| 10/24/2008 12:00:00 AM

Hora de despertar

Vienen dos años de recesión mundial y restricciones al crédito. Colombia debe cambiar el mensaje que les está enviando a los mercados internacionales.

La extraordinaria incertidumbre desatada por la crisis financiera internacional se ha calmado debido a la acción coordinada de los bancos centrales y de los gobiernos de las mayores economías del mundo. Todo indica que el peor escenario, el de la destrucción del sistema financiero internacional, no se va a dar. Sin embargo, cuando el mundo apenas recuperaba la respiración, tras haber estado al borde de la debacle, se nos vino encima un segundo escenario, el de la recesión internacional. Y, en este caso, no hay incertidumbre ni dudas respecto a su llegada. La recesión será el tema dominante de la economía mundial durante los próximos dos años.

Las más recientes proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), reveladas durante las reuniones de gobernadores de esta entidad y el Banco Mundial, estiman que el crecimiento de la economía mundial se reducirá de 5% en 2007, a 3,9% en 2008 y a 3% en 2009. El poco dinamismo que queda se concentrará en los países emergentes, pues las economías desarrolladas solamente crecerán 1,5% este año y 0,5% el próximo.

Para el Gobierno, los empresarios y los colombianos en general, esto implica la necesidad de aplicar velozmente un cambio de perspectiva en sus planes. Tenemos que pensar cuál será el perfil de la economía mundial durante esta recesión y entender cuáles los requisitos para moverse con éxito en este periodo.

Los tiempos de vacas flacas siempre son problemáticos, pero allí también se cocinan las oportunidades para la siguiente etapa. El tema principal, en términos de estrategia, es identificar bien el margen de maniobra que existe en la actualidad y utilizarlo para construir durante esos dos años las mejores bases posibles para el crecimiento en la fase siguiente. Quienes logren concretar una visión de largo plazo, y la sostengan en medio de la confusión en la que indudablemente muchos caerán, serán los ganadores cuando llegue la calma después de la tormenta.

Desde el punto de vista de la macroeconomía colombiana, el elemento central será no equivocarse respecto a la política fiscal. Ya ha empezado una discusión en el mundo respecto al regreso del Keynesianismo y a la importancia que tienen los déficits fiscales para reactivar la economía en esta coyuntura. Colombia no será ajena a la tentación de relajar las restricciones al gasto público y utilizar este recurso para estimular la actividad económica.

Sin embargo, seguir esos consejos sería la ruta del desastre. La expansión del gasto público, a partir de deuda puede ser un recurso útil en Estados Unidos, dada su desaceleración económica y la necesidad de salvar el sistema financiero en crisis. Además, porque los mercados internacionales están dispuestos a seguir prestándole al fisco de ese país. Los capitales del mundo siguen pensando que los Bonos del Tesoro son el activo más seguro del planeta y están dispuestos a invertir en ellos aunque hoy los rendimientos sean prácticamente nulos.

Ese, sin embargo, no es el caso de Colombia. El acceso a la poca financiación internacional disponible será un tema básico en los próximos dos años y el país debería ocuparse de enviar a los mercados las señales correctas sobre el modelo económico que adoptará para los tiempos de crisis. Es indispensable ajustar el gasto, demostrar que somos capaces de aplicar disciplina y avanzar hacia un proyecto macroeconómico estructuralmente sólido. Si el gobierno del presidente Uribe utilizara el espacio que le queda para enviar las señales correctas a los mercados internacionales, el país podría usar estos años de recesión internacional como un tiempo de preparación para proyectarse como un foco de crecimiento en América Latina.

La recesión toca a la puerta
Las proyecciones del FMI pintan un escenario desconsolador para la economía mundial. El crecimiento del PIB en Estados Unidos se reducirá de 2% en 2007 a 1,6% en 2008 y 0,1% en 2009. En la zona del euro las cifras correspondientes son 2,6%, 1,3% y 0,2%. En Japón, la proyección es de 0,7% para este año y 0,5% para el próximo.

