunidad y país", explica Efraín Forero. "Al mismo tiempo, tiene una preparación académica muy estructurada que capitaliza para colaborar en la conformación de empresas que puedan generar valor", agrega.

A su regreso al país, en 1955, Cortés se vinculó al negocio familiar, ocupando diferentes cargos dentro de la compañía de seguros. En su momento, solamente había 13 profesionales en Colombia que tenían un conocimiento similar sobre técnica actuarial. En 1969 asumió la presidencia de Seguros Bolívar, que para ese entonces agrupaba además a Seguros Comerciales Bolívar S.A., creada en 1948, y a Aseguradora El Libertador S.A., fundada en 1956.

En 1970 ocurrió un evento inesperado en su vida que sería decisivo en la definición de su visión sobre la importancia del factor humano en las empresas. El 19 de abril de ese año quedó paralizado por causa del síndrome Gillain-Barré, una enfermedad que lleva al sistema inmune del cuerpo a atacarse a sí mismo. Esa mañana se despertó con los ojos paralizados, por lo que fue inmediatamente al médico, quien lo mandó a tomar reposo. Por ser día de elecciones, decidió ir a votar primero. "Voté, caí en cama y no pude volver a moverme. Un año después todavía estaba sufriendo parte de la parálisis, no podía hablar ni mover los ojos. No podía hacer nada por mi propia cuenta", recuerda Cortés.

La experiencia de la parálisis fue definitiva en su vida. "Cuando amanece y anochece y todo es lo mismo, uno amanece paralizado, anochece paralizado, uno tiene la capacidad de pensar", dice. "Me fue apareciendo la importancia del manejo del ser humano dentro de la organización. En esa etapa fui estructurando, de manera consciente o inconsciente, esa compañía que surgiría de ahí en adelante", comenta.

El factor humano

A su regreso a la oficina, en 1971, Cortés decidió multiplicar la importancia del capital humano, el bienestar de los empleados y el respeto por el individuo dentro de la organización. Aunque desde un comienzo su tío había abogado por dar mejores condiciones a los empleados, José Alejandro convirtió esas iniciativas en un proceso más formal y estructurado. Inició un plan para formar a sus funcionarios a través de programas de gerencia, ya que solo 20% de ellos tenía estudios universitarios.

Por otra parte, decidió dar al tema de los valores corporativos la mayor importancia dentro de la estrategia de la organización. "Nos concentramos en los principios y en los valores. Aunque promovemos unos 120 valores, los más importantes son: respeto, honestidad, justicia, equidad, disciplina y entusiasmo. Y tenemos otros principios corporativos que son un respaldo al concepto de economía de mercado, al buen servicio al cliente y al compromiso ambiental, y esto desde mucho antes de que apareciera el concepto de responsabilidad social empresarial", señala.

El trabajo sobre los valores y la cultura se toma en serio en las empresas del grupo. El objetivo es lograr que hagan parte del ADN de los funcionarios. "José Alejandro trabaja mucho en la redacción de principios y valores que luego se difunden a los distintos grupos", explica Miguel Posada.

Este trabajo constante lleva a que los funcionarios interioricen cómo se debe actuar bajo la cultura Bolívar, qué cosas se pueden hacer y cuáles no. "Cualquier negocio donde haya asomo de corrupción, o que no sea bueno para el cliente, no se hace. No vendemos algo que no le sirva a una persona o que no le solucione una necesidad real", afirma tajantemente Posada.

Aunque todos reconocen que Cortés es el artífice de la fortaleza que ha alcanzado la cultura organizacional, él insiste en que esta es una labor conjunta. "Obviamente eso no lo hace uno solo, una cultura es un conjunto de prácticas, de costumbres compartidas. Si no es compartida, no es cultura. Las ideas de todos los ejecutivos hacen parte de la cultura tanto como las mías. Muchísimas más ideas vienen de ellos que de mí", afirma.

Momentos de decisión

"Con el deporte uno aprende a querer a los contendores, que con el tiempo se vuelven amigos de uno. La competencia se vuelve parte de lo que uno hace y de lo que uno es", comenta Cortés, quien se declara un convencido del libre mercado. "Valoramos mucho la economía de mercado porque la competencia es lo más sano para el consumidor", anota. La historia del grupo Bolívar en las últimas cuatro décadas ha tenido varios momentos de alta tensión, en los que se pusieron en juego las capacidades de los miembros de la organización. En todos ellos, José Alejandro Cortés tuvo un papel decisivo que sentó precedentes para los negocios futuros.

