| 6/8/2006 12:00:00 AM

Flores

Obtener economías de escala, mayor eficiencia y reducción de costos de transporte, esos son algunos de los retos del segundo exportador mundial de flores, Colombia.

Pocos sectores como el floricultor tienen raíces tan firmes en el comercio de exportación. Hoy tienen sistemas de ventas, procesos de cultivo, variedades, además de clima y cercanía a Estados Unidos que lo hacen muy competitivo.

Esas fortalezas se han traducido en resultados. Colombia tiene entre el 60% y 65% del mercado de Estados Unidos, y en algunos productos como clavel la participación sube a 95%, señala Augusto Solano, presidente de Asocolflores. Esos nichos se han mantenido por calidad y precio. "Ningún otro competidor nos ha podido igualar en los cien productos que exportamos", sostiene Juan María Cock, gerente general de Uniflor en Medellín.

Sin embargo, como en todos los mercados, la primacía solo es sostenible si se avanza más rápido que los competidores. En ese sentido, la agenda para el sector debe incluir temas como la consecución de economías de escala, la eficiencia y la reducción de costos de transporte.

De escala global

En Colombia, hay tres grupos grandes de floricultores: Dole, The Queen's Flowers y Florimex. La primera es la conocida multinacional de frutas y vegetales hawaiana, la mayor comercializadora de flores cortadas del mundo. Desde 1998, compró empresas como Americaflor, Cultivos del Caribe, Cultivos San Nicolás y CI Comercializadora Caribbean hasta quedar con cerca del 20% de la capacidad de producción de Colombia. El grupo Queen, de las familias Jordan y Mojica, que se conocía como el Grupo Chía, aglutina más de 30 empresas entre las que se cuentan MG Consultores, El Trigal y Las Olas. Florimex, por su parte, es la filial de la multinacional alemana que tiene negocios en 30 países.

Los tres son grandes jugadores que pueden aprovechar las economías que se producen por su tamaño. El resto de la producción está dispersa entre un gran número de floricultores más pequeños. Por eso, no sobra pensar en formas de asociarlos. La tarea no es sencilla, sostiene Juan María Cock, porque en todo el mundo las empresas de flores son primordialmente familiares. Para el presidente de Asocolflores, hay algunas alianzas entre las empresas del sector para compras y comercialización o desarrollo tecnológico conjunto, pero en su opinión, el proceso de asociación va lento. Allí habría un espacio para mejorar los costos de la floricultura colombiana.



Más eficiencia

Otra área en la que los empresarios encuentran posibilidades de mejorar es la tecnológica. Los colombianos deberían invertir más en la automatización de los procesos, en particular en controles automáticos para riego y en clasificación electrónica en poscosecha, señala Francisco Bazzani, de CI La Plazoleta. Pero de nuevo hay dificultades. Para Augusto Solano, los ingresos perdidos por la revaluación impiden que los agricultores tengan el dinero suficiente para hacer nuevas inversiones.

El TLC con Estados Unidos no cambiará los aranceles. Facilitará la inversión de largo plazo al quitar la incertidumbre que generaba la renovación de los acuerdos temporales como el ATPDEA.

A pesar de los esfuerzos que realiza el sector, también parece faltar inversión en capital humano. "El pago generalizado de salarios mínimos a los empleados es reflejo de la poca ganancia en productividad de la mano de obra que ha habido, a pesar de la ya larga trayectoria del negocio", dice Luis E. Fandiño, gerente para Colombia de Andean Arabian Flowers, una compañía que compra flores para vender desde Dubai. "La contrapartida de esto es que las empresas aún no invierten cantidades adecuadas en educación y capacitación, de manera que la productividad de la mano de obra empleada sea mayor. La tasa de 16 personas en promedio por hectárea sembrada habla muy mal del indicador de eficiencia. El argumento de dar empleo no es suficiente para justificar el empleo masivo de mano de obra con poca educación", agrega.

También habrá que trabajar en reducir los costos de transporte aéreo y marítimo —que apenas comienza a ensayarse—. El valor por kilo de carga a Estados Unidos es de US$1, a Europa, US$2 y a Japón US$3. Con esos costos, las flores colombianas difícilmente llegarán a mercados distintos al estadounidense. "A Japón, el flete vale más que las flores", dice Solano.



La amenaza africana

La necesidad de ganar competitividad es clara cuando se observa el aumento de las exportaciones desde África. En Colombia se habla de las flores de Kenia, pero, afirma Juan María Cock, todos los países de la banda tropical de ese continente —Uganda, Etiopía, Tanzania— están vinculados a la producción de flores.

Muchas de las siembras en estos países han tenido apoyo de USAID y de la Unión Europea, dice. Con esa ayuda, pueden llegar hasta el mercado europeo y de Estados Unidos con las mismas calidades y variedades de la flor colombiana. Con todo, en el corto plazo, el ejecutivo desestima la relevancia de la competencia africana en el mercado de Estados Unidos. La ventaja colombiana, dice Augusto Solano, está en la calidad, la consistencia del servicio y los estándares sociales y ambientales de producción.

Sin embargo, otros como Guillermo Ricaurte, de Biflora Farm, son menos optimistas. Mientras el salario mensual en Colombia es de US$170, dice, en Kenia es de US$65. Le teme a la amenaza africana porque en el negocio de flores, el 50% del costo es de mano de obra. Y recuerda la historia: "Colombia acabó con las siembras de flor en Estados Unidos. ¿Qué las mató? El costo de la mano de obra colombiana", por eso no le parece extraño que el episodio se pueda repetir.



Con el resto del mundo

Si no es África, de todas formas, los competidores directos seguirán siendo Ecuador, Centroamérica y México. En Ecuador, los colombianos no son los dueños del sector como se piensa. Al inicio quizás lo fueron, pero luego vinieron banqueros ecuatorianos y después empresarios holandeses y estadounidenses, entusiasmados por las utilidades que ofrecía el mercado ruso recién convertido al régimen de mercado. Hoy los colombianos pueden tener el 15% de la producción ecuatoriana.

La competencia para los próximos años está planteada en términos de servicio, innovación y calidad de las flores. La flor en general es un commodity, y de allí la importancia de desarrollar nuevas variedades, mezclas de especies en los bouquets y conseguir flores durables. En eso, hay terreno ganado. "Definitivamente, la ventaja de la flor colombiana es su excepcional calidad. La segunda mayor ventaja, cantidades suficientemente grandes para satisfacer mercados extranjeros", dice Fandiño.

Si esa ventaja se mantiene con menores costos de producción por mayor eficiencia, las flores colombianas se podrán defender de la competencia y podrán aprovechar mejor hechos circunstanciales como el aumento de la devaluación o el eventual cierre de Estados Unidos a importaciones de otros países.
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