| 6/20/2008 12:00:00 AM

Futuro minero

Colombia es uno de los países con mayor potencial minero en el mundo. Los inversionistas hacen fila para entrar al país y el sector podría transformar las perspectivas de la economía.

Chris Lodder llegó a Colombia en 1999 con un proyecto que parecía temerario en ese momento: invertir en la prospección de oro. Lodder, quien es hoy presidente de AngloGold Ashanti para las Américas, la segunda compañía en minería aurífera del mundo, sabía que estaba tomando un riesgo grande. "En el sector me decían que era arriesgado venir a Colombia", afirma. "Había poca inversión en minería diferente al carbón y no había cultura minera". Para rematar, la decisión coincidió con el inicio de la crisis económica más honda en muchas décadas y con la agudización del conflicto interno con la guerrilla. "A pesar de los riesgos, seguimos adelante", cuenta Lodder.

Su apuesta se pagó con creces. Cuando la inversión acumulada en el proyecto iba por los US$70 millones, se confirmó en marzo de este año que la exploración de La Colosa, en Cajamarca, Tolima, tiene un potencial de talla mundial, calculado en 13 millones de onzas de oro. Esto equivale a la cuarta parte de la mina de oro de Yanacocha, en Perú, la más grande del mundo en reservas y recursos explotados.

En ese mismo año, Beatriz Uribe asumió la gerencia general de Mineros S.A., la empresa minera aurífera más grande de Colombia, y se enfrentó al reto de consolidarla hasta convertirla hoy en día en la empresa colombiana más importante del sector. Mineros pasó de tener ingresos por $25.330 millones en 1999 a $99.937 millones en el año 2007, convirtiéndose en una de las empresas de más rápido crecimiento en Colombia. En el mismo periodo se afianzó como una explotación minera con un carácter empresarial moderno, que hoy tiene puestas sus miras en una expansión internacional en América Latina.

Estas dos historias demuestran el papel protagónico que la minería está adquiriendo en la economía colombiana. De hecho, el hallazgo de La Colosa ha puesto en primer plano a nuestro país como uno de los sitios en el mundo donde la minería tiene mayor potencial.

Los inversionistas internacionales están llegando en grandes números y ya no vienen, como en el pasado, buscando sólo carbón. Mientras que en octubre del año pasado 13 empresas extranjeras recibieron títulos mineros para exploración de metales preciosos y cinco presentaron solicitudes formales de exploración, el Ministerio de Minas informa que en este año hay 50 compañías extranjeras que invertirán US$150 millones en el negocio de las minas. La cifra puede parecer baja para la magnitud del negocio, pero corresponde al perfil de tiempo de las inversiones en este sector, donde las primeras inversiones son relativamente pequeñas (por ejemplo, la inversión inicial de AngloGold Ashanti en 1999 fue de US$450.000). Sin embargo, en la medida en que se produzcan hallazgos, los montos se multiplicarían aceleradamente por las millonarias inversiones en la construcción de minas, contratación de capital humano y compra y alquiler de equipos.

Las oportunidades están dadas. La bonanza de buenos precios internacionales que se registra desde hace tres años se mantendrá durante una buena temporada, según los economistas, debido a la creciente demanda internacional de metales, especialmente de países como China e India que buscan materia prima para el desarrollo de infraestructura y acumulación de reservas. Las cifras lo comprueban, el oro pasó de valer US$420 la onza en 2005 a US$922 este año.

El potencial de Colombia ha sido confirmado por un informe reciente del Fraser Institute, un think tank canadiense, en el que Colombia aparece como el país de América Latina con el segundo mayor potencial minero de la región después de Brasil, si se corrigieran los problemas que presenta para la explotación. Esta calificación confirmó lo que los especialistas ya veían. Colombia es hoy una de las fronteras de oportunidad en el negocio minero a nivel global.

El desarrollo de este potencial minero puede ser algo muy bueno para Colombia, pero también podría traer consecuencias nefastas. La minería produce hoy el 2,6% del PIB en Colombia, debido fundamentalmente a la explotación de carbón. Si la producción de otros minerales como oro, platino, cobre y zinc, entre otros, crece al ritmo que los especialistas creen posible, el país podría llegar a duplicar su participación en el PIB en productos mineros en el mediano plazo.

