El 2000-2001, la lenta transición

| 12/7/2000 12:00:00 AM

El 2000-2001, la lenta transición

El gobierno logró el crecimiento que buscaba en el año 2000, pero lo hizo por la vía menos conveniente. En el 2001 deberá hacer la tarea completa, para no arriesgar el largo plazo.

"En el 2000 nos fue mucho mejor que en el 99, pero para el 2001 tengo un sustico...", dijo un empresario entrevistado por Dinero, sintetizando como ninguno el estado de ánimo de muchos. Para entenderlo, cerramos el año con un análisis de los principales rasgos de la evolución del año que termina, las predicciones del mejor y más completo grupo de analistas colombianos, y la identificación de los principales retos del próximo año.

El 2000



A finales de 1999 y para salir de la crisis, el gobierno se propuso, en el marco del acuerdo con el FMI, recuperar una tasa de crecimiento del 3% y lograr las reformas estructurales para ajustar la economía. Al finalizar el 2000, los resultados son mixtos. La economía creció entre 2,5% y 3% en el año, no muy lejos de lo previsto. Pero las autoridades avanzaron más lento de lo programado en el ajuste hacia un crecimiento sostenible para la economía.



La economía creció, pues, en medio del desajuste. El contraste de la evolución de las fuentes de demanda con lo previsto por el gobierno así lo revela. En consistencia con el ajuste fiscal, el programa macro aprobado por el CONPES previó una contracción de 4,7% en el gasto público (de inversión y de consumo), y una expansión de 8,2% en gasto privado, jalonado por un aumento de 30,6% en la inversión privada. Los resultados indican una evolución radicalmente distinta: el gasto público en bienes y servicios no se contrajo sino que se expandió y el gasto privado solo creció 4,0%, pues la inversión privada apenas se recuperó. Casi todo el crecimiento del 2000 se explica por dos eventos inesperados: el crecimiento del gasto público (especialmente en Bogotá) y la contracción de las importaciones, pues la débil evolución del gasto privado no habría estimulado el crecimiento de la economía.



¿Cómo pudo ser esto posible? La respuesta es simple. El gobierno no quiso o no pudo (por la Corte, por el Congreso o por el Presidente) controlar el gasto, y con ello no logró la confianza de Wall Street y de los inversionistas con recursos privados externos. Pero el déficit fiscal se redujo más o menos de acuerdo con el FMI. ¿Cómo financió entonces el ritmo expansivo? Con los recursos por US$1.600 millones de la bonanza petrolera que no estaban en las cuentas. Y, además, con el ahorro financiero que los bancos invirtieron en papeles gubernamentales más que en empresas en dificultades.



De hecho, la estructura de financiamiento del déficit fue muy distinta a la prevista en los acuerdos con el Fondo. El déficit inicial de $9,3 billones se iba a financiar con $4,03 billones de ingreso de privatizaciones, $3,04 billones de crédito externo y $2,97 billones de crédito interno. Sin embargo, las privatizaciones no ocurrieron y el crédito externo se fue encareciendo por cuenta de la crisis política. El petróleo salvó el día, no solo porque representa ingresos al gobierno central por dividendos y regalías, sino porque mejora las cuentas del gobierno descentralizado y así mejora el cuadro que se le presenta al FMI.



Así, los casi US$1.600 millones de la bonanza petrolera permitieron, sin afectar contablemente el consolidado, expandir el déficit del gobierno central a $11,4 billones, incluyendo un mayor déficit del Fondo del Café, del ISS y de Telecom. La única privatización solo generó ingresos por $800.000 millones; se logró acelerar el desembolso de crédito multilateral hasta $4,37 billones; y la colocación de TES se disparó hasta $11,4 billones. La expansión del gasto terminó financiándose con los escasos recursos del ahorro privado, bajo la sombrilla de una política monetaria expansionista que permitió aumentar los medios de pago al 35% frente a un PIB nominal que apenas creció el 10%.



La inversión privada resultó sacrificada. Tras caer un 45,3% en el 99, apenas creció un 5% este año, y con ello se mantuvo en una tercera parte de lo que era en 1998.



Las cifras de crecimiento y de tamaño del déficit fiscal no fueron muy distintas de las previstas por el gobierno.



Pero esas cifras y la magia de la abundancia petrolera encubren un gran y persistente desajuste, que poco habilita la dinámica empresarial ni el ingreso de los hogares. Quizás esa sea la razón del sustico de nuestro empresario...
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.