Ciudades globales

| 9/1/2000 12:00:00 AM

Ciudades globales

Local­izando el nuevo modelo de desarrollo regional. Las ciudades enfrentan un período de transición compleja, pero con grandes oportunidades.

Los nuevos alcaldes

En el 2001 se inicia un nuevo período de alcaldes. Los futuros mandatarios tienen el reto de sacar a sus ciudades de la crisis y ponerlas en el camino correcto del crecimiento y el bienestar social.



En dos meses, los colombianos elegiremos a los alcaldes para el período 2001-2004. Este corto lapso representa en realidad un gran cambio en la percepción de los problemas. ¿Qué país tendremos en el 2004? Posiblemente tendremos una economía en paz, con menos droga y con altas posibilidades de haber entrado de lleno en el libre comercio. El avance en el proceso de negociación con la guerrilla, el Plan Colombia y el Tratado de Libre Comercio podrían conducir en el mediano plazo a una transformación enorme en la forma como los colombianos afrontamos la realidad. El problema es que el nuevo período de los alcaldes comienza en el 2001, posiblemente en el momento más difícil de la historia reciente, cuando los colombianos estamos agobiados por el desempleo y la inseguridad y el estado de ánimo de los habitantes de las cuatro principales ciudades está en los niveles más bajos en muchos años. Con excepción de Bogotá, en general más de la mitad de los encuestados en el Gallup Poll cree que la cosas están empeorando en sus ciudades cuando en el 97 la percepción era mucho más optimista.



Esta percepción pesimista coincide con el hecho de que la mayoría de los colombianos está de acuerdo con que los dos principales problemas que afronta el país son el desempleo y la inseguridad.



Pero lo que encuentran los alcaldes en sus ciudades no es solo una población golpeada por los problemas de bienestar económico y violencia. El otro gran desafío es el lamentable estado de las finanzas públicas. Municipios totalmente desfasados en sus gastos y sin que mejoren los ingresos y con situaciones de elevado endeudamiento. En estas profundas dificultades fiscales, la gran responsabilidad de los nuevos mandatarios seccionales será poner de nuevo en marcha la economía civil, la economía más allá del gobierno. Se trata de realizar una compleja transformación de los gobiernos seccionales en medio de una coyuntura económica extremadamente compleja. La reactivación de los negocios y el regreso de la inversión local y extranjera no se darán mientras no haya señales de unas finanzas públicas en proceso de reordenamiento.



Los retos



¿Qué es realmente diferente en el contexto empresarial entre el actual proceso electoral y el de hace tres años? Sin duda, el cambio más radical es la transformación del modelo económico. Desde el año pasado, Dinero encontró que el país estaba en medio de una recomposición de la riqueza regional por el impulso de la globalización (edición No. 92). Cuando el gasto público, las importaciones y la demanda local eran los grandes dinamizadores del crecimiento, Bogotá concentró gran parte del desarrollo y el crecimiento del Producto Interno Bruto. Pero en el nuevo escenario de globalización, cuando las exportaciones priman como jalonadores en la creación de valor de las empresas, las zonas con mayor potencial son seguramente la Costa Atlántica, Antioquia, Valle y los Santanderes por las ventajas competitivas geográficas de estas regiones. El cambio de modelo es evidente. Las zonas de Antioquia, Santanderes y la Costa ya muestran un gran dinamismo en la conquista de los mercados externos y aún falta que el Valle realmente aproveche sus ventajas para sumarse a la tendencia.



Aunque las exportaciones en los dos últimos años apenas crecieron a una tasa del 10% nominal, la respuesta por regiones fue enorme. Las exportaciones de Antioquia crecieron a un ritmo del 30%, las ventas externas de los Santanderes aumentaron al 18% y en la Costa a una tasa del 10%.



Esta dinámica exportadora de los dos últimos años fue quizá, en medio de la crisis fiscal y de inversión privada, el mayor impulso de la recuperación de los últimos meses. Estas diferencias en el desempeño externo de las regiones se manifiestan en el crecimiento industrial. Por ello, la recuperación empresarial ha sido más rápida en Antioquia, si se compara con el resto del país. La respuesta en empleo también es evidente: Cali y Bogotá, las dos ciudades más rezagadas en materia de exportaciones, también se quedaron atrás en el ritmo de crecimiento del empleo. La gran paradoja es que Bogotá, en esta transición de modelo de desarrollo, está concentrando el 70% del nuevo desempleo de todo el país.



