| 5/27/2005 12:00:00 AM

De cara a la pobreza

Hay apoyo de los empresarios para acabar con la pobreza y la desigualdad. Solo falta el liderazgo del gobierno para concretar la agenda.

La pobreza ha vuelto al centro de las preocupaciones en la agenda del país. La conciencia de que derrotar la pobreza es decisivo para el futuro de Colombia está de nuevo en las discusiones públicas. Las manifestaciones sobre el tema no provienen únicamente de políticos o analistas, sino que algunos de los líderes más importantes del sector privado en Colombia, empezando por Luis Carlos Sarmiento, están hablando de esto. A los empresarios les importa, y mucho. Si la pobreza no se reduce, el mercado seguirá siendo pequeño y las empresas no podrán crecer. Además, Colombia quedaría reducida a vivir en una permanente inestabilidad política y social, con grandes perjuicios para las inversiones. La pobreza, entonces, también es problema de los ricos. La pregunta es ¿qué va a hacer Colombia para lograr una victoria decisiva sobre la pobreza, y cómo puede apoyarse en la capacidad y la influencia de sus líderes empresariales para lograr este objetivo?

Luis Carlos Sarmiento hizo un llamado al país en este sentido hace pocas semanas. Es necesario, afirmó, que el país crezca a tasas sostenidas del 6% anual para duplicar en 18 años el ingreso per cápita de la población. Este crecimiento requeriría niveles de inversión anual superiores a 23% del PIB. Si logra este ritmo de crecimiento sostenido, para el año 2023 el ingreso per cápita de los colombianos sería de US$4.400. Este sería un logro significativo, si bien aún estaríamos lejos de resolver el problema, pues se trataría apenas el mismo nivel de ingresos que tiene Venezuela actualmente y el que tuvo Chile en 1995.

Para conseguirlo, Sarmiento hizo un llamado para que el país se comprometa en un plan que incluya todos los acuerdos necesarios que garanticen este ritmo de crecimiento sostenido. Aunque la tarea es difícil, no es imposible. Sarmiento señaló los casos de países como España e Irlanda en Europa, los tigres asiáticos, y Chile en América Latina, que se propusieron salir de la pobreza y lo están logrando.

Sarmiento no está solo en su preocupación por el tema de la pobreza. Dinero dialogó extensamente sobre el tema con un grupo de representantes de primera línea del sector privado colombiano, incluyendo a Ricardo Obregón, presidente del Grupo Empresarial Bavaria; Gonzalo Restrepo, presidente de Almacenes Éxito, Samuel Azout, presidente de Carulla; Alfredo Carvajal, presidente de Carvajal; Camilo Durán, presidente de ExxonMobil; el constructor Pedro Gómez y Antonio Celia, presidente de Promigas y presidente de la junta directiva de Empresarios por la Educación. Estos líderes empresariales han estudiado el problema y, desde diferentes perspectivas, tienen aportes claves para el debate. Desde la necesidad de invertir para desarrollar mercados incorporando a la población más pobre al consumo, hasta el planteamiento de un compromiso con la no evasión de impuestos y una mejor educación para toda la población, ellos están dispuestos a respaldar propuestas que beneficien a la población más pobre del país. Sus palabras hacen pensar que sí sería posible una gran iniciativa nacional para derrotar la pobreza.



El problema

Lo primero es llegar a una definición clara y compartida del problema de la pobreza en Colombia. En este sentido, el libro que acaban de publicar los economistas Armando Montenegro y Rafael Rivas, Las piezas del rompecabezas - desigualdad, pobreza y crecimiento, llega en el momento preciso para alimentar este debate. Montenegro y Rivas resaltan la íntima relación que existe entre crecimiento, desigualdad y pobreza. El país necesita al mismo tiempo crecer, reducir la desigualdad y reducir el número de pobres, si quiere llegar a un modelo económico viable.

