| 8/12/1999 12:00:00 AM

Dueños de su destino

Barranquilla demuestra cómo los empresarios pueden transformar una ciudad y una región. Si les sigue acompañando el éxito en sus proyectos, la Costa será un semillero de competitividad.

Hace 10 años nadie daba un peso por Barranquilla. La ciudad estaba catalogada como un sitio donde el progreso, simplemente, no era posible. Era el caso extremo de una cultura colombiana que entiende a las empresas de servicios públicos como el botín de la clase política. El cubrimiento del acueducto era pésimo y, en algunas zonas, literalmente inexistente: no había agua. El suministro de energía era costoso y tenía frecuentes y largas interrupciones. El puerto, principal protagonista del esplendor de la "Puerta de Oro" hacia mediados de siglo, era una cueva de ladrones y se había convertido en referencia internacional sobre las consecuencias de la corrupción y el abandono.



Cómo han cambiado las cosas. En sólo una década Barranquilla avanzó a pasos agigantados hacia la solución de sus principales problemas de infraestructura de servicios públicos. En el camino demostró que los hábitos autodestructivos de una comunidad pueden ser modificados y cambiados por otros que desaten un círculo virtuoso de convivencia cívica y progreso. Y logró mucho más:



Barranquilla ya no es la cenicienta de las grandes ciudades colombianas, sino que tipifica una fórmula de desarrollo económico local que podrían imitar otras ciudades y regiones colombianas. Ha creado un modelo en el que los sectores público y privado trabajan en llave con la comunidad para construir un verdadero motor de competitividad. En Barranquilla, la idea de duplicar exportaciones en cuatro años es vista como una meta alcanzable.

El proceso no se detiene. Ahora que el suministro de servicios ha pasado a ser un tema más en la administración de la ciudad, en lugar de una crisis permanente, los esfuerzos se canalizan hacia nuevas metas. Uniendo esfuerzos con otras ciudades, como Cartagena y Santa Marta, empresarios, servidores públicos y académicos están trabajando para construir un modelo de desarrollo de la región Caribe. El motor de crecimiento en este modelo está en las exportaciones. Estas serán generadas, en parte, por macroproyectos que están en camino en minería, energía, petroquímica, siderurgia, turismo y telecomunicaciones, entre otros sectores. Pero, además, la Costa le está apostando su futuro al fortalecimiento de esa ventaja decisiva que es el "clima empresarial": una combinación de infraestructura de alta calidad, disponibilidad de fuerza de trabajo competente y apoyo general a la iniciativa empresarial, factores decisivos a la hora de definir la ubicación de un negocio. La Costa aspira a ampliar su base de medianos empresarios, formándolos en la región y también atrayéndolos de otras partes del país y del exterior.



Así, la Costa estaría entrando en una nueva fase de desarrollo económico. Antes de la década del 30, las ciudades portuarias fueron un centro de actividad en un mundo abierto al comercio. Luego, con el modelo proteccionista, la influencia del interior absorbió las energías del país y frenó el desarrollo de la región. En los años 80, comenzó a gestarse un nuevo esquema basado en grandes proyectos de exportación de recursos naturales, que no logró jalonar el progreso de la región como un todo. El nuevo modelo que se inicia ahora se fundamenta en las exportaciones y también tiene importantes proyectos de extracción, pero ahora se aspira a que éstos generen nuevas inversiones creadoras de valor agregado a lo largo de sus cadenas productivas. La siderurgia deberá traer inversión metalmecánica; el telepuerto, inversión en empresas de servicios para exportación... y así sucesivamente. Esto explica el énfasis que recibe dentro de la agenda el desarrollo de un ambiente empresarial más favorable a la gestación de empresas.



El presidente de Olímpica, Gustavo Visbal, ha participado activamente en la "reconstrucción" de Barranquilla.



Carlos Zuluaga, con Acesco, es uno de los únicos empresarios que se ha lanzado a la relocalización.





César Caro, en Dismoda, es uno de los privilegiados que puede despachar -sin intermediarios- a los almacenes en Estados Unidos.





El cura Bernardo Hoyos marcó la renovación política en la Alcaldía de Barranquilla.





A la cabeza de Fundesarrollo, el nuevo centro de pensamiento de la Costa, se encuentra Juan Pablo Bonilla.





El futuro se construye



¿Cómo se logró reversar en tan poco tiempo el deterioro que sufrió por décadas la ciudad y, lo que es más importante, devolverle su competitividad? La respuesta está en una mezcla de acontecimientos que cambiaron la relación de los líderes empresariales y comunitarios con su ciudad. Unos actores que a primera vista podrían parecer antagónicos, como los líderes empresariales y el alcalde Bernardo Hoyos, lograron trabajar en conjunto para encontrar un modelo que hoy parece no sólo viable sino también exitoso.



