| 7/16/1999 12:00:00 AM

¿De goleados a goleadores?

De continuar en el grupo de coleros en la competitividad, según revela el más influyente estudio mundial, Colombia no tendría crecimiento económico en la próxima década.

Al tiempo que nuestra selección de fútbol fue eliminada de la Copa América, se conoció que la economía colombiana quedaba en los últimos cinco lugares de la copa mundial de la competitividad de acuerdo con el World Competitiveness Report 99.



¿Qué le pasa a Colombia? ¿Por qué el país no está dando la talla competitiva para ser el campeón? En el fútbol, todos los analistas coinciden en que se han dado grandes avances, que la selección de Javier Alvarez tiene cosas positivas, talento, mentalidad triunfadora y ha construido sobre los logros de los últimos diez años cuando el fútbol colombiano llegó a tres mundiales.



Pero ¿y el premio mayor? Para alcanzarlo, al fútbol y a la economía les falta pensar en grande. No se logra ocupar los primeros lugares sin un proyecto estratégico de gran alcance. El fútbol carece de mentalidad empresarial, de clubes deportivos pensados como empresas que formen su materia prima desde el principio (los jugadores) y tampoco existe una visión del fútbol como el gran negocio del entretenimiento con perspectivas de acceso al mercado internacional.



A la misma conclusión sobre la economía colombiana se llega después de analizar el World Competitiveness Report (WCR). El país no tiene un modelo en el que se puedan crear empresas con facilidad, en el que se forme el capital humano, se estimule el desarrollo tecnológico y exista una visión concreta y compartida de cómo se quiere generar riqueza y salir de la crisis. Según el ranking, Colombia es uno de los países del mundo donde es más difícil crear empresa por falta de capital de riesgo, por inexistencia de mercados de capitales desarrollados y es también uno de los países con una menor inversión en investigación y desarrollo.



Los resultados del WCR, liderado por los profesores de Harvard Jeffrey Sachs y Michael Porter, que se lanza al mundo esta semana y que Dinero ha conseguido en exclusiva, son contundentes.



El WCR ha logrado medir la competitividad de las naciones y sus conexiones con el crecimiento económico. Las noticias que trae para Colombia no son buenas. Entre las 59 economías más importantes del mundo, la competitividad de Colombia está entre las cinco más frágiles y el crecimiento económico que ello anticiparía para el período 2000/2008 en nuestro país apenas superaría al de Rusia. Para jugar el complejo partido global y aspirar a ser un equipo ganador, Colombia tendrá que mejorar sus condiciones de jugador internacional de alto desempeño.



En una economía globalizada, el crecimiento del PIB y de las empresas refleja cada vez más su competitividad en los mercados mundiales. Parece obvio decirlo, pero la competencia mundial la ganan los países e industrias más competitivos. Hoy en día, el crecimiento económico de un país, más allá de los recursos naturales, del crecimiento del capital y del trabajo, depende cada vez más de los ocho grandes criterios: el nivel de apertura al mundo global, el gobierno, el mercado de capitales, la infraestructura, la tecnología, la calidad del management, el mercado laboral y las instituciones.



Lo que ha vivido el país en los últimos años, esa catástrofe económica que se traducido en el deterioro económico y social más fuerte de su historia moderna, no es sólo el resultado de la crisis internacional o de grandes equivocaciones en el manejo macroeconómico de éste o de los anteriores gobiernos. Detrás del problema hay causas más profundas que afectan el crecimiento de largo plazo de la economía. "En materia de competitividad, entre los últimos de la lista notamos cuatro países que de manera consistente aparecen con una baja calificación en nuestros rankings: Zimbabwe, Colombia, Ucrania y Rusia. Todos ellos se caracterizan por altos niveles de inseguridad jurídica, endebles derechos de propiedad y pobre infraestructura", dice Jeffrey Sachs en su informe.



La goleada de la competitividad en el 99 fue histórica. Colombia perdió siete casillas en el ranking, pues tuvo el puesto 47 en el 98 y apenas el 54 en el 99. En el último año nos dejamos ganar el partido de la isla Mauricio, Costa Rica, Polonia, Eslovaquia y la India, y hasta de El Salvador. Hoy sólo superamos a Bolivia, Bulgaria, Zimbabwe, Ucrania y Rusia. Perdimos cuatro puestos frente a Chile -el puntero de América Latina- ocho frente a Perú y diez frente a México. Hasta Venezuela nos metió un gol al quedar cuatro casillas por encima en materia de competitividad.



Los índices de competitividad de la economía colombiana son resultado de una mirada sistémica a los ocho criterios que Sachs y Porter han encontrado empíricamente que hacen a un país mejor o peor jugador en el campo internacional. Allí se encuentran algunos hechos polémicos, otros aceptados y otros francamente sorprendentes.