El primero de estos episodios fue la puja con el banquero Luis Carlos Sarmiento por el control del Banco de Bogotá, en 1980. "Ahí hubo dos etapas", recuerda Cortés. "En una primera etapa, el Grupo Bolívar adquirió poco más del 50% del Banco de Bogotá y Sarmiento compró aproximadamente el 47%. Pero intervino el gobierno, que nos solicitó a los dos que colocáramos acciones en fideicomiso en el Banco Cafetero, con el ánimo de democratizar la propiedad. El gobierno sacó un decreto con el que pretendía democratizar el Banco de Bogotá y limitaba la posibilidad de compra a los antiguos accionistas".

"Luis Carlos reestructuró su organización en compañías diferentes a las que habían sido accionistas y así accedió a un número importante de acciones. Nosotros estábamos imposibilitados para hacer la misma oferta, y ahí el Banco de Bogotá pasó a manos de Sarmiento", explica. "No quiero dejar con esto la impresión de que hubo una ilegalidad, todo se hizo de forma abierta y legal, y Luis Carlos aprovechó la flexibilidad que tenía en sus organizaciones para obtener el control del banco. Obró bajo las reglas del libre mercado".

A la postre, este resultado tendría una gran influencia en el crecimiento de Davivienda como entidad financiera, primero como Corporación de Ahorro y Vivienda, y luego como banco. "Nosotros habíamos adquirido la mayoría de las acciones de Davivienda, que se compraron entre varias empresas. Algunos de estos accionistas, como Colombiana de Seguros, vendieron sus acciones de Davivienda. Nosotros las adquirimos y empezamos a manejar esta, que era una entidad pequeña, para hacerla crecer", explica Cortés.

El segundo episodio de gran trascendencia fue la corrida de depósitos de 1999 en Davivienda, quizás el momento más difícil en toda la historia del grupo Bolívar.

El 26 de mayo de ese año, Cortés estaba en Santa Marta, donde lideraba una reunión con el cuerpo de ventas de Seguros Bolívar. "Se corrió el rumor de que habíamos sido intervenidos por la Superbancaria, dos semanas después de que esta entidad había intervenido el Banco del Pacífico y el Banco Tequendama y esos dos bancos quedaron en incapacidad de atender a los cuentahabientes. Por ese motivo, cuando surgió el rumor de que Davivienda iba a ser intervenida, la gente se volcó sobre las oficinas para sacar su dinero", afirma Cortés.

Los rumores, según Cortés, fueron difundidos intencionalmente para crear una crisis en el banco. "En ese momento se estaba viviendo la crisis del Upac y mucha gente creyó que llevando el banco a la quiebra no habría que pagar las hipotecas. Algunos acreedores de Upac estaban detrás de esto. Había personas que llamaban a nuestros clientes empresariales o corporativos, para que sacaran su dinero".

"Les decíamos a todos, 'llamen a la Superbancaria'. Sin embargo, allá respondían que no podían dar información. Era la cosa más terrible. No se me ocurrió jamás que allá dirían que no podían dar información. No estaban preparados para una situación de esas"."A las 11:30 de la mañana salió la Superbancaria con una declaración negando la existencia de una intervención, pero en ese momento la gente ya no escuchaba", recuerda. "No hay nada más peligroso para un banco que una corrida. Además, si se caía el banco, podía caerse todo el grupo", afirma Cortés. "Sin embargo, al lado de la angustia de esos momentos, también pudimos verificar la colaboración extraordinaria que nos prestaron el Ministro de Hacienda, la Superbancaria y nuestros colegas banqueros. Gracias a eso logramos manejar el problema. Dejamos las oficinas abiertas hasta las 12 de la noche para que quien quisiera sacar su dinero lo pudiera hacer".

"Muchos de esos recursos se expidieron en cheque y durante el mes siguiente regresaron en su mayoría", cuenta Cortés. "Eso demostró que la empresa era muy sólida y que podía resistir un embate de tal naturaleza. A la postre, afianzó nuestra imagen".

