| 1/1/1995 12:00:00 AM

Ganadores y perdedores

La apertura continuará "mordiendo" a varios sectores. No hay otra salida que seguir aumentando productividad y eficiencia.

Según el nuevo gobierno, los colombianos deben mantener su dinero en el exterior, pagar aceleradamente sus importaciones, no endeudarse para financiar inversiones en el país y no endeudarse ni para vivienda, ni para la adquisición de automóviles y electrodomésticos. Si los colombianos siguieran este camino no habría problemas macroeconómicos.

Pero tanta "belleza" no puede ser cierta. La economía va hacia una mayor revaluación, en medio de un dinámico desarrollo de la actividad privada. Estas tendencias deberían consolidarse con la situación favorable de los precios internacionales del café y con la inversión y explotación de los yacimientos de Cusiana. Solamente políticas económicas incoherentes podrían interrumpirlas.

No es arriesgado afirmar, entonces, que continuará siendo un excelente negocio traer capitales del exterior a Colombia e invertirlos en la producción de bienes no transables o comercializables internacionalmente (tales como finca raíz y servicios de toda clase). Y será mal negocio invertir en la producción de aquellos bienes exportables cuyo margen competitivo es pequeño o en la producción de bienes cuya demanda en el mercado interno puede ser fácilmente desplazada por la competencia externa.

Hay que tener presente que el gobierno tiene poco margen para subsidiar las exportaciones sin producir retaliaciones comerciales en sus principales mercados. Por otro lado, dentro de una economía crecientemente abierta como es la colombiana, que ha avanzado en los procesos regionales de integración, es cada vez más difícil restringir importaciones en aquellos sectores vulnerables a la competencia externa. El solo impacto del contrabando socavaría la eficacia de un esquema ambicioso de protecciones selectivas.

En 1995 les irá bien a los negocios que giran alrededor de los sectores cafetero, hidrocarburos, telecomunicaciones y energía eléctrica. También el comercio y la producción de los llamados bienes de consumo durable, donde se presentará un aceptable dinamismo de la demanda interna impulsada por la revaluación del peso y el consiguiente mayor ingreso per cápita en dólares de los colombianos. Tal es el caso de automotores, computadores, electrodomésticos y artículos de ferretería.

De hecho, el considerable incremento del PIB per cápita medido en dólares, el cual pasará de US$1.300 en 1991 a US$1.840 en 1995, resultado de la revaluación y de las satisfactorias tasas de crecimiento económico, da una idea de las ganancias en el poder de compra del consumidor colombiano frente al resto del mundo. Ello implica más viajes al exterior y la posibilidad de acceder más fácilmente a servicios y tecnologías extranjeras.

A su vez, los sectores de cemento, productos de madera, vidrio, siderurgia y algunos productos metalmecánicos, seguirán estimulados por un aceptable comportamiento de las ventas de los productos finales que los utilizan como insumos (construcción principalmente).

Sin embargo, se acentuará la vulnerabilidad de sectores exportadores no tradicionales como las flores, textiles, confecciones, artículos de cuero y calzado. La evolución de otros productos exportables como el azúcar, el algodón y el banano, dependerá crucialmente del desenvolvimiento de los precios internacionales. Y en el caso de otras actividades como la petroquímica básica, abonos y plaguicidas, papel, equipo profesional y científico, cereales, oleaginosas y productos de caucho, será difícil evitar una mayor penetración de las importaciones en el mercado colombiano, aunque algunos sectores como el petroquímico y la fabricación de papel se beneficiarán de la recuperación de la economía mundial y estarán mejor posicionados para competir interna y externamente.



SECTOR AGRÍCOLA



varios estudios (entre ellos el recién publicado libro de Carlos Felipe Jaramillo, "Apertura, crisis recuperación: la agricultura colombiana entre 1990 y 1994", Tercer Mundo), muestran que la `crisis" agropecuaria de 1992-1993 no fue resultado exclusivo de la apertura, Al contrario. sus principales causas fueron la caída de los precios internacionales y la fuerte sequía ocasionada por la corriente "El Niño". Otros factores que también contribuyeron al descenso coyuntural en la rentabilidad de estos cultivos fueron la revaluación de la tasa de cambie y la virtual quiebra de la Caja Agraria.

La recuperación empezó a partir de 1993, desde el momento mismo en que cesó la sequía y los precios internacionales empezaron a aumentar. Se puede concluir, entonces, que actualmente la agricultura se encuentra en etapa de crecimiento y ya no de crisis aguda, como se sigue sosteniendo para justificar mayores apoyos. No obstante el gobierno de Samper se ha dedicado a diseñar medidas para incrementar la protección.