Esto tendría un impacto extraordinario sobre la estructura de nuestra economía, con grandes implicaciones para la política pública y para las empresas. Desde el punto de vista del manejo económico, el reto será evitar la llamada "enfermedad holandesa" y la corrupción. Las bonanzas de recursos naturales pueden llevar a un círculo vicioso donde la abundancia de divisas revalúa la moneda y desincentiva la producción en otros sectores, al tiempo que la corrupción se extiende y la riqueza es capturada por unos cuantos grupos de interés. Luego, cuando los precios internacionales vuelven a caer, los países quedan de nuevo expuestos a la pobreza, endeudados y sin alternativas. ¿Cómo podría Colombia manejar su boom minero para que sea una plataforma de desarrollo de largo plazo y no un espejismo fugaz?

Para las empresas, el desafío es aprovechar a tiempo una oportunidad como se ven pocas en la vida. El territorio colombiano es atractivo para la minería porque ha sido subexplotado en el pasado. Vamos a tener grandes números de empresas internacionales explorando en nuestro país. Hay oportunidades para las empresas colombianas también, pero ellas deben estar listas para invertir y adelantar operaciones modernas, pues se trata de un negocio cada vez más exigente, en el que las presiones de costos y los retos ambientales y de conservación de energía obligan a mantener una actualización tecnológica permanente. ¿Cuántas empresas colombianas estarán dispuestas a asumir ese reto?

Manejar la riqueza

Por fortuna, la evidencia internacional muestra que es posible hacer las cosas bien desde el punto de vista macroeconómico y utilizar la riqueza minera como una plataforma para la inversión y el desarrollo. Mauricio Reina, investigador asociado de Fedesarrollo, considera que los hallazgos mineros tienen grandes implicaciones positivas para el país y representan una oportunidad extraordinaria. "La experiencia de Canadá, Australia, Chile, México y Perú ha demostrado que sí es posible superar las barreras y generar a partir de allí un desarrollo sostenido", afirma Reina.

Varias experiencias internacionales muestran el camino a seguir. En Chile, la minería produce el 47% de las exportaciones y un 8% del PIB. A pesar de esto, Chile ha logrado evitar la "enfermedad holandesa" y es considerado como el milagro económico latinoamericano por su estabilidad macroeconómica, con tasas de crecimiento sostenidas de alrededor de 7% anual en los últimos 15 años.

En Perú, el área dedicada a la actividad aumentó de diez millones de hectáreas en 1990 a 34 millones en 2000, y en la actualidad la minería responde por más del 50% de las exportaciones peruanas, lo cual ha jalonado el PIB a un nivel del 6%. La mina Yanacocha, la mayor productora de oro de América Latina, ha tenido una contribución a los ingresos de la nación que pasó de US$16,48 millones en 2001 a US$256,48 millones en 2006. En Brasil, la minería aporta hoy el 8% del PIB en transformación de minerales y el 3% en actividades mineras primarias. Todos estos países se caracterizan por tener buena calidad de su manejo macroeconómico.

Un reciente estudio de Fedesarrollo indica cuáles son las claves del éxito. En primer término, la bonanza minera debe ser manejada con políticas fiscales conservadoras. Estos países han sabido mantener la disciplina fiscal en tiempos de bonanza, creando fondos y mecanismos para absorber el aumento en divisas para que no se refleje en revaluación e inflación excesivas. Por otra parte, han desarrollado instituciones sólidas para el manejo del sector minero, que han sido capaces de limitar la corrupción.

Segundo, la minería se ha convertido en un eje de encadenamientos económicos que ha impulsado otros sectores, desde el desarrollo de infraestructura hasta el suministro de equipos, insumos y servicios para la producción.

Tercero, la expansión de la minería se ha apoyado en núcleos de generación de conocimiento. Estos países han apoyado el desarrollo de instituciones dedicadas a la formación de conocimiento y capital humano calificado para el sector y sus clusters.

Finalmente, los países han asignado recursos al tema y han creado mecanismos de planeación para manejarlo con la jerarquía que requiere. La explotación minera involucra una gran cantidad de actores institucionales y afecta un número amplio de temas que tocan el interés público, desde los requisitos ambientales hasta las relaciones con las comunidades y la administración de las regalías. Las reglas del juego para las empresas que participan en el sector adquieren importancia crítica y requieren estabilidad. Cuando la explotación minera se convierte en uno de los pilares de desarrollo de un país, estos mecanismos tienen que operar de manera fluida.

Colombia tiene ante sí una tarea de gran magnitud en estos frentes. El estudio del Fraser Institute muestra el alto potencial del país en minería, si se utilizaran sus recursos en forma adecuada y si se adoptaran las mejores prácticas de la industria. Sin embargo, en un escenario en el que se mantienen las condiciones actuales, las perspectivas del país serían diferentes. La entidad califica el potencial de los países de acuerdo con el estado de cosas en el momento presente. Entre 65 países analizados, Colombia ocupa el puesto 55. La oportunidad está al alcance, pero habrá que realizar una tarea muy grande para que ella se convierta en realidad.

