Exportadores estrella

| 11/10/2000 12:00:00 AM

Exportadores estrella

La tasa de cambio y la demanda internacional están alineadas. Las empresas están listas. La única limitante es la falta de recursos de inversión para los proyectos de exportación colombianos.

Las exportaciones son el evento empresarial del año en Colombia. En el momento más duro de la crisis económica más profunda que ha vivido el país desde 1930, las exportaciones se convirtieron en la tabla de salvación para muchas empresas, haciendo realidad aquel trajinado lema de "Exportar o Morir". Puestos contra la pared, los empresarios se la jugaron por el mercado externo, con resultados notables.

Entre enero y agosto de este año, las exportaciones manufactureras crecieron 20,6% por encima del mismo período del año anterior y generaron cerca de US$600 millones adicionales a la balanza de pagos. El número de empresas colombianas que exportan más de US$1 millón pasó de 700 en 1997 a 900 en este año. En lo corrido del año, el conjunto de las exportaciones no tradicionales ha generado casi tantos dólares como el café, el petróleo y la minería. Gracias al impulso dado por las exportaciones, la industria crecía al 11,1% en los 12 meses terminados en agosto, mientras que a la misma fecha hace un año caía al -18%.



Como lo muestran las empresas exportadoras líderes que presentamos en este artículo, son muchos los casos en que este desempeño proviene de decisiones de largo alcance, en organizaciones que le han apostado su futuro a los mercados internacionales. Sin embargo, estas empresas están lejos todavía de ser la mayoría. Podríamos estar viendo, entonces, un episodio más en el tradicional esquema colombiano de exportación de excedentes: las empresas colombianas salen al exterior cuando el mercado doméstico está débil, pero vuelven a él cuando recupera su dinamismo. La falta de consistencia en el esfuerzo exportador impide que desarrollen una verdadera presencia en los mercados internacionales.



¿Cómo aprovechar el actual momento de impulso para consolidar un despegue exportador de largo plazo? Varias circunstancias del entorno son muy favorables para lograr este objetivo. Se espera que el empuje de la demanda internacional se mantendrá en el corto y mediano plazo. La política oficial hacia las exportaciones es mucho más coherente que en el pasado y su mensaje está calando profundamente entre los empresarios. Y los líderes están demostrando que nuestros empresarios tienen todas las capacidades necesarias para triunfar en esta tarea.



Otros factores, en cambio, actúan por el lado negativo. Este es el momento más difícil en muchas décadas para que las empresas colombianas logren acceso a capital. El crédito bancario local es escaso y el crédito internacional está prácticamente cerrado. La restricción de acceso a capital pronto se dejará sentir en todas sus consecuencias, pues las empresas exportadoras colombianas se están acercando a los límites superiores de utilización de capacidad de planta. Para ellas, esta coyuntura reviste una enorme importancia en el largo plazo, pues pronto tendrán que decidir si se involucran en ampliaciones con metas de largo plazo en el mercado externo, o si se mantienen en el mercado doméstico. La restricción de acceso a capital para invertir es, en este momento, el mayor enemigo de la expansión de las exportaciones de Colombia. Derribar esta restricción debería ser el próximo gran objetivo de política que aglutine los esfuerzos del gobierno y el sector privado.



Un entorno excepcional



El entorno ha sido muy favorable para las exportaciones. El dólar pasó de $1.604 en abril de 1999 a $2.211 al cierre de septiembre de 2000, una devaluación nominal cercana al 40% en el período. La tasa de cambio real para las exportaciones no tradicionales (calculada por el Banco de la República) aumentó en casi 20 puntos.



Esta ganancia en competitividad precio pronto se reflejó en los resultados de las exportaciones. Una amplia variedad de sectores obtuvo crecimientos por encima del 20%. Es cierto que unos pocos sectores se llevan la mayor parte de las ventas externas: químicos, confecciones y textiles, automóviles y alimentos representaron el 82% de las exportaciones industriales hasta agosto. Pero hay una actividad notable en un amplio espectro de sectores, desde papel y maderas hasta productos metálicos. En cuanto a los mercados de destino, crecen rápidamente las ventas hacia Venezuela, la Comunidad Andina y América Latina, lo mismo que hacia Estados Unidos.



