| 4/1/1995 12:00:00 AM

De armas tomar

Antes de comprar un arma piense muy bien si es la solución a sus problemas, considere las consecuencias legales y siéntese a esperar el salvoconducto.

Siendo Colombia uno de los países más inseguros del mundo (¿o el más?), son muchos los colombianos que en algún momento de su vida han deseado estar armados para defenderse de atracadores, ladrones, jaladores de carros, e inclusive, para amedrentar a locos y drogadictos que piden limosna con una piedra o garrote en la mano. Pero, ¿qué tan eficaz resulta un arma para garantizar la seguridad personal? O mejor aún, ¿portar un arma es garantía de que no le va a pasar nada? Al respecto, caben dos reflexiones. En primer lugar, los expertos consideran que la mejor defensa es la prevención.

Si usted tiene sistemas de alarma o de vigilancia en su casa, transita con las ventanas del carro subidas, los seguros puestos, el carro en primera aunque el semáforo esté en rojo y, sobre todo, no se expone en situaciones o lugares que puedan presentar algún peligro, no tiene por qué convertirse en víctima de un delito. Un poco paranoico, pero seguro.

Pero si usted tomó todas las medidas del caso y, sin embargo, dos hombres armados se le acercan y tratan de robarle el carro, ¿sería útil tener una pistola?. La respuesta es un poco más compleja, pero es muy diciente que ninguno de los expertos en seguridad consultados por DINERO se atreverían a usarla si hay otros pasajeros en el vehículo, y lo dudarían mucho si van solos. Es más, uno de ellos considera que lo mejor que se puede hacer es poner las manos sobre el volante, mirar al hampón a los ojos, pedirle permiso para cualquier movimiento que vaya a hacer, tratar de disminuir el cuerpo al máximo y hablarle amistosamente al atracador. Esta estrategia sirve para tranquilizar al ladrón, reducir su agresividad y, de contar con suerte, para que le roben el carro, pero al menos lo dejen ir a usted o a su acompañante.

Entonces, ¿en qué momento sirve un arma de fuego? Cuando los delincuentes están a distancia, por ejemplo, en una calle despejada (atinarle a un atracador en la carrera décima le quedaría grande hasta a Rambo), cuando la pérsona vive sola en una finca o cuando está en peligro inminente de muerte. Por eso, es muy importante que usted se pregunte a conciencia qué lo impulsa a armarse, si un arma es la solución a sus problemas o si simplemente necesita de un sistema seguro de vigilancia y una que otra rutina preventiva para evitar convertirse en blanco de un delito.

Después de analizar sus motivos personales, y dejando a un lado las consideraciones filosóficas sobre la conveniencia o no de andar armado, olvide frases manidas como el que tiene un arma es para usarla, o que el asaltante mata con el arma de la víctima. Revólveres y pistolas son sólo igualadores de fuerza, y el último recurso en materia de seguridad. Eso sí, es importante que sepa cuáles pueden ser las consecuencias de utilizarlos. Cuando usted dispara, se producen efectos legales cuyas repercusiones para el individuo varían dependiendo de las circunstancias en que ocurrió el hecho.

Desde el punto de vista legal, si se comprueba que el delito se cometió en defensa propia, no hay pena. El problema está en demostrarlo. Las pruebas que aporte tienen que convencer a los jueces de que usted sufrió una agresión injusta, que estaba en peligro inminente y que su respuesta fue proporcional al daño que le infringió, su atacante. Este. proceso fácilmente puede llevar tres años, y lo más probable es que en algún momento lo priven de la libertad. Si apesar de sus intentos no logra probar la defensa propia, lo pueden condenar hasta a 60 años de cárcel. Aunque sólo el 4% de los procesos acaban en condena, nadie le garantiza que el suyo no sea el único que culmine la justicia colombiana.

