| 9/16/2005 12:00:00 AM

¿Cuál es su aporte?

Las multinacionales no solo cambiaron la forma de producir masivamente con eficiencia. También desarrollaron y transfirieron técnicas administrativas que transformaron la manera de entender y conducir los negocios y cambiaron el estilo de vida de los colombianos. Su impacto y su aporte se siente en todas las áreas de la economía del país.

Las multinacionales son la forma organizacional más poderosa del planeta para producir riqueza. Con más de 55 millones de empleados (el 0,9% de la población del mundo), en 900.000 filiales, producen más del 10% del PIB global. Los pagos entre compañías transnacionales son el 33% del comercio mundial y sus ventas anuales, cercanas a los US$20 billones, más que duplican las exportaciones mundiales, según datos de Naciones Unidas. Por su poder e influencia, las multinacionales son admiradas y temidas en todo el mundo. En Colombia, 291 de las 5.000 mayores empresas son multinacionales. Aunque solo son el 6% por número, en 2004 hicieron el 22% del total y obtuvieron el 42% de las utilidades de este grupo.

En el país, las multinacionales no solo cambiaron la forma de producir masivamente con eficiencia. También desarrollaron y transfirieron técnicas administrativas que transformaron la manera de entender y conducir los negocios y cambiaron profundamente el estilo de vida de sus habitantes, con productos innovadores que trajeron la economía moderna de consumo al país, desde las máquinas lavadoras, los electrodomésticos y los computadores, hasta el café soluble, los cereales para el desayuno y las comidas rápidas.

Las multinacionales son objeto de intensos debates sobre los efectos de la globalización. Mientras que algunos ven en ellas grandes generadores de valor y multiplicadores de productividad en los países donde operan, otros creen que se limitan a ser unos extractores de riqueza. Mantener la discusión en términos ideológicos y sin evidencias, sin embargo, no ayuda mucho a entender el papel vital que estas organizaciones tienen y han desempeñado en la economía de un país como Colombia. Una parte de este trabajo destaca esa función.

También hay que reconocer que la forma en que conviven en el sistema empresarial de un país depende de las decisiones que cada nación tome. En efecto, el principal objetivo de las multinacionales es generar valor para sus accionistas y ese motor las mueve. Pero la posibilidad de que los países impulsen su propio desarrollo a partir de esta dinámica depende, ante todo, de acciones locales.

Hacia el futuro, Colombia puede generar una infraestructura y una estabilidad jurídica favorables a la inversión extranjera, y eso será uno de los factores determinantes del potencial de crecimiento del país. Una mirada hacia el pasado puede ayudarnos a entender mejor la importancia de avanzar con firmeza en este campo. En esta edición, Dinero quiere mostrar el aporte histórico de las multinacionales al desarrollo empresarial colombiano. Es un trabajo de divulgación que no pretende ser exhaustivo, pero que muestra cómo la llegada de estas empresas sirvió para hacer de Colombia un país más competitivo. La inversión de las multinacionales puede hacer contribuciones aún mayores al desarrollo, si adoptamos un modelo económico que se apoye en sus fortalezas para integrar aceleradamente a Colombia en la economía global del siglo XXI.



Una larga historia

Como lo señalan John Micklethwait y Adrian Woolridge, la historia de las multinacionales comienza con las constructoras de ferrocarriles inglesas de inicios del siglo XIX. La expansión de las multinacionales fue rápida. A comienzos del siglo XX, cuando apenas empezaba la industrialización en Colombia, todos los países desarrollados de la época tenían su escuadrón de multinacionales.

En Inglaterra, su mayor cantera en ese momento, las multinacionales ya se habían diversificado al salir de ferrocarriles y minas hacia farmacéuticos, cigarrillos, chocolate, jabón, máquinas de coser y confecciones. Para 1914, ese país tenía el 45% de la inversión extranjera del mundo, cinco veces más que la de Estados Unidos. Por su parte, Francia ostentaba el segundo lugar en inversión en el extranjero, y ya había puesto nombres como Saint Gobain y Société Générale en los mapas.

