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| 6/6/2008 12:00:00 AM

Cinco años de cambios productivos

Durante el último lustro, la inversión y la productividad han sido los primeros elementos en la agenda de las mejores empresas colombianas.

El mundo empresarial en Colombia es hoy bien diferente al de hace cinco años. Las empresas líderes han dado un salto hacia adelante en términos de inversión y capacidad estratégica, su oferta de productos es mayor, su calidad mejor y ahora producen, mercadean y, lo más importante de todo, piensan de una manera diferente.

En la superficie, es posible que el cambio no sea evidente para muchos. En el año 2002, el 80% de los establecimientos de las 5.000 empresas no financieras más grandes del país estaba en los sectores de industria, comercio, servicios y petróleo. Tenía el 82% de los activos y hacía el 85% de las ventas. En 2007, esta estructura podría ser descrita casi exactamente en los mismos términos. Como en el pasado, en 2007 las mayores 100 empresas hicieron el 42% del total de las ventas de las 5.000, por cerca de $181 billones. Los nombres de las empresas que protagonizan estos movimientos también son prácticamente los mismos.

Sin embargo, una segunda mirada revela grandes transformaciones. El tamaño de los negocios ha aumentado sustancialmente. Los 5.000 establecimientos más grandes del país tenían activos por $323 billones en 2002, mientras que la cifra subió a $613 billones en 2007, un crecimiento del 14% compuesto por año.

Detrás de este crecimiento de los negocios hay una fuerte dinámica de inversión que se presenta a lo largo de la economía. La inversión, que estuvo represada en los años de crisis del comienzo de la década, se convirtió en el sello de distinción de las empresas líderes en este último periodo. La renovación tecnológica le ha permitido a muchas empresas sortear las difíciles condiciones de competitividad internacional que ha impuesto la revaluación del peso. Además, esta inversión en maquinaria y tecnología ha estado acompañada en muchos casos por un replanteamiento del papel que desempeña el capital humano en la organización. De esta manera, se está creando una brecha entre las empresas que han reconocido la importancia de la inversión en activos físicos y humanos y las que no lo han hecho. Esta distinción va a ser definitiva en la suerte de las empresas de aquí en adelante.

Más grandes, más rentables

Ha cambiado sustancialmente la composición de varios sectores. En el periodo, cerraron sus puertas o salieron de las 5.000 empresas cerca de 152 negocios agrícolas (equivalentes al 40% de los que había en 2002); 20 de medios de comunicación (32% de los que operaban en ese año) y 250 industriales (15% del sector). A la vez, se abrieron 49 nuevos establecimientos de telecomunicaciones (un crecimiento de 50% frente a 2002), 32 de transporte (crecimiento de 37%), 9 de minería (crecimiento de 27%) y 219 de servicios (26% más). Las empresas se hicieron más grandes, pues los activos por establecimiento se duplicaron en los sectores de comercio, construcción, industria y el sector agropecuario.

Sin embargo, el cambio no está solamente en el tamaño. La principal consecuencia del salto productivo está en que hoy las empresas son mucho más rentables. El margen bruto de las 5.000 empresas -la diferencia entre las ventas y el costo de producción- se mantuvo prácticamente inalterado, pues pasó de 29,6% de las ventas en 2001, a 30,1% en 2007 (ver gráfico). A pesar de eso, la utilidad operacional creció 140%, pasando de ser el 4,7% de las ventas al 11,3%.

Las empresas lograron aumentar sus ventas en un 67,6%, pero no expandieron proporcionalmente su planta administrativa. En otras palabras, la productividad laboral mejoró sustancialmente. Este es el corazón de la transformación empresarial del último lustro.

Este patrón de aumento de ventas sin crecimiento en los costos se repitió en todos los sectores que tuvieron incrementos importantes en rentabilidad. Los concesionarios de vehículos mantuvieron su margen bruto en el periodo, pero multiplicaron por tres su utilidad operacional -pasó de 1,6% a 4,9% de las ventas- porque aumentaron su facturación en 284%, mientras conservaron los gastos en la misma proporción de 2001. En minería, el margen bruto incluso se redujo de 28,5% a 26,4%, pero la utilidad creció 35% porque las ventas se duplicaron. Este mismo patrón se observa en un amplio rango de sectores, desde publicidad hasta construcción.

Más inversión

Aparte del control sobre los costos laborales, las empresas que consiguieron los mayores saltos en rentabilidad se caracterizan también porque hicieron inversiones cuantiosas en activos e incrementaron sus patrimonios.

Este es un cambio de la mayor trascendencia en el patrón de comportamiento de las empresas colombianas, que traían una fuerte inercia en contra de la inversión. Basta recordar cómo hace apenas tres años la banquera de inversión Violy McCausland, que ha asesorado a muchas de las mayores empresas latinoamericanas, se quejaba de la falta de iniciativa de los empresarios colombianos para reinvertir en sus negocios.