Mientras en Colombia algunos ministros, muchos empresarios y uno que otro académico culpan de la crisis colombiana a la apertura -bobalicona, muy rápida o excesiva-, el WCR encuentra que el proceso de apertura colombiana en realidad apenas va a mitad del camino y está bastante atrás del resto de países: los niveles arancelarios colombianos están más altos que en 52 de las 59 economías, el compromiso con la promoción de exportaciones está en el puesto 50 y hasta la primera semana de julio nos encontrábamos en el puesto 51 en cuanto a competitividad de la tasa de cambio. Mientras muchos todavía dudan de la necesidad de redimensionar el aparato estatal, el informe revela que sólo Suecia, Israel, Dinamarca, Hungría y Francia tienen un gasto público mayor que Colombia y que sólo Alemania y Francia tienen mayores tasas de impuestos empresariales que Colombia.



Con la excepción de la calidad del management de las empresas, donde Colombia se ubica en una posición similar (45) a la de otros países de la región como Argentina, Chile o México, en el resto de los grandes indicadores, la situación es precaria.



Sorpresas de la competitividad



Quizá el WCR coincida con las intuiciones de muchos sobre el rezago de Colombia en el campeonato mundial de la competitividad. Lo que resulta nuevo son las razones por las cuales el país está en los últimos lugares, es decir, lo están goleando. A nadie debería sorprender encontrar en el informe que el país ha tenido una tasa de cambio desalineada y ha dado insuficiente prioridad a la promoción de exportaciones, que está atrasado en infraestructura, que sus instituciones públicas no son ágiles ni independientes a las presiones y que el clientelismo y la corrupción son rampantes y que, como si todo esto fuera poco, el país tiene graves problemas frente al crimen organizado y la inseguridad. Todos estos elementos que capturan la imaginación de los colombianos y del nuevo gobierno son definitivos en la competitividad. Pero según los cálculos del WCR, apenas explican el 45% del pobre desempeño de la competitividad colombiana.



La mayor parte de la débil competitividad de Colombia radica, más bien, en lo que podríamos llamar la fragilidad de su microeconomía empresarial. Paradójicamente, el WCR revela que más que en infraestructura, orden público y calidad de las instituciones del Estado, Colombia se encuentra verdaderamente rezagado en materia de tecnología, mercados laborales y mercados financieros y de capitales. Y sobre todo en los factores que facilitan las nuevas ideas productivas y la creación de nuevas aventuras empresariales.



En tecnología, Colombia está más atrás que cualquier país de importancia. Aunque en el número de computadores, teléfonos y conexiones a internet está en el promedio de América Latina, tiene los peores indicadores del mundo por inversión y compromiso con la investigación y el desarrollo tecnológico y en la pobre conexión entre universidades y empresas a ese respecto.



La calidad de los mercados laborales sólo supera a la de Sudáfrica. El desempleo escandalosamente alto esconde -vista por los empresarios- una de las tres más altas insuficiencias educativas del mundo y una inflexibilidad para contratar, despedir trabajadores y ajustar sus jornadas de trabajo sólo superior a Sudáfrica, Francia e Italia. Una vez ajustados por su productividad y poder de compra, los salarios del promedio de trabajadores colombianos están muy por encima de los países en desarrollo y los de la alta gerencia se encuentran entre los cinco más altos del mundo. En este último mercado, casi ningún otro país tiene tan poco vinculados los pagos de los altos ejecutivos a los resultados de las empresas.



Comenzar nuevos negocios en Colombia resulta hoy en día, de acuerdo con el WCR, más difícil que en casi todos los demás países. En ningún otro país, excepto Ucrania o Bulgaria, las condiciones económicas y financieras para ello son menos fáciles. En ningún otro país, hay menos mercados accionarios y de bonos disponibles para empresas nuevas ni tampoco menos capital de riesgo disponible para desarrollar nuevos negocios. Colombia es uno de los pocos países del mundo donde aunque se tenga un excelente business plan que demuestre la viabilidad del negocio si no se tienen garantías es imposible obtener un préstamo. Y es uno de los cinco países cuya política antimonopolios promueve menos la competencia en forma efectiva.



Para prevenir otra goleada



Como en el fútbol, no se puede seguir esperando que el futuro dependa de las tradicionales figuras o de la buena suerte. O que los cambios puedan ocurrir de la noche a la mañana sin persistir en el esfuerzo. De acuerdo con las sofisticadas proyecciones del WCR, teniendo en cuenta los recursos naturales, el capital y la educación, la competitividad del país apenas alcanzaría para un crecimiento económico anual del 1,2% en el período 2000-2008, el cual, después de la emigración, no sería mayor al crecimiento poblacional.



Como en el fútbol, la competitividad de la economía depende de las estrategias, de la gente y de los procesos. La economía colombiana también necesita cambios de fondo.



El país requiere un verdadero cambio en la estrategia. Mientras el primer año de gobierno se fue en intentos de dudoso éxito de ajuste macro y reforma política, y en la preparación de planes para dialogar apenas con los congresistas y la guerrilla, en los siguientes tres años las autoridades deberán poner toda la batería de instrumentos de política económica y social al servicio de la conquista de la competitividad de nuestro aparato productivo. Posiblemente, la meta no debería ser duplicar las exportaciones en cuatro años, sino cuadruplicarlas en diez años. Una meta más ambiciosa en el mediano plazo.