Cuatro factores se conjugaron. Primero, el problema de los servicios, que era endémico, llegó a un estado verdaderamente crítico. Este fue uno de los motores que llevaron al padre Bernardo Hoyos a su primera Alcaldía. Segundo, los empresarios se dieron cuenta de que no podían seguir dándoles la espalda a los problemas de su capital, porque al ritmo que iban, ningún sector se salvaría de la hecatombe. Este resurgimiento del compromiso de los empresarios tuvo su origen, en buena medida, en la "llegada al poder" dentro de las empresas de una nueva generación de profesionales modernos y dotados con una visión más amplia. Tercero, surgió una efectiva fórmula de trabajo entre dirigentes gremiales y empresas, que les permitió jugar un doble papel como formadores de opinión y aportantes de recursos. Y cuarto, esta corriente coincidió con una renovación en la política local, al ser elegido el cura Hoyos en la Alcaldía y Gustavo Bell, actual vicepresidente de la República, en la Gobernación del Atlántico.



El surgimiento de un grupo de líderes empresariales comprometidos con el futuro de la ciudad ha sido un factor esencial de éxito. En el proceso de estos años han estado involucrados los presidentes de Promigas, Antonio Celia; Terpel, Fernando Arteta; Olímpica, Gustavo Visbal; Transelca, Guido Nule; Staff, Raúl Riveira; Fundación Mario Santo Domingo, Marciano Puche; Cementos Caribe, Juan Manuel Ruiseco; y la Cámara de Comercio, Enrique Berrío. Otras figuras, como Pablo Obregón Santo Domingo desde Cofinorte y Efraín Cepeda, desde el Comité Intergremial, fueron decisivas en el impulso del sector privado, pero el primero se ausentó del país varios años y el segundo está ahora en el Congreso.



La relación de este grupo de gestores empresariales con el alcalde Hoyos ha operado dentro de ese ámbito que los expertos en cambio organizacional llaman "tensión creativa". Uno de los empresarios describe la relación así: "Con el cura, a veces estamos en la misma orilla y a veces en la contraria. Pero la relación es fundamentalmente de respeto mutuo. Y hemos demostrado que se pueden hacer cosas".



El grupo de empresarios que también tienen o han tenido participación en la Cámara de Comercio o en Fenalco, desarrolló un esquema de participación en el día a día de la ciudad dentro de dos grandes líneas de trabajo. Una de ellas es aportar ideas para la solución de problemas y para el seguimiento de procesos. La segunda es el aporte de un capital semilla para la creación de sociedades o fundaciones que tomaran la iniciativa para solucionar los problemas de la ciudad.



El mejor ejemplo de lo que se puede lograr por este camino es la Empresa de Acueducto, Alcantarillado y Aseo, que reemplazó a las Empresas Públicas Municipales. La Triple A se constituyó inicialmente con capital semilla aportado por el Distrito ($80 millones) y por los gremios ($20 millones) en 1991. En el segundo semestre de 1993 vino una capitalización con la idea de que los barranquilleros adquirieran acciones por $5.000 millones. El proyecto fue elaborado por Cofinorte y las acciones se vendieron en las sucursales de Olímpica. Sin embargo, lamentablemente, sólo se recaudaron $1.200 millones, aportados en su mayoría por las empresas.



Por último, en 1997 Aguas de Barcelona entró como socio operador y le inyectó unos $15.000 millones a la empresa. Los resultados en prestación de servicio han implicado una revolución en la calidad de vida de la ciudad. Bajo el régimen de las Empresas Municipales, 600.000 familias no tenían agua a ninguna hora, sólo el 40% de la ciudad tenía acueducto y el servicio de aseo era deficiente. Hoy, el agua llega al 93% de la ciudad, la cobertura del alcantarillado es del 70% y el aseo mejoró sustancialmente. Todavía no está terminada la tarea, pero lo que sí se puede decir es que Barranquilla superó el tema del agua. Además, la Alcaldía liberó el recaudo del impuesto predial que anteriormente tenía que ser asignado al funcionamiento de la empresa. En este año, el predial le generará a Barranquilla $37.000 millones para otras inversiones.



