| 3/18/2005 12:00:00 AM

Cultura<br>Las mujeres de la cultura

En revistas, museos y bibliotecas, muchas mujeres han sido líderes, cambiado paradigmas, dado rienda suelta a su espíritu emprendedor y, en varios casos, puesto en alto el nombre de Colombia en el exterior.

La cultura muchas veces funciona como un oráculo: se adelanta a su tiempo. Los pintores, los poetas, los músicos y, en general, los artistas están a la vanguardia en la construcción de sociedades más justas. Con un vistazo a la historia de las mujeres líderes en el sector de la cultura en Colombia, es inevitable encontrar esa visión de futuro: parte del mundo actual es resultado de sus ideas y sus sueños.

Las mujeres que dirigieron las primeras revistas femeninas, abrieron paso a una nueva forma de concebir la sociedad. Las que promovieron el arte en museos y casas de cultura, las que administraron bibliotecas, ocuparon cargos diplomáticos, o también las que hicieron conocer la música y los bailes colombianos alrededor del mundo. Las mujeres han hecho de la cultura un terreno fértil para sacar adelante iniciativas que de una u otra forma transformaron el país.



Revistas para mujeres

Desde mediados del siglo XIX, se hicieron populares en América Latina unas revistas dirigidas a mujeres. Inicialmente escritas por hombres, empezaron a dar un giro a finales del siglo. No solo fue cada vez más notoria la participación femenina en la dirección y la parte editorial, sino que se empeñaron en promocionar el desarrollo intelectual de las mujeres y, sobre todo, en ampliar su campo de acción.

Este elemento fue clave para que ellas se interesaran en su educación, desarrollaran sus habilidades y concibieran de manera diferente la sociedad. Cada vez fueron más atrevidas y promovieron temas como el sufragio universal en los 30 y la discusión de asuntos políticos y económicos, que en otros tiempos no eran comunes para las mujeres. Estas revistas fueron una especie de preparativo para el papel que hoy tienen en la sociedad.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, Soledad Acosta de Samper editó en Bogotá cinco publicaciones para mujeres. En 1879 fundó La mujer, Lecturas para familias, en 1884, La familia, en 1889, El domingo de la familia cristiana, en 1898, El domingo y en 1905, Lecturas para el hogar. Todas estas revistas tuvieron varios ejemplares y duraron entre uno y tres años en circulación.

En 1916, en Pereira, María Rojas Tejada fundó la revista Femeninas, de la cual alcanzaron a salir cinco números. Esta revista pretendía dar a conocer el Centro de Cultura Femenina, que estaba dedicado a promover la educación de la mujer.

Posteriormente, talvez la revista de mayor impacto en su tipo fue la antioqueña Letras y Encajes, que se fundó en 1926. Esta revista fue la de mayor duración, 33 años, en los que tuvo varios formatos, orientaciones y directoras. El deseo de la revista, como se manifestó en su número inicial, era "convertirse en una guía para que las mujeres fueran amas de casa modernas". Este vocablo se usó desde la Segunda Guerra Mundial para designar aquellas mujeres que supieran por igual de literatura, culinaria, manejo de ropas y crianza de los hijos, como explica Patricia Londoño, en Publicaciones periódicas dirigidas a la mujer en Colombia, 1858 - 1930.

Desde los años 30, y sin abandonar el interés original de la revista, Letras y Encajes empezó a publicar artículos que reclamaban la igualdad jurídica de la mujer, y entró a ser un órgano del movimiento sufragista que estaba tomando fuerza. Curiosamente, cuando las mujeres pidieron ejercer por primera vez en Colombia este derecho, la revista cambió de postura, y le hizo eco al llamado de la Iglesia para que las mujeres no descuidaran el hogar ni la familia.

Entre las directoras de Letras y Encajes, Teresa Santamaría de González fue la más influyente. Ella, junto con Ángela Villa, una de las fundadoras y que había recibido una maestría en Literatura Española de Columbia University, en Nueva York, fundó en 1929 un Centro Femenino de Estudios en el que las mujeres antioqueñas tenían la posibilidad de discutir temas como política, economía, cultura y religión. Otras contribuciones de Teresa Santamaría fueron su participación en la reorganización del Museo de Antioquia, y la Sociedad de Amigos del Arte que fundó en 1937.

Las revistas femeninas, además, fueron abriéndole paso a una nueva concepción de la mujer en la opinión pública. Estas mujeres estuvieron a la vanguardia de lo que vendría en el futuro, y propiciaron una nueva gama de actividades en las que las mujeres empezaron a destacarse en la sociedad.



Museos y bibliotecas

El caso de Teresa Santamaría de González con el Museo de Antioquia no es aislado. Numerosos museos, a lo largo de la historia de Colombia, han sido dirigidos por mujeres. Basta mencionar a Sophy Pizano de Ortiz, con el Museo Colonial de Bogotá, o a Teresa Cuervo, quien estuvo a cargo de la transformación de una cárcel en el Museo Nacional.

También Marta Traba, una argentina que llegó a Colombia en los años 50, y fundó Prisma, una revista de crítica de arte. Fue una de las principales promotoras del Museo de Arte Moderno de Bogotá. Ella convenció a Gloria Zea de ser la directora de este museo, inaugurado en 1970.