Un nuevo modelo



Esta nueva forma de buscar el crecimiento está además desatando unas presiones de transformación tecnológica hacia sectores como telecomunicaciones, internet y reorganizaciones completas en la cadena de valor y en los procesos de logística de las empresas. Esa transformación hace que surjan nuevos polos de desarrollo que antes no se percibían. Esta dinámica de crecimiento parecen aprovecharla mucho más Bucaramanga, Medellín y Manizales.



Pero no solo es el hecho de que el modelo de crecimiento basado en mercados internos se agotó sino que, desde el punto de vista del desarrollo local, la descentralización también llegó a un punto en el que se requiere un replanteamiento de fondo. Durante toda la década pasada, las ciudades tuvieron ingresos cuantiosos por las transferencias y ello permitió que realizaran inversiones en educación y salud y que los alcaldes respondieran a los problemas del desempleo con el aumento acelerado de las burocracias locales. Ese esquema llevó a la quiebra a municipios como Cali y tiene en serias dificultades a muchos más. En el futuro no se podrá esperar que las transferencias crezcan más que la inflación como sucedió en el pasado, lo que representa un nuevo reto para los alcaldes que empiezan en el 2001.



¿Cómo van a responder los alcaldes al principal problema de la desocupación sin mayores recursos de transferencias y con las finanzas locales en estado crítico? La respuesta es una sola: los nuevos alcaldes tendrán que ser los principales promotores empresariales, de la competitividad y de los estímulos a la inversión local y extranjera.



En enero del próximo año, los nuevos líderes locales llegarán con el ánimo de responder a los múltiples problemas de las localidades pero sin recursos, sin mayor margen de maniobra para la inversión pública.



La situación fiscal de los municipios y departamentos es muy difícil. El departamento del Valle tiene un déficit anual superior a los $140.000 millones, lo que equivale al 1,0% de su PIB; Medellín también enfrenta un serio desbalance entre ingresos y gastos... y esta situación se repite casi en todas las ciudades. Ello obliga a replantear la función del Alcalde. A los alcaldes del período 2001-2004 les corresponderá resolver la crisis, crear empleos, sanear las finanzas y mejorar las condiciones de seguridad y confianza. Ello implica un acto de reinvención total. Los alcaldes que salen al final de este año actuaron sobre la base de que el Estado era el gran proveedor de servicios. Su visión fue local y poco orientada a la competitividad de las ciudades.



Los nuevos tendrán que dar el giro. Tendrán que articular sus agendas para la promoción del empleo productivo mediante la inversión privada, tendrán que hacer que las diferentes visiones de futuro sean de consenso y respondan a las expectativas de los sectores sociales y empresariales. Y, ante todo, deberán ser verdaderos gerentes globales de esa empresa denominada "ciudad". Con el proceso de consolidación de la globalización, cada vez es más claro que la competitividad reside en el terreno local: en las universidades, en la investigación, la educación, la infraestructura y en los estímulos para atraer el capital privado. No será extraño que los nuevos mandatarios seccionales tengan que salir en plan de road show, mostrando y vendiendo sus ciudades ante inversionistas internacionales.



Los nuevos alcaldes deben hacer parte activa de los Carces, Comités Asesores Regionales de Comercio Exterior, una iniciativa exitosa del Ministerio de Comercio Exterior que ha creado toda una dinámica exportadora en las regiones. Pero el reto trasciende a la necesidad de crear nuevos Carces para temas como el de la nueva e-conomía y la conectividad y promover la transformación de las empresas locales de telecomunicaciones en verdaderos polos de desarrollo de esas nuevas tecnologías en las regiones.



Ahora bien, la agenda no está solo en manos de los líderes políticos locales. Los empresarios tienen el reto de volver a hacer parte activa de la vida pública de sus ciudades, de participar en la creación de los planes de desarrollo futuro y de promover los temas que garantizan la competitividad internacional de sus regiones.



