| 8/18/1998 12:00:00 AM

Competitividad, objetivo nacional

Contar con un entorno apropiado para los negocios equivale a tener ganada la mitad de la carrera por la competitividad. ¿Cómo lograrlo?

La falta de competitividad es el principal obstáculo de largo plazo para la viabilidad de la economía colombiana. Las cifras de los dos informes mundiales que hemos citado son una señal de máxima alarma. En un ambiente globalizado, la falta de competitividad implica condenar al país a marginarse de las oportunidades y a soportar una caída del bienestar de la población. Por ello, en medio de los problemas de la difícil coyuntura macroeconómica y de orden público, el logro de la competitividad debe abrirse espacio como el principal objetivo nacional.



El país debe programar sus decisiones para lograr dos metas en los próximos cinco años. Primero, escalar fuertemente en los rankings de competitividad internacional. Estos rankings se han convertido en la principal fuente de inspiración de los inversionistas internacionales de largo plazo y hay que ponerles todo el cuidado. En los próximos cuatro años, Colombia debería ser capaz de avanzar 15 ó 20 puestos en la escala mundial, y 2 ó 3 puestos en la escala de las grandes economías latinoamericanas.



Segundo, y como expresión concreta de lo anterior, Colombia debería proponerse duplicar las exportaciones diferentes de café y petróleo, para alcanzar rápidamente los US$13.000 millones de dólares. Martha Lucía Ramírez de Rincón, la nueva ministra de Comercio Exterior, ha dicho a Dinero que junto con el cargo ha aceptado el compromiso de duplicar estas exportaciones. Una excelente noticia para los empresarios colombianos. Dinero ha estimado que un crecimiento de exportaciones de esta magnitud podría poner al país en una senda dinámica de crecimiento de largo plazo, pero sus beneficios se verían muy rápidamente. La economía podría crecer cada año al menos dos puntos adicionales, y podrían crearse más de un millón de empleos permanentes.



En el pasado, la búsqueda de mayores exportaciones se basó en extracción de recursos naturales y explotación de mano de obra barata. Pero el país tiene hoy menos de ambos de lo que la mayoría de los colombianos cree. En el nuevo contexto internacional, la competitividad y las exportaciones se construyen a punta de generación de valor. Esto implica mirar menos a las tradicionales ventajas comparativas en las que hacían énfasis los economistas y más a las nuevas ventajas comparativas dinámicas que hoy tanto ponderan los estrategas empresariales.



Para construir las nuevas cadenas de generación de valor en las que debe basarse nuestra competitividad futura, hay que combinar una estrategia de país con una estrategia empresarial orientadas a la conquista de mercados.



La estrategia de país tiene como requisitos la estabilidad macro y política que el nuevo gobierno ha anunciado. Pero se necesita mucho más. Se requiere construir una visión del país económico de largo plazo. Hay que adecuar las políticas estructurales para el logro de la competitividad. Las infraestructuras física, de capital humano, de tecnología y de información deben apuntar en esta dirección, en lugar de estar disgregadas a causa del clientelismo, los conflictos gremiales y las visiones estrechas.



Todas las instituciones públicas deben apuntar no a interponerse, sino a facilitar el logro de la competitividad. Razón tiene Jaime Ruiz, el nuevo director de Planeación Nacional, al decir que "el país hizo las reformas macro a comienzos de los noventa, pero se quedó a mitad de camino y no volvió a pensar en lo que aún faltaba para poder ser competitivo en el mundo de hoy".



El ambiente empresarial



Las condiciones del país tienen mucho por mejorar y al nuevo gobierno le corresponde en ello un gran papel. Pero, como lo sugiere Michael Porter, la atención debe desplazarse crecientemente hacia el desarrollo de los "fundamentos microeconómicos para el desarrollo económico, alrededor de las prácticas operativas y estratégicas de las empresas, así como en los insumos empresariales, la infraestructura, las instituciones y las políticas que constituyen el ambiente en el cual las empresas de la Nación compiten". Este desarrollo micro tiene, pues, dos componentes principales.



El primero es la estrategia corporativa, cuyos fundamentos básicos y algunos ejemplos tropicalizados fueron expuestos en una sección anterior. Sólo si la competitividad de las firmas se afinca como obsesión empresarial, podrá el país salir adelante.



El segundo componente es el desarrollo del "ambiente empresarial" que hace factible las buenas decisiones de los empresarios. Además de las condiciones de los insumos productivos y de la modelación de la demanda, las decisiones de una empresa dependen muy estrechamente de las firmas que la circundan, bien en su ambiente geográfico o en su cadena productiva.



La empresa aislada, aun con los mejores empresarios, es una unidad insuficiente para desarrollar la nueva estrategia de competitividad empresarial. Se trata ahora de habilitar los llamados "clusters" de decisión empresarial, que permitan aprovechar las sinergias productivas de las empresas para reducir los costos individuales y aumentar la productividad global.



Para el desarrollo de estos clusters hay posiblemente tres vías. La vía clásica son los programas de desarrollo de cadenas productivas. Se trataría de políticas muy diferentes a las desacreditadas políticas industriales de los años sesenta, orientadas a identificar los puntos en los cuales la acción colectiva, canalizada por el Estado, puede desatar la generación de valor.



Una segunda vía puede salir de identificar los puntos donde se cruzan las cadenas de generación de valor con las iniciativas regionales, en los que puedan resolverse localmente muchos de los cuellos de botella que impiden el logro de la competitividad. Jaime Ruiz cree que un nuevo estilo de planeación regional, que supere la competencia por estímulos tributarios y las insaciables aspiraciones locales por mayores transferencias de la Nación, será clave hacia adelante. Una tercera vía son los desarrollos positivos de los conglomerados empresariales que, más que la acumulación de activos para la explotación de bienes no transables, busquen la sinergia de procesos interrelacionados de producción para la exportación.



Crear actores



Un ambicioso plan de conquista de la competitividad y los mercados externos requiere una nueva conjugación de actores y procesos de decisión. La estructura administrativa del Estado está excesivamente fragmentada para sacar adelante estrategias globalizantes como la que se propone.



Hay mucho ministerio débil para enfrentar pequeños problemas y pequeños intereses. El Ministerio de Comercio Exterior está demasiado alejado de los empresarios y sus intereses globales. Las dos instituciones públicas más poderosas ­el DNP y el Minhacienda­ están demasiado concentradas en resolver los problemas de funcionamiento del sector público. La reforma del Estado debe encarar una nueva apertura del Estado a la influencia empresarial. Pero, simultáneamente, la representación empresarial sigue dominada en exceso por un estilo de trabajo poco acorde con la visión de país que se necesita.



Si se cumplen estas condiciones, Colombia podría iniciar rápidamente su escalada en los rankings internacionales. Si lograra un progreso rápido, se podría generar un círculo virtuoso en el cual el compromiso claro del gobierno se vería reforzado por el entusiasmo y la iniciativa de los empresarios. La competitividad es, ante todo, un problema mental, un estado del alma que fluye de la forma como una persona, una empresa o un país se ven a sí mismos y entienden su papel en el mundo que les rodea. Romper con los esquemas caducos y apropiarnos rápidamente de los nuevos es la primera tarea en la agenda.
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