| 8/15/2008 12:00:00 AM

El compromiso global

Desde 2007 se consolidó en el mundo entero la necesidad de tomar acciones frente al calentamiento global, el consenso de que el hombre es el causante de cambio en el medio ambiente prendió las alarmas.

Las discusiones en torno a las consecuencias ambientales del cambio climático no son nuevas. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés), la máxima autoridad en la materia, cumple 20 años de existencia a finales de este mes. Lo reciente es el consenso de los científicos mundiales reunidos por este organismo de determinar que los actuales aumentos de temperatura son una consecuencia directa de la actividad humana.

 

Este es el resultado de más de diez años de investigación y de varios reportes que aportaban evidencia en esta dirección, que dieron origen al contundente reporte de 2007 y que llevaron al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático a ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz en ese mismo año. Adicionalmente, tres meses antes de conocerse este reporte, la comunidad académica ya había sido convulsionada por la aparición del “Stern Review on the Economics of Climate Change”, un extenso reporte elaborado por Lord Stern of Brentford por solicitud del gobierno británico, en el que se discute el efecto del cambio climático en la economía global.


La evidencia presentada en estos dos textos permitió dejar de lado las discusiones científicas sobre el calentamiento global como las que expone el reconocido investigador Bjorn Lomborg en su libro de 1998 “The Skeptical Environmentalist: Measuring the Real State of The World”, declarando que este es un fenómeno inevitable e inherente al desarrollo natural del planeta. El cambio climático dejó de ser una discusión científica que buscaba culpables y pasó a ser una realidad de la política mundial.


Aunque el mundo ya había mostrado su preocupación en el tema, desde la adopción del protocolo de Kyoto en diciembre de 1997 y de exigir su obligatorio cumplimiento para 55 países a partir de febrero de 2005, hubo que esperar esta nueva evidencia para que se motivaran masivamente los países a participar en este compromiso, llegando así a que en 2008 el Protocolo esté ratificado por 181 países y por la Unión Europea en conjunto.

 

Estados Unidos es el único país desarrollado que a la fecha continúa sin adoptarlo a pesar de producir el 15% de las emisiones del mundo, hasta 2006 argumentaba que duda que el efecto invernadero fuese causado por el hombre. Sin embargo, actualmente hay un cambio de postura, dada principalmente a raíz del huracán Katrina.


Otra muestra de los cambios que se vienen presentando desde 2007, fue la inclusión del tema en la reunión anual del Foro Económico Mundial después de 36 años de reuniones, ocasión en la que se insistió en la necesidad de reducir las emisiones de CO2 de forma global. Así mismo, la reunión de los países del G8 que tuvo lugar hace un mes, giró en torno al tema del cambio climático y se mostró que las actuaciones y recomendaciones de los líderes mundiales son cada vez más incluyentes, tal es el caso del presidente Bush, quien anunció que cualquier tipo de acuerdo al que se llegara dependería de la participación de China e India, países que al cierre del evento no apoyaron la iniciativa del Grupo de los Ocho de reducir a la mitad sus emisiones de carbón antes de 2050.


En este momento el mundo está más consciente que nunca de la importancia de tomar medidas para reducir las emisiones de CO2, como se ve reflejado en la proliferación de compromisos de los diferentes países (ver recuadro en dinero.com), y con acciones decisivas de política que incluyen en algunos casos la creación de ministerios exclusivos para el tema de cambio climático, como es el caso de Australia y Nueva Zelanda, entre otros, y en muchos otros la designación de viceministerios o dependencias especiales dedicadas enteramente al tema.


Esto no es solo el resultado de la investigación científica, también han contribuido considerablemente los altos precios del petróleo, los temores de un desabastecimiento de alimentos y de agua, y las alertas que ha prendido el medio ambiente con eventos extremos como las tragedias del huracán Katrina (2005) y los devastadores ciclones en Bangladesh (2007) y en Birmania (2008).

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