| 10/15/2004 12:00:00 AM

Colombia

Nuestro país fue favorecido por la expansión mundial en 2004, pero podría verse afectado por la desaceleración en 2005. El reto es generar las condiciones para que la economía colombiana crezca sostenidamente por encima de 4%.

Colombia tuvo su parte de la expansión de la economía mundial en 2004. Hemos tenido un aumento importante de capitales del exterior, producto de las exportaciones, que han crecido a la par con la expansión mundial, y del ingreso de capitales que buscan mayores rentabilidades, particularmente en inversiones de portafolio y finca raíz. También ha entrado capital como inversión directa, por cuenta de las mejores perspectivas de mediano plazo.

Como resultado del mayor ingreso de divisas de diferentes fuentes y su efecto multiplicador, la economía este año crecerá por segundo año consecutivo por encima de 3,6%. Este crecimiento es bueno, aunque está lejos del que se requiere para aumentar el empleo y reducir la pobreza. Incluso es inferior al crecimiento de 5,1% esperado para la región latinoamericana este año y también inferior al crecimiento previsto para los países vecinos.

La consecuencia de los flujos de divisas de 2004 quedará grabada en la memoria: una apreciación del peso de 10% en lo corrido del año. Las repercusiones son diferentes para cada sector y han generado un fuerte debate entre los actores de la economía. El gran ganador ha sido el gobierno, que gracias a la revaluación ha logrado un ahorro importante en el servicio de su deuda externa, equivalente a lo que recaudaría con una reforma tributaria. Los importadores también se han beneficiado de esta apreciación, lo cual se ha sentido especialmente en los productos de consumo duradero, como aparatos domésticos y carros particulares, cuyas importaciones en el primer semestre crecieron 28% y 30,5%, respectivamente.

Por el lado de los grandes perdedores están los exportadores, que reciben menos pesos por cada dólar que reintegran, a la vez que aumentan sus costos en pesos. No obstante, gracias al crecimiento de las exportaciones, 9% en el semestre, esta pérdida ha sido compensada hasta cierto punto.

Sin embargo, el debate sobre revaluación no es el más importante que debería darse en torno a la economía colombiana en este momento. El verdadero debate debería centrarse en cómo hacer para que la economía de Colombia dependa menos de la buena suerte y las buenas condiciones externas. La pregunta es qué hacer para que el crecimiento se mantenga incluso si la economía mundial se desacelera el año entrante, como se espera que suceda.



La respuesta es invertir

El punto de partida obligado es qué está pasando con la inversión. Como proporción del PIB, la inversión total es de 17%, un nivel excesivamente bajo. El nivel de inversión consistente con un crecimiento del PIB de 4% es de 25% del PIB. Esto significa que si se quiere mantener el ritmo de crecimiento logrado en 2004, se requiere aumentar la inversión total en al menos ocho puntos del PIB. Este es el reto.

Como consecuencia de la recesión económica de finales de los 90, la inversión en Colombia se desplomó. La inversión extranjera directa pasó de US$5.000 millones en 1998 a US$1.700 millones en 2003. En el primer semestre de 2004, según las cifras de la balanza cambiaria, entraron al país alrededor de US$1.300 millones en inversión extranjera, una cantidad muy inferior al promedio de los 90. Es cierto que hay interés de los inversionistas en el país y, de hecho, ya han hecho algunas operaciones importantes, como la adquisición del Coltabaco por parte de Philip Morris, o de la mina de carbón La Jagua de Ibirico por parte de Glencore. Sin embargo, es necesario que venga más inversión privada del exterior.

La formación bruta de capital, esto es, la inversión interna, creció 18,1% en el primer semestre de 2004 frente al mismo semestre de 2003, aunque con una ligera caída en el segundo trimestre frente al primero. Un crecimiento de la inversión en esta magnitud es bueno, sin duda, pero no es suficiente, dados los enormes requerimientos del país en inversión en maquinaria y equipo, por cuenta de su obsolescencia tecnológica y la alta utilización de la capacidad de producción. Según la Encuesta de Opinión Empresarial de Fedesarrollo, la mayoría de las empresas colombianas está operando a plena capacidad. Esto deja poco espacio para crecer en el futuro cercano.

De otra parte, sorprende el bajo nivel de importaciones de bienes de capital, precisamente en un momento en que el costo de esta inversión es muy favorable dados los beneficios tributarios, la revaluación del peso y los bajos intereses en Colombia y en el exterior. No hay que olvidar que en el ranking de competitividad, que elabora el World Economic Forum, en el tema de transferencia de tecnología, Colombia ocupa el puesto 50 sobre 77 países no innovadores y por su capacidad para absorber tecnología, ocupa el 59 entre un grupo de 102 países. En ese comportamiento yace buena parte de la explicación. El tema se vuelve más crítico si se tiene en cuenta que el país está ad portas del TLC con Estados Unidos.

