| 4/15/2005 12:00:00 AM

Empresarios exitosos después de los 40

Es posible poner a producir la experiencia, los contactos y la capacidad personal para crear empresa en la mitad de la vida. Lo importante es hacer un análisis de los riesgos y sacudirse de prejuicios. Casos de éxito.

En 1993, Álvaro Jaramillo, entonces presidente de Avianca, tenía buenas razones para estar disgustado con Alfonso Ávila, quien había renunciado a la presidencia de Sam para montarle competencia. Hoy, ambos aparecen sonrientes al lado de Rodrigo Otoya, uno de los empresarios más destacados del Valle, en la portada de Dinero. Si en el pasado tuvieron diferencias como ejecutivos, ahora trabajan con un mismo objetivo. AeroRepública, el proyecto de Ávila, resultó un rotundo éxito y se consolidó como la segunda aerolínea más grande del país.

En 1998, Álvaro Jaramillo, quien había desarrollado una carrera brillante como ejecutivo en la presidencia de empresas como Avianca, Invercrédito y el Banco de Colombia, decidió dejar de ser empleado. Con su compañero Hernán Pérez, sin plata en el bolsillo y con una idea que venía acariciando desde hacía años, montó IQ Outsourcing, una empresa que presta servicios de backoffice a los bancos y que hoy, después de 7 años de operaciones, factura cerca de $30.000 millones, tiene 850 empleados y maneja 8 centros de operación.

Estas historias de éxito adquieren un matiz especial al considerar que cuando iniciaron sus respectivos negocios Jaramillo tenía 45 años y Ávila 51, edades en las que muchas personas descartan cualquier posibilidad de asumir riesgos sustanciales y más bien concentran sus esfuerzos en asegurar estabilidad para sus años de madurez.

Crear empresa y hacer fortuna después de los 40 años es un reto particularmente difícil; sin embargo, hay fuerzas crecientes que están llevando a más personas a considerar esa alternativa. La primera es la insatisfacción con lo que se hace. Nuestra sociedad tiene un sesgo a favor de la juventud que se agudiza cuando un cuarentón pretende hacer algo novedoso o arriesgado. Nadie diría que una persona de 40 años es vieja, pero ciertamente ya no se ve bien que se involucre en experimentos. Se supone que a esa edad el individuo debe haber adquirido la madurez necesaria para ahogar muchos impulsos, pero lo normal es que a esa edad la gente haga una evaluación de su vida e identifique focos importantes de insatisfacción. En el campo laboral, los ejecutivos de alto nivel suelen encontrar una gran piedra en su zapato, pues el éxito alcanzado esconde una frustración básica. Tienen reconocimiento, pero no tienen verdadero poder en sus empresas. El poder lo tiene el dueño, en tanto que el gerente, por brillante que sea, está obligado a plegarse a la voluntad de aquel. Así funciona el sistema.

Al cuestionamiento interno se suma un ambiente laboral que puede ser abiertamente hostil una vez que una persona pasa los 40 años de edad. "El país tiene enormes problemas para aprovechar la gente con mayor experiencia. El desempleo de ejecutivos de talla internacional es altísimo", afirma el consultor Enrique Luque Carulla. "Existe una cultura nociva de declarar la muerte económica a las personas mayores de 30", afirma Luis Fernando Molina, profesor de la facultad de administración de la Universidad de los Andes. "Muchas empresas son incongruentes. Primero, los ejecutivos les parecen muy jóvenes, pero al poco tiempo, ya están muy viejos", agrega Molina. De hecho, Colombia tiene cerca de 2'300.000 desempleados mayores a 40 años, el 38% del total nacional, según cifras del Dane.

Por otra parte, las reestructuraciones empresariales suelen dejar numerosos desempleados y quienes sobreviven en la nómina descubren que el ritmo de progreso en sus carreras se va a reducir, pues las organizaciones tienen cada vez menos niveles y menos cargos directivos a los cuales se puede aspirar y, en cambio, hay más competencia para llegar a ellos.

Como en tantas otras áreas, las ideas preconcebidas respecto a lo que pueden y no pueden hacer las personas mayores están cambiando, movidas por la fuerza de los números. En Colombia y en el mundo, la población está envejeciendo y la situación es enfrentada por millones de hombres y mujeres. Las edades de pensión siguen aumentando, de manera que a los 40 años de edad un individuo tiene enfrente aún 25 o más años de vida laboral activa (de hecho, apenas va por la mitad del camino).

