| 10/8/1999 12:00:00 AM

El 2000 año de la transición

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y el fin de la banda cambiaria marcan un cambio de rumbo. Si el gobierno no comete grandes errores y si los empresarios saben aprovechar el momento, la economía colombiana va a crecer. La recuperación comenzaría a mediados del año 2000.

Así como 1999 ha sido el año más malo en la historia económica del siglo XX, el mes de septiembre (sí, el 9-99) será recordado como el momento en que la economía encontró un nuevo rumbo. Con la llegada del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la desaparición de la banda cambiaria se pone término a uno de los períodos más difíciles de la historia económica del país y se abre la perspectiva de una economía estabilizada y con posibilidades de crecimiento. Si las decisiones públicas siguen el camino trazado y si los empresarios toman sus decisiones aprovechando el nuevo entorno, Colombia va a volver a crecer.



Lo que está ocurriendo se puede sintetizar así: hemos pasado de un ambiente en el cual la toma de decisiones empresariales estaba prácticamente paralizada por la incertidumbre, a otro en el cual es posible tomar decisiones acertadas si se tiene un adecuado manejo del riesgo. Incertidumbre y riesgo son cosas bien diferentes. En un entorno como el que vivió Colombia entre 1998 y los primeros 9 meses de 1999, la velocidad a la que avanzó la crisis y la inconsistencia del manejo económico conformaron un ambiente en el cual la sorpresa era el escenario básico. El horizonte de la planeación empresarial se redujo hasta el punto en que muchas firmas comenzaron a ser manejadas con base en presupuestos trimestrales, pues los anuales dejaron de tener vigencia. Dado que se percibía que la catástrofe podía estar a la vuelta de la esquina, las decisiones de inversión de largo plazo se frenaron y la especulación contra la banda cambiaria se convirtió en una ocupación masiva. La inversión de largo plazo prácticamente desapareció. En el nuevo entorno, el riesgo reemplaza a la incertidumbre. Si bien nada garantiza que la evolución siga el mejor escenario posible, el sustento de la economía es suficientemente sólido como para que las condiciones de la planeación no cambien intempestivamente y haya que concebir nuevos escenarios cada pocos meses.



Si se logran las reformas claves en el Congreso, se reconfiguran la política monetaria y la financiera y se consolida la confianza en el país, este podría ser el principio de la recuperación. El crecimiento para el 2000 estaría alrededor del 1,5% y podríamos volver a tener tasas del 4% a partir del 2001. Con un esfuerzo adicional, llegaríamos a tasas anuales del 5 o el 6%.



Un año de vértigo



En el último año, Colombia enfrentó el período más difícil de su historia moderna en materia económica. Hasta septiembre, la producción (PIB) había caído a una tasa anual del 4,5%. Aun si se logra un crecimiento cero en este último trimestre, la economía cerraría el año 99 con una caída cercana al 4,0% y el ingreso per cápita se deterioraría casi al 6,0%.



¿Cómo llegamos a una crisis económica tan profunda? La evidencia es contundente: el inesperado colapso de la inversión. La recuperación de las exportaciones (que le aportaron 2,0% de crecimiento al PIB) no logró mantener el ritmo de la economía. De no ser por las exportaciones, la contracción de la formación de nuevo capital habría generado una caída del 10% en el PIB.



La caída de la inversión sintetiza la pérdida de control del gobierno sobre el manejo económico en los últimos 12 meses. Las estimaciones oficiales sobre exportaciones y consumo resultaron correctas, pero el gran desfase se produjo en la creación de capital nuevo. El nerviosismo por la situación de orden público y las indecisiones y equívocos en las políticas fiscal y cambiaria se juntaron con la parálisis del crédito interno y del financiamiento externo, para acabar con el dinamismo empresarial.



En septiembre, sin embargo, fue posible consolidar los 4 elementos básicos del nuevo escenario de la economía colombiana, que implica un giro de casi 1800 en la orientación de la política:



1. Un acuerdo con el FMI para blindar, con financiamiento contingente, la estabilidad cambiaria, con el compromiso de un ajuste fiscal acelerado y creíble para recuperar la sostenibilidad de las finanzas públicas.



2. La consecución de financiamiento adicional por US$4.200 millones de las entidades multilaterales para el proceso de ajuste.



3. La solicitud formal de cooperación financiera por varios miles de millones de dólares de Estados Unidos a cambio de acciones más firmes en la lucha contra el narcotráfico.



4. La eliminación de la banda cambiaria, que la Junta del Banco de la República había persistido en mantener.



Todo ello en un solo mes. El panorama económico toma un nuevo aire con la expectativa de un ajuste fiscal sostenible, la eliminación de la banda que le da mayor flexibilidad al Banco de la República para reducir las tasas de interés, la defensa creíble de las reservas internacionales, una tasa de cambio sostenible y la superación de las dificultades de financiamiento externo. Los agentes del mercado cambiario recobraron la calma, el Congreso de la República dio su bendición al presupuesto más austero de la década y hasta las Farc anunciaron su disposición para el inicio de las conversaciones de paz.