Por el lado del gobierno, el tema de inversión tampoco es halagador. Como consecuencia del creciente desequilibrio de las finanzas públicas, la inversión pública está en un mínimo histórico de 1% del PIB, lo cual es preocupante cuando se sabe que para que el TLC sea exitoso se requiere que el país cuente con la infraestructura necesaria para competir. Pero lo más grave es que, si el gobierno no saca adelante las reformas que presentó al Congreso (tributaria y pensional), los requerimientos crecientes para el pago de pensiones terminarían absorbiendo los pocos recursos que hay para inversión.



Y el consumo, ¿qué?

El segundo tema que hay que mirar para determinar la capacidad de crecimiento de la economía es el consumo. Durante años, ha estado reprimido y solamente en 2004 empezó a repuntar, con un crecimiento de 3,3% en el primer semestre. No obstante, al mirar las cifras en detalle, se observa un crecimiento bastante desigual entre el consumo de bienes durables y el de no durables, lo cual a su vez está relacionado con la baja capacidad de consumo de los colombianos, particularmente los más pobres. De hecho, de acuerdo con diversas fuentes, el consumo de los hogares, aunque su ritmo sigue creciendo, se desaceleró en los últimos meses (ver columna Jorge Londoño página 44).

El problema es que la capacidad de consumo del país es muy baja, en la medida en que el 60% de la población está bajo la línea de pobreza y la tasa de desempleo se mantiene por encima de 13%. Para que la economía crezca, se requiere dinamizar el consumo interno; pero esto solo se logra con tasas de crecimiento como las que hemos venido comentando, superiores al 4%. De nuevo, la única solución es aumentar la inversión.

En resumen, en vista de la desaceleración de la economía mundial en 2005 (por benigna que llegue a ser) y el impacto que podría tener sobre el comercio mundial y las exportaciones, Colombia difícilmente crecería más allá de 3,6% - 3,8% en 2005. No cuenta con las condiciones para una mayor expansión y, además, la enorme presión del gobierno para financiar su creciente déficit mediante mayores impuestos terminará por afectar aún más el crecimiento.

Aquí vale la pena hacer una aclaración. Aunque es cierto que hay beneficios tributarios para la inversión en bienes de capital, el hecho de que cada vez se grave más el capital por medio del impuesto al patrimonio (una figura obsoleta en el mundo entero) genera un sesgo antiinversión. ¿Quién va a querer invertir en un país donde el inmenso apetito del gobierno por recursos motiva un cambio reiterado en las reglas del juego? ¿Cómo convencer al inversionista, cuando el gobierno tiene que pasarse el año ideando todo tipo de impuestos como el del patrimonio y el de las operaciones financieras, que no hacen más que distorsionar e intervenir en la actividad productiva del país?



Los mercados financieros

Frente a un escenario de crecimiento de la economía en 2005 algo inferior al de 2004, cabe preguntarse qué podría pasar en los mercados financieros con el dólar y las tasas de interés.

En el caso del dólar, en 2005 desaparecerán algunas de las causas que llevaron al fuerte incremento de los ingresos de divisas, lo que llevaría a pensar que la revaluación del peso se detendría y la tasa de cambio se devaluaría para mantener su valor real. El menor crecimiento mundial traerá como resultado la disminución de los flujos de comercio y, por tanto, de los precios y del volumen de las exportaciones. Con excepción del petróleo, los precios de las materias primas tenderán a caer, lo que tendrá un impacto sobre los ingresos de las exportaciones.

De otra parte, ante la subida de las tasas de interés en Estados Unidos, para los inversionistas ya no será atractivo traer sus dólares al país. Con la revaluación y la inflación de activos, no solo reciben menos pesos por sus dólares, sino que además los pesos compran mucho menos de lo que podían comprar hace uno o dos años.

El aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, que hasta el momento no ha sido un problema para el gobierno, porque no ha tenido ningún impacto sobre los spreads de los papeles de deuda pública, empezará a sentirse muy pronto; sobre todo si, por cuenta de los precios del petróleo, la Reserva Federal tiene que acelerar el ritmo de aumento de los intereses. De los US$1.500 millones que el gobierno colombiano pensaba colocar en los mercados externos en 2005, ya colocó US$500 millones, aprovechando el momento favorable del mercado. Le falta colocar US$1.000 millones, que podrían complicarse o no, dependiendo de las condiciones del mercado. Si se deterioran, tendrá que recurrir al mercado interno, como en tantas otras ocasiones. Si este es el caso, el ingreso de dólares por este concepto será menor, lo cual compensaría la tendencia revaluacionista.

Ineludiblemente, los intereses tendrán que subir a la par con las tendencias mundiales y la presión del gobierno por recursos. El gobierno será nuevamente el gran jugador del mercado, en la medida en que tiene previsto colocar TES por $6,7 billones. Esto sin tener en cuenta la posibilidad que se dificulte el acceso a los mercados externos, ni los $2 billones adicionales que nadie sabe cómo va a financiar.

En suma, no hemos construido el espacio para que el país desarrolle una verdadera estrategia de crecimiento. No tenemos tiempo para pensar en el futuro porque nuestra imaginación se gasta en la administración de un presente volátil. Es necesario salir del círculo vicioso que el déficit público impone sobre la economía colombiana, para poder pensar en el largo plazo.
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