El crecimiento y la pobreza están relacionados. Las crisis económicas tienen un fuerte impacto en el incremento de la pobreza, como ocurrió en Colombia en la segunda mitad de la década del 90. La tasa de pobreza, que venía reduciéndose, pasó de 60% en 1995 a 64% en 1999, según cifras del Banco Mundial. Adicionalmente, las cifras muestran que el porcentaje de la población que vive con menos de US$2 diarios aumentó.

La desigualdad también se incrementó. El coeficiente Gini es un índice que implica mayor desigualdad en la medida en que su valor se acerca a 1. Si bien hay diferencias entre los estudios que han calculado el coeficiente Gini para el país, los resultados apuntan a que hubo un incremento de la desigualdad en la década anterior. Los estudios recientes estiman el coeficiente Gini de Colombia por encima de 0,56, lo cual ubica al país entre los más desiguales del mundo.

Si Colombia volviera a tener crecimiento, no solamente reduciría la pobreza, sino que podría reducir la desigualdad. La comparación con Chile es ilustrativa. Colombia y Chile son dos países con mala distribución de ingreso; sin embargo, Chile ha crecido a una tasa superior a la de Colombia durante varios decenios. Hoy, no solamente el ingreso per cápita de Chile ajustado por poder adquisitivo es 42% superior al de Colombia, sino que el porcentaje de gente que vive con menos de US$1 al día en Chile es la décima parte del de Colombia.

El progreso del país requiere avanzar al mismo tiempo en los frentes de acelerar el crecimiento, combatir la pobreza y reducir la desigualdad. El Departamento Nacional de Planeación está trabajando en un plan de desarrollo denominado Visión Colombia 2019, que establece una serie de metas para ser alcanzadas en ese año. Entre ellas están el aumento del ingreso per cápita a US$4.000, la reducción de la pobreza del 51,8% actual al 15% y de la indigencia del 16,6% al 5%. Esto se puede lograr, si el país se pone de acuerdo en que esa es su prioridad.

La agenda

Hay consenso y claridad respecto a lo que haría falta para dejar atrás la pobreza. En primer lugar, es indispensable un crecimiento económico sostenido a tasas que superen en varios puntos el crecimiento poblacional. Se requiere una tasa de crecimiento de por lo menos 6% anual o superior durante décadas, lo que a su vez supone un crecimiento drástico de la inversión. Para lograr lo anterior se necesitan políticas macroeconómicas sanas y estables, una estrategia de largo plazo de seguridad, y estabilidad jurídica.

En segundo lugar, es necesario mejorar el cubrimiento y la calidad de la educación. Una educación de mayor calidad y cuyo acceso sea igualitario contribuye al crecimiento, porque crea una fuerza de trabajo más productiva. Reduce la pobreza, porque genera mejores rentas para el trabajo. Y, además, es el instrumento más efectivo para reducir la desigualdad, porque permite que personas que nacen en familias pobres alcancen niveles de ingresos elevados y saquen a sus familias de la trampa histórica de la pobreza.

En la década del 90 se hizo un gran esfuerzo para mejorar las condiciones de educación y salud de la población. A raíz de la Constitución de 1991, el gasto social más que se duplicó, con un aumento de cobertura en ambos frentes. En educación, el gasto pasó de 3% del PIB a 4,64%, por encima de lo que invierten Chile y Argentina, dos países considerados como de alto desarrollo humano. Sin embargo, este esfuerzo en gasto no se reflejó en cobertura neta y calidad. "En muchos casos, no es un tema de plata, sino de gestión", como lo dice el presidente de Promigas, Antonio Celia. O, como lo expresa en un lenguaje más técnico Felipe Barrera, subdirector de Fedesarrollo en el área social, "los límites del desarrollo económico están en los límites institucionales".

Finalmente, el país necesita replantear su asignación de recursos escasos en varios frentes críticos. En el corto plazo, mientras surten efecto las políticas de educación y crecimiento, es indispensable contar con mecanismos focalizados de política social que permitan combatir la pobreza. Entre ellos se cuentan las transferencias directas a los más pobres; las redes de apoyo social, para proteger a quienes resultan más golpeados por las recesiones; y un tratamiento tributario más favorable a los más pobres.