Cambio de actitud



Detrás de las cifras hay un importante cambio de actitud en las empresas colombianas y, en particular, en aquellas que se han convertido en líderes de las exportaciones. En las lecciones de su experiencia está la clave del cambio.



Primera lección de los líderes de la exportación: la calidad manda. Sin excepción, los exportadores exitosos se han comprometido en programas serios de mejoramiento de calidad, asumiendo sus costos (monetarios y de estrés organizacional) como una inversión, conscientes de que el espacio para quienes no cumplen estándares mundiales está desapareciendo. Este es el caso de Sofasa, una de las empresas más golpeadas por la contracción del mercado interno y a la cual los ahorros en costos y el logro de elevados niveles de calidad le están abriendo las puertas del mercado externo. Otro caso es el de Icollantas, donde las ventas están creciendo al 39% en este año, impulsadas por las exportaciones, que ya representan el 37% del total. La calidad del producto le ha permitido consolidarse en el los países andinos y el plan es expandirse hacia Mercosur, donde sus marcas Icollantas, BF Goodrich y Uniroyal completarán el portafolio de Michelin.



Segunda lección: la logística es vital. La lección que ha dado Estados Unidos, donde la reducción de costos basada en desempeño logístico ha sido el motor del aumento de la productividad y el crecimiento, es asimilada por el mundo entero. La capacidad de resolver los problemas de los clientes respecto a disponibilidad de mercancía y mantenimiento de bajos inventarios en planta es un factor determinante en la decisión de compra en los mercados industriales. Un producto colombiano puede tener mayor precio que otro asiático, pero puede llevarse el negocio si ofrece mejores condiciones de suministro. Team, la productora de aceites y grasas vegetales, ha llegado al extremo de asumir los costos de bodegas en las instalaciones de algunos clientes, para garantizarles la disponibilidad de materia prima de forma permanente sin aumentar sus costos de inventario.



Tercera lección: el servicio al cliente hace la diferencia. Para el cliente hay un principio básico: "quien tiene mayor compromiso con mi empresa, se gana el negocio". Los ejemplos se repiten una y otra vez entre los exportadores exitosos.



Estas tres lecciones parecen sencillas, pero tienen un impacto gigantesco en la competitividad de una empresa y un país. Así lo ha demostrado el Global Competitiveness Report 2000, el estudio mundial de la competitividad coordinado por Jeffrey Sachs, Michael Porter y Andrew Warner, el cual encuentra que --más allá del impacto de las variables macroeconómicas-- la calidad de las operaciones y la estrategia de las compañías tiene un peso enorme al explicar la competitividad de un país. La competitividad ha dejado de basarse en recursos naturales y hoy depende del desarrollo de ventajas en productos y procesos.



El estudio de Michael Porter que aparece en ese informe muestra que Colombia no está muy bien en esta materia. En cuanto a la calidad del ambiente para los negocios, Colombia ocupa el lugar 48 entre 58 países (si bien mejora desde el puesto 53 el año anterior). En cuanto a la calidad de las operaciones y la estrategia de las empresas, Colombia ocupa también el puesto 48 y cae desde el sitio 40 en el año 99.



El impacto de la política



Dentro de este contexto, la tarea que está adelantando el Ministerio de Comercio Exterior tiene la máxima importancia. El Ministerio y sus entidades adscritas están difundiendo el mensaje exportador y ayudando a las empresas que quieren avanzar por esta ruta. La política de apoyo a las exportaciones que existe actualmente es la más coherente y productiva que hemos tenido en décadas.



El programa Expopymes, administrado por Proexport y destinado a llevar a la pequeña y mediana empresa a los mercados internacionales, tiene un potencial gigantesco para ampliar la base exportadora del país. Expopyme contaba en agosto pasado con 895 empresas atendidas, mientras 415 se encontraban en distintas fases del proceso. Este número es muy significativo, si se tiene en cuenta que cada empresa debe asumir un gasto cercano a los US$2.000 para participar (el costo real del programa se acerca a los US$5.400, la mayor parte del cual es subsidiado por Proexport). La meta del programa es llegar a exportaciones por US$640 millones en su tercer año de operación. Si bien cabe esperar que muchas de las empresas no tendrán éxito, la verdad es que la meta no es descabellada. La experiencia de las Pymes exportadoras entrevistadas en el curso de la investigación para este artículo muestra que cuando una de estas empresas logra entrar en los mercados internacionales, rápidamente puede alcanzar exportaciones superiores a US$400.000 anuales.



