| 3/1/1995 12:00:00 AM

El país trabado

Las consecuencias del narcotráfico sobre la economía del país distorsionan las relaciones de poder y penetran a toda la sociedad.

La naturaleza y magnitud de los efectos de la industria de drogas ilegales son temas centrales en la economía colombiana. Estos son temas complejos sobre los cuales existe una gran confusión, que vale la pena tratar de aclarar.



I. MAGNITUD DE LOS EFECTOS Y RELACIÓN CON LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS



Existen muchas medidas posibles del tamaño de la industria de drogas ilegales: ingresos o ventas totales, valor agregado en el territorio nacional, valor agregado recibido por colombianos, etc. El valor agregado es mejor medida que los ingresos y ventas totales, pues éstos incluyen la materia prima importada incorporada en los productos de la industria.

Existen varias estimaciones del tamaño de la industria ilegal, sujetas a un alto grado de incertidumbre. Lo más que se puede esperar de estas medidas es un orden de magnitud, puesto que la información requerida es muy incierta. Por ejemplo, para determinar el ingreso de los colombianos involucrados en el negocio es necesario saber:

1. Establecer el área de coca, amapola y marihuana cultivadas en Colombia y en los países en que los colombianos compran materia prima para su industria. 2. El rendimiento de cada cosecha. 3. El contenido de droga en los productos agrícolas y la calidad de los procesos de extracción de la droga. 4. Porcentajes de la cosecha perdidos en tránsito. 5. Cantidades de coca, bazuco,

etc. consumidos en los países productores, y los ingresos que éstos generan. 6. La proporción de la cosecha extranjera comprada por los grupos colombianos. 7. Los costos de producción de droga que incluyen costos de los productos químicos importados. 8. Costos de mercadeo relacionados con la exportación de droga (sobornos, transporte, etc.). 9. Costos de lavado de los ingresos pagados a extranjeros. Aunque ya esta lista es larga, no es exhaustiva.

Las estimaciones efectuadas colocan el valor agregado del sector de drogas ilegales en un rango muy amplio que varía entre unos US$1.000 millones y US$5.000 millones por año. Sin embargo, estas cifras no incluyen los ingresos de colombianos residentes en el extranjero que

participan en el negocio. A pesar de la diversidad de estimaciones, aun aceptando las estimaciones más bajas, no hay duda de que la importancia de la industria ilegal es grande, especialmente porque su ingreso tiende a estar concentrado, y la capacidad de ahorro e inversión de los empresarios ilegales es muy alta.

Sin embargo, la interpretación de las medidas de tamaño del sector de drogas ¡legales es compleja. Los ingresos en la industria ilegal no corresponden a los costos de los factores productivos utilizados por la industria, pues el valor agregado por ella es, en proporción importante, una remuneración al riesgo. Así, cuando un exportador ilegal exporta un kilo de cocaína por el cual ha pagado US$2.500 y lo vende en US$18.000, trae al país solamente US$2.500 para pagar los costos. Otros gastos incluyen costos de transporte y sobornos. El margen restante supe-ra los US$10.000. Este excedente no tiene por qué ser traído al país en el momento de la exportación. En principio, los empresarios ilegales traen estos ingresos al país cuando a ellos les conviene.

Los empresarios ilegales son tan racionales como otros empresarios, y responden de manera semejante a los incentivos económicos. Por consiguiente, el flujo de capitales ilegales al país depende de la coyuntura macroeconómica y el entorno internacional, es decir, de las diferencias en las tasas de interés internacionales y colombianas, y de las expectativas de devaluación en Colombia.



II. FORMAS DE ABSORCIÓN DENTRO DE LA ECONOMÍA



Para entender la forma en que el capital ilegal se absorbe dentro de la economía colombiana hay que separar los sistemas usados para traer el capital de las formas en que el capital se usa e invierte.

El capital ilegal entra al país de varias formas. Algunas veces simplemente en dólares en efectivo, que se venden a turistas o importadores. Otras veces entra en especie: contrabando. Parte también entra como parte del "contrabando legal", es decir, sub facturación de importaciones y sobrefacturación de exportaciones.

Estos canales para traer y sacar capital del país fueron desarrollados. a partir de 1931, cuando se estableció el sistema de control de cambios, y son utilizados para transferir tanto capital ilegal "legítimo" como "ilegítimo". Por consiguiente, es muy difícil diferenciar los flujos de capitales ilegales generados por la industria de las drogas de otros flujos ilegales.