Obviamente, el proceso y las exigencias probatorias varían dependiendo del daño que se causó a la víctima y de la colaboración del implicado. En este punto es muy importante que la persona se presente ante la autoridad competente lo más rápido posible y cuente su versión de los hechos, porque si se escapa lo pueden detener preventivamente y el indicio de fuga puede ser usado en su contra durante el juicio.

Cuando la defensa pierde y las autoridades no quedan convencidas de que el uso del arma se dio en defensa propia, se pueden imponer diversas sanciones. En el escenario más dramático, usted dispara y mata a alguien. Entonces la condena mínima que le espera es de 25 años de prisión, y la máxima de 40. Eso, contando con que no haya ninguna causal de agravación, porque de lo contrario la pena puede llegar a 60 años. Claro que la ley contempla rebajas de pena. Por cada dos días de trabajo, la pena se reduce en un día. Además, el juez puede otorgar el beneficio de excarcelación al cumplir las dos terceras partes de la condena, y después de haber observado buena conducta y cumplir con otros requisitos de comportamiento y personalidad.

Si el incidente no pasó a mayores y "sólo" hirió a su atacante, las sanciones varían, dependiendo de la gravedad de la lesión y de los días de incapacidad, entre 6 meses y 10 años. Adicionalmente, los familiares de la víctima pueden iniciar un proceso civil para pedir una indemnización por los daños causados.

En caso de que un escolta suyo sea el que disparó, y no se compruebe que lo hizo en su defensa, a usted lo pueden involucrar en un proceso civil, para que responda solidariamente con las indemnizaciones a que haya lugar.

Suponiendo que tuvo la mala fortuna de dejar vencer el salvoconducto de su arma, o que nunca lo sacó, se verá abocado a un proceso por porte ilegal de armas, así se haya reconocido la defensa propia. La pena en este caso iría de 1 a 4 años, y se duplicaría si el arma tiene antecedentes o si es de uso privativo de las Fuerzas Armadas (calibre superior a 9 mm).

Si todavía está convencido de que debe andar armado, siga las siguientes recomendaciones y prepárese para cumplir con todos los requisitos que exige la Oficina de Control y Comercio de Armas del Ejército Nacional para otorgar un salvoconducto.

A la hora de escoger, tenga en cuenta las diferencias que existen entre revólveres y pistolas. La principal está dada por el número de balas que pueden disparar con cada carga. El revólver utiliza el sistema de carrete, con capacidad para seis balas, mientras que la pistola tiene un proveedor que puede llegar a cargar hasta 20 proyectiles.

Sin embargo, el revólver tiene la ventaja de que es más fácil de usar, no se encasquilla y para una persona que no es un experto tirador, es más sencillo de cargar. La pistola se puede disparar sola con mayor probabilidad. Además, un ejecutivo citadino no necesita el mismo poder de reacción que un escolta. Si usted necesita más de seis balas, está en una situación de verdadero peligro. El problema está en que el revólver puede constituirse en un peligro

con los niños en casa, porque es muy fácil de disparar y todas las películas muestran cómo usarlo. Lo aconsejable es mantenerlo en lugar seguro y descargado.

Cuando un arma se dispara, la pólvora expele unos gases invisibles que ayudan a lanzar la bala al exterior, y en el caso de las pistolas automáticas, una parte de éstos se utiliza para expulsar la vainilla. En las no automáticas, como los revólveres, las vainillas quedan dentro del carrete y hay que expulsarlas manualmente antes de volverla a cargar.

Otro punto importante en la decisión es el calibre, que está dado por el diámetro del cañón y el grosor del proyectil. Hay que tener en cuenta que el 90% de las armas están diseñadas para matar (el porcentaje restante para cacería), y que se diferencian, entre otras cosas, por el efecto que causan cuando el proyectil hace contacto con el cuerpo. Este efecto depende de la velocidad, el grosor y material de la bala. En Colombia se consiguen 7,65, 22, 32, 38 y 9 milímetros, en calibre corto, que es el autorizado para civiles. El arma corta, como su nombre lo indica, tiene un cañón pequeño y produce disparos efectivos hasta unos 50 metros, mientras que las armas largas, de uso privativo de las Fuerzas Armadas, son efectivas hasta 400 metros.