Un segundo programa es el de los proyectos especiales. Por medio de este programa, Proexport apoya labores de promoción en proyectos exportadores presentados por grupos de empresas. La idea es estimular a los empresarios a sumar esfuerzos para lograr metas colectivas. Algunos proyectos son realmente innovadores, como la venta de kits de vivienda popular a Centroamérica. En este grupo participan empresas asociadas al sector de la construcción, que producen ladrillos, tubos, ventanas y demás. Hay proyectos especiales en productos heterogéneos, desde esmeraldas hasta clínicas y software.



Un tercer programa, cuya importancia es absolutamente crítica, está dirigido a renovar las prácticas de calidad en la industria colombiana. Este programa busca que 500 empresas obtengan certificaciones de calidad para procesos. Se espera haber vinculado 325 empresas al programa al terminar el año 2000. Este puede ser uno de los legados más significativos de la gestión de la actual Ministra de Comercio Exterior.



Finalmente, un instrumento que está adquiriendo una dimensión insospechada es el de los Consejos Regionales de Comercio Exterior, CARCE, organizaciones que trabajan en el nivel regional y donde se mezclan representantes del gobierno y el sector privado. Los CARCE han tenido un impacto sustancial en la difusión de la cultura de las exportaciones en las diferentes regiones del país. Buena parte del éxito del programa Expopyme se debe a la presencia regional desarrollada por este mecanismo.



Los límites del crecimiento



Tenemos, entonces, un grupo de empresas líderes que desarrollan prácticas excelentes, que serán imitadas por otros. Existe una gestión pública competente. Las firmas colombianas tienen capacidad para asumir los retos. Los empresarios superan etapas de aprendizaje en el arte de exportar. Pero cada vez está más claro que la verdadera limitación al crecimiento exportador es otra: la dificultad de Colombia para conseguir capital para invertir en proyectos ambiciosos. La verdad es que la limitación de capital puede hacer abortar este proceso cuando apenas se ha iniciado.



La urgencia de emprender nuevas inversiones es clarísima. El uso de capacidad instalada en las empresas exportadoras está llegando a su límite, como lo demuestra la Encuesta de Opinión Empresarial de Fedesarrollo. Por otro lado, incluso en medio del auge exportador, la renovación de maquinaria ha sido mínima. Las importaciones de bienes de capital para la industria vienen cayendo este año al -6%.



La experiencia de las empresas exportadoras exitosas indica que llegar a los mercados internacionales es difícil, pero la verdadera prueba es permanecer y crecer en ellos. En el corto plazo, las empresas pueden ampliar la capacidad por medio de alianzas entre productores, por ejemplo. En este modelo, una empresa exportadora líder establece la relación con los clientes internacionales. Luego se encarga de coordinar un grupo de empresas similares y asegurar que la producción cumpla los estándares requeridos. Estas alianzas funcionan, como lo demuestran los casos Team en alimentos y Supertex en confecciones.



En un nivel más ambicioso y complejo, están las alianzas empresariales. La utilidad de estas alianzas va mucho más allá de la ampliación de la capacidad instalada; son un tema estratégico. Las alianzas abren un abanico de posibilidades para exportar, como entrar en el portafolio de productos de un competidor en el mercado extranjero, o compartir sistemas de distribución y logística.



Aunque existan soluciones intermedias, el problema de fondo se mantiene: no hay capital que quiera venir a Colombia. Si Colombia no desarrolla mecanismos para atraer capital de largo plazo a las empresas, su potencial exportador no podrá desarrollarse. En este sentido, la iniciativa de crear zonas especiales de exportación que se ha venido discutiendo es muy positiva. Pero este no puede ser el único instrumento.



Una posibilidad es la titularización en el mercado internacional de capitales de los flujos futuros de las empresas exportadoras. Esto permitiría reducir el riesgo país. Los fondos se mantienen en el exterior, en un fondo off-shore, y solo serían liberados a la empresa en la medida en que los necesite como capital de trabajo. Por otro lado, si bien el capital físico e intelectual de la empresa está en Colombia, el mercado (la fuente de los fondos de retorno) está fuera de Colombia. De hecho, esta fórmula ha sido ensayada con éxito por varias empresas colombianas en el pasado.