El tercer episodio clave fue la compra del Banco Cafetero, en 2007. Con esta adquisición, Davivienda dio su salto a las grandes ligas y hoy es el tercer banco del país por cartera. Sin embargo, tomar la decisión de pagar $2,2 billones por la entidad no fue fácil, ya que obligaba al grupo a comprometer recursos muy importantes.

No obstante, Cortés sabía que tenían que presentar una oferta importante para ganarle la entidad al Banco de Bogotá. Por una parte, Bancafé les permitiría adquirir destrezas en el manejo de la banca oficial y empresarial. Por otra, el costo de permitir que un competidor se quedara con Bancafé era muy alto, en términos de la distancia que ese competidor podría tomar en tamaño. Por eso, la instrucción que Cortés dio fue inequívoca: la propuesta en la negociación debía guiarse por el valor que tenía Bancafé para el grupo Bolívar, y no por una estimación de lo que podría ofrecer el Banco de Bogotá.

La decisión fundamental la tomó Cortés. "Él sabe cuándo jugar a fondo. En la compra de Bancafé, el protagonismo y fuerza de José Alejo fueron fundamentales para quedarnos con el banco", explica Efraín Forero. "Era mucha plata, algunos estábamos muertos de miedo. Pero hemos salido más rápido de la deuda de lo que pensábamos", recuerda Miguel Posada.

En esa adquisición se hizo evidente, de nuevo, la importancia del elemento humano en la estrategia. Efraín Forero cuenta que, para Cortés, el valor de la adquisición estaba en el conocimiento que tenía la gente de Bancafé, no en los activos y ni siquiera en la participación de mercado. "Siempre estuvo atento a que, una vez se diera la fusión, se complementara el conocimiento de los empleados de Davivienda y Bancafé. Al final, terminamos conservando el mejor capital humano y conformando una empresa mucho mejor", afirma Forero.

El cuarto gran episodio fue la emisión de acciones de Davivienda en 2010, por $416.000 millones. La gran preocupación era asegurar que los pequeños inversionistas tuvieran acceso a los papeles. Por este motivo, se le solicitó al estructurador -Corredores Asociados- que diseñara un sistema para garantizar que la emisión estuviera atomizada y no se fuera a concentrar en unos pocos grandes inversionistas. Se ideó un sistema de adjudicación por capas, para proteger a los pequeños y asegurar que por lo menos se adjudicaran $10 millones, el paquete mínimo, a todos los ofertantes. Finalmente, ante la acogida de la emisión, se espera que la asignación mínima se aproximará a $5 millones, pero se cumplió el propósito de asegurar el acceso de los inversionistas más pequeños.

El futuro

José Alejandro Cortés se retira en el mejor momento del Grupo Bolívar. La emisión de acciones de Davivienda muestra que el banco está preparado para futuras emisiones que le permitirán consolidar su estrategia de crecimiento. Este podría ser el primer paso para su ingreso a la Bolsa de Valores de Nueva York.En el negocio asegurador, deja montado el plan de expansión internacional, que se inició en Venezuela, Ecuador y Panamá, y ahora se fortalece con el ingreso a Costa Rica.

Deja, además, una cultura que en los últimos años ha dado un giro hacia la innovación. El grupo Bolívar ha emprendido una fuerte campaña para que la innovación haga parte de la cultura organizacional y ha capacitado a cerca de 700 coaches en metodologías de innovación. Pero, por encima de todo, Cortés deja un equipo humano comprometido con los principios y valores que ha promovido a partir de su ejemplo y liderazgo. "Tenemos tristeza por su partida pero él nos ha ido preparando, tenemos certeza de que va a seguir en las juntas, cerquita de nosotros. Él nos ha enseñado y preparado, la organización va a continuar esta evolución", afirma Efraín Forero.

'José Alejo' piensa ahora dedicar más tiempo a visitar a sus hijos, a sus ratos de esparcimiento y a participar en algunas juntas directivas. Su huella personal seguirá vigente durante mucho tiempo en el grupo Bolívar y en el sector financiero colombiano. Y, aunque se retira de la presidencia de Sociedades Bolívar, seguirá aportando en la construcción de un mejor país con su ejemplo. "Voy a seguir activo en lo que hoy llaman responsabilidad social. Ahí puedo seguir invirtiendo más".

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