| 3/16/1998 12:00:00 AM

El país que piden los empresarios

El empresario colombiano del nuevo siglo ha cambiado de prioridades y preferencias. Los temas públicos ahora forman parte de su agenda diaria.

En los años 70 los empresarios se sentían el centro del universo: el mundo estaba a sus pies y el Estado a su servicio. En los 80, en cambio, se dedicaron a afianzar su posición económica individual. Las utilidades eran la única vara para medir la gestión. Pero en los 90 surgió un empresario diferente. El compromiso de hoy no es sólo con la empresa, sino también con el país.



Esto fue lo que descubrió Dinero a partir de una encuesta realizada por Invamer Gallup a 100 empresarios escogidos al azar, entre los gerentes de las 2.000 empresas más importantes del país. El empresario de hoy no está dispuesto a tolerar más el status quo en lo político ni en lo social y, como nunca antes, quiere involucrarse en temas públicos.



Claro está que este cambio en el comportamiento de los empresarios es consistente con la transformación del país no sólo desde el punto de vista económico, con la apertura, sino también en lo social. Colombia es hoy un país más convulsionado, en el cual el problema de orden público dejó de ser un tema reservado al gobierno y se convirtió en parte de la agenda de todos los colombianos.



Por el lado económico, en los años anteriores a la apertura económica la competencia para los empresarios colombianos era prácticamente inexistente y las variables macro poco importaban, ya que Colombia se consideraba un país económicamente estable. Había una percepción diferente acerca de los políticos y de las instituciones. En el mundo de entonces el acceso a información privilegiada y a contactos claves eran un activo indispensable para el éxito. Hoy en día, la globalización y la competencia que de ella se deriva han dado lugar a un empresario diferente, mejor educado y mucho más crítico.



El nuevo siglo empezará con un empresario proactivo que ha entendido la importancia del cambio. Un empresario cuya acción no se limita a los linderos de su empresa sino que va más allá y se involucra, como no lo hacía hace mucho tiempo, con los problemas públicos.



Filosofía: "¡No más intervención!"



Contrario a lo que aún se oye en algunos foros económicos y a lo que quieren hacer creer algunos políticos que juegan al populismo, los empresarios de los 90 están perfectamente identificados con la apertura económica y no le temen a la competencia. Un 33% tiene como su principal competidor a una empresa extranjera y más del 44% asegura haberse beneficiado de la apertura. No obstante, aunque el 97% está de acuerdo con la apertura, un 57% preferiría que ésta fuera selectiva.



El 83% de los empresarios considera que, a la hora de hacer negocios, el gobierno, antes que ayudar, entorpece. Por tanto, prefieren que haya menos intervención y más libre juego del mercado. Un 87% de los empresarios, en especial los más jóvenes, considera que la carga tributaria es excesivamente alta.



El 95% de los empresarios entrevistados considera que las privatizaciones deben continuar y hacen énfasis en que éstas deben concentrarse en los servicios públicos, sobre todo en telecomunicaciones y energía, así como en infraestructura.



La empresa y su entorno



Los empresarios consideran que el actual clima de inversión no es muy favorable, así como tampoco lo son sus oportunidades personales. La tercera parte de los empresarios entrevistados se iría del país, si tuviera la oportunidad de hacerlo. Este sentimiento es más fuerte en los jóvenes.



Los factores que impiden el crecimiento de sus empresas tienen que ver sobre todo con problemas institucionales, de seguridad, inestabilidad política, tramitomanía, corrupción e incertidumbre legal. Los más jóvenes son más enfáticos en que la corrupción en el sector público es otro factor que afecta el desempeño de sus empresas. Las preocupaciones económicas, aunque son importantes, ocupan un segundo lugar y tienen que ver sobre todo con el nivel de los impuestos, el costo del dinero, la inflación y el tipo de cambio.



Desde el punto de vista del poder económico, hay consenso entre los empresarios en que el poder debe estar concentrado en menos personas, es decir, están de acuerdo en que el poder de los cacaos se reduzca. Un 77% considera que éste es excesivo. La crítica al poder político de los cacaos va paralela, paradójicamente, a una admiración por su desempeño como empresarios.



Entre los empresarios más admirados figuran en primer lugar Carlos Ardila Lülle y Luis Carlos Sarmiento Angulo. Sin embargo, esta preferencia no es igual entre hombres y mujeres. Mientras que para éstas el personaje más admirado es Luis Carlos Sarmiento, Carlos Ardila lo es para los hombres. Hay además grandes diferencias entre ciudades, sectores y grupos de edad. En Bogotá y en el sector financiero, Sarmiento ocupa el primer lugar, mientras que en Cali y en el sector industrial Ardila Lülle es el empresario más admirado. Por otro lado, Nicanor Restrepo ocupa la primera posición en Medellín y en el sector de los servicios, en tanto que Julio Mario Santo Domingo es el más admirado por los barranquilleros.