En la administración de bibliotecas, se puede resaltar la labor de Fanny Osorio, quien ocupó cargos directivos en las bibliotecas del Ministerio de Gobierno, Universidad Nacional y Pedagógica Nacional y en la Biblioteca Luis Ángel Arango, entre otras. También la de Lina Espitaleta, quien dirigió las bibliotecas Nacional, de la Universidad Javeriana y la Luis Ángel Arango.

Otra bibliotecaria muy reconocida en la historia de Colombia es Meira Delmar. Además de ser una de las poetisas con más renombre en el país, dirigió la Biblioteca Departamental del Atlántico en Barranquilla por 36 años. Se posesionó del cargo el 27 de septiembre de 1958 y el 12 de noviembre del 59, el diario El Espectador publicó una lista de sus logros. Ese año había instalado una Sala de Referencia para estudiantes, hecho exposiciones de pintura, organizado conferencias, abierto cursos especiales e instalado una Biblioteca Pública en el barrio Simón Bolívar.



Artes escénicas

En las artes escénicas se destacan Sonia Osorio, con el Ballet de Colombia, y Fanny Mikey con el Festival Iberoamericano de Teatro.

Con su empuje y creatividad, Sonia Osorio logró llevar el folclor de Colombia a casi todos los continentes. De hecho, dice, se ha presentado más en Italia que en Colombia. En uno de sus viajes a Japón, recuerda, "el presidente de una compañía me dijo que ellos aplaudían muy poco. Ese detalle me preparó para recibir un público distinto, pero el día de la presentación en un escenario de la capital me llevé una gran sorpresa. La ovación se extendió con gritos que pedían que el ballet volviera. Entre los espectadores estaban los miembros de la familia imperial".

El trabajo de Fanny Mikey, que llegó desde Argentina en los años 60, consolidó el Teatro Nacional y creó el Festival Iberoamericano de Teatro. Este festival es uno de los más reconocidos de Latinoamérica. De hecho, el 14 de marzo, recibió el premio Max Iberoamericano a las Artes Escénicas en Madrid. Este premio le fue otorgado por unanimidad, gracias a su trabajo por el teatro en Iberoamérica.

Además de revistas, museos, bibliotecas y artes escénicas, muchas mujeres pusieron en marcha conservatorios, entidades de promoción cultural, festivales, programas radiales y publicaciones periódicas (ver recuadro). Todas estas mujeres impulsaron cambios en la sociedad. No solo se anticiparon a su tiempo, sino que las ideas que propagaron y su propia actitud emprendedora, creativa y tenaz para superar obstáculos, allanó el camino para la participación de la mujer en el desarrollo de Colombia.



Elisa Cano de Restrepo e Inés Arteaga de Otero dirigían en 1907 la publicación Colombia, La revista de las damas. En ella, planteaban posturas avanzadas en relación con la educación y la incursión de la mujer en el mundo profesional



Amina Melendro de Pulecio dirigió el Conservatorio del Tolima durante más de cuatro décadas. En 1959 consolidó un programa académico y artístico que permite formar a un bachiller clásico, pero con un robusto bagaje musical. En parte, gracias a ella, Ibagué es considerada la "ciudad musical de Colombia".



Flor Romero, escritora colombiana, estudió Ciencias Políticas en la Universidad de La Sorbonne, París. Fundó y dirigió la revista Mujer entre 1960 y 1975. Fue Concejal de Guaduas, primera consejera de la Embajada de Colombia en Francia y participó en la misión de relaciones públicas de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia en Paris. También se desempeñó como redactora de planta del diario El Espectador. Es la presidenta de la Unión de Escritores de América, UNEDA.



Aseneth Velásquez fue una de las galeristas pioneras en Colombia. Trabajó desde 1968 con Marta Traba y fundó en los años 60 la galería Garcés Velásquez con Alonso Garcés. Desde allí patrocinó a una gran cantidad de artistas jóvenes. Murió en Bogotá el 23 de enero de 2003 tras sufrir un ataque cardiaco.



Amparo Sinisterra de Carvajal ha sido una de las grandes promotoras de la cultura en Cali. A finales de los 70, concibió la Asociación para la Promoción de las Artes, Proartes, para convocar a la empresa privada en la promoción de las artes, que todavía dirige. Desde allí, organiza el Festival de Arte de Cali que, entre otras actividades, otorga el Premio Iberoamericano de Narrativa Jorge Isaacs. Inicialmente fue bailarina y parte de su formación la hizo en el American Ballet Theater de Boston. Cuando regresó a Colombia conformó, junto con Ana Consuelo Gómez, una compañía de ballet, antes de desarrollar otras actividades.



Consuelo Araújo Noguera,

'La Cacica', dedicó su vida a promover la cultura de su tierra. Su legado más importante fue el Festival de la Leyenda Vallenata, que fundó en compañía de Rafael Escalona y del ex presidente Alfonso López. También se destacó por hacer un periodismo crítico e investigativo, y mantuvo una columna en El Espectador llamada "La Carta Vallenata". Fue Ministra de Cultura en el gobierno de Andrés Pastrana, y poco después, en 2002, murió trágicamente algunos días después de haber sido secuestrada por la guerrilla.



María Mercedes Carranza, poeta bogotana (1945-2003), fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente que reformó la Constitución Nacional en 1991 y fue directora-fundadora de la Casa de Poesía Silva en Bogotá. Licenciada en filosofía y letras por la Universidad de los Andes. Como periodista cultural, dirigió las páginas literarias Vanguardia y Estravagario. También fue jefe de redacción del semanario Nueva Frontera, de Carlos Lleras Restrepo.
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