Los calibres pequeños, como el 22, pueden herir mortalmente, pero no neutralizan rápidamente a la persona. Y como se supone que el objetivo no es matar al asaltante sino equiparar fuerzas con él y permitir la huida, lo que recomiendan los expertos en seguridad es utilizar calibres grandes, como 38 mm, "que tienen la potencia suficiente para parar al enemigo". La bala no sólo daña tejidos, sino que su impacto tumba a la persona. A mayor velocidad de viaje de la bala, mayor el impacto.

Las balas que vende la Industria Militar tienen puntas de plomo, pero en el mercado mundial se consiguen aleaciones con bronce, estaño, latón y algunas de uso prohibido, como las de tungsteno que traspasan todo lo que se les ponga en frente, incluidos blindajes. Otras, como las hydrashock son muy potentes, pero están diseñadas para que al momento de penetrar el cuerpo se abran como una flor y no lo atraviesen. Al abrirse la bala produce mucho más daño. Las balas de tungsteno son prohibidas por la Convención de Viena, como son prohibidas las armas químicas. Una bala de tungsteno atraviesa varios cuerpos, rebota y tiene una enorme capacidad de daño.

Hay otras armas muy potentes como las subametralladoras, que disparan ráfa

gas de 25 balas en segundos o las ametralladoras, que pueden llegar a disparar 1.500 proyectiles por minuto, o los fusiles, que tienen cargadores hasta de 30 balas, pero pertenecen al equipo de guerra y están restringidas a las Fuerzas Armadas.



SALVOCONDUCTO EN LA MIRA



A unque la guerrilla, el narcotráfico y la delincuencia común están muy bien armados, en Colombia el gobierno es el que tiene el monopolio para el uso, producción e importación de armamento, y el que decide, a través de la Oficina de Control y Comercio de Armas, quien puede adquirirlo legalmente. Esta dependencia otorga dos tipos de salvoconductos: de tenencia o porte. El primero de ellos autoriza al propietario a mantener un arma en su casa, finca u oficina k ependiendo de lo solicitado), mientras que el segundo le permite llevarla consigo o a su alcance para defensa personal. Obtener los salvoconductos no es fácil, y depende del curso que tome la política gubernamental de acuerdo con la situación interna de orden público. Actualmente, el 70% de los permisos otorgados son para tenencia. Es excepcional conseguir el permiso de porte.

En el papel, los requisitos para solicitar un salvoconducto son simples. El Decreto 2535 de 1993 establece que a las personas naturales que soliciten tenencia se les debe exigir llenar un formulario, presentar la tarjeta de reservista, fotocopias de la cédula de ciudadanía y del certificado judicial, además de un certificado médico de aptitud sicofísica para el uso de armas. Si la solicitud es para porte, también deben justificar la necesidad de armarse. Aunque es fácil recoger estos documentos, su evaluación es muy compleja, ya que se solicitan antecedentes a todas las entidades de seguridad del Estado -quo no siempre responden con rapidez- y como se dijo anteriormente, hay un alto ingrediente de discrecionalidad a la hora de otorgar el salvoconducto. En teoría, la expedición del permiso debe durar unos 25 días, pero en la práctica se puede prolongar por muchas semanas más. La Industria Militar, a través de la Oficina de Control y Comercio de Armas, es la que provee el revólver o pistola solicitado "made in Indumil Y aquí se presenta una nueva diferencia entre los dos tipos de "herramientas»: el precio. El revólver es un poco más barato y se consigue en promedio por $400.000 - $500.000, mientras que una pistola fácilmente llega al millón de pesos.
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