Las empresas mineras

La minería es un negocio de alto riesgo, que exige compromisos de inversión crecientes antes de que se pueda saber si los resultados son positivos o no. Por ejemplo, una empresa como AngloGold Ashanti, que invirtió US$450.000 en su primer año, tenía que estar dispuesta a escalar su inversión, duplicándola en oportunidades sucesivas, hasta tener éxito. Así, desde su llegada a Colombia, AngloGold ha desarrollado 550 blancos de exploración, de los cuales ha descartado 200, tiene 300 en preparación y 17 en marcha. Cuando finalmente aparece el mineral, los requisitos de inversión se incrementan aún más, pues la construcción de una mina puede costar entre US$900 millones y US$2.200 millones. La construcción de la mina de cobre de Antamina, en Perú, costó US$2.200 millones.

Las grandes empresas mineras del mundo están expuestas hoy a fuerzas contradictorias. Por una parte, existe una fuerte presión para diversificar los minerales explotados y también los países donde se hace la operación. Por otra, enfrentan una fuerte presión de costos. En el mundo entero, la disponibilidad de capital humano capacitado se está convirtiendo en un cuello de botella y los salarios se han incrementado. De la misma manera, existen serios problemas de abastecimiento de equipos e insumos.

La necesidad de aprovechar mejor las economías de escala ha llevado a un proceso de adquisiciones entre las mayores compañías del mundo. La firma consultora Price Waterhouse Coopers destaca cómo, de la lista de las 40 mayores mineras del mundo en el año 2003, en 2007 solamente quedaban 27 empresas, pues las demás habían sido adquiridas.

Estas tendencias también están afectando el negocio en Colombia. Nuestro país está en la mira de los grandes jugadores, como Rio Tinto, que llegó hace año y medio en busca de cobre, aluminio, carbón y hierro; o Vale do Rio Doce, que muestra interés pero es cauta a la hora de hablar de sus proyectos. Se están llevando a cabo adquisiciones, como ocurrió cuando Gold Fields Limited compró a principios de año la Compañía Minera de Caldas. Las multinacionales se han asociado entre sí, como lo hizo Glencore con AngloGold para explorar minas de cobre, plomo y zinc en Cundinamarca. Y también se alían con las locales. Cuando se encuentran hallazgos pequeños, las multinacionales conforman alianzas con mineros medianos y pequeños y en algunos casos les venden el proyecto para su desarrollo. Esto, por ejemplo, ocurrió en el caso de Mineros S.A. y AngloGold Ashanti, que desde hace tres años se aliaron para la exploración de oro en el nordeste antioqueño.

Para este año está prevista la inversión de grandes jugadores mundiales provenientes de Canadá, Brasil, Japón, Suráfrica, Australia, Estados Unidos, así como medianas empresas de Colombia. "En su mayoría, estas empresas se caracterizan por su especialización en la búsqueda puntual de un solo mineral como el oro, plata y platino, sin embargo, no descartan el hallazgo de otro tipo de metales, incluso algunos están haciendo joint ventures para lograrlo", comenta Arturo Quirós, director ejecutivo de la Cámara de Asomineros de la Andi.

Así, la dinámica del sector representa una gran oportunidad para las empresas colombianas. Sin embargo, es necesario estar dispuesto a invertir.

Tal vez el mejor ejemplo de esto es Mineros S.A., que se ha convertido en la empresa minera aurífera más grande de Colombia. La presidente de esta empresa, Beatriz Uribe, explica que su enfoque ha sido mantenerse fuertes en el sector, siendo rentables, creciendo de forma ordenada y siendo competitivos. "Los altos precios del oro nos han ayudado a compensar los efectos negativos de la revaluación, ya que nuestra producción es exportada en su totalidad. El auge del precio ha motivado a los inversionistas a que reinviertan $60.000 millones en recursos propios en la mina de veta La Y, aparte del montaje de una unidad de producción en la operación aurífera aluvial de El Bagre, que involucra US$18 millones". Una parte importante de las inversiones se dirige a incrementar la productividad. En una mina de veta ubicada en Marmato, Caldas, han aumentando la producción de 400 a 800 kilos anuales, por medio de nuevos equipos y la contratación de 430 hombres más.

La meta de Mineros es pasar de producir 90.000 onzas de oro actualmente a 150.000 onzas para 2010. Su actividad exploratoria se concentrará en buscar nuevos yacimientos en el Bajo Cauca y el Magdalena Medio. Hacia adelante, la empresa aspira a cotizar en el Toronto Stock Exchange, que es una de las bolsas más importantes del mundo para las transacciones de papeles del sector minero. También prepara su expansión hacia otros países de América Latina como Perú y Ecuador.

