| 1/21/2005 12:00:00 AM

Estados Unidos y China fijan el rumbo

Intereses al alza, dólar a la baja y la eventual revaluación del yuan chino y las monedas asiáticas marcarán el curso de la economía mundial en 2005.

El crecimiento de la economía mundial en 2004 fue ligeramente inferior a 4% y es el más alto de los últimos 20 años. Esta cifra tiene enormes implicaciones para todos los países. Demuestra, sin duda, que las preocupaciones sobre recesión y deflación que dominaron el comienzo de esta década han quedado atrás. Pero las implicaciones van más allá, pues ha ocurrido un cambio en el equilibrio entre los grandes motores del crecimiento mundial.

Durante la segunda mitad del siglo XX, el crecimiento global dependió de la dinámica que demostraban año a año Estados Unidos, Europa y Japón. Ahora el eje de influencia se ha desplazado y los grandes núcleos son Estados Unidos y China. En la capacidad de crecimiento de estos dos países, y en la forma como se desenvuelva su múltiple dependencia en términos de comercio, tasas de cambio, flujos financieros y de inversión, reside ahora la clave de la economía mundial. Europa y Japón siguen siendo actores de gran importancia en la escena, pero, sin duda, los hechos críticos se fraguarán en Estados Unidos y China.

Para 2005 se espera que se mantenga la tendencia favorable, aunque con un crecimiento algo menor debido a una posible desaceleración del crecimiento en Estados Unidos y en China, así como también en Japón y la zona euro.

Dependencia mutua

Estados Unidos, la economía más grande del mundo, consolidó finalmente la recuperación que se inició a mediados de 2003. Quedaron atrás los temores respecto a lo que podría pasar una vez cesaran las tácticas que se aplicaron para sacar al país de la recesión, como las ayudas fiscales por parte del gobierno federal y la política monetaria laxa de intereses reales negativos. En otras palabras, todo indica que la economía de este país entró en un sendero de crecimiento autosostenido.

La mala noticia, sin embargo, es el tamaño del déficit de cuenta corriente de Estados Unidos, que ya bordea el 6% del PIB, y el déficit fiscal del gobierno federal, que están llevando a la pérdida de valor del dólar, con grandes riesgos para el sistema financiero internacional. El mayor temor de los analistas y economistas es que los inversionistas pierdan la confianza en esta moneda y se produzca una corrida del dólar, lo cual dejaría a Estados Unidos sin acceso a los recursos que requiere para financiar sus déficits.

El desequilibrio de las cuentas externas estadounidenses tiene mucha relación con el déficit comercial que este país mantiene con China. Mientras las exportaciones de Estados Unidos a China han crecido entre 25% y 35% en los últimos dos años, las de China a Estados Unidos son 5 veces sus importaciones.

A pesar de la devaluación de la moneda estadounidense, el yuan chino no se ha movido frente al dólar o frente a otras monedas que están también atadas al dólar. La competitividad del yuan se debe, en buena medida, a la reticencia de los chinos a dejar fluctuar su moneda, en parte por el temor a que se afecten sus exportaciones y el empleo, pero también al poco desarrollo del régimen cambiario y del sistema financiero de China.

Una apreciación del yuan de 30% no solucionaría el desequilibrio comercial entre los dos países, pero al menos ayudaría en el comienzo del ajuste que se requiere. Sin embargo, en el mejor de los casos se podría esperar una apreciación del yuan chino entre 3 y 5%, que nadie tiene claro cuándo podría darse. Las autoridades chinas han accedido a ajustar el régimen cambiario, pero no el tipo de cambio en sí mismo. De otra parte, si continúa la especulación en los mercados, es muy posible que las autoridades demoren la transición.

Para evitar la apreciación de su moneda, las autoridades chinas han optado por invertir sus reservas internacionales en bonos del Tesoro de Estados Unidos, con lo cual este país ha podido financiarse sin necesidad de aumentos importantes en las tasas de interés. De hecho, por esta razón los intereses de largo plazo se mantienen bajos, pese al aumento de los intereses de corto plazo por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Este escenario, sin embargo, tiene que cambiar en 2005. De una parte, la Reserva Federal de Estados Unidos pasó de la ansiedad ante una posible deflación, a un gran temor a que se dispare de nuevo la inflación. Los factores que mantenían la inflación baja se están revirtiendo. El mercado laboral se está apretando y la utilización de la capacidad de producción está llegando a su límite. Adicionalmente, la posibilidad de una revaluación de las monedas asiáticas este año se convierte en un factor inflacionario en Estados Unidos, ya que se traduciría en mayores precios de las importaciones.

Por estas razones y por el desplome del dólar, se espera que la Reserva Federal continúe con la política de aumento de los intereses de corto plazo que inició en 2004. Se espera que esta tasa se acerque a 4,25% a finales de 2005. En el resto del mundo, la expectativa es que los intereses subirán también un poco, aunque relativamente menos que en Estados Unidos para contrarrestar el efecto de la fortaleza de las monedas frente al dólar

Estados Unidos

El aumento de los intereses en Estados Unidos generará un cambio en el crecimiento sectorial de este país. El sector de vivienda, que se vio fortalecido por la disminución de los intereses, perderá importancia pues las hipotecas se harán más costosas, al tiempo que se fortalecerán los servicios. De otra parte, la debilidad del dólar está estimulando la demanda mundial por productos estadounidenses, lo cual actuará a favor del sector industrial de este país.