Pero el requisito sine qua non para garantizar un comportamiento adecuado de la producción agropecuaria es el de proveer estabilidad macroeconómica. Se ha demostrado hasta la saciedad que, más que políticas sectoriales específicas, el desempeño del agro, además de los precios internacionales, depende de la evolución de variables macroeconómicas como la tasa de cambio, las tasas de interés y la inflación. Y es aquí donde se encuentra el mayor factor de incertidumbre. puesto que en el caso de los precios internacionales las perspectivas, en términos generales, son las de una evolución favorable.



SECTOR INDUSTRIAL



Lo mismo que se dijo en el caso del sector agrícola con respecto a la política macroeconómica podría aplicarse al sector industrial, Varios sectores manufactureros son muy sensibles a lo que suceda con la demanda interna, la cual, a su vez, depende de las políticas monetarias adoptadas por la junta Directiva del Banco de la República.

Hasta ahora los efectos negativos de la apertura fueron compensados por los menores costos de producción y por el dinamismo de la demanda interna, que absorbió no solamente crecientes importaciones sino también incrementos sustanciales en la producción doméstica, Tal fue el caso muy especialmente del sector automotor, plásticos y maquinaria en general. Por otro lado, el boom del sector de la construcción ha impulsado el crecimiento de varios sub-sectores industriales como cemento, productos de madera y vidrio.

La pregunta es hasta qué grado el dinamismo de la demanda interna se vera afectado por la política fiscal y monetaria del gobierno, Los datos mas recientes muestran un menor ritmo de aumento de la producción industrial, dando a entender que el tope del ciclo fue durante el primer semestre de 1994 y que se estaría entrando en una fase descendente, La continuada revaluación del peso y los recientes desarrollos de la política macroeconómica refuerzan esta apreciación. Pero el impulso que trae la economía es grande y un sector externo boyante en 1995 permite pronosticar que la desaceleración industrial será leve, antes que aguda.



SECTOR DE LA CONSTRUCCIÓN



Por primera vez en algún tiempo se escuchan voces pesimistas sobre lo que podría suceder en este sector durante el año entrante, El aumento en las tasas de interés, tarde o temprano, incidirá negativamente sobre la edificación urbana, Sin embargo, la fortaleza del sector externo y la misma revaluación favorecerán la rentabilidad cíe la actividad constructora. Por ello, es todavía prematuro hablar del final del boom de la construcción privaría, aunque empiecen a aparecer algunos nubarrones negros en el horizonte. En lo que respecta a las obras públicas, todavía no despegan como debiera ser, si se tiene en cuenta el nivel de atraso del país al respecto, El nuevo plan

de desarrollo no le asigna una mayor prioridad presupuestal a este sector, Parte de la idea de que buena parte de la inversión la realizaría el sector privado a través de sistemas como el de concesiones, pero no establece unos lineamientos claros de política que lleven al optimismo sobre un flujo masivo de fondos privados,

De otra parte, la creciente inversión en los sectores de petróleo, gas natural, telecomunicaciones y energía eléctrica implicará un aumento significativo en obras civiles y en la demanda de productos industriales como los de tubería, cables y maquinaria en general.



SECTOR FINANCIERO



La meta de crecimiento de los medios de pago de 24.5% el año entrante hace prever que las tasas de interés seguirán altas, En enero cederán un poco, en forma meramente estacional, para retomar los altos niveles actuales, y aun superiores. Esto significa un duro golpe a los que están recomponiendo sus portafolios, apostando a que las tasas bajarán en 1995: mucho ojo, nada garantiza que así sea.

Dada la menor liquidez, la cartera del sector financiero crecerá menos en 1995 que en 1994. La meta del gobierno es que el aumento sea del 35%. Al mismo tiempo, con las tasas de interés al alza, disminuirá la demanda de crédito y se deteriorará la cartera. Para rematar, en una coyuntura de una rápida subida en las tasas de interés como la actual, las entidades financieras no pueden recomponer tan rápido los activos (cartera) como se recompone el pasivo (captaciones), de manera que el margen de intermediación disminuirá, De hecho ya este año ha bajado, En 1995 disminuirá mas aún.

El sector público estará compitiendo con el sector privado por el ahorro, las tasas de interés seguirán al alza, habrá menos margen para el endeudamiento del sector privado y se incentivará la desintermediación financiera.

Se teme que el año entrante el gobierno reimplante las inversiones forzosas, que había desmontado casi en su totalidad el gobierno Gaviria, para financiar el "agro- o el gasto "social" o la "vivienda popular", Si los medios de pago no caen lo suficientemente rápido existe la posibilidad de que se aumenten los niveles de encaje. Y si las exageradas tasas de interés, aunadas a la revaluación, atraen capitales externos, el gobierno pensaría incluso en controlar las tasas de interés, como si ello tuviera algún efecto, Todo puede ser posible,

El resultado de la política macroeconómica será un sector financiero menos dinámico, una menor profundización de las operaciones y un retroceso en el desarrollo del mercado de capitales.
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