| 4/30/2010 12:00:00 AM

Entrevista al candidato presidencial por el Partido Verde

Qué podemos esperar si Mockus es presidente?

Lo primero es hacer una reforma tributaria lo más redistributiva posible. Debo poner las cartas sobre la mesa y espero que los colombianos entiendan que se necesita algo de redistribución. Que la mayoría de los estratos altos me apoye, es espectacular.

Pero antes de saltar a ver a quién le quitamos, hay que plantear cuál emoción predomina. Frente a la redistribución, hay tres emociones posibles: solidaridad, interés y miedo. El ideal es buscar un consenso en torno a una de ellas y lograr que produzca una causa común, una emoción compartida. Qué maravilla que los empresarios se solidarizaran a través de los tributos o que la sociedad colombiana comprendiera que redistribuir es de interés de todos. Pero puede que se haga por susto, preventivamente, para que la situación no se salga de las manos. En el debate en Caracol, Petro mencionó cuatro veces que si no hacemos eso, aumenta la violencia. Este discurso puede tener un efecto justificador. El ideal es identificar cual emoción predomina y organizar el proceso de reforma tributaria alrededor de ella.

D — ¿Qué es la legalidad democrática?

Es el cumplimiento de la ley por todos frente a todos. "Democrática" quiere decir que no haya dogmatismos de la ley, que esta se cumpla por encima de todo y que si no se está de acuerdo con las leyes, se puedan reformar democráticamente.

D — Aprovechando que usted es el candidato verde, ¿Cuál es su posición frente a la sostenibilidad?

Por un lado, espero que las empresas asuman como parte de su misión la responsabilidad ambiental. Y está el tema de legalidad democrática y la seguridad jurídica. Todos tenemos que cumplir las normas. El Estado a veces da pasos atrás y es muy complejo. Lo que pasó en el Tolima con la mina de oro es un ejemplo. No conozco el detalle, pero los inversionistas están bravos porque tenían un camino previsto y les cambiaron las condiciones.

Ahora, lo doloroso es que si se sabe que el oro esta allí y no se facilita la inversión privada, la minería artesanal se mete en la zona y el daño puede ser grave también.

D — ¿Qué haría en este caso?

Primero, examinaría hasta donde el Estado se entromete en aspectos técnicos ya definidos con base en los estudios. Todo esto lo relaciono con confianza, con legalidad democrática y con la actitud ante el generador de empleo. Ni el inversionista nos debe ver como piratas asediando los procesos de inversión para sacar rentas, ni nosotros debemos ver a los inversionistas como depredadores dispuestos a tirarse todo, pero debemos estar seguros de que se cumple la ley ambiental que conocían.

D — Pero así como hay unos que van más allá de la ley, hay otros a los que no les importa incumplirla...

Pues están la presión jurídica, más la moral, más la social. Si solo hay presión jurídica, la corrupción puede hacerle un by pass al proceso jurídico. Si el inversionista es un aliado, sus escrúpulos morales y su temor a que su imagen social se dañe, más la ley, lo harían actuar bien.

D — ¿Lo afecta no contar con el apoyo mayoritario del Congreso?

La democracia deliberativa plantea que en los escenarios constituyentes, más incluso que en el Congreso, la gente puede decidir por argumentos. Los intereses se defienden con razones, pero, una vez se esgrimen las razones, se tiene que aceptar que el otro puede también esgrimir razones, y que no se puede tener una relación caprichosa con la argumentación. Cuando se acepta un argumento a favor de sí mismo, también hay que aceptar que el mismo puede ser utilizado en contra de uno.

Un Concejal me dijo después de que salí de la segunda alcaldía: "Con usted es más interesante porque la discusión es en serio." Cuando hay tráfico de contratos y puestos, la situación es otra. Así pasó con Yidis.

¿Qué significa lo de Yidis? Hay una lógica del argumento y unas normas sociales de la transacción. Es muy importante aclarar que no se va a jugar a la transacción y hay un tema de coordinación. Si se trata de repartir unos puestos y a Yidis no le dan, se arma un despelote. Uno tiene que decir: "la regla es esta".

Me preguntaron qué haría si el Congreso me declara inválido o me saca o me amenaza con hacerlo. Respondí: la amenaza, o se cumple o no. Si se cumple, ahí está Sergio Fajardo. Si no se cumple, seguimos para adelante. Las amenazas hay que administrarlas muy nítidamente, cúmplanse o no.

D — ¿Si amenaza es porque está dispuesto a cumplir?

Sí, una vez en Corabastos me amenazaron con un día más de paro. Llevaban 24 horas y yo paré la reunión y dije "me voy a arreglar lo del paro". Me dijeron: no, es solo una amenaza, no es en serio. Igual me fui y organicé la distribución de alimentos en Corferias, en el parque Simón Bolívar. Cuando regresé, ¡estaban tranquilos!

