| 10/29/2010 12:00:00 AM

Corto plazo: debate de la tasa de cambio

En el corto plazo, el foco del debate está centrado en la competitividad cambiaria y en las medidas que el Gobierno y el Banco de la República puedan tomar para frenar la revaluación del peso.

De acuerdo con la publicación Emerging Markets Monitor, Perú ha sido el país latinoamericano que ha tomado las medidas más agresivas, con una compra de dólares que acumulaba cerca de US$6.200 millones -equivalente a 4,1% del PIB- entre enero y mediados de agosto de 2010. Brasil intervino comprando unos US$20.600 millones -cerca del 1% del PIB-; y México, aproximadamente US$3.600 millones -cerca de 0,4% del PIB-. Colombia y Chile se destacan por no haber introducido controles cambiarios ni ejercido una intervención limitada en el mercado de divisas.

Los beneficios sobre el nivel de las exportaciones deben compararse con los costos de la intervención para compra de divisas. En los países donde los déficits fiscales son más altos, los gobiernos presionan por obtener recursos a través de mayores tasas de interés, lo que atrae más cantidad de dólares, que cuesta trabajo esterilizar. En los países donde la estructura arancelaria presenta niveles más altos y la economía es más cerrada, la demanda de dólares es menor y esto lleva a que la intervención también involucre un mayor esfuerzo. Colombia, que tiene un elevado déficit fiscal y una estructura arancelaria proteccionista en comparación con Perú, tendría que enfrentar también una dificultad mayor a la hora de salir a intervenir comprando reservas.

La intervención cambiaria en gran escala tiene costos en el largo plazo. Implica un cambio de definición institucional, porque se le impone al banco central una nueva tarea, alcanzar un nivel de tasa de cambio. Además, los controles cambiarios ponen en entredicho el compromiso de mantener un marco estable para la inversión extranjera. Así mismo, la intervención desestimula el desarrollo del mercado de futuros en Colombia, porque las empresas saben que recibirán una 'cobertura' gratuita contra la revaluación. Estos pueden parecer problemas menores ante la urgencia de una coyuntura, pero la credibilidad de un banco central se logra a lo largo de muchos años de mantener una política consistente en medio de las dificultades. Un cambio de orientación no puede ser tomado a la ligera.

Esto explica la resistencia que ha mostrado el Banco de la República ante la idea de intervenir masivamente en el mercado cambiario o de introducir controles cambiarios. También explica por qué otras medidas tomadas recientemente por el Gobierno han tenido que ver más con el tema fiscal que con el cambiario. El proyecto de ley, mediante el cual se busca eliminar la evasión del impuesto del 4 x 1000 a las transacciones financieras (que deberá generar alrededor de $400.000 millones), y la eliminación de la deducción del 30% del impuesto de renta de las inversiones en bienes de capital contribuirán al mismo objetivo: reducir el déficit fiscal y aliviar la presión hacia arriba de las tasas de interés de los papeles oficiales. En el mismo sentido irá la decisión de efectuar el pago de los dividendos de Ecopetrol en el exterior. Todo esto deberá ayudar a reducir la llegada de dólares.

Quizás el principal motivo de polémica dentro de Colombia está en que no se han tomado medidas para controlar la salida de capitales de corto plazo. La evidencia del pasado, sin embargo, muestra que esos controles no suelen tener efectos sobre la tasa de cambio. Un estudio reciente de Jorge Toro y Hernán Rincón, del Departamento de Investigaciones del Banco de la República, analizó los mercados cambiarios con información diaria desde 1993. El estudio muestra que los controles cambiarios no han tenido impacto sobre el tipo de cambio cuando han sido aplicados y, por el contrario, sí han aumentado su volatilidad. Solo en una oportunidad, entre mayo de 2007 y octubre de 2008, cuando se realizó una combinación de intervención en el mercado del dólar y aplicación de control de cambios, se logró efectividad en el objetivo de detener la apreciación del peso sin generar mayor volatilidad de la tasa de cambio. Pero esa intervención se llevó a cabo en un momento en el cual las tendencias internacionales apuntaban a una salida de capitales de los mercados emergentes. La intervención tuvo el efecto de acelerar tendencias que ya estaban presentes en los mercados internacionales. Hoy, la tendencia es la contraria. El antecedente de 2007-2008 realmente no da pistas sobre el grado de éxito que se podría esperar en esta oportunidad.

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