¿Estamos realmente ante un cambio de rumbo? Muchas cosas todavía están por definir. Quien decide en materia fiscal no es el FMI y tampoco el Gobierno, sino el Congreso de la República y allí el camino no es fácil, en especial en asuntos de seguridad social y descentralización. El Emisor no ha generado aún un marco consistente con una tasa de cambio flotante, pues no ha liberado los controles cambiarios que aceleraron el colapso de la banda, no ha anunciado la forma precisa como intervendrá en los mercados cambiarios y no ha aclarado los nuevos criterios para el manejo de las variables monetarias según el esquema de inflation targeting que se ha propuesto. Y una cosa son los anuncios de recursos que hacen los presidentes de las entidades multilaterales, como Iglesias, Wolfensohn y Camdessus, y otra muy distinta es la disponibilidad efectiva, que puede implicar años de trámites burocráticos.



Pero, sin restar importancia a estos factores, a la hora de las decisiones de inversión son las orientaciones estratégicas las que cuentan. Y la estrategia de estabilización por fin está clara. Con lo que se ha hecho es posible establecer un panorama de transición para el próximo año y para anticipar las grandes líneas del período 2001-2002.



Septiembre fue el mes decisivo para darle un nuevo aire a la economía y lograr la transición.



Las perspectivas



El panorama económico no va a cambiar de la noche a la mañana. Solo volveremos a tener recuperación, definida como crecimiento positivo sostenido por dos trimestres sucesivos, o como crecimiento positivo en el acumulado anual, en el tercer trimestre del año 2000. Es probable que la tasa de decrecimiento de la economía ya haya llegado al piso en el segundo trimestre del 99, y que el último trimestre de este año tenga un crecimiento cercano al 0%. Pero el ajuste fiscal, el deterioro del ingreso cafetero y los efectos del problema de los computadores con la llegada del año 2000 sobre la demanda de dinero al final del año y sobre el sistema de facturación y pago a comienzos del próximo generarán volatilidad y debilitarán nuevamente la actividad productiva durante el primer semestre del año 2000. La tasa de desempleo, pues, seguirá subiendo. El factor principal de recuperación durante el próximo año serán las exportaciones no tradicionales, que tendrán un crecimiento real del 20%. También hay optimismo sobre las exportaciones mineras. Los recursos públicos destinados al eje cafetero y a las obras públicas en Bogotá contribuirán al dinamismo. Pero no se ve una recuperación de la construcción de vivienda durante el próximo año.



Es posible visualizar tres escenarios de crecimiento económico a partir del segundo semestre del año 2000. El escenario previsto en los acuerdos con el FMI --entre 3 y 4% en el año 2001 y algo mayor al 4% en el 2002-- tiene una probabilidad del 60%. El crecimiento económico durante el cuatrienio sería parecido al de la población y la tasa de desempleo apenas bajaría, pero, de todas formas, se trata de una recuperación.



Dinero le da un 10% de probabilidad a un escenario de fracaso del programa de estabilización, en el cual el Gobierno Pastrana no sería capaz de cumplir sus metas fiscales de corto plazo ni lograría pasar en el Congreso las reformas estructurales. En este escenario, en el que creen economistas como Eduardo Sarmiento, la economía no crecería y la inflación se desbordaría. Pero consideramos que las tareas y responsabilidades de cada uno de los actores son tan claras y el costo de la negligencia tan grande, que la probabilidad de este escenario es reducida.



Más allá de estas opciones, Colombia tiene grandes probabilidades de lograr un desempeño brillante. Para ello se necesitaría una política activa de recuperación, con gran disciplina fiscal, reconstrucción de la liquidez de la economía, desarrollo del mercado de capitales para resolver los problemas de deuda e insuficiencia de capital en las empresas, aceleración de la liquidación de activos hoy inmovilizados, modernización de la legislación laboral, solución eficaz al problema educativo y mayor énfasis en la promoción de la inversión privada y las exportaciones de valor agregado. Este escenario tiene una probabilidad del 30% y podría generar un crecimiento económico mayor al 4% en el 2001, de más del 5,0% en el 2002 y, sobre todo, poner la economía en una senda de crecimiento del 6% de allí en adelante.



La agenda



En la agenda pública en este año de transición hay varias áreas críticas. En materia fiscal está definido lo que hay que hacer, pero quedan dos temas de fondo. El primero es anticiparse a la inevitable decisión de la Corte Constitucional que tumbará el Plan de Desarrollo por vicios de procedimiento. Por la vía de leyes ordinarias deberán recuperarse temas como los de las regalías, las normas sobre maestros y la flexibilización presupuestal. El segundo es ponerle dientes a la reforma de las transferencias. La propuesta de una reforma constitucional, que no reduce las transferencias y en cambio las mantiene en términos reales a partir del 2002, tiene muy poco impacto, en especial si no va acompañada de una redefinición de las responsabilidades territoriales y la organización industrial de los servicios de salud y educación. Si se aceleran y aumentan las ambiciones de estas decisiones fiscales, la estabilización tendría éxito.



