Davos: tarea global

| 2/16/2001 12:00:00 AM

Davos: tarea global

El Foro Económico Global es el think tank empresarial más grande del mundo, donde se discuten las ideas que guiarán a la humanidad en este milenio. Un informe especial de Dinero.

Quien inventó el Foro Económico Mundial de Davos fue alguien con una visión y una ambición sin límites. La visión es genuinamente global, pues la premisa es que los grandes problemas son primero de la humanidad y solo después de los países. La ambición es enorme: crear mecanismos de acción colectiva que permitan resolver esos dilemas superando las fronteras geográficas, culturales y de ingresos. Y lo más valioso de todo es que se trata de una reunión de empresarios. No es un foro de burócratas, pues si bien las grandes organizaciones internacionales están allí (desde el Fondo Monetario Internacional hasta Greenpeace), ellas van con carácter de invitadas. También son invitados jefes de Estado, sindicalistas, científicos, premios Nobel, ambientalistas, artistas de fama mundial y otras figuras de primera línea. Pero si algo sintetiza el espíritu de Davos, es que la iniciativa, el talante del evento y las metas de trabajo las ponen los empresarios.

Dinero fue el único medio de comunicación colombiano que asistió a los debates del Foro, que tuvo lugar entre el 25 y el 30 de enero pasado. El alcance del evento rebasa con mucho la imagen que han pintado algunos medios, de acuerdo con la cual es la reunión anual de las élites neoliberales y las grandes agencias multilaterales. Es, en realidad, un lugar abierto donde los presidentes de las mayores empresas del mundo convocan al más amplio debate, para revisar la agenda de acción de la humanidad sobre la Tierra.



De esta mezcla libre de talento, ideas e influencia salen muchas cosas. Por encima de todo, surge una visión sistémica del mundo. En ninguna otra parte es posible apreciar tan de cerca las grandes tendencias que determinarán el futuro de la sociedad global. El debate es plural y los temas se abordan desde su dimensión económica, estratégica, científica, ética, cultural. Pero, además, la ambición del Foro se expande desde este año y aspira a generar una agenda de acción internacional para resolver los grandes problemas del planeta.



Una visión del mundo



La agenda es enorme. Si algo caracteriza la llegada del nuevo milenio es un cambio cualitativo en la incertidumbre. En economía, la pérdida de dinamismo de Estados Unidos abre la posibilidad de que la economía mundial pueda caer en una recesión. En los negocios, la velocidad es la nueva ley y la planeación se convierte en el ejercicio de entrenar equipos para sacar provecho de cambios impredecibles. En política, movimientos ciudadanos internacionales e interculturales hacen exigencias sin precedentes a los gobernantes. En geopolítica, países de tradición centenaria (como Rusia y Colombia) de pronto aparecen tan sobrecargados de problemas insolubles que su propia viabilidad se pone en duda. En ciencia, la humanidad encuentra que nunca había sabido tanto, pero nunca había encontrado tantas limitaciones para llevar los frutos de ese conocimiento a quienes más lo necesitan.



En la reunión de este año fue posible apreciar dos grandes vertientes para las incertidumbres que enfrenta la humanidad en el futuro inmediato. Algunas de ellas están relacionadas con el ciclo económico, y otras se refieren a temas estructurales.



La primera, atada al ciclo económico, es la reducción del crecimiento en Estados Unidos. ¿Qué tan profunda será? (Poco, aunque se sentirá como si fuera mucho). ¿Puede Europa asumir el liderazgo de la economía mundial si Estados Unidos falla? (Solo si realiza sus dilatadas reformas estructurales). ¿Se sumergirá Japón en una recesión aún más profunda que la que lo aqueja desde hace un lustro? (Probablemente). ¿Cuáles serán los países más afectados en el mundo en desarrollo? (Los del Sudeste Asiático y, en América Latina, México). Los pronósticos se hacen sabiendo que hay numerosos factores nuevos que pueden ejercer su efecto en forma imprevista. Es, después de todo, la primera recesión en décadas que se inicia en los países desarrollados y no en la periferia.



Una segunda gran incógnita se relaciona en parte con el ciclo económico, pero sus raíces verdaderas están en el terreno del cambio estructural. Se trata de la economía de internet. El crecimiento delirante de los precios de las acciones de empresas relacionadas con internet en las bolsas de Estados Unidos ha sido seguido por una estrepitosa caída. Este ajuste forma parte de lo normal en el ciclo histórico del mercado de valores y las manías colectivas, si bien tiene pocos precedentes por su tamaño.



Pero internet es mucho más que un fenómeno del mercado de valores. Es una de esas grandes oleadas que, cada cierto tiempo, sacuden las bases del capitalismo, al llevar la productividad global a un nuevo nivel. Su excepcional poder para transformar la vida de las personas y las estructuras de las empresas hará necesario volver a escribir los manuales de economía y administración. Se trata de una revolución de la productividad, no solo en informática, sino también en biotecnología, que empezó en Estados Unidos y apenas comienza a extenderse por el mundo. Como lo dijo Michael Dell, presidente de Dell Computer, "La caída de las .com es solo el comienzo de la nueva economía".



En suma, la creación de valor y la generación de nuevas empresas es la nueva frontera del desarrollo. Las aspiraciones de los empresarios y los gobiernos hoy van mucho más allá de las reformas económicas que perseguían hace 10 años. Buscan metas de enorme ambición, empezando por gestar en sus países nuevas versiones de Silicon Valley.