Aunque en materia de infraestructura se puede decir que la ciudad ya salió adelante, hay un problema que queda por resolver: la inviabilidad de la Empresa Distrital de Teléfonos, que registra un déficit mensual de entre $2.500 y $3.000 millones. En los últimos seis años, la empresa hizo un esfuerzo importante por mejorar su cobertura y pasó de 100.000 a 135.000 suscriptores. Sin embargo, la compañía realizó una serie de contratos con condiciones muy onerosas, que la tienen al borde del abismo. La situación llevó a la Alcaldía a pensar en la venta de un porcentaje minoritario de la EDT, pero no es fácil conseguir un inversionista que le inyecte recursos sustanciales a una empresa en problemas si no tiene su control, situación que se agrava con el anuncio de la Superintendencia de Servicios Públicos sobre su posible liquidación. El Concejo ya facultó al Alcalde para llevar a cabo la capitalización, que sería de US$80 millones, y al parecer existe interés de Empresas Públicas de Medellín. Telecom, que había mostrado interés, parece que ya no sigue en el juego.



Otros proyectos que se sacaron adelante con capital semilla de los gremios y de algunas empresas son la Sociedad de Aeropuertos del Caribe -en la que se asociaron con la empresa española Aena- y la Sociedad Portuaria, que cuenta con poco más de 80 accionistas entre los que figuran las principales empresas e instituciones de la región.



También se crearon fundaciones para manejar el zoológico, el Carnaval de Barranquilla, la restauración de los edificios de la Aduana y del Ferrocarril, la comercialización de productos de microempresarios (Funcar) y el centro de empaques y embalajes. Ahora están interesados en constituir una fundación para administrar el cuerpo de bomberos de Barranquilla y de su área metropolitana.



El compromiso de los empresarios con los problemas de la ciudad no solamente se aprecia en Barranquilla, sino también en Cartagena. Esta ciudad cuenta hoy con veedurías ciudadanas que se encargan de vigilar el cumplimiento de los programas de desarrollo para la ciudad y de tramitar denuncias en contra de los funcionarios públicos que no cumplen a cabalidad sus tareas.



La Fundación Cívica de Cartagena (Funcicar), Fundebien y la Fundación Mamonal han tomado el liderazgo de estos temas como representantes del sector privado. Dejando de lado la idea de que los empresarios se conviertan en políticos, han apoyado la formación de líderes cívicos que ascienden desde la base en los barrios hasta llegar al Concejo de la ciudad, donde han logrado varios escaños. Su agenda es el cambio de costumbres en la vida pública y la transparencia en la administración. El manejo del espacio público, el mantenimiento de las playas y los programas de generación alternativa de empleo son los nuevos focos de trabajo en Cartagena. Uno de los grandes escollos que hay que superar con rapidez es agilizar la entrega del Plan de Ordenamiento Territorial para el distrito, lo que abrirá nuevas perspectivas de desarrollo turístico, urbano e industrial.



La nueva agenda

Superada la tragedia que representaban la pésima infraestructura de servicios públicos, la energía de los líderes del cambio en Barranquilla y Cartagena se concentra en la definición de un modelo de desarrollo económico de largo plazo. Se trata de una nueva fase en el trabajo de estos líderes regionales, la cual tiene un alcance mucho mayor que la realizada hasta ahora. Se trata de involucrar a toda la región Caribe en el proyecto.



El conjunto de grandes proyectos que se están adelantando en la Costa marca, sin duda, un punto de despegue para una nueva etapa de desarrollo. En este momento, la Costa es una región única en el país por su capacidad para atraer inversiones de esas magnitudes en un número importante de proyectos. En la Costa hay confianza en el futuro y eso se refleja en un mejoramiento sensible del clima general de los negocios.



El trabajo para la creación de una agenda de desarrollo de la Costa Atlántica se despliega en múltiples frentes. Una de las áreas más críticas es el desarrollo de una capacidad de análisis de la problemática regional y el planteamiento de soluciones, por intermedio de una institución que sea respetada por su capacidad técnica y su independencia de criterio. Es así como hace dos años se creó Fundesarrollo, un centro de estudios económicos, políticos y sociales, planeado para darles soporte técnico a los planes de la región. Fundesarrollo ha abierto una fuente de trabajo y ha creado un estimulante reto intelectual para un grupo de profesionales de la región que tienen altos niveles de capacitación, pero para quienes la única salida era la migración hacia Bogotá o hacia otros países. Es un Fedesarrollo costeño, que cuenta entre su equipo de investigadores con dos PhD, uno de los cuales es su director. El centro de estudios está realizando trabajos innovadores en educación, salud, tratamiento de desechos industriales y energización rural.



El tema de discusión más importante entre empresarios y académicos de la Costa es el modelo económico que debe seguir la región. Si bien todavía hay mucho trabajo por hacer para llegar a los detalles, hay una clara línea de consenso analítico y político: la salida es materializar la promesa de la Costa como la región exportadora por excelencia.



