| 10/30/1998 12:00:00 AM

CERO Crecimiento

El desempeño de la economía en 1999 podría ser el peor en décadas. Si la política económica no cambia de una vez por todas, la recesión se prolongará durante gran parte del gobierno Pastrana.

A mediados de octubre, casi sin repercusiones en los medios, se cerró una de las últimas oportunidades que quedaba para enderezar el curso de la economía colombiana. El 20 de este mes el Congreso aprobó el presupuesto de la Nación para el 1999. Este presupuesto, que mantiene el nivel del gasto público como proporción del PIB en 29%, garantiza que el crecimiento económico del año entrante en Colombia va a ser de cero, algo que no se veía desde 1930 y hace muy difícil una recuperación para el año 2000.



Mientras que la atención del público se concentra en adivinar qué partes de la reforma tributaria van a ser aprobadas, pocos han visto que este factor importa cada vez menos, pues el resultado esencial del juego ya está dado: con base en lo que se ha visto hasta ahora, sólo puede concluirse que el actual gobierno renunció a hacer un ajuste fiscal del tamaño que se necesita para que el sector privado vuelva a ser el motor de la economía.



Los compromisos adquiridos por el gobierno con los sindicatos de los trabajadores del Estado no hacen más que agravar una situación ya extremadamente difícil. En éste, no sólo se aumentan los requerimientos de financiación, sino que se renuncia a futuras posibilidades de reducir el gasto, como en los aportes a las universidades públicas que contempla la Ley 30 de 1992 o la incorporación de los maestros a la Ley 100 de 1993.



Desde la llegada al poder del nuevo gobierno, Dinero decidió abrirle un compás de espera a su gestión económica, hasta ver las decisiones. Pero éstas han demorado en llegar y, en la medida en que llegaron, ha sido evidente que no tienen el alcance necesario para revertir la peligrosa situación que vivimos y enfrentar el rápido deterioro de las condiciones externas.



El gobierno se jugó su principal carta, el presupuesto de la Nación, y le sobró timidez. Al Banco de la República le había pasado exactamente lo mismo con su propia carta, la tasa de cambio. A medida que el entorno internacional se vuelve más hostil para Colombia, el costo de esta timidez crece. Para revertir el efecto negativo del presupuesto aprobado habría que hacer un fuerte recorte unilateral del gasto. Esa medida, que requeriría auténtica audacia, es la última esperanza.



La reacción no alcanza



El ajuste fiscal que presentó el Ministro de Hacienda al Congreso en septiembre posiblemente se adecuaba a la situación económica anterior a la crisis de confianza externa. Sin embargo, en las condiciones externas actuales el paquete se quedó corto. Incluso si fuera aprobado por el Congreso en su totalidad no tendría efectos sobre el tamaño del déficit del gobierno central en 1999. No sólo sobrestima los recaudos de la reforma, sino también la capacidad del gobierno para conseguir recursos externos en medio de la crisis mundial.



Las proyecciones del gobierno estiman un déficit del gobierno central en 1998 entre 4,8% y 5% del PIB y de 3,5% del PIB al finalizar 1999. La reducción de 1,5 puntos se logrará mediante nuevos recaudos por $1,1 billones de la reforma tributaria y unos $500.000 millones que resultarán de una mejor gestión de recaudación por parte de la Dian.



Ambas cifras son cuestionables. Por un lado, los recaudos, en su totalidad provenientes de la reforma al IVA, están estimados sobre la base de un crecimiento económico de 2,5% en 1999. Pero el crecimiento difícilmente llegará a cero y los recaudos serán mucho menores. Y tanta ganancia por eficiencia en el recaudo es difícil de creer. El déficit del gobierno estará más bien en el orden del 4,5% del PIB que del 3,5%, sin mayor diferencia frente a este año. Las necesidades de financiamiento serán mayores que las previstas.



El financiamiento será aún más difícil a la luz de la reacción que ya generó en el exterior el presupuesto para 1999. Este mantiene los gastos en 29% del PIB, iguales que en 1998 y, además, está desfinanciado en $3,2 billones. El gobierno piensa que el faltante será cubierto con los $2,2 billones de ingresos que generaría la reforma tributaria y $1 billón de recorte a la inversión pública en 1999.



Aun sin saber en qué terminará la reforma tributaria, el gobierno afirma estar tranquilo, pues argumenta que si el Congreso no la aprueba en su totalidad, él podrá reducir el gasto en el monto necesario pues el artículo 347 de la Constitución ordena que el presupuesto sea balanceado.