En vista de lo anterior, la idea de crear empresa después de los 40 debería dejar de parecer extraña. Por el contrario, tiene bastante lógica, pues en ese momento la experiencia, la credibilidad y la energía de una persona pueden estar en el punto ideal para gestar un nuevo negocio. Dinero encontró numerosos casos de empresarios exitosos después de los 40 años. Entre las fortalezas de estas personas están la experiencia, el conocimiento de su campo, la seriedad a la hora de generar un producto, la red de contactos y las destrezas desarrolladas a la hora de conformar equipos y concretar proyectos en corto tiempo.



La fuerza

de la experiencia

José Vicente Pombo, socio de la firma Korn Ferry International, especializada en gestión del talento, cree firmemente en las ventajas de la experiencia. "Cuando se vino abajo el boom de las empresas punto.com, se entendió que para crear empresas no solo se necesita una idea y energía, sino que lo fundamental es la experiencia", afirma Pombo. "Yo, particularmente, no creo en los 'exitosos antes de los 35'. La vida profesional de un empresario o un ejecutivo es una carrera que tiene más de 50 etapas y no solo 15".

Las etapas que vienen después de los 40 años de edad pueden ser particularmente fértiles para hacer empresa. Camilo Vásquez, de la firma Career Management Consultants, CMC, sostiene que después de los 40 años se inicia un nuevo ciclo en el plan de carrera de las personas, que favorece el emprendimiento. "La gente siente que ha llegado a la mitad de su vida y se pregunta si quiere seguir viviendo esta segunda etapa en la misma forma en que vivió la primera". Aquí nace lo que Vásquez llama "infidelidad de carrera de los 40". En los 20, las personas exploran lo que quieren hacer en su vida. En los 30 identifican una carrera y la desarrollan. Pero a los 40 probablemente cambien de opinión sobre su futuro. "A esta edad, cada vez más las personas están tentadas al emprendimiento", comenta Vásquez.

Es el "segundo acto" en la vida de una persona, un momento en el cual el individuo cambia su entendimiento de la vida en una forma fundamental, bien sea por la fuerza de las circunstancias o con su fuerza de voluntad. Este replanteamiento puede llevar a grandes logros. El novelista Leon Tolstoi afirmaba que si una persona no realiza esta revisión en esta etapa, el resto de su vida será intelectualmente estéril.

En el mundo moderno, la creación de empresa puede convertirse en la forma en que la persona retoma el control sobre su propio destino, después de examinar sus valores más básicos. Esto está ocurriendo en todas partes. Un estudio del banco Barclays en Inglaterra encontró que está aumentando la fundación de empresas por personas mayores (las empresas creadas por mayores de 50 años pasaron del 10% al 15% de todas las nuevas en una década) y estos empresarios tienen características que los distinguen. Tienden a tener mayor educación que los empresarios de menor edad y también tienen mayor experiencia en cargos profesionales y administrativos en comparación con los empresarios más jóvenes, entre los que hay un mayor número de técnicos y personas que cortaron su educación en una fase relativamente temprana para dedicarse a su empresa. El estudio también encontró que estos empresarios les dedican más tiempo a las fases de preparación, incluyendo la realización de un plan de negocios y un presupuesto detallado.

Según el estudio Entrepreneurs Just Get Better With Age, del autor Tim Knox, en Estados Unidos el número de empresarios entre 45 y 64 años crecerá 15 millones el próximo año mientras que el de aquellos entre 25 y 40 años disminuirá en 4 millones. En Colombia hay indicios de una fuerte actividad por parte de estos empresarios. Mientras en el mundo el 15% de los ejecutivos que pierden el empleo monta empresa, en Colombia lo hace el 35%, según datos de CMC.



Oportunidad y riesgo

Las ventajas en términos de experiencia y capacidad se ven contrastadas por una sensibilidad al riesgo que se incrementa con la edad. A medida que pasa el tiempo, las consecuencias financieras del fracaso pueden ser mayores. Si una persona tiene una quiebra a los 30 años, sabe que tendrá muchas oportunidades más para rehacerse. Si la quiebra viene a los 47, quizás la sociedad no le dé más oportunidades. Además, las obligaciones relacionadas con familia, hijos y demás hacen que las consecuencias sean mayores.