La ola de la rentabilidad no beneficia a todos por igual. En general, hay una diferencia de alrededor de 6 puntos porcentuales entre los mayores y los menores aumentos de rentabilidad dentro de cada sector durante el periodo. Esa situación se presenta en publicidad, madera, construcción, transporte, comercio o textiles y también en los demás sectores, con excepción de turismo y hoteles, tabaco y combustible. La conclusión es fundamental: el sector en el que se encuentra una empresa es importante, pero quien verdaderamente hace la diferencia es el empresario.

Esta observación es particularmente interesante cuando aparecen empresas exitosas en sectores que tienen muchos problemas. Protela y Leonisa, por ejemplo, aprovecharon la revaluación del peso, que ha sido el azote de las textileras locales, para importar la mejor maquinaria disponible en el mundo. Hoy enfrentan la competencia internacional desde una perspectiva favorable. Onda de Mar, con una marca chica pero bien posicionada, llegó a las páginas de Sports Illustrated, tiene oficinas en Dubai y abrirá un almacén en Filipinas para convertirse en la primera empresa de confecciones colombiana global, en el sentido literal del término.

La inversión en tecnología ha sido decisiva en varios sectores. Bruce Mac Master, socio del banco de inversión Inverlink, señala como ejemplos que "la productividad de Propilco se consiguió en buena medida por la inversión en nuevos reactores y ampliaciones, conservando el overhead sin cambios. Por su parte, en celulares, donde las inversiones en equipos y redes superaron los US$1.000 millones, los costos de administración subieron menos que proporcionalmente, aunque el número de usuarios aumentó de cinco millones de usuarios a 27 millones actualmente", afirma.

Esto no significa que no se cometieran errores. En ocasiones, el exceso de optimismo llevó a hacer inversiones sobredimensionadas, como ocurrió en algunos negocios de ventas de vehículos y empresas de construcción, que ahora tienen problemas de rentabilidad.

También se han cometido errores de asignación de recursos por otras razones. Las normas tributarias actuales a veces crean en las empresas la tentación de comprar activos innecesarios, para ahorrar impuestos. Sin embargo, cuando un activo no ayuda a mejorar las ventas y la productividad, no debería ser importante que salga barato por cuenta de un descuento tributario. Vale la pena considerar a este respecto la estrategia de algunas empresas de alimentos y comercio, que disminuyen sus activos para concentrar sus recursos en lo más rentable. Este es también el caso de Shell, que vendió sus estaciones de servicio de bajo margen a Petrobras para mejorar su rentabilidad.

Riqueza en los activos "blandos"

Al lado de la inversión en máquinas y tecnología, las empresas han invertido en el lado "blando" de la ecuación: las personas y los sistemas organizacionales.

En realidad, los dos tipos de inversión son caminos complementarios y no alternativos. La inversión en tecnología de información sirve para poco si no ocurre al mismo tiempo otra inversión en capacitación de gente y cambio de procesos. De hecho, la falta de progreso en el tema de capital humano llevó a que, durante mucho tiempo, el impacto de la inversión en tecnología de información sobre la productividad no fuera apreciable, a pesar de las grandes sumas que se invertían anualmente. Como lo dijo en 1987 el economista Robert Solow, "los computadores están en todas partes, menos en las estadísticas de productividad". Solamente más tarde, en los años 90, la productividad en Estados Unidos reflejaría la inversión acumulada durante las décadas anteriores en tecnologías de información.

En Colombia coexisten los dos mundos de Solow: el de las computadoras que reemplazan a las máquinas de escribir y a los archivadores y que ofrecen aumentos pequeños en productividad; y el de los chips que ayudan a manufacturar mejor, a conocer al consumidor más profundamente y a vender más. Estas últimas son las actividades que realmente disparan los resultados empresariales en términos de productividad. Es posible, además, que al llegar esta mezcla de tecnologías blandas y duras a Colombia, las empresas estén aprovechando el aprendizaje que se realizó en el resto del mundo para generar resultados en menos tiempo.

Las tecnologías de información pueden transformar operaciones rutinarias en verdaderos centros de rentabilidad. "Basta con mirar la automatización de procesos para la atención de clientes", dice la presidenta de IBM Colombia, Natalia de Greiff. "Los procesos de atención siempre están soportados por tecnología a través de portales de internet y call centers", afirma. Destaca avances como los de la banca electrónica y los que se consiguen cuando los usuarios siguen un menú telefónico, sin esperar a la operadora. Señala que las empresas pueden ganar mucho cuando automatizan sus procesos de provisión y distribución, o los que acortan el ciclo de negocios.

De Greiff señala que los sectores que han invertido con más fuerza en tecnología en los últimos cinco años son las telecomunicaciones, comercio y distribución, y las manufacturas, grupos que coinciden con los que más aumentaron su rentabilidad entre las 5.000.