Las 3 brechas



En el terreno estructural, las incógnitas son múltiples. La globalización ha entrado en una nueva etapa, que difiere bastante de lo que se esperaba hace 10 años, cuando existía la convicción de que se había llegado a las fórmulas que acelerarían el crecimiento y mejorarían el bienestar. Hoy, se sabe que la fórmula no estaba completa, pero se sabe además que la salida no está en ninguna receta individual. Se trata de un proceso en construcción, que debe replantearse permanentemente para incluir a quienes han sido dejados al margen.



El gran peligro en esta nueva etapa es la profundización de las brechas entre quienes tienen y quienes no tienen. Hay una brecha digital, entre los países que tienen acceso a los avances en computación y telecomunicaciones y los que no. Hay una brecha educativa que separa a los países que logran educar a su población para las exigencias de la economía del conocimiento y los que se quedan atrás. Hay una brecha de salud, entre los países que tienen el conocimiento científico y el dinero para investigar, y los que sufren las "enfermedades de los pobres", como la malaria y la tuberculosis.



Estas distancias se están ampliando rápidamente y su solución exige mucho más que las reformas legales y regulatorias que se aplicaron con tanto entusiasmo en la década pasada. El nuevo proceso exige participación de todos y la comunidad empresarial reunida en Davos ha visto que tiene una responsabilidad moral en la solución. El sistema que les ha permitido crecer solo subsistirá si crece permanentemente la porción de la humanidad que se beneficia de él.



¿Mejor, o peor que antes?



Si se quiere ver una perspectiva negativa para el planeta, hay abundante material para apoyarse. "La gran lección de la historia es que no aprendemos las lecciones de la historia", como dijo uno de los asistentes al Foro. A pesar de todos los avances científicos y económicos, la desigualdad en el mundo alcanza proporciones escandalosas. Mientras en los países ricos la gente se enferma y se muere por consumir en exceso, en la gran mayoría de las naciones muere gente por desnutrición. El desarrollo industrial ha alcanzado proporciones desmesuradas y su impacto sobre el ambiente pone en duda la supervivencia misma de la especie humana en la Tierra. La explosión de la población, la desaforada velocidad de los fenómenos sociales y los enormes tamaños de la producción llevan a que, cuando se cometen errores, las consecuencias sean devastadoras y no haya tiempo para corregirlos. Las brechas se amplían rápido y los esfuerzos por cerrarlas avanzan a un ritmo al cual, sencillamente, no podrán ser resueltas.



Sin embargo, también hay razones para el optimismo. La globalización ha calado en un nivel muy profundo en la conciencia de los gobernantes. Mientras que la crisis del petróleo de los años 70, por ejemplo, fue una confrontación nítida entre productores y consumidores, en el año 2000 la volatilidad del precio del crudo fue manejada con gran madurez por las dos partes, pues ambos saben que tienen mucho qué perder si el otro se ve seriamente perjudicado. En Europa, el euro sale adelante como moneda y afianza el sentimiento de identidad del continente y su misión en el contexto global. En Estados Unidos, es difícil recordar una fase de desaceleración en la cual se haya contado con tanto margen de acción para conducir la economía hacia un aterrizaje suave, con un enorme superávit fiscal, baja inflación, bancos saludables y espacio para reducir las tasas de interés.



Hay una claridad meridiana respecto al papel que tienen los empresarios y los creadores de valor en el futuro desarrollo. La cultura de la empresa responsable con todos los afectados por ella, guiada por lineamientos internacionales del gobierno corporativo, está avanzando a paso firme en el mundo.



Se amplían también las iniciativas tipo "Venture Entrepreneurship", en las cuales empresarios expertos en generar valor ponen su conocimiento y sus recursos al servicio de proyectos de alto impacto social, como lo están haciendo Bill Gates, quien acaba de donar US$100 millones para la iniciativa Global Alliance for Vaccines and Immunization; y Martín Varsavsky, un multimillonario argentino de la nueva economía, quien donó US$11,2 millones al gobierno argentino para un portal educativo en internet y también le diseñó el plan de negocios (ver entrevista página 38). El camino por recorrer es muy largo, pero se están dando pasos sin precedentes en la dirección correcta.



Por otra parte, es necesario decir que el papel de Colombia en el foro fue deslucido, por muchas razones. El presidente Pastrana tenía una sesión plenaria y la canceló a última hora. El caso colombiano atrajo muy poca atención, en una sesión a la que asistieron cerca de 40 personas, cuando hubo muchos eventos que contaron con la asistencia de 150 y más participantes. Fue discutido, además, en el contexto de los países de muy alto conflicto y grave violación de los derechos humanos, al lado de Timor Oriental. Solo asistió un empresario colombiano, mientras que la presencia de empresarios de otros países latinoamericanos como México, Brasil, Argentina y Venezuela era notoria.



Como lo demuestran los testimonios del Foro Económico Mundial recogidos en estas páginas, el debate se vive con intensidad y la diversidad de opiniones es muy grande. Sin embargo, la capacidad para tender puentes y llegar a soluciones practicables es cada vez mayor. El gran motor para encontrar estas respuestas es entender que el mundo es una sola unidad y que los problemas nos afectan a todos. El Foro está destinado a convertirse en esta década en un gran aglutinador de ideas e iniciativas, con una capacidad única para sumar esfuerzos globales y llegar con las respuestas cuando son requeridas. Es, sin duda, uno de los grandes activos con que cuenta la humanidad en el nuevo milenio.
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