| 7/4/2008 12:00:00 AM

Explosión de negocios en las regiones

Una oleada de inversiones se ha apoderado de las regiones colombianas. Los proyectos abundan y el país atraviesa por un momento de cambio .

Los colombianos miran a su país con optimismo y se ven a sí mismos como inversionistas. Esta es la principal conclusión que arroja la investigación que ha hecho Dinero en 14 departamentos de Colombia sobre los principales proyectos de inversión que se avizoran para el futuro inmediato.

El panorama que se despliega es, sin duda, muy favorable. Nuestros empresarios consideran a Colombia como una de las mejores alternativas en el mundo para apostar sus patrimonios. Esto es algo que hoy puede parecer muy natural, pero quizás habría sido noticia de primera plana durante la mayor parte del Siglo XX. Son muchas las circunstancias que explican este cambio, desde la política de seguridad democrática hasta la tendencia de largo plazo en la devaluación del dólar y el crecimiento en la demanda mundial por recursos naturales. Lo cierto es que todos esos factores llevan hoy a invertir en Colombia y eso es algo que debemos destacar y aprovechar.

Al hacer la lista de los proyectos, se puede apreciar que el país va encontrando dónde están sus ventajas competitivas. Las decisiones de inversión de los empresarios están dando señales claras sobre dónde están las principales apuestas competitivas que Colombia debe hacer. Esas decisiones empresariales nos dicen, por ejemplo, que sectores como energía, agroindustria y turismo van a ser fundamentales en el futuro económico del país. Las inversiones manufactureras son limitadas dentro del conjunto y, en general, a menos que estén ubicadas en la Costa, se dirigen a reponer instalaciones obsoletas dirigidas al mercado interno (son inversiones bienvenidas, pero de allí no vendrán los grandes crecimientos del futuro). Si creemos en estas señales que dan los inversionistas, valdría la pena asignar recursos importantes con el fin de crear clusters que multipliquen la productividad de los esfuerzos.

Un cambio significativo en el entorno regional está en las oportunidades que se anticipan en las obras de infraestructura. Las expansiones portuarias en la Costa Caribe, el aeropuerto de Bogotá y otros aeropuertos regionales, la Autopista del Café, son solamente algunos ejemplos de grandes obras que los empresarios han recibido como las señales que esperaban para casar sus apuestas. El esfuerzo en infraestructura que, al fin, parece estar en marcha, es uno de los pilares críticos del boom de inversiones que vive el país en este momento.

Otro resultado que aparece con toda claridad es que el mecanismo de zonas francas está funcionando. Un porcentaje extraordinario de las inversiones nuevas está ubicado en zona franca, con el fin de aprovechar las ventajas tributarias. Ya vendrá el debate respecto a si las exenciones eran indispensables y si esas inversiones se habrían dado de todas formas. Por ahora, es buena idea darles la bienvenida y aprovechar la figura de las zonas francas para consolidar los perfiles de inversión que requiere cada región.

Es evidente que no todo son buenas noticias. Es notorio como, con contadas excepciones, la oleada de inversiones no está favoreciendo la generación de conocimiento nuevo e innovación. En Antioquia, Boyacá, Santander y Atlántico existen iniciativas de envergadura por unir los esfuerzos de las universidades y las empresas para aportar a la competitividad del sector privado. Este es un factor crítico que debería estar presente en todas las regiones. Dejar pasar una fase de auge inversionista como la actual sin desarrollar propuestas basadas en conocimiento e innovación es ir en contravía de la historia. Nos vamos a arrepentir después.

Por otra parte, si bien la oleada de inversiones se ha extendido por buena parte del territorio, persiste una preocupante desigualdad. Hay departamentos donde los proyectos son escasos y de baja envergadura. Esto es grave, pues si no aprovechan el momento de auge, ¿qué les espera cuando baje la marea?

Aunque el crecimiento general de la economía en 2008 es inferior al de 2007, el auge inversionista no se detiene. En los años que vienen, Colombia tendrá que llegar a nuevas definiciones sobre su modelo económico y asumir con imaginación los retos del futuro. Los empresarios, al poner su dinero en donde ponen sus palabras, están dando una lección sobre cómo moverse con decisión y buscar el futuro en forma deliberada. El discurso de la política económica debería seguir este ejemplo.
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