El punto más difícil es lograr que estos esfuerzos redistributivos se traduzcan en más recursos para quienes tienen menos ingresos. Nuestra asignación de recursos es perversa. Ejemplos evidentes son los subsidios a las pensiones y a la educación superior, en los cuales el país gasta recursos enormes, pero no benefician a los más pobres sino a las clases media y alta; y el mar de exenciones que benefician a incontables empresas, sin que generen impactos positivos sobre los más pobres.



La acción

Es evidente qué hay que hacer, lo difícil es descubrir cómo hacerlo. Ahí es donde los líderes empresariales pueden ayudar a desatar el nudo gordiano en una estrategia nacional contra la pobreza.

En una estrategia que persiga este objetivo, el gobierno deberá asumir el compromiso de lograr un manejo macroeconómico responsable, mantener la seguridad del territorio y también la seguridad jurídica. Además, deberá corregir las malas asignaciones de recursos que se están haciendo en nombre de los pobres, como ocurre con las pensiones y la educación universitaria, y deberá administrar con efectividad el sistema de atención focalizada a los individuos de menores ingresos.

Lo anterior requiere un sólido apoyo para una política de Estado, donde los gobiernos se comprometan con una agenda de largo plazo, independientemente de las consideraciones de partido o ideológicas. Esto también exige recursos.

El papel de los empresarios se da en tres frentes: la generación de recursos para el Estado, mediante un replanteamiento de la tributación que realizan y de los subsidios que muchos de ellos reciben hoy; el compromiso de invertir por el país y por el desarrollo de mercados para toda la población (trayendo también la plata que tienen en el exterior); y el acompañamiento al sistema educativo, donde las empresas trabajarían de la mano con las entidades educativas para sacar adelante un modelo de mayor cobertura y mayor calidad.

¿Qué tienen para decir los empresarios respecto a estos temas? Si la muestra de empresarios que consultamos es representativa, resulta que tienen mucho para aportar en este cambio de rumbo. Dinero descubrió que han dedicado tiempo y esfuerzo a pensar en el problema y que están dispuestos a moverse por su país.

Desde varias perspectivas, esbozan ideas que el país debe conocer y discutir. Ricardo Obregón, presidente de Bavaria, plantea la necesidad de desarrollar la demanda de las clases más pobres para que sea motor de crecimiento. Eso se logra invirtiendo en un modelo de negocio que busque incorporar a esta población al consumo. Samuel Azout, de Carulla, propone una reforma tributaria audaz que reduzca las tasas de renta y extienda la cobertura, al mismo tiempo con la firma de un pacto nacional antievasión por parte de los empresarios. Pedro Gómez habla de mejorar la educación y elevar la calidad de los maestros, poniendo a disposición de esta tarea el conocimiento y el aprendizaje desarrollados por la Fundación Compartir. Gonzalo Restrepo, de Almacenes Éxito, enfatiza en el tema tributario y plantea un compromiso de las empresas con la inclusión de todos los ciudadanos en los beneficios de la economía de consumo. Alfredo Carvajal propone un mayor compromiso de los empresarios con la calidad del empleo y con la educación. Camilo Durán propone solucionar las necesidades básicas de la población en las áreas de salud y educación.

La pobreza es problema de todos. No debemos perder de vista que el criterio central de nuestras decisiones como país debe ser mejorar la equidad entre generaciones. No podemos dejar a nuestros descendientes embarcados en una economía inviable. La pobreza podría reducirse a menos de una tercera parte en 15 años, si Colombia decide desde ya que esta es su prioridad, por encima de cualquier otra consideración. Será necesario tomar decisiones difíciles y sacrificar privilegios. Pero lo cierto es que los elementos para hacer la tarea están a la vista de todos. Si el gobierno traza una agenda, se apoya en los empresarios y consulta a las demás fuerzas sociales, el país seguirá su liderazgo.



Ver entrevistas completas en www.dinero.com
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?