El motor de la economía mundial ha pasado a las economías emergentes. Si bien se espera que decaiga su ritmo de crecimiento frente al pasado, que llegó a casi 12% en 2007, se estima que China mostrará tasas de crecimiento superiores a 9,7% hasta 2009 y que India crecerá 7,9% este año y 6,9% en 2009. Según el FMI, América Latina crecería 4,6% este año y 3,1% el próximo. Colombia crecería entre 3% y 4% en 2008 y de 2,5% a 3,5% en 2009.

La pregunta central que determina el margen de maniobra de un país en este momento es hasta qué punto los mercados de capitales confían en el pago de compromisos de deuda en las nuevas condiciones de desaceleración. Colombia tiene una posición intermedia en la región en cuanto a la percepción de riesgo en este momento. No es tan buena como la de Chile, pero no está en la lista de casos de atención urgente. Su sector financiero es sólido y su endeudamiento externo es manejable. Por el lado de la inflación, el país ha tenido un respiro, favorecido principalmente por la decisión del Banco de la República de mantener sus tasas de intervención en 10%. En este escenario internacional de restricción de liquidez, bajos precios de nuestros principales productos de exportación, índices de crecimiento a la baja y tasas de desempleo en aumento, se requiere de parte del Gobierno la toma de acciones coordinadas en diferentes frentes: monetario, fiscal, comercial y financiero. Adicionalmente, el sector privado tendrá que ajustarse el cinturón para pasar el remezón.

¿Qué va a pasar con las tasas de interés?
El Banco de la República optó desde hace un año y medio por seguir una política contraccionista, agudizada ante la aceleración de la inflación en los primeros dos trimestres de este año. Mientras en Estados Unidos la tasa de intervención se sitúa en 2%, desde mediados de año y las mayores economías de Europa han mantenido tasas inferiores al 5% a lo largo de 2008, en Colombia se ha mantenido una tasa del 10% durante los últimos cuatro meses. Definitivamente, entonces, habría un espacio para reducir tasas de interés. La pregunta es cuándo y hasta qué nivel.

Desde el punto de vista del Banco de la República, la prioridad es la reducción de la inflación de largo plazo. Por lo tanto, una reducción apreciable de tasas de interés solo debería ocurrir después de la fijación de la meta de inflación para 2009 y de las negociaciones del salario mínimo para ese año. Existe el temor de que, si el Emisor baja las tasas ahora mismo, la meta de inflación del año entrante estaría en entredicho.

Por ahora, el Emisor ha tomado decisiones que podía resolver en el corto plazo. Por una parte, redujo el encaje ordinario que había sido incrementado en junio de 6,36% a 9,6%, en un momento en que se sentía exceso de dinero en la economía. La reducción del encaje implica un aumento del multiplicador bancario y una mayor capacidad del sistema financiero para irrigar recursos a la economía.

Adicionalmente, la Junta del Banco de la República, en su reunión extraordinaria del pasado 9 de octubre, decidió reducir el depósito al endeudamiento externo al 0%, con lo cual los futuros desembolsos de créditos externos, la prefinanciación de exportaciones y la financiación de importaciones no tendrán que constituir depósitos en el Banco de la República. Este es otro elemento que ayuda a facilitar el manejo de la crisis global. Además, la Junta Directiva acordó suspender la subasta de compra directa de reservas internacionales, una política que tenía sentido cuando se buscaba detener la revaluación del peso.

Así, se debería esperar una reducción cautelosa de las tasas de interés a partir del año entrante, cuyo ritmo responderá, además, a la evolución de la economía y los mercados financieros internacionales y a la forma como estos reaccionarán ante los planteamientos que haga el nuevo presidente de Estados Unidos en 2009.