Aparte de los macroproyectos, se ha planteado dar gran fuerza al desarrollo de las principales ciudades porteñas como Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, desarrollando inversión exportadora para aprovechar las ventajas que ofrece la infraestructura de transporte. El incremento en la demanda de bienes y servicios de este corredor urbano-portuario jalonaría el progreso de toda la región. La crisis económica que atraviesa el país puede convertirse en un factor favorable para la Costa, pues está obligando a las empresas a volver a analizar los supuestos básicos de su modelo de gestión. Y el hecho es que, en general, las empresas exportadoras se han visto menos afectadas que las demás por la recesión. Cementos del Caribe, por ejemplo, está vendiendo menos del 35% de su producción en el mercado local, debido a la crisis de la construcción en Colombia. Sin embargo, la demanda internacional le ha permitido seguir trabajando a plena capacidad, mientras que las compañías del interior han tenido que reducir su ritmo. Próximamente, va a desarrollar una nueva línea de exportación con la planta de cal en Cartagena.



Es de esperar que la Costa arranque pronto una agresiva campaña de reubicación industrial para atraer inversión del resto del país. En el pasado, y a pesar de la apertura, no muchas empresas se decidieron a asumir los costos que esto implica. Tal vez el único caso importante es el de Acesco, que se trasladó de Bogotá a Barranquilla en 1981 y en 1993 realizó una cuantiosa inversión en el desarrollo de una planta de laminado en frío. Sin embargo, esa timidez de las empresas deberá cambiar. Con la tendencia mundial hacia el ahorro en costos y la reducción de tiempos de entrega, y el aumento de la importancia de las operaciones logísticas como fuente de competitividad, la cercanía a los puertos es fundamental. Incluso, empresas como Dismoda, ubicada en la Zona Franca de Barranquilla, están despachando la producción directamente hacia los almacenes en Estados Unidos eliminando el tradicional paso por intermediarios. En lo corrido del año varias compañías del interior han mostrado su interés por ubicarse en la Costa. No sería raro que algunas empresas de confección de Medellín se trasladaran a la Zona Franca, a petición de sus clientes en el extranjero.



Se está estudiando la posibilidad de ubicar en la región una de las zonas especiales de exportación contempladas en el Plan de Desarrollo. Esta figura otorga beneficios especiales en materia tributaria, laboral y de estabilidad normativa a una localidad, con el fin de atraer inversión y facilitar la transferencia tecnológica. Antes que reubicar empresas, como sucedió con la Ley Páez, lo que se busca es crear otras nuevas.



Educación, la clave

En la tarea de crear un clima empresarial que les dé a las firmas de la Costa una competitividad de clase mundial, hay varios temas que tocan tanto la agenda empresarial como la social.



El primero, y probablemente el más importante, es el de la educación. Para revertir la pobreza, las ciudades de la Costa tienen que convertirse en generadoras de empleos de buena calidad y para ello tienen que capacitar su fuerza laboral. Al mismo tiempo, para atraer a las empresas de primera línea, la Costa no puede limitarse a ofrecerles servicios públicos y puertos. Tiene que garantizarles que allí encontrarán la mano de obra que necesitan.



En Barranquilla hay consenso en cuanto a la necesidad de actuar sobre el problema de la educación. Si bien la capacitación universitaria ha mejorado, los empresarios coinciden en que aún falta mucho por hacer. En la formación de profesionales, la Universidad del Norte ha venido cumpliendo una tarea destacada. Fue creada con participación del sector empresarial y en estos momentos es una de las más respetadas del país. Otra iniciativa que merece destacarse es la creación de Cenpack, entidad de desarrollo tecnológico especializada en empaque, embalaje y transporte de productos, creada con el apoyo de la Cámara de Comercio de Barranquilla y de la empresa privada.



Otros dos puntos que merecen especial atención en la agenda son administración pública y seguridad y justicia. En cuanto al primero, algunos de los líderes empresariales sostienen que el cambio que se dio en las empresas de servicios es apenas el primer paso de un largo proceso, y que falta mucho para generar una verdadera cultura de la eficiencia y el servicio en la administración pública de la región. En el segundo frente, se considera prioritario evitar que se deterioren los índices de seguridad, pues la relativa calma de la región es uno de los factores positivos que la han diferenciado hasta ahora del resto del país.



Si bien la lista de tareas por hacer es larga, la de los alcances en una década estimulan hasta a los más pesimistas. Una región que se había quedado sin motores de desarrollo es hoy el mayor foco de inversión nueva en el país. A diferencia de lo que sucedía en el pasado, cuando el sector privado veía con apatía este tipo de procesos y se sentaba a esperar el anunciado fracaso, los empresarios barranquilleros de hoy saben que tienen injerencia sobre el futuro de su ciudad y, por esta vía, sobre el futuro de su empresa y de su familia. Esta es una lección que aprendieron después de pagar un altísimo costo en términos de posibilidades de desarrollo. A muchas ciudades del resto del país les convendría hacer un ejercicio similar.
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