| 5/11/2011 12:00:00 AM

El efecto Bin Laden

La muerte del terrorista más buscado del mundo podría ser el empujoncito final para la aprobación del TLC entre Colombia y Estados Unidos. Análisis de Dinero.

Hace pocas semanas, el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos estaba, literalmente, abandonado en el cuarto de San Alejo. Era visto como el gran fracaso no declarado de la política comercial colombiana. En el último mes, sin embargo, no solamente el TLC resucitó, sino que se están tomando decisiones a toda velocidad. La votación en el Congreso de Estados Unidos podría iniciarse en el término de dos meses, en agosto próximo. ¿Estamos listos para lo que viene?

Sorprendentemente, incluso la operación militar que dio de baja a Osama Bin Laden actúa a favor del TLC con Colombia, porque fortalece al presidente Barack Obama entre los electores del centro del espectro político y le permite alejarse de los grupos más proteccionistas entre los demócratas. La agenda de la recuperación económica es una pieza central en la campaña de Obama para la reelección, y la firma de los tratados de libre comercio pendientes (entre los que figura el de Colombia) tiene un papel vital en ese contexto.

Lo cierto es que la actitud de Estados Unidos cambió. El pasado miércoles 4 de mayo, el secretario de Comercio de los Estados Unidos, Gary Locke, anunció que el gobierno Obama está listo para iniciar las discusiones técnicas preliminares; el primer paso para que, antes de dos meses, el Congreso de ese país inicie la votación. En agosto próximo, Colombia y su principal socio comercial podrían tener un TLC, luego de cinco años de claustrofóbica espera.

No obstante, esta reactivación del proceso está generando fuerte nerviosismo entre los empresarios colombianos. En los cinco años transcurridos desde que nuestro Congreso aprobó el acuerdo, el país no avanzó en su competitividad, sino, por el contrario, retrocedió en varios temas críticos. La construcción de infraestructura cayó en un marasmo y la calidad de las instituciones se deterioró ante el avance de la corrupción. Basta ver el estado de las carreteras y el desastre de Agro Ingreso Seguro, un programa para mejorar la competitividad del campo ante la proximidad del TLC.

Por otro lado, algunos compromisos que adquirió el país recientemente en materia laboral como condición para la firma del TLC son espinosos para algunos sectores. El anuncio de castigos penales para quienes se opongan a la formación de sindicatos, por ejemplo, ha sido recibido con sorpresa y abierto temor por los empresarios, quienes están a la espera de los textos con las medidas.

Bin Laden y el nuevo Obama

Para el presidente Barack Obama, es vital asegurar su posición en el centro del espectro político antes de que termine este año, si quiere ganar las elecciones de 2012. Los candidatos republicanos que se han lanzado al ruedo hasta ahora (Sarah Palin, Donald Trump, Ron Paul, por ejemplo) son radicales en sus posiciones y generan muchas dudas entre los votantes de centro. Si Obama se toma el centro, sus probabilidades de éxito se incrementarán sustancialmente, pero tiene que actuar rápido, tomando ventaja mientras los republicanos se ocupan de decantar su abanico de candidatos.

La operación militar que culminó en la muerte de Osama Bin Laden tiene un impacto altamente favorable para Obama dentro de estos planes. Despejó dudas en muchos electores respecto a su capacidad para tomar decisiones difíciles en momentos críticos. No es un asunto menor, pues a muchos les parecía de mano suave a la hora de garantizar la seguridad de los norteamericanos.

Antes de la muerte de Bin Laden, los norteamericanos no sabían qué esperar de Obama en la lucha contra el terrorismo. Javier Solana, ex director de la diplomacia de la Unión Europea y ex secretario general de la Otan, resumió el cambio de esta manera: “Hoy se sabe que el presidente de Estados Unidos toma las decisiones que hay que tomar, que está al pie del cañón”. Las encuestas lo confirman, pues la popularidad de Obama subió 11 puntos, la más alta en los últimos dos años.

Este cambio en la popularidad del Presidente tiene grandes consecuencias en la agenda económica de Estados Unidos. Le permite abrir un nuevo espacio para temas  tales como la apretada situación fiscal y la urgente  recuperación económica, donde los acuerdos comerciales juegan un rol preponderante. Si la estrategia de recuperación de Estados Unidos se basa en el dólar débil, los acuerdos de libre comercio son una pieza fundamental. Obama va a aprovechar su fortaleza política para defender una agenda legislativa en temas económicos y todo indica que los TLC tendrán prioridad.

La debilidad económica en Estados Unidos es evidente: el desempleo ronda el 9%, el déficit fiscal llega a 11% del PIB y el déficit comercial va en US$470.000 millones (con tendencia al alza); así, el crecimiento de las exportaciones es un objetivo clave. Los tratados comerciales pendientes abren grandes oportunidades para el sector agrícola de Estados Unidos. Como lo expresó el director del Consejo Estadounidense de Cereales, Terry Vinduska, “Colombia, Panamá y Corea del Sur son mercados estratégicos con un potencial de crecimiento excepcional para los granos y sus derivados”.

Así, llegamos a una situación exactamente inversa a la que se tenía hace apenas unos meses. Hoy, la posibilidad de que el TLC se hunda en el Congreso de Estados Unidos es mínima. En su camino hacia la reelección, Obama no se puede dar ahora el lujo de fracasar en el Congreso. Fortalecido en el frente de la seguridad nacional y encaminado a posicionarse como un presidente atractivo para el centro, preocupado por el crecimiento económico y decidido a contrarrestar la pérdida de mercados que ha sufrido Estados Unidos por su retraso en la aprobación de los acuerdos (ver recuadro www.dinero.com), Obama tiene el viento a su favor en esta iniciativa.