La admiración por estas personas, sin embargo, no es lo misma entre distintas generaciones. Cuanto más joven es el empresario, menos admiración siente por los "cacaos". Para este grupo surgen nuevas figuras en el mundo empresarial que merecen ser destacadas, como Jacky Goldstein, Jorge Londoño Saldarriaga y J. Mario Aristizábal.



Políticos out



En los temas políticos, los empresarios de hoy son bastante duros. No sienten ningún aprecio por los profesionales de la política y el 91,5% de ellos ve a los políticos como personas que dificultan el desarrollo del país. Un 60% quisiera ver el Congreso cerrado. Hay un alto consenso entre los empresarios acerca de la necesidad de reformar además, la Justicia, las Fuerzas Militares y los ministerios sociales.



El 92% de los empresarios no está conforme con la situación del país y considera que debería participar más activamente en la solución de los problemas públicos.



El 54% se siente insatisfecho con la evolución de sus negocios durante el gobierno de Samper. Un 27% dijo estar satisfecho.



La prioridad, el país



De todas las respuestas de los empresarios a la encuesta de Dinero, quizás las más representativas y en las que quisiéramos hacer el mayor énfasis son las que tienen que ver con el orden público y el logro de la paz. Definitivamente, éstas son las prioridades de los empresarios. Este resultado coincide con el trabajo que ya están realizando grupos como "Empresarios por la Paz", y con la Agenda Empresarial por Colombia, elaborada por el Consejo Gremial, en la cual la prioridad de los empresarios es el logro de la Paz y la Convivencia.



En este tema los empresarios más jóvenes se mostraron mucho más radicales que los mayores. Un 73% de los menores de 35 estuvo de acuerdo en la que la solución para acabar con la guerrilla era debilitarla militarmente, para luego sí negociar con ella. Este porcentaje se redujo al 51% en el grupo de empresarios entre 35 y 49 años y al 21% en el de mayores de 50.



Las respuestas a las preguntas sobre cuánto estarían dispuestos a ceder de las utilidades de sus empresas y de su propio bolsillo para lograr la paz fueron también bastante contundentes. Los entrevistados contestaron que estarían dispuestos a ceder un 20% de las utilidades de su empresa y un 15% de sus recursos propios para el logro de la paz.



La segunda prioridad desde el punto de vista de los entrevistados es la educación, aunque este punto es mucho más importante entre las mujeres.



En el tema de la generación de empleo las respuestas de los empresarios no fueron muy innovadoras, pues el 47% estuvo de acuerdo en que la solución es el crecimiento económico, mientras un 37% dijo que hay que crear reglas de juego estables. Es curioso que sólo un 13% estuvo de acuerdo en que había que reformar la legislación laboral y únicamente un 2% en que la solución consistía en reducir los salarios y los costos laborales.



El colombiano frente a otros países



Al comparar los resultados de la encuesta de Dinero con los obtenidos por encuestas similares en otros países latinoamericanos, se ve que el empresario colombiano está mucho más preocupado con los problemas de inseguridad, corrupción y macroeconómicos, que con el tema de las reformas comerciales y laborales. A la vez, está medianamente preocupado por la infraestructura.



El ordenamiento de los problemas para el empresario colombiano es diferente al de sus colegas latinamericanos. El crimen es el más importante, le siguen los altos impuestos y la tramitomanía que lleva a la corrupción y, por último, la carencia de infraestructura. En los demás países la corrupción se percibe como el principal problema, seguido por la infraestructura y luego el crimen. En esos países, la tramitomanía es la última de las preocupaciones.



Ahora, cuando se agita el debate y los candidatos ajustan sus propuestas, la encuesta de Dinero revela que los empresarios aceptan que el éxito industrial sólo puede darse en un país más abierto a la competencia. Más que con protección o privilegios, las empresas se desarrollarán con reglas estables, cualesquiera que ellas sean.



Los ejecutivos están convencidos de que menos impuestos y más inversión en educación son la base de empresas más competitivas y que ellas prosperarán en un ambiente de paz y seguridad. Para lograr la pacificación de Colombia, están dispuestos a participar activamente y a no dejar el diseño de las soluciones en manos de los políticos. En definitiva, los empresarios quieren más país.
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