En materia financiera y cambiaria, para que la economía desarrolle su potencial bajo las nuevas reglas de juego, es necesario que la Junta del Banco de la República cambie su concepción sobre la forma como cumple la tarea que le ha sido encomendada. En Colombia cargamos con una herencia demasiado pesada de las décadas de economía cerrada, cuando la especialidad del Banco Central consistía en administrar los múltiples controles que permitían conducir el tipo de cambio por la senda del crawling peg. Desaparecida la banda cambiaria (que nunca fue más que una fase en la transición hacia el mercado libre), este esquema mental debe desaparecer también, para dar paso a otro en el cual se reconoce que el mercado financiero mundial es demasiado grande para ser controlado desde la Avenida Jiménez.



En el mundo actual, los bancos centrales no se especializan en controles, sino en generar los incentivos adecuados para conducir a los agentes privados hacia unos objetivos. Para lograrlo, los banqueros centrales deben conocer a fondo el funcionamiento de los mercados financieros. El perfil del banquero central de hoy no es el del académico encerrado en la torre de marfil, sino el de una persona que, aparte de no tener vacíos teóricos, cuenta con una amplia experiencia en el mercado financiero. Alan Greenspan, director de la Reserva Federal, reconocido como el banquero central más exitoso del mundo, trabajó durante años en el sector privado. Arminio Fraga, quien se ha convertido en pieza clave de la credibilidad de Brasil en los mercados internacionales, hizo lo mismo.



Menos controles



Desde esta perspectiva, es indispensable desmontar a la mayor velocidad los múltiples controles cambiarios que fueron impuestos a medida que aumentaba la fragilidad de la banda. Los instrumentos de cobertura cambiaria, que eran útiles cuando había banda, se hacen indispensables en su ausencia. Sin ellos, los empresarios no podrán manejar racionalmente el riesgo de una de las variables más críticas para su desempeño. Se debe sacar adelante una regulación promotora de soluciones privadas que permita que el volumen transado en los mercados forward se multiplique por 5 o por 10 en pocos meses.



Otro aspecto definitivo será la profundización del mercado financiero, para que la liquidez se irrigue con más facilidad por todo el aparato productivo. La economía no tendrá dinamismo si las empresas no logran un acceso fácil por medio del mercado de capitales a refinanciaciones amplias, flotación de activos y pasivos, y colocación de bonos y acciones.



Por último, la estabilización es condición necesaria pero no suficiente. Para entrar en un curso de expansión de la economía se necesitan muchos más estímulos para la inversión, las exportaciones, la investigación y la educación. Tenemos que atrevernos a realizar una reforma significativa de los estímulos para el desarrollo empresarial. La reducción de 2 ó 3 puntos de la tasa impositiva que ha sugerido el gobierno es insuficiente. Se requieren tasas de impuestos a la renta que no superen el 25% y plenas exenciones a toda ganancia reinvertida. Los costos fiscales de corto plazo de una medida como esta, cuando las ganancias empresariales han sido cero durante dos años consecutivos, son nulos, mientras que las ganancias de largo plazo en recaudos y crecimiento económico serían enormes.



Empresarios: del corto al largo plazo



Lo ocurrido en septiembre tiene las mayores implicaciones sobre las decisiones que los empresarios deben tomar hoy con miras a un horizonte de cinco años y más. La violenta caída de la economía en los 12 meses anteriores obligó a frenar decisiones y a redimensionar las empresas. Pero este es el momento de volver a mirar hacia el largo plazo, valorando riesgos en forma racional, con los instrumentos y metodologías disponibles en el mundo moderno.



Con la tasa de cambio real que hemos alcanzado, exportar será más rentable que nunca. La planeación de la conquista de los mercados internacionales, por medio de exportaciones e inversiones en el exterior, es el tema esencial. La capacidad para acertar al definir esos mercados y para financiar y ejecutar rápidamente las inversiones necesarias para conquistarlos son los factores que van a definir a los ganadores y perdedores en el próximo siglo.



Todo esto implica que los responsables de las finanzas empresariales van a tener que emprender un aprendizaje rápido sobre coberturas cambiarias y mecanismos de financiación en los mercados de capitales, incluyendo la realización de alianzas estratégicas. El tiempo es un factor crítico. Quienes se queden quietos, atemorizados por la dura experiencia reciente, van a ver cómo otros les toman ventaja velozmente. Quienes se anticipen a aprovechar las ventajas del nuevo entorno, en pocos años verán que habrá valido la pena valorar el riesgo y atreverse a dar el salto hacia adelante en el momento más difícil.



Los analistas económicos coinciden en que la política económica del primer año del presidente Pastrana fue insuficiente. En general, creen que la recuperación de la economía va a empezar en el último trimestre del 99, aunque el crecimiento solo se verá a partir del segundo semestre del 2000.
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