Lo que viene para colombia
El presidente Santos buscó desde su llegada al gobierno la reactivación del proceso del TLC en Estados Unidos. De hecho, desde la victoria de los republicanos en las elecciones legislativas de noviembre de 2010, el gobierno colombiano redobló los esfuerzos. Acudiendo a los amigos de Colombia en el Congreso norteamericano, logró convencer a numerosos legisladores de que las cosas habían cambiado en temas clave como los derechos humanos y la protección del sindicalismo y que el TLC era no solo una necesidad sino un acto de justicia.

La movida más agresiva en esta estrategia fue su decisión de viajar a Washington el pasado 7 de abril para impulsar el tratado. A esas alturas, era una de las pocas cosas que quedaban por hacer. Allí, Santos se comprometió con una amplia agenda laboral de protección a los sindicalistas y trabajadores.Todos estos esfuerzos han dado fruto, como lo demuestra el anuncio del secretario de Comercio, Gary Locke, sobre el inicio de las discusiones.

Sin embargo, la diligencia en la diplomacia comercial no sustituye lo que se ha dejado de avanzar en una agenda de competitividad; desde ese punto de vista, la noticia nos tomó por sorpresa. Si todo sale como está planeado, en dos años tendremos TLC vigente con Estados Unidos. Es legítimo preguntarse si en ese momento las carreteras que hoy están por reconstruir debido a la ola invernal ya estarán terminadas y si la infraestructura aeroportuaria, que ya está en su límite, podría aguantar una expansión adicional del comercio internacional.

El sector agrícola puede ser un ejemplo de la incertidumbre que reina hoy. La política de fomento conocida como Agro Ingreso Seguro (AIS) terminó tristemente su historia en medio de escándalos de corrupción. Ahora acaba de ser relanzada como Desarrollo Rural con Equidad (DRE). Todavía no es claro si ese esquema va a servir para que sectores clave como arroz, maíz, papa o frutas queden listos para competir. De hecho, los avicultores, cuya suerte podría estar seriamente comprometida por el TLC, ya se quejaron porque el DRE los dejó prácticamente por fuera de las ayudas.

El presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Rafael Mejía, aseguró que al sector privado lo han dejado solo. Adicionalmente, afirmó que el país no ha fortalecido instituciones clave como el ICA y Corpoica. “En ciencia, tecnología, innovación e investigación el Gobierno ha puesto cero”, aseguró.

El diablo en los detalles
La reactivación del TLC en Estados Unidos implica que habrá que correr para ajustar una gran cantidad de puntos pedientes. El Congreso de Colombia aprobó un texto del acuerdo y el gobierno del presidente Santos ha dicho que ese texto no está abierto a discusiones. Sin embargo, en la práctica, la puesta en marcha del tratado implica precisar temas que están abiertos.

El presidente de la Federación de Nacional de Avicultores de Colombia (Fenavi), Jorge Enrique Bedoya, explicó que el del TLC es un texto muy complejo y que en muchas cosas, “el diablo estará en los detalles”, afirma, “porque todavía queda la implementación que tomará al menos 18 meses. Allí habrá cosas clave por resolver”.
 
El tema laboral es quizás el ejemplo más visible. El país se comprometió a castigar con cárcel a quienes atenten contra el derecho de asociación. La medida está lista para su último debate legislativo. Esto tiene con los pelos de punta a los empleadores, porque una de sus cláusulas afirma que quien promueva pactos colectivos que afecten las convenciones con los sindicatos deberá ir a la cárcel. A los críticos de la norma les preocupa que los gerentes de las empresas queden expuestos a prisión solo porque tomen medidas desfavorables para los sindicatos.

El ministro de Comercio, Industria y Turismo, Sergio Díaz Granados, reconoció que “una vez se apruebe el TLC, viene la fase de implementación, que es el proceso de perfeccionar una serie de obligaciones que hemos incorporado para tenerlo en funcionamiento”.
Ese proceso puede durar 18 meses, tal como ocurrió con Perú. “Hay algunas reformas que ya Colombia ha adelantado, por ejemplo el registro de marcas y patentes a través del Protocolo de Madrid, algo que ya está muy avanzado en el Congreso colombiano. Pero hay reformas que deben hacerse en la medida en que el país va poniendo los tratados en funcionamiento; por ejemplo, las reformas del Invima y del ICA”.

En total, quedan pendientes más de 50 compromisos, entre decretos, leyes y ajustes institucionales, sin contar con las cosas que hay que hacer para poner a tono la infraestructura (ver recuadro).

Siempre se supo que la implementación del TLC exigiría continuar ajustando las normas y las instituciones relacionadas con el comercio exterior colombiano. Sin embargo, como en la práctica el tratado entró en hibernación casi tan pronto como su texto fue aprobado por el Congreso de Colombia, no volvimos a pensar en el tema.

Ahora, cuando el TLC se vuelve inminente, es indispensable que el país dé prioridad a las decisiones necesarias para enfrentar esta nueva realidad. La apuesta por el libre comercio es acertada, pero para salir adelante en ella es indispensable el respaldo de una infraestructura de transporte e investigación para la competitividad y un ajuste institucional de las entidades que tienen que ver con estos temas. Las realidades políticas imponen una velocidad de cambio para la cual no parecemos preparados. Hoy, cuando el tratado va a ser aprobado, vuelven a quedar sobre el tapete los mismos temas de siempre. Pareciera que en estos últimos cinco años la historia se hubiera congelado.

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