En suma, salvo en un escenario de crisis del dólar, se prevé un buen panorama para Estados Unidos, con un crecimiento de 3,7% frente a 3,9% en 2004. El hecho de que los intereses de largo plazo se mantengan bajos, a pesar del aumento de los intereses de corto plazo, unido a que el precio del petróleo está bajando, ayudará también a las empresas.

China

Los indicadores recientes muestran que las medidas adoptadas para evitar el recalentamiento de la economía fueron exitosas. La inflación se situó por debajo del 3% y el crecimiento de la producción manufacturera, que era desaforado, se redujo al 14,8% anual y se espera que siga desacelerando este año. Se espera una reducción del crecimiento de la economía, de 9,3% en 2004 a 8,4% en 2005, debido a la reducción en la inversión y las exportaciones.

La reducción en las exportaciones se debe primordialmente a la desaceleración de Estados Unidos y los países del G7. La reducción en la inversión, por su parte, está asociada al menor dinamismo exportador, aunque el consumo interno está creciendo rápidamente.

Zona euro

La zona euro sigue rezagada ante el mundo, con un crecimiento de 1,8% en 2004. Sin embargo, este crecimiento es superior al 0,5% registrado en 2003, lo que implica una leve recuperación. La revaluación del euro está ayudando a compensar el aumento de los precios de los productos básicos, en particular el del petróleo, con lo cual la inflación se ha mantenido bajo control y el Banco Central Europeo ha podido mantener los intereses bajos, aunque más altos que los de Estados Unidos. Para 2005 se espera un crecimiento de 1,9%.

Latinoamérica

Un crecimiento de 5,5% hizo de 2004 un excelente año para América Latina, muy superior a todos los cálculos iniciales. Gracias a este crecimiento, el PIB per cápita de la región aumentó 4%, lo cual es una gran noticia ya que venía cayendo desde el año 2000. Otro dato importante es el logro de un crecimiento superior al 3% en las seis economías más grandes de la región.

Este buen resultado se debe al desempeño de la economía mundial, incluyendo un crecimiento del comercio mundial que llegó a 9%. Estados Unidos y China fueron los grandes responsables de este crecimiento, el cual repercutió en los precios de los productos básicos, con grandes beneficios para los países suramericanos.

Para 2005 se espera un crecimiento inferior, cercano a 4%, debido a la desaceleración de la economía mundial. Las exportaciones serán menores y los países de la región tendrán que recurrir a sus fuentes internas para crecer. Infortunadamente, la mayoría de los países no ha aprovechado estos buenos tiempos para hacer las reformas estructurales que requieren para lograr un crecimiento sostenido. Cuando cambien las condiciones para estos países, que hasta ahora han sido muy favorables, los países emergentes se verán nuevamente en problemas para acceder a recursos externos y el crecimiento económico de la región volverá a estar en juego. Colombia no es ninguna excepción.

Colombia

Colombia, al igual que los demás países de la región, se beneficiará en 2005 del buen desempeño de la economía mundial. El crecimiento, no obstante, será inferior al de 2004, principalmente por la reducción esperada en las exportaciones, que difícilmente podrá ser compensada por incrementos importantes en el consumo y/o la inversión. De hecho, a pesar de su crecimiento en los últimos tres años, en 2004 la inversión solo ascendía a 19% del PIB, lejos del 25% que se requiere para crecer por encima del 4% anual de manera sostenible.

El déficit del gobierno central, estimado en 6,4% del PIB para 2005, sigue siendo un lastre para el crecimiento. En 2004, su financiación no fue problema, gracias a que los intereses de largo plazo en Estados Unidos se mantuvieron bajos, a pesar del aumento en los intereses de corto plazo. Así, los spreads de los bonos colombianos se mantuvieron bajos y el gobierno se financió en el exterior a bajo costo.

No obstante, el hecho de que el Congreso se hubiera rehusado a aprobar la reforma tributaria a finales de 2004 es un mal antecedente, más aún porque este año era el último en que era políticamente viable sacar adelante un proyecto de esta naturaleza. Hacia adelante, las campañas presidencial y de Congreso harán imposible cualquier avance en este frente.

Infortunadamente, esta situación coincidirá con el cambio en los mercados externos de capital, producto del aumento de los intereses de largo plazo (más específicamente, de los bonos del Tesoro de Estados Unidos y, por tanto, de los spreads de los bonos de deuda externa de los países emergentes), así como con la reducción de la producción de petróleo y de los ingresos petroleros.

Aunque para este año no se vislumbran problemas en el tema de la financiación a más largo plazo, el poco avance en las reformas se convertirá en un gran problema para acceder a recursos de financiación más adelante.
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