El cambio de estrategia también requiere un cambio de liderazgo y de conformación de nuevos actores para las grandes decisiones. La lucha por la competitividad no puede ser la meta de un ministerio aislado en los tiempos que dejan libres las negociaciones internacionales, sino del conjunto del gobierno bajo la batuta del Presidente y el apoyo decisivo de los ministerios de Planeación y Hacienda. El diálogo para la conformación de verdaderas políticas empresariales hacia la productividad no puede seguir dominado por las viejas actividades de los gremios y de unos pocos empresarios con acceso al Presidente y a los ministros extraviados, sino por el más amplio abanico empresarial que logre conformar el mejor equipo de ministros posible. La reunión de Cartagena organizada por el Presidente y todos sus ministros con más de 500 empresarios, bajo el lema de Colombia Compite, entre este 16 y 17 de julio puede ser interpretada como el principio de una nueva etapa.



La búsqueda de la competitividad también requiere nuevos procesos que permitan nuevos actores en acción. La economía necesita goleadores, industrias que vayan a la delantera abriendo el camino, volantes que se estén preparando y defensas que eviten las goleadas. Las reglas del juego, las instituciones, los árbitros y los jueces de línea deben evolucionar sustancialmente. La competitividad del país no podrá avanzar si el Estado no logra crear un ambiente de regulación propicio y creíble para la innovación empresarial.



Los elementos más importantes para elevar la competitividad podrían ser seis. Primero, una reforma laboral que busque simultáneamente mayor protección social al generalizar la seguridad social y los subsidios temporales al nuevo empleo, con mayor flexibilidad para la contratación y pago de trabajadores, con posibilidades más rápidas para las zonas de exportación o las regiones más deprimidas.



Segundo, una reorientación sustancial del Sena, que permita competencia en la prestación de servicios y la asignación sustancial de los recursos al desarrollo tecnológico y a la contratación de aprendices.



Tercero, una regulación financiera y de los mercados de capitales que permita canalizar muchos recursos frescos hacia nuevas y diversas empresas. Cuarto, una reorientación de la tributación empresarial para estimular el ahorro e inversión del sector privado, que reduzca los impuestos sobre las ganancias reinvertidas.



Quinto, una ley de promoción de la competencia y de defensa del consumidor que genere mayores oportunidades para los nuevos negocios. Sexto, una buena regulación para la diseminación masiva de la tecnología informática y un estímulo enorme a la inversión en ciencia y tecnología por parte del gobierno ­reversando el infortunio del Plan de Desarrollo a este respecto­ y de las empresas.



El país empresarial, no obstante, no puede quedarse cruzado de brazos esperando nuevas normas y debe promover su participación más activa en las decisiones públicas para que el gobierno fortalezca su orientación de apoyo a los negocios. Al tiempo con ello, los empresarios podrían seguir el ejemplo de numerosas empresas que, como Noel, Leonisa y Acesco, han logrado capear el temporal del mercado nacional reorientando sustancialmente sus acciones hacia la mejora de su competitividad y la conquista de los mercados.



Si el país sigue añorando los buenos tiempos del Pibe, si sigue celebrando la indisciplina del Tino, si sigue embelesado con la filosofía del toque-toque sin goles, o si continúa dominado por el síndrome de desastre que hoy lo aqueja, no llegaremos muy lejos. Con direcciones creativas como la de Alvarez, más atención al marcapuntas izquierdo y un medio campo más industrioso, entusiasmo infinito como el de jugadores cuyos nombres apenas aprendemos a pronunciar, mucha disciplina, persistencia y nuevo espíritu de equipo, y una opinión pública que no exija milagros en períodos muy cortos, el país podrá más bien concentrar su energía en ganar los partidos por la competitividad, llenar los estadios y golear al mercado mundial.



Apertura



Colombia aún es una economía relativamente cerrada, si se compara con Chile que está en el puesto 32 o México en el 28.



Gobierno



Colombia está entre los últimos del ranking por la eficiencia de sus instituciones gubernamentales, por el gasto del gobierno.



Finanzas



No existe un mercado de capitales desarrollado y la creación de empresas es difícil. Países como Perú (40) y Chile (28) nos llevan ventaja.



Infraestructura



El país tiene mejor infraestructura que Venezuela (52) o Ecuador (54), pero frente a Chile (18), la diferencia es grande.



Tecnología



En ciencia y tecnología estamos en la cola apenas por encima de Ecuador (58) y Bolivia (59).



Management



La calidad de la gerencia es uno de los fuertes. Superamos a Venezuela (47) y a Perú (49) . Pero estamos lejos de Chile (20) y México (28).



Mercados laborales



En mercados laborales, Colombia está de penúltimo, apenas logró superar a Sudáfrica y todos los países de América Latina están mejor.



Instituciones



En materia de seguridad jurídica y de todo orden, Colombia no sale muy bien. Apenas superamos a Venezuela (57) y Ecuador (54).
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