| 1/23/2009 12:00:00 AM

Colombia se desacelera

El país sufrirá los efectos de la crisis tanto como el promedio de la región latinoamericana, pero puede salir más favorecido que otros si toma las decisiones acertadas.

El crecimiento de la economía colombiana en 2008 se ubicará por debajo de la mitad del de 2009 y será inferior al 5,0% proyectado inicialmente por el gobierno y al 5,44% de los analistas consultados por Dinero hace un año. Además del impacto de la crisis financiera internacional, factores internos incidieron en la disminución del ritmo de la actividad económica, como la actividad del Banco de la República para frenar la revaluación del peso y las presiones inflacionarias. A pesar de estas medidas, la tasa de inflación alcanzó 7,67% en lo corrido del año, superando en más de dos puntos porcentuales la meta del Gobierno.

Los elevados precios del petróleo y de las materias prima, registrados hasta el mes de agosto, incidieron en el considerable incremento del valor de las exportaciones durante el año; sin embargo, ha habido un estancamiento en términos de volumen. Esto contribuyó a una leve reducción del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que se ubicó en 4% del PIB.

En el primer semestre de 2008, la junta directiva del Banco de la República enfrentó las presiones inflacionarias mediante alzas graduales de 25 puntos básicos en su tasa de intervención que moderaron el aumento del crédito y consumo de los hogares. Entre julio y noviembre no se volvió a modificar la tasa de intervención, que se mantuvo en 10% y solo bajó en la última reunión del Emisor, para ubicarse en 9,5%. Esta decisión se sumó a las medidas adoptadas en octubre y noviembre de reducir los encajes de las cuentas corrientes y de ahorro y de los certificados de depósitos a plazo fijo, con el propósito de dar mayor liquidez a la economía y facilitar el funcionamiento del mercado crediticio.

Pronóstico cauteloso

Si las condiciones en Estados Unidos no empeoran, el crecimiento de la economía colombiana en 2009 estará alrededor de 2%; con un mínimo de 1,8% y un máximo de 4%, según los analistas consultados. La inflación cederá por cuenta de la contracción de la demanda externa e interna, esta última estrechamente relacionada con el aumento de la tasa de desempleo -que alcanzará 13%- y la mayor informalidad laboral. De otra parte, se espera un comportamiento más estable de la tasa de cambio, con una ligera devaluación nominal.

En el ámbito fiscal es de esperar una ampliación del déficit de al menos un punto porcentual, para cubrir un mayor gasto en inversión social y dar inicio a grandes obras de infraestructura de transporte. La política monetaria seguirá orientada a cumplir la meta de inflación, que el Gobierno estima entre 4,5% y 5% para este año. Esto representa una caída de tres puntos porcentuales respecto de la registrada en 2008, por lo que los analistas confían en que la tasa de intervención del Emisor continúe bajando, para ubicarse en 8% al finalizar el año.

Definitivamente, Colombia no está en el grupo de países que puede buscar una reactivación económica a partir de una expansión agresiva del gasto público, pues no aprovechó los años de bonanza para crear el espacio fiscal necesario para una estrategia de este estilo. En particular, es importante no ceder a la tentación de incrementar el gasto por razones electorales.

Hay factores que pueden tener un impacto muy negativo en un contexto como el actual. La contracción del comercio con Estados Unidos y Venezuela no ha llegado a su límite, el crédito que se ha necesitado hasta ahora se ha conseguido, pero podría empezar a escasear, y la inversión extranjera ha generado un nivel de flujos anuales al cual el país se ha habituado.

Otros factores de mayor alcance en el ámbito internacional podrían afectar negativamente a Colombia en este año, como una caída de las remesas, el empeoramiento del consumo en Estados Unidos o un aumento del ahorro de los hogares estadounidenses. Estos factores podrían llevar a una devaluación del peso mayor que la prevista. Con ello se alimentaría el desempleo y la pobreza y se entraría en un círculo vicioso por una contracción aún mayor del crecimiento.

En medio de las dificultades y los riesgos del presente inmediato, no podemos olvidar los temas críticos de largo plazo, sobre los cuales deben mantener su mirada puesta tanto el gobierno como los empresarios: a la salida de la crisis, por larga que esta sea, se configurará un nuevo orden mundial, el cual tendrán mayor protagonismo los países emergentes. Colombia tiene que pensar en cuál será su proyecto como país en ese nuevo orden y debe tomar la iniciativa para hacerlo realidad. Esto implica la necesidad de definir prioridades en un amplio número de frentes relacionados con la competitividad. Cuando la crisis pase, habrá una breve ventana de oportunidad y los países que la aprovechen serán los ganadores de la siguiente etapa. ¿Logrará Colombia estar dentro del grupo de líderes en ese momento?
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