Otras empresas colombianas están avanzando por un camino similar. La Compañía de Minas Providencia S.A. realizó una alianza estratégica con la empresa , Bray S.A de Canadá, por más de US$2 millones. Desde el año pasado están desarrollando proyectos de exploración de oro entre San Vicente y Concepción, en el departamento de Antioquia. También está Alacran Gold Mine Corporation, empresa que se constituyó en 2004, la cual explora metales como oro, plata y cobre en su mina Alacran-Scorpio, en Puerto Libertador, Córdoba, y realizó una alianza estratégica con la Mina Los Mates.

Las barreras

Si Colombia quiere llegar a hacer realidad su potencial minero, es necesario superar una serie de barreras en distintos temas, unos relacionados con la acción del Gobierno y otros con las capacidades de las empresas.

Por parte del Gobierno, es necesario avanzar hacia un marco institucional y regulatorio que esté más acorde con la dinámica global del sector. El informe del Fraser Institute destaca a Colombia como uno de los países donde las inconsistencias y redundancias en la regulación hacen más difícil el trabajo de las empresas mineras. En el frente tributario, Colombia figura en el puesto 51 y en infraestructura está en el puesto 50 en la lista de 65 empresas.

Los empresarios internacionales que operan en Colombia identifican varias falencias importantes. Steven Jensen, gerente de exploraciones de B2Gold, considera que "Colombia tiene potencial debido a que es poco explorado en minerales preciosos y metales básicos, pero tiene dificultades de orden público y es poco competitiva frente a otros países de la región en los plazos de la concesión, el valor del canon superficiario y las regalías. Mientras en Perú y Chile el canon es de US$3 por hectárea al año, en Colombia oscila entre US$8 y US$24, dependiendo del tamaño del área". En cuanto a los tiempos de exploración, Colombia maneja un periodo máximo de tres años prorrogables a cinco, mientras que en Chile y Perú el tiempo para la exploración es ilimitado.

La falta de información prospectiva confiable es un obstáculo serio al desarrollo del sector. Para Chris Lodder, "no existe un catastro minero oportuno y confiable. Hay cambios permanentes en el régimen tributario y falta seguridad jurídica en materia legal, minera y ambiental". A esto se suma la falta de inventarios geológicos que obligan a las compañías a realizar sus investigaciones y a asumir su propio riesgo.

El Gobierno tiene en marcha el programa Colombia Minera, cuya visión es que para el año 2019 el país se convierta en el líder de América Latina para la inversión en minería.

A la luz de este plan, el Ministerio tiene varias iniciativas: la fiscalización de los terrenos adjudicados para exploración, la legalización de mineros informales y la promoción internacional del país como eje para el futuro de la minería. Beatriz Duque, directora de minas del Ministerio de Minas y Energía, reconoce estas debilidades que, sumadas a los problemas de infraestructura, implican un gran reto para el Gobierno. Las expectativas del sector giran en torno al lanzamiento del nuevo Catastro Minero, que podrá ser consultado a través de internet y de los cambios al Código Minero de 2001, que suponen una mayor organización del sector y una mejor administración de las tierras con potencial minero.

En el tema de la legalización, abrió una convocatoria para que los mineros ilegales presentaran su solicitud ante el Ministerio para regular su actividad. "Entre 2001 y 2004 recibimos 3.600 solicitudes de mineros informales, pero sólo alrededor de 800 cumplieron los requisitos y están en trámite de legalización", afirma Duque.

La reforma al Código Minero, que también hace parte de la visión 2019 que tiene el Gobierno en minería, apunta a mejorar la competitividad del país en aspectos clave como canon superficiario, congelamiento de tierras, ampliación de la etapa exploratoria e incentivos para la inversión.

Por el lado de las empresas, el auge de la minería representa una importante oportunidad de desarrollo. Sin embargo, es necesario que quienes deseen participar en el negocio estén dispuestos a hacerlo pronto y a comprometer importantes niveles de inversión. Las presiones de costos en el sector son altas. Las presiones ambientales se incrementarán, de modo que las empresas deben estar dispuestas a mantenerse al día en tecnologías que impliquen reducciones en sus gastos de energía y en su impacto ambiental.

El potencial minero colombiano puede consolidarse con la unión estratégica del conocimiento del terreno colombiano por parte de los nacionales, el saber hacer de los grandes jugadores internacionales y los inversionistas extranjeros. Esto representa también una oportunidad para el empleo y un reto para que las universidades preparen profesionales que respondan a las exigencias de capital humano para el sector. ?
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