En cuanto a la inversión en capital humano, la presidenta de la firma consultora Korn Ferry, María Gabriela Castro, afirma que es necesario identificar y seleccionar bien a los presidentes de empresa, pues su trabajo tiene un papel crucial en el logro de un retorno de las organizaciones y del capital físico. Castro menciona que el 70% de las fusiones y adquisiciones fracasa por factores culturales, "y eso es un problema de talento humano". Los sectores de consumo masivo y minería, dos de los campeones en rentabilidad, son los principales usuarios de empresas de talento humano, afirma. "Hay que invertir en el que sabe hacer las cosas", concluye.

José Manuel Acosta, presidente de la firma cazadora de talento Human Capital, afirma que las empresas que consiguieron los mejores resultados en Colombia aplican una serie de herramientas de recursos humanos para obtener su crecimiento acelerado. Estas empresas seleccionan por competencias para predecir mejor el rendimiento laboral de cargos clave. Escogen como miembros de junta directiva y de la alta dirección a personas orientadas al logro, con iniciativa, focalizadas al servicio al cliente, con liderazgo de equipo, experiencia, compromiso organizacional y altamente innovadoras. "Tener personas correctas trabajando en el entorno y rol correctos", afirma.

Finalmente, la aplicación de tecnologías de información y recursos humanos capacitados logra el mejor resultado cuando se traduce en la redefinición de procesos.

La innovación en los procesos también genera rentabilidad, dice Mauricio Campillo, presidente de la firma de consultoría Momentum Consulting Group. Lo que hace ganadora a una empresa es su capacidad de identificar las tendencias del mercado y crear "procesos que hagan mejor la vida de los clientes", asegura.

Aunque no hay una receta única, señala que las mejores son las empresas Mega, que se imponen Metas Grandes y Ambiciosas; asociadas a crecimientos de doble dígito y al logro de altas rentabilidades. "Hoy no solo interesa que las empresas tengan grandes ingresos sino también gran rentabilidad. Que sepan manejar bien los indicadores y que entiendan que la caja es importante", dice.

Estas compañías arriesgan sin comprometer el negocio principal. Identifican los activos ocultos o subvalorados. Un ejemplo de esto, dice, es IBM, que vio amenazado su negocio de hardware pero había desarrollado el de servicios tecnológicos. Hoy en día es el primer implementador de SAP en el mundo y ya es más fuerte en servicios tecnológicos que en hardware.

Estas compañías, además, entienden el mercado y son capaces de identificar tendencias con suficiente anticipación. Las empresas más exitosas del país pasaron de la internacionalización de productos a lo que se denomina una presencia productiva internacional. "Entre el grupo de empresas que avizoraron estos nuevos horizontes de crecimiento y lograron entender nuevas operaciones están Noel, Bancolombia, Team, Chocolates y Carvajal", afirma Campillo.

Impuestos

Un aspecto muy importante en el análisis de resultados de las 5.000 para este año es el pago de impuestos. Los resultados de Dinero muestran claramente que la factura de impuestos como porcentaje de las ventas se redujo para la gran mayoría de las empresas colombianas.

Esto fue producto de la reducción de la tarifa de impuesto de renta, que pasó de 38,5% en 2006 a 33% en 2007, y del beneficio tributario que permitía deducir el 30% del valor de la inversión en activos fijos productivos en 2006, el cual subió a 40% en 2007. El resultado neto es que las empresas que invirtieron en activos fijos antes de 2006 redujeron su impuesto de renta en 12 puntos en ese año y en 13,2 puntos en 2007.

La rebaja de impuestos por adquisición de activos no se refleja necesariamente en mayor productividad. Como afirma el abogado tributarista Mauricio Plazas, el concepto de activo fijo real productivo es un tanto etéreo. "Se refiere a que el activo esté atado a un proceso que genere renta, pero no es necesariamente un activo que genere más productividad" explica. Sin embargo, el análisis de las 5.000 empresas de Dinero arroja una conclusión en apariencia contradictoria. La mayoría de las empresas de alta rentabilidad estuvieron dispuestas a asumir una factura de la Dian mayor que las demás. Le dieron más importancia a su estrategia productiva que a la tentadora posibilidad de eludir impuestos. Se confirma así la lección: la productividad de un activo es el criterio más importante para decidir la inversión en él. Las demás consideraciones deberían ser accesorias.

Los resultados de las mayores 5.000 empresas de Colombia para los últimos cinco años son reveladores. Los líderes se caracterizan por su capacidad para invertir, desarrollar gente y procesos y plantear propuestas nuevas para el mercado. Los seguidores se quedan cortos y se van por la salida más fácil. Si las tendencias que se perfilan en los cinco años anteriores continúan hacia el futuro, es previsible que la distancia entre las empresas líderes y las demás tienda a aumentar. La pregunta que deben hacerse los gerentes y los accionistas de las empresas colombianas es: ¿en cuál de los dos grupos queremos estar?

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