D — ¿Qué piensa del uso que algunas regiones dan a las regalías?

Los recursos públicos son sagrados. Hay algo que es casi tan grave como la ilegalidad y es la justificación social de la ilegalidad por parte de gente que ni siquiera se beneficia de ella.

D — Pero, estas son personas que piensan que lo sagrado no está en lo estatal. No tienen grabado en ninguna parte que lo público es sagrado.

Pues hay que encontrar la forma. En Estados Unidos evadir impuestos es algo penal, pero no solo penal. Hay un consenso en cuanto a qué es indebido. Aquí es al revés. Unos evaden porque otros lo hacen, porque creen que es imposible evitar que alguien no lo haga, y terminamos tolerando la evasión.

D — ¿Piensa que parte de la razón por la cual su campaña ha ganado tanta fuerza es porque la gente está cansada con la corrupción y el clientelismo?

Sí, la gente está cansada del atajo y la corrupción

D — ¿Los jóvenes, sobre todo?

Sí. En algún momento en Twitter propuse la teoría de los dos chips; el chip zanahoria y el chip corrupto, es como si necesitáramos fijar la hora cero en el computador.

D — ¿Para tener un nuevo país?

Sí.

D — ¿Usted lo siente así?

Sí, es raro. Pero aún el más corrupto del país distingue entre corrupción y no corrupción. Si un corrupto va a escoger un profesor para su hijo, tiene idea de lo que es un profesor honrado.

D — La gente se preocupa por su capacidad para gobernar el país...

La experiencia de la alcaldía es contundente. A mí me da pena invocar las tesis doctorales que hablan de eso, los estudios de Georgetown o el Banco Mundial, pero no solo no me siento flojo en gerencia pública, sino, más bien, potente. Mis equipos han sido de calidad.

D — Con usted, ¿cuál es la diferencia?

Si no se tiene legalidad democrática o un respeto fundamentado en la ley, hay cosas que no marchan. No es solo llenar esto de policías. Apenas se quitan los policías, todos vuelven a fallar.

Debe quedar claro que me están encargando. La gente tiene que saber que se expone a un proceso de cambio.

D — ¿Cómo hacer para que Colombia mejore su educación, no solo en cobertura, sino con calidad para ser competitivos?

Una de las cosas más bonitas y razonables de la familia en Colombia es el ahorro y la inversión en educación, pero todavía no hay tanta fuerza en el tema de calidad. Los padres no presionan por más calidad. Quiero repatriar profesionales. Esa gente que ya vivió en una academia de punta puede transmitir la importancia de la calidad.

D — ¿Qué podría hacer para que esta gente vuelva?

Por ejemplo, la Universidad Nacional decidió que los cargos de pensionados los llenaría solo con personas doctoradas en el exterior. Y está el tema de pertinencia. Creo que hay que estimular la aplicación del conocimiento. Existen algunos estímulos, pero pequeños.

D — ¿Es decir, premiarlos socialmente?

Sí. Otra cosa es el rechazo, heredado de lo español, a la actitud empresarial. Queremos empleo, pero no queremos a los empleadores. Ahí hay una contradicción. Hay que hacer un reconocimiento a quienes generan empleo.

D — Concluyo que si uno logra modificar los comportamientos de la gente para que forme parte de la sociedad civil y exija, uno puede sacar adelante todo lo hay que hacer: infraestructura, educación, lo fiscal...

Sí. Pero se necesita que el problema le quede claro a toda la gente, hombre, mujer, niño. Se necesitan voces con autoridad moral, que logren concertar un cronograma de ola verde. La gente está dispuesta a pedalear y tiene claro que Antanas es un pretexto para cambiar. Ve una agenda aplazada.

D — Si Antanas Mockus es presidente, ¿con quién va a gobernar?

En Colombia hay mucha gente buena, con los dos chips. Lo que uno debe decir es: venga y trabaje. Me decía mi colaboradora, vamos a jugar fútbol con jugadores de básquet. Pues sepan que ahora es fútbol.

D — Y, la pregunta obvia: ¿Quién será su Ministro de Hacienda ?

Por el momento, en economía, consultamos a Salomón Kalmanovitz.

D — Y, ¿su Ministro de Comercio?

No lo tengo claro. Pero tengo alguien muy fuerte en ciudades, alguien muy fuerte en educación y alguien muy fuerte en nutrición.

D — Y, ¿es alrededor de ellos como va a construir?

Sí, pues tienen impacto en todo. Tres millones de niños se acuestan con hambre en Colombia, son parte de una lista de cosas inaceptables que hay que enfrentar.
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