Por otra parte, se debe tener en cuenta que, a medida que la economía de Estados Unidos se recupere, hacia el año 2010, las tasas de interés en ese país subirán también. La deuda que el fisco de Estados Unidos está tomando para resolver la crisis financiera y estimular la economía es gigantesca y a medida que los temores sobre la crisis financiera disminuyan los rendimientos de los bonos del Tesoro deberán subir. Es posible que ocurra un escenario de devaluación para el peso colombiano, opuesto al de los últimos años, cuando la debilidad de la balanza comercial y el aumento de las tasas de interés externas hagan atractiva la salida de capitales del país. El Banco de la República seguramente querrá estar listo para enfrentar esa situación, en caso de que se presente.

Todo esto lleva a esperar que, en un escenario básico, las tasas de interés en Colombia bajen en 2009 y vuelvan a subir hacia 2010. Sin embargo, este descenso seguramente será gradual y cauteloso. Al respecto, Fernando Tenjo, miembro de la Junta Directiva del Banco de la República, afirma que la política monetaria debe estarse enfilando hacia una mayor expansión. En este mismo sentido otro miembro de la Junta del Emisor, Carlos Gustavo Cano, explica que "cuando se supere la crisis deberá haber una tasa de intervención que no ahogue la economía".

El espacio fiscal
En el frente fiscal será indispensable hacer grandes ajustes. El presupuesto para la vigencia 2009, aprobado por el Congreso el 20 de octubre, asciende a $140,5 billones, 11% más que el de 2008) y se basa en una tasa de crecimiento del PIB de 5% en 2009, lo cual resulta irreal.

El presupuesto requerirá múltiples ajustes. Los ingresos por venta de petróleo y carbón seguramente se van a ver afectados con los precios decrecientes de los commodities. El recaudo, en general, se va a reducir por la baja del consumo y de las ventas de las empresas. De acuerdo con el ministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga, cada punto de reducción en el crecimiento del PIB tiene un impacto fiscal aproximado de $500.000 millones en reducción de recaudos.

No se puede pensar en financiar el déficit incrementando la deuda pública. En el presupuesto de 2009 se estima una reducción de la deuda de $1,8 billones (-4,8%), lo que implicaría que la deuda pasaría de representar 9,8% del PIB a 8,5%. Sin embargo, la coyuntura internacional actual ha hecho que el servicio de la deuda sea hoy casi 30% mayor en pesos al que se tenía hace dos meses. No haber aprovechado la oportunidad de prepagar más deuda, sacando provecho de una revaluación que duró más de cuatro años, fue una grave omisión del Gobierno.

Asegurar las fuentes de financiamiento es prioritario. De acuerdo con el Plan Financiero 2009, Colombia estima necesidades en moneda extranjera por US$2.411 millones, de los cuales US$1.000 millones están presupuestados en bonos y US$1.411 millones en créditos con la banca multilateral. Durante la asamblea del FMI y el Banco Mundial, Colombia aseguró este financiamiento externo con la banca multilateral. Además, el ministro de Hacienda y Crédito Público, Oscar Iván Zuluaga, informó que, en caso de presentarse dificultades en los mercados internacionales de capitales, Colombia podría obtener el monto total de financiamiento externo, recibiendo US$1.000 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), US$1.000 millones del Banco Mundial y US$400 millones de la Corporación Andina de Fomento (CAF). Además, se garantizó un crédito por US$650 millones del BID para Bancoldex, para el financiamiento de las exportaciones.

Sin embargo, esta disponibilidad financiera no cambia la realidad básica. Colombia no está en el grupo de países que puede darse el lujo de salir de la crisis a partir de estímulos fiscales. Es indispensable enviar un mensaje de ajuste fiscal a los mercados financieros internacionales. Como lo sugirió Armando Montenegro, este es un buen momento para corregir distorsiones fiscales odiosas de los últimos años y eliminar, por ejemplo, los subsidios que se brindaron a diferentes sectores productivos para compensar los efectos de la revaluación y también para revisar incentivos fiscales perversos como el subsidio a la gasolina. El Gobierno tiene la responsabilidad de plantear pronto un ajuste creíble de sus cuentas.