Por otro lado, la visibilidad y la reputación de una persona, que son su gran activo después de los 40 años, también pueden convertirse en un problema para crear empresa, pues el costo de perderlos puede ser demasiado alto. Al contrario de lo que ocurre en otras culturas, nuestra actitud frente al fracaso es profundamente negativa. No se le considera una experiencia de aprendizaje, sino como una sentencia que impone un estigma social. Gregorio Restrepo, de la firma Sun Rising Investments, asegura que "socialmente, en Colombia un emprendedor es un fracasado hasta que demuestra lo contrario". De hecho, múltiples estudios comparativos han probado que las economías asiáticas son más fuertes en emprendimiento que las de América Latina, porque sus culturas valoran y respetan el fracaso. En Colombia, como lo afirma Camilo Vásquez, "todo el mundo está esperando a que usted fracase para sentirse cómodo, pues eso les da tranquilidad a todos los que no tienen valor para arriesgarse".

¿Cómo llega la oportunidad? La clave de la creación de empresa es que se presenten al mismo tiempo un evento de cambio en la vida de la persona y una oportunidad que el individuo es capaz de detectar. El evento que dispara la capacidad empresarial puede venir de múltiples frentes, desde la pérdida de los medios de vida existentes, hasta la casualidad.

La credibilidad y los contactos se convierten en un factor crítico de éxito. El ejemplo de Álvaro Jaramillo es claro en este aspecto. "Honestamente, el capital puede ser el commodity más barato del mercado", afirma. "Lo que realmente importa es la credibilidad y la gente que confía en uno". Jaramillo había identificado la necesidad de una solución eficiente para el manejo del backoffice de los bancos desde hacía años y había visto un modelo exitoso de solución cuando trabajaba en Philadelphia National Bank, luego de estudiar administración en la Universidad del Norte. Apenas se presentó la obligación de decidir sobre su carrera, pudo verificar que varios bancos colombianos habían tomado ya conciencia sobre la magnitud del problema y entendían que se trataba de un tema estratégico. Cuando Jaramillo se puso en la tarea de atraer inversionistas, logró el apoyo del grupo Sanford para su proyecto. La oportunidad apareció, pero se necesitaban experiencia y visión para reconocerla, y alta credibilidad para lograr aprovecharla.

Para Susanita Posada, en Medellín, el momento de crear empresa llegó simplemente porque no había otra alternativa. Empezó su negocio sola, en la cocina de su casa, con la única motivación de mantener a sus cuatro hijos después que su marido abandonó el hogar. Hoy dirige una exitosa compañía de alimentos con presencia nacional e internacional. Por su parte, Nicolás Echeverri nunca imaginó que desarrollaría una gran empresa. Comenzó con una máquina de coser y una idea a los 40 años, aplicando sus conocimientos en diseño, y hoy compite internacionalmente con firmas como Calvin Klein en el negocio de la ropa interior masculina.

Alfonso Ávila, fundador de AeroRepública, encontró su oportunidad cuando un grupo de inversionistas interesados en montar una empresa de aviación le ofreció la posibilidad de ser socio, por tener el perfil profesional exacto que estaban buscando. En días pasados, Ávila llevó a feliz término un proceso de negociación en el que vendió más del 80% de la aerolínea a la panameña Copa, pero seguirá dirigiendo la empresa.

Para Rafael Cuéllar, la motivación fue resistirse a la idea de quedarse en su casa sin hacer nada, después de haber trabajado por más de 20 años en el Sena en Neiva y otros tantos en Naciones Unidas en Brasil. A los 65 años, Cuéllar decidió montar el método Kumon en Colombia, un modelo de autoaprendizaje de matemáticas desarrollado en Japón. En su momento, Cuéllar tuvo que vender las propiedades que había adquirido a lo largo de su vida. El negocio despegó y hoy tiene 7.000 estudiantes en 180 sucursales en todo el país. Este éxito explica que la casa matriz de Kumon en Japón haya decidido comprarle la empresa y dejó a Cuéllar, de 77 años, y a su hijo al frente de la administración.

Frank Kanayet, colombiano de origen yugoslavo, visualizó la oportunidad a los 43 años, al darse cuenta de que las multinacionales petroleras no tenían interés en pozos por debajo de cierto tamaño. En sociedad con el chileno Manuel González, empezó a comprar pozos petroleros que no resultaban atractivos para multinacionales como Hocol o Shell. Su empresa Petrotesting explota 13 campos en todo el país, 3 de los cuales son propios. Ha producido 8 millones de barriles de petróleo con regalías para el país mayores a US$100 millones y en 2006 empezará a explotar cerca de Cimitarra tras firmar un contrato con la Agencia Nacional de Hidrocarburos. También están a la cabeza de un consorcio que acaba de ganar un contrato por US$645 millones con la Petrolera Mexicana para desarrollar un campo de gas en México, país que busca reducir las importaciones de este combustible de Estados Unidos.