En Colombia se acepta que dineros de origen ilegal se han utilizado para comprar tierras, finca raíz, automóviles, etc. En general, ha sido relativamente fácil identificar consumo e inversiones sospechosos cuando estos han sido muy grandes, o cuando sus dueños no han tenido reparo para jactarse de ellas.

Sin embargo, existe una serie muy grande de inversiones y consumos financiados por la industria ilegal que pasan desapercibidos. La legislación tributaria y su aplicación en Colombia han llevado a que la gran mayoría de los colombianos tengan capital e ingresos escondidos del Estado. En ese sentido, se puede afirmar que casi todos los colombianos han participado en actividades que "ensucian" y "lavan" capital e ingreso. Las transacciones de finca raíz presentan un ejemplo muy claro: la mayoría de estas transacciones se registran por valores muy inferiores a los reales transados. A su vez, la vivienda representa la inversión más grande de la mayoría de los colombianos.

Por consiguiente, es fácil para los actores que participan en la industria ilegal y que no han hecho en ella sumas demasiado grandes, aunque sí suficientes para vivir cómodamente en Colombia, lavarlas sin levantar sospechas muy fuertes, y sin dar bases para que el Estado pueda proceder legalmente en su contra. Estas inversiones incluyen las hechas por pilotos, abogados, consejeros financieros, químicos, importadores de productos químicos, guardaespaldas, "mulas", etc., quienes en su mayoría no son conocidos por el público. Entrevistas con algunos actores de bajo calibre de la industria confirman esta aseveración. También hay que aclarar que el consumo "lava" los ingresos de la droga, y que en este proceso participan involuntaria y voluntariamente muchos comerciantes legítimos. Esto ocurre tanto en Colombia como en otros países.

En el pasado, el gobierno ha intentado expropiar bienes asociados a los líderes de la industria. En estos casos, aunque la confiscación ha recibido mucha

cobertura de los medios de comunicación, en su gran mayoría las propiedades confiscadas han revertido a sus dueños después de un tiempo. El problema fundamental desde el punto de vista legal es simplemente que un sistema que protege la propiedad privada, y que ha tolerado durante 65 años que el sector privado evada impuestos y esconda capital, no puede diferenciar entre el capital ¡legalmente acumulado por medio de la industria de drogas ilegales del capital ilegalmente acumulado de otras formas.

Recientemente el gobierno ha seguido algunos juicios de enriquecimiento ilícito cuando ha identificado aumentos inexplicados de capital en cabeza de ciudadanos sospechosos. Sin embargo, estos juicios han sido contados, y por lo general han sido dirigidos a atacar a algunos líderes de la industria ilegal. La capacidad del Estado para seguir muchos juicios de esta naturaleza es muy pequeña. En el mejor de los casos estos juicios se utilizan como arma para atacar a empresarios individuales, pero no a la industria de drogas ilegales en general. El riesgo de expropiación para la gran mayoría de los involucrados en la industria de drogas ilegales es muy bajo. Las instituciones colombianas y los comportamientos aceptados en el país hacen muy accesible la penetración del capital ilegal.



III. LOS COMPORTAMIENTOS DE LOS EMPRESARIOS ILEGALES Y SUS EFECTOS



Los empresarios ilegales tienen patrones de comportamiento muy diferentes de los del resto de colombianos.

Los empresarios ilegales necesitan obtener protección para sus actividades. Cuando para lograrlo han buscado poder político directamente, han entrado en conflictos frontales con el establecimiento político del país, y han tenido que gastar parte importante de sus ingresos en una. guerra abierta. Otros empresarios han buscado una inserción callada al sistema, y han buscado apoyo, sin amenazar la estructura política, por lo menos en el corto plazo. Estos han tenido gastos de otra naturaleza: menos en armas, y más en inteligencia y sobornos.

Diferencias respecto a las metas de acumulación también son muy importantes. Así, si un empresario acumula uno o dos millones de dólares, y se retira del negocio para disfrutar de su riqueza (por ejemplo, un traficante de bajo calibre en los Estados Unidos), puede invertir su capital en Colombia sin mucha dificultad y pasar relativamente desapercibido. Este comportamiento no tiende a generar problemas mayores para la economía, y no es visto por el establecimiento como una amenaza. Por consiguiente, este capital es fácil de absorber en la economía, y no genera costos sociales nocivos.

