| 5/28/2010 12:00:00 AM

Energía, Bienes y servicios conexos

Los recursos que tiene Colombia en agua, carbón y gas, sumados al desarrollo y transformación del sector eléctrico y a la inversión que ha llegado de capital público y privado, abren una ventana de oportunidad para que el país se convierta en uno de los protagonistas en la región.

El país tiene 90.000 megavatios de potencial hidroeléctrico y hoy apenas ha desarrollado unos 9.000; cuenta con reservas de carbón por 7.000 millones de toneladas y hay una dinámica actividad de exploración de gas.

Además, desde hace 15 años el sector viene en un proceso de transformación que lo condujo a descentralizar el manejo de la energía, darle cabida a la inversión privada y generar unas reglas para el mercado y los inversionistas que han dado confiabilidad al sistema. Así, el país diversificó la canasta de generación de energía, al pasar de un 90% hidráulico que tenía a principios de los 90, a 66% hidráulico, 25% térmico a gas, 7% térmico a carbón y 2% con combustibles líquidos y energía eólica, según Acolgen. Este hecho ha permitido alejar los fantasmas del racionamiento de energía, mientras que países vecinos afrontan el rigor de este padecimiento.

A los jugadores tradicionales del sector, como Empresas Públicas de Medellín (EPM), la Empresa de Energía de Bogotá (EEB), el Grupo Endesa -hoy en manos de la italiana Enel-, o Isagen, se están sumando otras inversiones. Por ejemplo, Colinversiones se ha convertido en el nuevo gran jugador, más aún luego de la adquisición de EPSA. De aquí a 2018, se prevén inversiones por más de US$8.000 millones, de las cuales más del 60% se irá para grandes proyectos de generación -Ituango, Sogamoso, Quimbo, entre otros- que fueron asignados en los procesos de subasta de energía de hace un par de años.

Gracias a este potencial, el Gobierno incorporó al sector en su estrategia de transformación productiva como uno de los sectores de talla mundial que le permita llegar en 2032 a facturar en toda la cadena más de US$19.000 millones.

¿Cuál es el siguiente paso? "La principal forma de crecimiento está en la internacionalización. Este sector ha cambiado radicalmente sus intereses frente a los acuerdos de integración: ha pasado de ser un interesado solo en la atracción de inversión, a desarrollar la exportación de energía, bienes y servicios conexos y la creación de filiales eléctricas colombianas en el exterior. El mercado de Panamá es clave y uno de los más importantes para el sector porque es la entrada que tiene Colombia para exportar energía hasta México", explica Yudira Zapata, gerente del programa de transformación productiva de este sector para el Ministerio de Comercio.

En Panamá, ISA, en asocio con Etesa, puso en operación la compañía Interconexión Eléctrica Colombia-Panamá (ICP), para viabilizar, construir y operar la línea de interconexión que unirá los sistemas eléctricos de América Central y la Comunidad Andina. En 2009 finalizó el estudio de ingeniería básica y prediseño y se inició la consultoría para la estructuración y viabilidad de la interconexión.

En este punto, son varias las dificultades que la industria tendrá que superar. Según el Ministerio, el no reconocimiento de las ventas entre matriz y filial como exportación, la obligación de crear una filial para prestar servicios conexos, la existencia de requisitos adicionales a extranjeros (trato no nacional) y la inexistencia de esquemas de solución de controversias, son algunos de los factores que hoy imposibilitan la integración energética latinoamericana.

Otro de los pasos por dar es el de producir energía en un marco sostenible y ya las empresas miran estos procesos. "Estamos instalando torres de medición para desarrollos eólicos en la Guajira", anuncia Lucio Rubio, director general del Grupo Endesa en Colombia.

No obstante, el sector tiene un factor que le resta competitividad: los precios de la energía en Colombia son, según la Andi, de los más altos de la región, básicamente por el esquema tributario.

Así, en forma paralela al desarrollo en infraestructura, el sector y el Gobierno tienen que avanzar en la definición de los modelos de exportación de energía, en el tema impositivo, en la apuesta por nuevas tecnologías para la generación y en minimizar los impactos ambientales producto de los proyectos que van a entrar en operación.

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