Pero este procedimiento genera desconfianza en el país y el exterior, pues no sólo es complejo y demorado, sino poco creíble. Esto nos pone en una situación similar a la de comienzos de 1998, cuando por la misma razón empezó el ataque a la banda cambiaria.



Financiamiento en veremos



Para nadie es un secreto que las calificadoras de riesgo y los mercados de capitales externos tienen sus ojos puestos en Colombia, pues dudan que pueda corregir los desequilibrios externo y fiscal. Su mirada es hoy más escéptica que nunca, como lo demuestra la reacción de los mercados a la aprobación del presupuesto del 99. Mientras que para los demás países latinoamericanos se ha reducido la diferencia entre el costo de sus bonos y el de los papeles del Tesoro de Estados Unidos, este "spread" se mantiene inmodificado en el caso de Colombia.



Todavía no es claro cómo se van a comportar los flujos de capital externo hacia países emergentes en 1999. El banco de inversión Goldman Sachs estima que los flujos de capital neto a estas economías se van a reducir drásticamente, de US$280 millones en 1997 a US$100 millones en 1999. Otros más optimistas, como el Instituto Internacional de Finanzas, creen que sí va a haber una reducción de estos flujos, pero menor, de US$282,4 millones en el 97 a US$184,6 millones en el 99. El monto, en últimas, lo determinará la confianza de los mercados en estas economías y la asignación por país dependerá de la solidez de cada una de las economías.



Lo que sí es claro es que cuanto más dependa un país de los volátiles flujos de capital externo, más vulnerable es su posición. Con este criterio, Colombia no sale muy bien librada. El gobierno sigue previendo unos déficits corrientes insostenibles. Hay que conseguir capital para financiar el déficit de la cuenta corriente, que se estima entre 5 y 6% del PIB en 1999, y para atender los vencimientos de la deuda externa.



Este fue el motivo central por el que la agencia calificadora de riesgo Moody's puso la calificación de Colombia en revisión para un posible "downgrade". Para Moody's, la dificultad para conseguir el financiamiento externo de Colombia, US$15.000 millones en 1999, podría acabar con las reservas internacionales del país el año entrante. De esta suma, US$5.000 millones son para financiar el déficit de cuenta corriente, US$5.000 millones para la deuda de corto plazo ­financiamiento de comercio exterior y crédito interbancario­ y US$5.000 millones para la deuda de largo plazo, de la cual US$2.000 millones es pública y US$3.000 millones es privada.



Para el gobierno, los cálculos de Moody's son pesimistas, pues de acuerdo con esta calificadora Colombia podría conseguir sin problema US$9.000 millones, pero cuestiona la posibilidad de conseguir los US$6.000 millones restantes. El gobierno, por su parte, considera bastante improbable que se presente un "credit crunch" en el financiamiento del comercio exterior, pero en la situación actual esto no es del todo descartable. Además, el país recibirá unos US$5.000 millones en inversión extranjera provenientes de las privatizaciones de la ETB y de algunas entidades del sector eléctrico. Por último, según fuentes oficiales, el gobierno ya tiene asegurados recursos por US$1.500 millones con las entidades multilaterales y está trabajando en la consecución de otros US$1.800 millones. Con todo, en los cálculos del gobierno hay un faltante de US$4.000 millones que será difícil de conseguir.



Lo más grave es que la plata que falta por conseguir es la que va para el sector privado. En las condiciones actuales no va a ocurrir un "roll-over" automático de los US$3.000 millones de deuda privada. Los bancos seleccionarán cuidadosamente a los clientes que van a refinanciar. Incluso en los casos en que esto ocurra, las condiciones serán mucho más onerosas que en el pasado. En muchos casos no valdrá la pena tomar los créditos, pues además el riesgo de devaluación es alto. Es muy probable, entonces, que quienes tienen vencimientos de deuda externa en 1999 busquen recursos en el mercado interno para pagar estas deudas, presionando al alza tanto las tasas de interés internas como el precio del dólar.



En cualquier caso, las reservas internacionales están bajo ataque y Colombia, un país que no ocupa un lugar de privilegio entre las prioridades estratégicas de los países desarrollados, va a encontrar que el acceso a esos recursos es difícil.