Por el otro lado están aquellos que no tienen ningún interés en retirarse del negocio. Para muchos, su participación en el negocio tiene características adictivas: es lo más importante y excitante que tienen en la vida. Para ellos, la acumulación continúa mucho más allá de lo que pueden gastar durante toda su vida. En estos casos, el comportamiento no solamente contribuye a la concentración de riqueza en el país, sino que eventualmente lleva a un conflicto entre los empresarios ilegales y el establecimiento. En estos casos, el gran capital acumulado produce necesariamente un cambio en la estructura de poder del país, que coloca a los miembros del establecimiento ante el dilema de unirse a los nuevos poderes o combatirlos. Algunos se unirán, y otros los combatirán, generando un conflicto de difícil solución, especialmente si los empresarios ilegales no apelan al uso de la violencia. Es por esto que para el gobierno colombiano es relativamente fácil obtener apoyo popular y montar un ataque contra el "narcoterrorismo", pero es muy difícil hacerlo contra el "narcotráfico".

Finalmente, el efecto de diferencias en patrones de inversión y gasto han demostrado ser también muy importantes. La inversión en grandes extensiones de tierra de los dineros ilegales ha promovido una contrarreforma agraria y un alto nivel de violencia en las zonas afectadas. Esto ha llevado a un elevado conflicto entre guerrillas y grupos paramilitares. La inversión urbana de dichos fondos ha tenido efectos diversos: la inverso on en finca raíz ha generado bonanzas, pero también recesiones cuando ha terminado. La inversión en actividades comerciales e industriales pasa relativamente desapercibida.

La inversión en finca raíz tiende a no ser muy productiva para la economía en general: no conduce al cambio tecnológico y a aumentos en la productividad; genera una mentalidad especuladora que tampoco contribuye al desarrollo; los empleos generados no son permanentes, y genera ciclos económicos graves en las zonas afectadas.

En problema asociado a todas las actividades económicas ilegales es su alto nivel de violencia. Para operar la industria ilegal se requiere desarrollar sistemas informales para hacer cumplir contratos, los cuales apelan a la violencia.

Es claro que la industria de drogas ilegales no es la causa de los altos niveles de violencia en Colombia, y que de hecho, estos altos niveles han contribuido a que la industria se localice en Colombia. Sin embargo, a su vez la industria ha contribuido sustancialmente a aumentar los niveles de violencia ya anormalmente altos del país.



IV EL EFECTO GLOBAL



La industria de drogas ilegales tiene efectos negativos y positivos sobre la economía del país. Los efectos positivos son más claros que los negativos para la mayoría de los observadores, especialmente si se miran los altos ingresos de divisas generados (ello afecta negativamente a los exportadores, al presionar la revaluación del peso).

Sin embargo, hay efectos negativos importantes. Las bonanzas de productos básicos casi nunca han permitido un desarrollo económico sostenible. De hecho, se puede afirmar que en la mayoría de las ocasiones han sido una maldición que ha frenado el desarrollo. Las bonanzas en drogas ilegales son especialmente nocivas porque están asociadas a aumentos en los niveles de violencia; su ilegalidad hace que los fondos generados por ellas tengan que "lavarse", lo que lleva a que no se inviertan de manera óptima, y a que con frecuencia se disipen; promueven el desarrollo de la industria de seguridad privada, que no contribuye al bienestar nacional sino que es un sín toma de los problemas sociales; genera expectativas de grandes ganancias rápidas, lo que induce inversiones especulativas de alto riesgo.

En Colombia no ha sido posible mantener un crecimiento satisfactorio del ingreso. De hecho, durante los 30 años anteriores a 1978, año en que la droga empezó a ser importante para el país, éste creció a tasas de 5,5% por año, mientras que desde ese entonces ha crecido solamente a tasas un poco superiores a 3%. Esta caída no es fácil de explicar, pero sí es indicativa de los problemas asociados a la industria de drogas ilegales.

Otro efecto importante resulta de la magnitud de los ingresos de la industria. Como se anotó anteriormente, las estimaciones del valor de dichos ingresos varían ampliamente. Sin embargo, aun aceptando las estimaciones relativamente bajas, es claro que el impacto de la industria sobre la estructura de la propiedad del país es muy alta. Es decir, que la composición de la élite económica se ha visto y está siendo sustancialmente afectada por la industria. Este cambio de guardia es posiblemente el efecto económico más importante en el largo plazo que la industria ilegal tiene sobre el país.
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