El reto está en crear un mecanismo que pueda atraer un volumen suficiente de recursos. Tendría que crearse un fondo que recolectara un número importante de títulos de empresas exportadoras colombianas y generara, con base en esta sumatoria, los títulos que se venderían en el exterior. Al agrupar los flujos, automáticamente se diversificaría el riesgo de los proyectos individuales. El fondo tendría que ser administrado por Bancoldex, la única entidad que tiene la trayectoria y la credibilidad necesarias en los mercados internacionales. Los recursos tendrían que ubicarse en un fondo off-shore, para dar garantías a los inversionistas internacionales. Existe el problema de que Bancoldex es una entidad de segundo piso y quienes realmente manejan los créditos y las relaciones con las empresas son los bancos de primer piso. Pero ese es un tema que debería ser superado con rapidez.



Momento de decisión



La meta de duplicar exportaciones, que fue recibida con escepticismo, se cumpliría exactamente en 4 años si las exportaciones crecieran a una tasa de 20% al año, exactamente la que se venía registrando hasta agosto.



Este es un momento crucial. En el ámbito internacional, el comercio está tomando un fuerte impulso. Las negociaciones del Alca están a punto de entrar en una fase de decisiones. Los cronogramas de reducción arancelaria pactados en la OMC, hace casi 10 años, pronto empezarán a cumplirse. La posibilidad de una relación comercial más profunda con Estados Unidos, e incluso una entrada en el Nafta, sigue sobre la mesa. La liberación arancelaria, la creciente importancia de la logística y el florecimiento de las transacciones electrónicas entre empresas (algunos analistas estiman que cerca del 50% de las compras de las grandes empresas de Estados Unidos se realizarán por plataformas business to business de internet dentro de 3 años) implican que el panorama internacional de los negocios será cada vez más competido y exigente. Colombia no debería dejar pasar la oportunidad para volcar sus empresas sobre las exportaciones.



El gobierno debería cuidarse de cometer grandes errores en este momento, como sería permitir que Bancoldex fuera absorbido por el IFI. Esto equivale a tomar el mejor perfil de riesgo que tiene Colombia en el mercado internacional, construido día a día durante años, y diluirlo en la cartera mala de una entidad que nunca ha podido entender la diferencia entre las finanzas y la política, justo en el momento en que más se necesita desarrollar una ambiciosa iniciativa de atracción de capital a Colombia. El resultado sería un desastre y quemaría una de las pocas oportunidades para pasar a la siguiente etapa de desarrollo de las exportaciones.



Por otra parte, es indispensable repensar a Proexport. El fideicomiso de esta entidad está condenado a acabarse si no se le renueva el capital, o si no se revisa el mecanismo, para llevar a los beneficiarios de los recursos a pagarlos al fondo. Si se trata de unir entidades para reducir gastos, lo que habría que hacer sería unir de nuevo a Proexport con Bancoldex.



El gobierno ha repetido tanto el mensaje de las exportaciones, que los empresarios han empezado a creerle. Lo único que no debe pasar ahora es tener un número mayor que nunca de empresas que quieren exportar, pero que no pueden hacerlo por las restricciones financieras. Esa frustración nos haría retroceder años en el camino. Este gobierno podría pasar a la historia como el del Gran Salto Exportador, como lo ha demostrado con hechos hasta ahora. Pero también podría ser el de la Gran Desilusión, si no se anticipa a los problemas que esperan a los exportadores a la vuelta de la esquina. Debería tener la convicción y la energía para jugársela toda por el camino que inició y que ha transitado con más éxito que ninguno de sus antecesores.



La propuesta

Desaparecer el sistema dual de pensiones y crear uno de dos pilares complementarios, de tal manera que el trabajador cotizaría simultáneamente para el sistema de prima media y para el de capitalización individual.



El efecto

El gobierno podría utilizar los ahorros acumulados en los fondos privados para financiar el déficit de caja que se genera con el pago de pensiones.



La reforma sería una señal equivocada para los inversionistas, si se cambia las reglas de los fondos privados de pensiones.



La gente opina

Según encuesta de Invamen contratada por Dinero, la gente quiere un cambio en el sistema, pero se siente segura en los fondos de pensiones.
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