Las transnacionales alemanas se organizaron como casas comerciales, para importar materias primas de otros países y exportar manufacturas. Con ellas, les compraban tabaco a los agricultores colombianos de Ambalema y les vendían productos químicos y eléctricos a sus compatriotas recién emigrados a Estados Unidos. Suiza, de otro lado, hacía más inversión en sus empresas fuera del país que adentro. Al comienzo de los 1900, Japón invertía 10% del PIB en sus empresas en el exterior.

Al final de la Primera Guerra Mundial, se formó una ola de expansión de estas empresas cuando los países generalizaron la aplicación de aranceles a los bienes importados. Las multinacionales cambiaron sus estrategias exportadoras por las de producir en cada uno de los mercados donde querían vender.

El balance multinacional cambió cuando después de la Segunda Guerra Mundial, la reconstrucción europea fue aprovechada por las empresas estadounidenses, que no habían sido afectadas por el conflicto y que tenían un sistema de producción y mercadeo masivo desarrollado en su enorme mercado interno. Para 1950, Estados Unidos había reemplazado a Inglaterra como sede de multinacionales.

La preeminencia estadounidense se reforzó en los 60. El jet -que Micklethwait y Woolridge califican como el arma secreta de Estados Unidos- facilitó la formación de una clase de ejecutivos multinacionales que se desplazaban entre países y de esa forma controlaban mejor las compañías y transmitían con más eficacia la cultura corporativa de la matriz. En ese momento, las multinacionales dejaron de ser federaciones más o menos cohesionadas de empresas nacionales, y se convirtieron en firmas globales, manejadas en el mundo con un solo criterio.

En los 70, la devaluación del dólar y la crisis del petróleo les abrieron temporalmente espacio a las multinacionales japonesas, mejores en técnicas de calidad, de manejo eficiente de inventarios y en tecnologías ahorradoras de energía. En 1995, de las 100 multinacionales más grandes, 23 eran japonesas.

Un último remezón en la estructura multinacional vino con el desarrollo de las comunicaciones y la liberación del comercio en los años 90. La mayor eficiencia de los sistemas de transporte, la reducción de los aranceles y el avance de internet redujeron el costo de la operación global y las barreras para entrar al mercado multinacional. Esto ha permitido la entrada de nuevos actores en el panorama de las multinacionales. Estas compañías aparecen ahora en lugares insospechados. Gerdau, la mayor productora de acero en minisiderúrgicas, es brasileña y Nokia, líder en teléfonos celulares, finlandesa. La expansión de este tipo de empresas se observa en los datos de la United Nations Conference on Trade and Development, Unctad. En 2002 había 65.000 multinacionales, cinco veces más que en 1975.



Buenos ciudadanos globales

El aporte de las multinacionales ha sido establecido en diversas investigaciones. Beata Javorcik, economista del Banco Mundial, muestra que la adquisición de fábricas por parte de una multinacional produce aumentos de la productividad. "Después de tres años, las plantas compradas sobrepasan la productividad de las del 'grupo de control' (las nacionales), en 34%", afirma en un trabajo para Indonesia. También encontró aumentos en inversión, en pago de salarios y una mayor inserción en la economía internacional (exportaciones e importaciones) en las empresas adquiridas.

Las transnacionales son buenas generadoras de empleo. En países como Singapur tienen el 50% del empleo manufacturero. Sus empleados son más productivos que los de las empresas locales. "Tienen un entrenamiento más estructurado, adoptan mejores prácticas internacionales y están expuestos a técnicas más sofisticadas, por ejemplo, de reporte financiero o a estándares de investigación y desarrollo de productos. Por eso, pueden aportar más", señala José Fernando Calderón, de la cazatalentos Egon Zehnder. Algunos de los ejecutivos terminan vinculados a empresas locales o forman sus empresas y así transfieren ese conocimiento administrativo a su país.

De otra parte, son más rentables, invierten más y ayudan a exportar. La Unctad encontró que en 2003 la rentabilidad de las transnacionales duplicó la de las firmas locales, y la inversión extranjera directa, IED, creció cuatro veces más rápido que el comercio mundial desde 1990. Además, señala que las multinacionales aumentan las exportaciones y en ocasiones, también incrementan la oferta exportable de los países receptores, como en el caso de Intel en Costa Rica.

