| 10/1/1995 12:00:00 AM

El caballero repite

Un día de 1990 se dio en Nueva York el encuentro de un americano y un colombiano, que marcó el principio de un gran negocio. El americano, Arthur Calcagnini III, dueño de la firma comercializadora internacional Lombard & Co. Inc., quedó sorprendido por el drama del colombiano, un hombre de finas maneras, quien le acababa de relatar que se había convertido en perseguido político por no respaldar al candidato que ganó en las elecciones de Colombia en 1982, Por esa causa, sus compañías le habían sido expropiadas por el gobierno.

Calcagnini recordó entonces las historias de su abuelo, Arthur Calcagnini I, quien cuarenta años antes había fundado Lombard & Co., como una de las más grandes compañías azucareras de Cuba, pero que con la revolución había sido expropiada. Ante la coincidencia de circunstancias, Calcagnini invitó al colombiano, más conocido como Germán de la Roche, para que se vinculara a su empresa que comercializaba azúcar, café, cacao, arroz y harina de pescado.

De la Roche recordó tiempos pasados durante los cuales importaba du- raznos y exportaba melo

nes, y se inició en Lombard haciendo negocios a destajo. Presentaba posibles operaciones de compraventa que le eran autorizadas por el staff directivo de la empresa. Su sagacidad y movilidad encantaron a los Calcagnini, a quienes pidió mayor presencia en sus negocios. En otras palabras solicitó un título. En abril de 1991 fue designado vicepresidente ejecutivo y a comienzos de 1992 asumió como presidente.

Durante tres años todo marchó viento en popa. Los negocios con azúcar colombiano eran, por ejemplo, un gran filón para Lombard. Pero a finales de 1994 llevó tres barcos cargados de arroz a Brasil en lo que se constituyó en el más grande fiasco comercial que haya tenido la compañía. Vendió arroz al detal como en mercado persa y no tuvo en cuenta los costos de impuestos ni demás del negocio.

Después se descubrió que sus habilidades mercantiles eran una farsa. Que adulteraba la contabilidad ocultando pérdidas y los bancos comenzaron a exigir créditos inconsultos respaldados con embarques de productos inexistentes. Así las cosas, el 16 de enero de 1995 concluyó la luna de miel.

De la Roche renunció en medio de acusaciones de los dueños de la compañía y hoy enfrenta al menos dos causas judiciales en juzgados neoyorquinos: una por no devolver un millón de dólares que le prestó la compañía, y otra por

malutilizar los fondos de la empresa y mentir en sus estados financieros, lo que originó pérdidas por más US$10 millones.

ero la cosa no paró ahí. De la Roche se fue a Perú en donde abordo de una limousine alquilada visitó a los clientes de Lombard invitándolos a cambiar de vendedor y pasarse a sus nuevos proveedores. Desacreditó la calidad cíe la azúcar colombiana cíe tal manera que Lombard se vio obligada a llevar al Valle del Cauca a los peruanos para mostrarles la magnitud de los ingenios nacionales.

Después de esos sucesos los Calcagnini empezaron a averiguar sobre De la Roche y supieron cíe sus andanzas en el mundillo financiero colombiano. Descubrieron que había huido del país en noviembre de 1982 después de que la Superintendencia Bancaria había decidido intervenir su empresa, la Central Financiera, un centro de irregularidades (autopréstamos y concentra-

ción de créditos, entre otras cosas) muy de moda por la época.

De la Roche y sus hermanos manejaban el miniconglomerado Central, compuesto por cinco empresas de bolsillo, Central Factoring, Central Leasing, Compañía Inmobiliaria Roche Limitada, C.I. Colplan y Central Financiera, eran accionistas de Tejidos Unica, y habían sido propietarios del Banco de Caldas y de Seguros Atlas.

Cuando el ingeniero de la Roche huyó, dejó acéfalas a sus empresas y las autoridades descubrieron un carrusel de la felicidad en que las empresas del Grupo Central se autoprestaban para adquirir acciones de compañías como Seguros Atlas y todas las operaciones crediticias las hacían usando norrmbres de personas inexistentes o simplemente de sus empleados, socios o empresas del conglomerado.

Al final de cuentas, los activos nunca alcanzaron para cubrir los pasivos. Aun hoy no ha terminado la liquidación del fallido grupo y cuatro empresas fueron declaradas en quiebra. El ocho de septiembre de 1989 el juzgado noveno penal del circuito condenó a De la Roche a pena de prisión de 27 meses como autor del delito de abuso de confianza. Nunca se hizo efectiva y ya prescribió.

Actualmente avanza otro proceso por estafa en el juzgado segundo penal del circuito de Bogotá (incluía falsedad pero prescribió). Allí están acumulados procesos que pasaron por los juzgados 28, 45, 5, 59, 65, 77 y 91 de instrucción criminal, 21 y 51 superior y tercero y segundo penal del circuito. Hace cinco años se intenta realizar la audiencia pública, pero como hay varios implicados, un nuevo intento falló a principios de septiembre porque no se presentaron todos los defensores. Prescribe en julio de 1997 y el delito da de uno a 10 años de prisión.

Desde que huyó de Colombia en su avión privado en 1982, De la Roche recorrió Las Bahamas, Venezuela y luego se estableció en Coral Gables. Trabaja actualmente en la firma Global Merchant, compañía comercializadora de la que es socio con tailandeses.

Vive en un exclusivo apartamento en Central Park South, en la quinta con 59, a una cuadra del Hotel Plaza, y sus desplazamientos los realiza siempre en limousine, como buen caballero de industria que se considera.
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