En síntesis, el gran reto consiste en cómo ponderar la prioridad de los graves problemas heredados con las posibilidades de construir futuro. Pues la salida no reside en la protección pública, sino en la promoción de lo que hemos llamado la economía civil. En que las visiones de las ciudades tengan el norte de la competitividad mediante la atracción de capital privado, la promoción de las exportaciones, las estrechas alianzas entre universidades, empresas y gobiernos locales.



La crisis es compleja y las demandas de la población frente a sus líderes públicos y privados son enormes. Sin los cuantiosos recursos de transferencias de otras épocas, la burocracia dejó de ser una opción. Por el contrario, los Estados locales tienen que disminuir de tamaño y hacerse mucho más eficientes. Con empresarios más proactivos en la vida pública y alcaldes realmente comprometidos con la generación de riqueza y bienestar por medio de la economía civil, la ruta tendrá puerto seguro. Además, las dificultades actuales se convierten en la oportunidad de oro para empezar de cero, para el nuevo modelo de ciudades globales que exige la nueva economía del siglo XXI.



Las ciudades están en pleno proceso de transición de una crisis profunda hacia un nuevo modelo de desarrollo.



El estado de ánimo de los habitantes en las ciudades principales es muy negativo. Solo en Bogotá se percibe un cambio en el último año: según la encuesta de Gallup, los bogotanos sienten que las cosas están mejorando. En las demás ciudades, la norma general es que la gente percibe un deterioro creciente.



Las ciudades más proactivas en competitividad y con claras ventajas geográficas o con un mayor desarrollo industrial están logrando mejores resultados en los mercados internacionales. Una muestra clara del cambio de modelo en el desarrollo regional.



El gran jalonador del crecimiento y el empleo está en los mercados externos. La evidencia demuestra que las regiones más activas en exportaciones crean más puestos de trabajo.



La unanimidad frente a los problemas más importantes en las ciudades es total: desempleo

e inseguridad. La prioridad de los alcaldes es, entonces, generar empleo en el corto plazo.

Con un agravante: la crisis de las finanzas públicas les impedirá atacar el problema

con gasto público y burocracia.



El modelo de transferencias también se agotó. Los alcaldes contarán con menos recursos públicos.



Aunque en muchas ciudades los ingresos fiscales alcanzan para cubrir los gastos

de funcionamiento, el gran problema fue el sobreendeudamiento. Los gastos por intereses son, en la mayoría de los casos, los causantes del déficit.Muy pocas ciudades están realmente haciendo la tarea para ser más competitivas en el futuro. Las ganancias en capacidad empresarial (índice que mide niveles de educación, infraestructura, creación de empresas y violencia) son muy pobres en algunas de las ciudades más importantes. Medellín está liderando por su empuje exportador y en las condiciones para la actividad privada.



No será extraño ver a los nuevos alcaldes en pleno road show en plan de vender sus ciudades a los inversionistas.



Las ciudades más importantes, con excepción de Bogotá, están en completa bancarrota. Sus gastos exceden los ingresos y la solución del problema no da espera. Por ello, el gran reto de los alcaldes está en buscar la generación de empleo, atraer la inversión privada y hacer una profunda cirugía fiscal.



La historia de la mayoría de los municipios es simple: los alcaldes se comprometieron con inversiones excesivas y crecimiento en burocracia cuando tuvieron los ingresos crecientes de las transferencias. Sobrevino la crisis y las ciudades se quedaron sin los ingresos y con una verdadera fiesta del gasto.



Las exportaciones serán la salida para recobrar el crecimiento de la economía en el mediano y largo plazo. Pero el país todavía está lejos de la meta de duplicarlas.



El viejo modelo



Las regiones se desarrollaron en una economía cerrada y con recursos públicos.



El modelo hizo crisis en la segunda mitad de los 90 en medio de una profunda recesión y de serios problemas en el frente de las finanzas públicas.



El nuevo modelo



Las ciudades tienen que globalizarse en el amplio sentido de la palabra.



Competitividad, educación, inversión privada, exportaciones, conectividad y convivencia social son las prioridades de la nueva agenda.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.