Adicionalmente, hacen investigación y desarrollo. En algunos lugares conducen pequeños proyectos para adaptar sus productos a las condiciones locales, y en otros realizan trabajos de mayor envergadura científica. Naciones Unidas encuentra que en los últimos años la investigación de las multinacionales se está desconcentrando, moviéndose hacia países emergentes.

Por último, al ubicarse en el foco de la atención pública, las multinacionales optaron por ser ciudadanos ejemplares en los sitios donde operan. Esta ha sido una decisión necesaria para sobrevivir en un entorno en el cual su presencia genera suspicacias, tanto en los países pobres como en los países ricos. El compromiso con la ética ciudadana y la contribución social se han convertido en una constante de estas corporaciones en todo el mundo.



Multinacionales en Colombia

Un estudio del McKinsey Global Institute muestra que la llegada de las multinacionales a los mercados emergentes tiene un efecto positivo sobre el consumo. "Su impacto se ve en precios más bajos, una mejor selección de bienes y servicios, o ambos", afirma. Esta observación se verifica en el caso de Colombia, donde los consumidores fueron los mayores beneficiarios de la entrada de las multinacionales. Desde la introducción de electrodomésticos, con General Electric, Samsung o Mabe, hasta la reducción de precios por la competencia entre Carrefour y sus homólogos locales, los consumidores han sido los primeros beneficiados por el aumento de la competencia y por las mejores prácticas que traen las firmas extranjeras.

Las multinacionales tienden a tener un desempeño empresarial superior a las empresas locales. Los datos de 2004 lo muestran. Las multinacionales son más rentables que las colombianas. Su rentabilidad operacional es de 17%, casi el triple de las nacionales; la rentabilidad de las ventas (utilidad final/ventas) fue de 9% frente a 5% de las locales; y la rentabilidad del patrimonio, 14%, duplicó el promedio de las 5.000 empresas de Dinero (7%). Poseen un flujo de caja más robusto que las nacionales, como lo demuestra un Ebitda sobre ventas del 21%, mientras que en las colombianas llegan a 9%. Y aunque su nivel de deuda es similar, las multinacionales tienen sus obligaciones más concentradas en el largo plazo.

Los artículos de esta edición muestran cómo de maneras distintas y en épocas diferentes, las multinacionales generaron beneficios al país. La transferencia de tecnología de IBM o Microsoft, la inversión de Unión Fenosa o Endesa, la generación de exportaciones de Drummond, Glencore, y BHP Billiton, la transferencia de estándares de calidad a los proveedores, como lo hace Philip Morris, el desarrollo de productos como lo hacen Telefónica, el BBVA o Citibank, son todos ejemplos de la forma en que los elevados estándares que traen las multinacionales se convierten en beneficios para la economía como un todo.

¿Cuál podría ser el papel de las multinacionales en el futuro desarrollo económico de Colombia? El McKinsey Global Institute identificó cinco etapas posibles en la decisión de las multinacionales de ubicarse en un país en desarrollo:

1. Aprovechar el mercado interno.

2. Desarrollar la producción especializada de un producto.

3. Desarrollar la producción de componentes de productos para ser ensamblados en otras partes.

4. Reingeniería de la cadena de valor, para lograr ganancias en eficiencia más allá de la reubicación, mediante mejoras en los procesos.

5. Creación de nuevos mercados en el mundo, una meta que se alcanza cuando las mejorías en eficiencia permiten relanzar productos con nuevos elementos diferenciadores, a precios muy atractivos, que redefinen los mercados mundiales.

Las implicaciones de esta secuencia tienen una gran trascendencia para las políticas nacionales de desarrollo. El objetivo de los países no debería ser simplemente atraer la inversión extranjera, sino convertirse en los centros donde las multinacionales lograrán incrementar productividad, mejorar procesos y ubicar la producción de artículos nuevos para los mercados mundiales. Los países aportan infraestructura física, fuerza de trabajo educada y estabilidad jurídica. Las multinacionales aportan su cadena internacional de creación de valor.

El resultado es una ganancia en la competitividad nacional y una mejoría en el bienestar de los ciudadanos. Pero son los países los que llevan la responsabilidad de mostrar las ventajas de ubicarse en su territorio, pues la competencia de hoy se desarrolla entre naciones que quieren atraer inversión. Cada nación escoge la forma como quiere jugar el juego.
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