| 11/1/1995 12:00:00 AM

Contrabando y financiación

Asociación de Confeccionistas de Colombia

Si se toman las principales variables macroeconómicas entregadas por el DANE, y con el nivel de información que se posee, se tendría que concluir que el sector ha tenido un año 1995 muy duro. Variables tales como empleo, productividad y rentabilidad han caído y continúan mostrando signos negativos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la información tomada por los diferentes agentes entrega una muestra poco representativa de un sector que quizá es el mayor en número de empresas manufactureras (la muestra es de 1.000 empresas sobre 19.000 del sector); aun así, elementos distorsionadores han hecho de 1995 un año difícil para las empresas de la confección. El contrabando, que sigue sin solución, campante por todo el territorio nacional, y la estrechez financiera a que ha sido sometido el sector, son las principales causas de un mal año, que por otra parte obliga a las empresas a adecuar sus estructuras para mejorar su productividad y por ende su competitividad.

Dos son los desafíos para el sector el próximo año en el orden internacional. La revaluación ha cedido la conquista de mercados nuevos y el reemplazo de mercados que han presentado dificultades como el venezolano, que constituía el segundo en importancia para nuestros productos.

En el orden interno el gran reto es la lucha contra el contrabando, que además de la participación gubernamental en su combate, requiere de mejoras importantes en las fábricas en temas como tecnología, formación de recurso humano, mejoras en comercializacion y financiación para el mejoramiento productivo.

Los dos temas más urgentes por solucionar continúan siendo la injusta calificación de riesgo con que ha tachado el sector financiero a nuestro sector, lo que ha causado especiales dificultades a la pequeña y mediana industria de la confección, y el contrabando, que con el aliciente del lavado de dinero se convierte en una competencia de alto riesgo, sobre la cual el gobierno nacional no ha definido en forma categórica su combate.

El sector confeccionista tiene las mejores expectativas en el mediano y largo plazo de cumplirse algunas de las medidas solicitadas al gobierno nacional, que se encuentran incluidas en el pacto tripartito fumado con el gobierno y trabajadores de la cadena productiva el pasado mes de julio.

Pocos países de América Latina muestran un sector que, como el de la confección textil colombiana, posee una de las infraestructuras más poderosas en toda la cadena productora: quinientas empresas del sector textil con un siglo de experiencia y respaldadas por una producción algodonera propia (que por algunas decisiones hoy se encuentra en déficit, pero que sería recuperable). 19.000 empresas de la confección entre micro, pequeñas, medianas y grandes empresas, con un reconocimiento internacional a sus productos, son la base para constituir un importante comercio interno y externo, que tendría la capacidad de vender en los mercados internacionales cifras por encima de los US$1.000 millones. La decisión será conjunta para que una vez superados los escollos, tomemos las medidas acertadas para que este sector, como en muchos países del Asia, se convierta en motor de desarrollo y empleo.

En los últimos años las condiciones económicas y políticas de nuestro pueblo han sufrido los cambios más vertiginosos del último siglo: apertura, internacionalización, cambio tecnológico, ya son temas habilitados en el desarrollo económico de los países y las empresas. La confección textil había sido tradicionalmente un sector enfrentado a la competencia internacional, mediante la participación de sus empresas en los mercados externos; hace falta una conciencia nacional que nos permita, mediante una estrategia mancomunada, llegar con fuerza de país a obtener un reconocimiento internacional y con ello una mejor participación de esos mismos mercados. El gobierno ha propuesto en el plan de desarrollo, denominado el salto social, varias políticas de consolidación de la apertura económica, creando varios estamentos que deberán soportar la competitividad de nuestras empresas. Dentro de ellos, los pactos tripartitos de competitividad, precios y salarios firmados entre el gobierno nacional, los empresarios y trabajadores de las cadenas productivas, son el escenario en el cual, mediante compromisos mutuos, aportamos para lograr ese desarrollo en el cual Colombia estaría comprometida.

Los empresarios hemos creído en él. De hecho, el sector textil-confección fue el primero en suscribir dicho pacto. Sin embargo, el desarrollo del mismo no ha contado con la dinámica necesaria.

Aun hoy el sector se ve amenazado por coyunturas que han afectado su desempeño. La revaluación, que a finales del gobierno Gaviria y los inicios de éste se convirtió en el principal enemigo de nuestros exportadores, aunque hoy ha cedido en parte, todavía no es el elemento impulsador de la conquista de mercados, y a pesar de que ha sido tratada de corregir la pérdida de competltividad a través del CERT, este aumento del certificado sólo va hasta el fin del año 1995. Es por lo tanto necesario mantener esta figura y/o reemplazarla por el DrawBack en forma eficiente, para buscar la permanencia en los mercados internacionales y conquistar nuevos.

En el orden interno, los dos elementos ya mencionados -contrabando y estrechez financierase convierten en los problemas por solucionar si para el futuro se quiere contar con un sector que aporte 250.000 empleos directos y el 3% de PIB manufacturero.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?