Balanza comercial, el principal riesgo
El comercio internacional de bienes será el canal a través del cual la recesión internacional llegará con mayor fuerza a Colombia.

De acuerdo con las declaraciones de exportación procesadas por el Dane y la Dian, durante los primeros ocho meses de 2008 las ventas externas del país se incrementaron 40,6%, en comparación con el mismo período de 2007, al pasar de US$18.593,9 millones a US$26.141,5 millones. Esto se logró debido al incremento del 60,8% en las exportaciones de productos tradicionales y, en particular, de petróleo y sus derivados. Es de resaltar que el 35% de las exportaciones totales tienen por destino Estados Unidos y que el 90% de las mismas corresponde a productos tradicionales. Dada la contracción de la demanda en ese país y el menor precio de los commodities, podemos esperar que la recesión en Estados Unidos tenga un impacto importante de contagio hacia Colombia por esta vía.

Por el lado de las exportaciones no tradicionales, el panorama tampoco es alentador. En lo que va de 2008, estas aumentaron en 21,7% respecto de las de 2007 y tuvieron como destino a Venezuela (90% del total). Esto abre otro frente de riesgo, pues las expectativas de crecimiento de Venezuela son de 2% para 2009, una caída drástica respecto a los niveles de los últimos años.

El sector financiero, la fortaleza
Por fortuna, el sistema financiero colombiano aprendió bien la lección de la crisis financiera de finales de la década pasada.

Los niveles de exposición patrimonial de los bancos colombianos son hoy inferiores a los que tenían antes de nuestra crisis financiera de los años 90. Mientras la relación entre activos productivos y patrimonio se acercaba al 70% en promedio, entre 1995 y 1998, en agosto de 2008 ésta llegaba a 46%. Además, hoy los bancos muestran una relación de solvencia con riesgo de mercado del 13,6%, frente a una relación de 12% en 2002.

La actividad del sector financiero en el último año ha estado influenciada por la política general de cautela del Banco de la República. Durante el primer semestre del año se mantuvo la tendencia a la disminución del ritmo de crecimiento de las actividades de intermediación que se venía presentando desde 2007. Los bancos comerciales que adoptaron mejores prácticas de selección para otorgar créditos desde 2000, buscaron una menor expansión de su cartera bruta total desde mediados de 2007, cuando comenzaron a hacerse evidentes los efectos de la crisis hipotecaria en Estados Unidos. Así, la cartera en junio del presente año alcanzaba un crecimiento de 13,3% real anual, frente al 22,6% del año anterior.

A pesar del deterioro en los indicadores de calidad y de mora, los bancos han presentado un rendimiento relativamente constante de los activos en lo corrido del año (2,4%), posibilitado por el aumento en los márgenes de intermediación. No obstante, el riesgo de liquidez se ha incrementado en los primeros nueve meses de 2008 por la liquidación de posiciones en papeles de alta liquidez que se ha presentado recientemente, lo que podría debilitar la capacidad de las instituciones financieras para hacer frente a situaciones de baja liquidez. Sin embargo, el incremento en los encajes de mediados de año incrementó los niveles de reservas, con lo cual las presiones de liquidez pueden verse menguadas.

Por el lado de los bancos internacionales con presencia en el país, hay coincidencia al afirmar que Colombia está más preparada que antes para afrontar crisis externas. David Rey, vicepresidente ejecutivo del área de tesorería del BBVA, opina que los movimientos de tasa de interés y tasa de cambio han beneficiado de forma involuntaria al sector y afirma que ve sólida la Bolsa de Valores de Colombia.

En suma, la recesión internacional nos coge relativamente bien parados en términos de solidez del sistema financiero, mal en el frente externo y muy mal en cuanto al déficit fiscal. Las recesiones internacionales duran dos años en promedio y este es el periodo que se espera haya de pasar para que el mundo vuelva al crecimiento. Es el momento de ajustarnos para enfrentar este periodo difícil y estar bien parados para el momento en que las cosas vuelvan a repuntar.

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