No debe extrañar que frente a este panorama incierto se esté repitiendo el ataque a la banda cambiaria. Mientras no haya señales claras, como un ajuste auténtico del gasto público, o se confirme el acceso del sector privado a nuevos recursos externos, o se solucione la crisis mundial, el dólar seguirá siendo apetecido y las tasas de interés se mantendrán por las nubes.



No hay crecimiento



La combinación de tasas de interés por las nubes y revaluación persistente ha probado ser desastrosa para el crecimiento económico. Así ocurrió en 1981 y 1982, en el primer semestre de 1997 y en 1998.



Puesto que el nuevo gobierno no ha podido romper la inercia macroeconómica, 1999 también será un año pésimo. Las tasas de interés altas y la incertidumbre mantendrán frenada la inversión privada. Si no hay ningún cambio favorable en las tasas de interés, es muy posible que la inversión caiga por lo menos unos 10 puntos en términos reales. Esto se suma a la reducción de la inversión pública en un punto del PIB, lo que acentuará el efecto recesivo.



El consumo, tanto público como privado, se mantendrá deprimido en 1999. Inclusive es factible que decrezca en términos reales. La caída en el consumo afecta los ingresos del fisco por la menor recaudación de IVA y aranceles, pues las importaciones se contraen. Lo único que puede crecer en 1999, y esto gracias a la mayor devaluación, serán las exportaciones no tradicionales.



En términos de producto, el balance es un crecimiento de cero. El café y el petróleo crecerán, independientemente de la contracción económica, pues dependen de condiciones de largo plazo. La construcción no caerá porque será el centro de atención del gobierno para estimular el empleo. Pero el resto de sectores decrecerá. El sector financiero estará en problemas, pues las altas tasas de interés ­que se verán, a menos que haya un cambio radical en las políticas económicas­ acabarán con el poco oxígeno que le queda al sector y aumentarán la probabilidad de una crisis financiera.



Frente a una caída como la prevista en la inversión y el consumo, es muy poco probable un crecimiento de los servicios. Por el contrario, ésta será la mayor fuente de contracción. El otro gran golpeado en 1999 será el empleo. Nuestro cálculo más optimista estima un aumento del desempleo de dos puntos el año entrante.



Por estos motivos, Dinero prevé que el crecimiento económico en 1999 será de cero, en el mejor de los casos. Este pronóstico es ligeramente superior al de los economistas que consultamos, la mayoría de los cuales creen que el crecimiento podría estar entre -1% en el peor de los casos y 1% en el mejor.



Qué hacer



Un lema clásico de la política económica sugiere financiar los problemas temporales y ajustar los problemas estructurales. El ministro Juan Camilo no está leyendo correctamente la situación: está aplicando la receta equivocada.



Sus decisiones de las últimas semanas sugieren que el corazón de su plan es ganar tiempo para evitar ajustes a problemas estructurales. Ni el nivel de gasto público ni el déficit en cuenta corriente que resultan de las políticas actuales son sostenibles. Dedicar el esfuerzo a movilizar más impuestos internos, préstamos forzados y recursos multilaterales para sostener el altísimo nivel de gasto es absurdo. Esta política es una amenaza mayor para el sector privado. Poner en riesgo las reservas internacionales del país y la estabilidad de los sectores empresarial y financiero por defender una tasa de cambio que nadie quiere y al país no le sirve, es suicida y atenta contra las posibilidades de generar empleo.



Llegó la hora de cambiar la receta. Los daños hechos a la economía para 1999 ya son muy grandes. Si la política no cambia, el mal podría prolongarse en el 2000. Hay que salvar las empresas, el crecimiento y el empleo. Es indispensable recortar el gasto en 2% del PIB y proceder con la liberación de la tasa de cambio para devolver la economía a una senda de crecimiento (ver recuadro).



Al presidente Pastrana le ha costado mucho en popularidad no haber tomado decisiones radicales a tiempo. Si no las toma pronto, el deterioro de la economía durante todo su mandato le impedirá recuperarla. Sólo sin maquillajes y con un verdadero cambio radical se podría poner en marcha una reflación de la economía en los dos últimos años de gobierno.



Con austeridad fiscal y tasa de cambio competitiva y creíble, los intereses podrán volver a ser compatibles con la salud económica. Y los empresarios podrían cambiar la angustia por la sobrevivencia, por la ansiedad por invertir y hacer nuevos negocios, producir y crear empleo de la tasa de cambio en el curso de los próximos meses.
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