| 10/1/1995 12:00:00 AM

El águila regresó a su nido

Corren las primeras horas del Año Nuevo de 1994 y una veintena de personas trabaja febrilmente llenando papeles a máquina y luego sometiéndolos a añejamiento con retoques con papel carbón, arrugándolos y finalmente dejándolos el mayor tiempo posible a los rayos del sol. "Tenemos que dejar todo esto vuelto mierda", gritaba repetidamente Orlando Paipa. Una vez culminado el trabajo abren los grifos de los baños cercanos y permiten que el gran archivo sea inundado.

Queman rollos de microfilmación, lo mismo que cientos de custodias que amparaban operaciones internacionales. Todo sucedía en el archivo de la Corporación Financiera Granfinanciera, situada en Puente Aranda, al suroccidente de Bogotá. Mientras tanto en los garajes subterráneos del edificio San Martín, de la calle 32 con carrera sexta de la capital, ejecutivos del Banco de Colombia escondían documentos tras paredes recién construidas, que luego eran selladas por obreros que trabajan febrilmente. Cuando funcionarios de las

superintendencias Bancaria y de Control de Cambios llegaron a buscar pruebas encontraron un desastre en Granfinanciera y casi que ningún papel en el Banco de Colombia. Trataban de desenredar uno de los descalabros financieros más grandes de la historia de Colombia el del Grupo Grancolombiano. El conglomerado más poderoso del país acababa de quedar acéfalo. Integrado por unas 170 empresas, entre ellas las más grandes del sistema financiero, era manejado por Jaime Michelsen Uribe, el hombre más poderoso de Colombia hasta esos momentos, el "Rockefeller" colombiano.

Sin embargo, su poderío estaba sustentado sobre bases de papel. Las autoridades no sólo habían des

Ccubierto que los directivos del grupo financiero habían incurrido en autopréstamos y muchas otras operaciones que vulneraban la credibilidad del público y habían socavado la fortaleza del Banco de Colombia, su insignia, sino que durante al menos una década el imperio se había montado sobre deudas y créditos que nunca se habían pagado. ontrovertido y admirado, amado y odiado, Michelsen había sido removido de la presidencia del banco por las autoridades, por los delitos que se habían puesto al descubierto, pues desde 1982 los autopréstamos y el uso indebido de los dineros del público eran castigados con cárcel. Sin embargo, el 31 de diciembre de 1993, a las '10 y 15 de la mañana, huyó a Miami.

Nacido en Bogotá el 25 de marzo de 1930, Michelsen Uribe se había iniciado a finales de los años 50 como empleado de una aseguradora y a mediados de los años 60 estaba quebrado con Su Aseguradora Grancolombiana. Por esos días

apareció el libro "La mafia del seguro" en el que lo denunciaban como el culpable del descalabro de Seguros Alas, especializada en seguros de vuelo. Sin embargo, la salvación le llegó por el lado del Banco Grancolombiano y de Graninversión, una administradora de fondos de inversión a donde acudían viudas, pensionadas y ancianos.

En agosto cíe 1969 fusionó Su Banco Grancolombiano con el prestigioso Banco de Colombia. Esa operación y un intercambio de acciones que realizó con el Grupo Bolívar le significó asumir la presidencia del Colombia. "De quebrado pasé a ser pulpo y de pulpo a águila", reconocería una década después. Sacó la filial del banco en Panamá de la vigilancia de las autoridades colombianas y comenzó a exprimirla intensamente.

En 1985 el Grupo Grancolombiano le debía US$170 millones a la filial del Banco de Colombia Panamá

y el Banco de Colombia daba como pérdida o de muy remota recuperación US$210 millones. El banco y las principales financieras del Grupo fueron nacionalizaclas. Michelsen Uribe fue detenido el 30 de mayo de 1989 -a su regreso a Colombia después de permanecer 5 años fugitivo en Panamá-, acusado por los delitos de abuso de confianza y autopréstamos.

n controvertida decisión fue dejado libre en diciembre (le 1989. Volvió a huir a Panamá. Pero desde comienzos de este año sus abogados pretenden que le den su casa por cárcel o que le posterguen su condena, debido a que sufre de cáncer estomacal.

Las autoridades judiciales se han negado a darle un tratamiento que muchos califican como preferencial que pidieron ilustres personalidades en una carta en diciembre pasado. Consideran que debe pagar los 19 meses que le restan de su condena. Desde marzo pasado viaja furtivamente entre su finca "La Ramada" en Villa de Leiva a Bogotá, regularmente, con el fin de someterse a tratamientos en las clínicas Santa Fe y Country.
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