William Ruiz trabajó durante 10 años en Imusa y luego 17 años más como gerente de Aluminio Munal, cuando decidió independizarse por una obsesión de crear empleo a los 50 años. Así nació Aluminios Cosmos, en Cali, una empresa que da empleo a más de 281 personas, algunos de ellos sordomudos y analfabetas, y exporta el 60% de su producción a todo el continente con ventas mayores a $10.000 millones. El fundador de Activos S.A., la compañía más grande de servicios temporales del país con más de 17.000 puestos de trabajo, inició su empresa sorprendentemente a los 60 años. Hoy tiene 77 años y está al frente de un negocio de gran impacto social.

Fernando Maddock, de 52 vaños, encontró en el mercado internacional un nicho para desarrollar empresa, su compañía Madsons y Cía. maquila brassieres de tallas grandes (38-54) para mujeres obesas en Estados Unidos, da empleo a más de 130 personas y acaba de ganar un contrato para producir entre 20.000 y 30.000 docenas semanales de medias para mujer, por lo cual ampliará su nómina en 100 empleados más. Humberto Arenas, ingeniero electricista de Bucaramanga, trabajó toda su vida para compañías multinacionales hasta que se retiró para crear una patente que permitiera almacenar energía. A los 41 años, creó Hidrocol, que previene a las empresas de los daños que ocasionan los rayos en sus sistemas. Hoy factura cerca de $2.000 millones y entre sus clientes figuran compañías como ISA y Emgesa.



Lanzarse al agua

Para montar un negocio después de los 40 años, la persona tiene que invertir tiempo para aclarar su mente y desarrollar un buen conocimiento de sí misma y tiene que responder honestamente preguntas básicas: ¿Cuento con la energía suficiente? ¿Es en realidad lo que deseo hacer en la vida? ¿Soy capaz de trabajar lo necesario para sacar adelante el proyecto? ¿Estoy dispuesto a afrontar el riesgo financiero?

El individuo tiene que estar dispuesto a arriesgar su status social. Para Juan Carlos Linares, de DBM, firma especializada en desarrollo del talento humano, "en la práctica, la parte emocional es la que más influye para un empresario adulto. Dejar a un lado el status del cargo y sus comodidades, los gastos familiares, el club y la posición de los hijos afectan duramente al emprendedor. Por otra parte, el cónyuge se puede convertir en el principal aliado o el peor enemigo del proceso", explica Linares. El apoyo del entorno familiar es fundamental. "Nuestra fortaleza es que hemos logrado crecer juntos, apoyándonos entre todos", dice Rodrigo Otoya, uno de los 11 hermanos de una familia en Cali que se propuso crecer unida hasta crear todo un conglomerado empresarial después de los 40.

Por otra parte, el ejecutivo que pasa a ser empresario también debe aceptar que no tiene todas las habilidades necesarias y debe rodearse de otras personas. Liliana Gallego, presidente de la Incubadora de Empresas de Base Tecnológica de Antioquia (IEBTA), explica que "aunque es evidente que la experiencia en los empresarios les permite poner en marchar sus proyectos en menor tiempo, estructurar planes de negocio más aterrizados y enfocar mejor los mercados, a veces se les olvida que es importante juntarse con gente joven, que conozca nuevas tecnologías y métodos, tenga menor aversión al riesgo y les imprima innovación a los proyectos". Es posible que el empresario tenga que aprender esta habilidad de confiar en otros más jóvenes, y esto puede ser difícil después de los 40 años.

Son muchos los cambios que una persona debe asumir para lanzarse a crear empresa después de los 40. Sin embargo, los ejemplos muestran que es posible lograrlo para quienes se lo proponen y están dispuestos a asumir los sacrificios necesarios. Lo primero, no obstante, es sacudirse las ideas fijas que le dicen a la gente que a los 40 años está demasiado vieja para asumir riesgos y crear cosas nuevas. Por el contrario, esta etapa puede ser la mejor para capitalizar la experiencia y desarrollar un modelo de vida capaz de dar altos beneficios y satisfacciones en la segunda mitad de la existencia.
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