| 6/10/2005 12:00:00 AM

Cemento

Argos, Cemex, Holcim y Andino están sentados a una mesa de conciliación que coordina la Superindustria para poner fin a una batalla campal de precios y golpes bajos.

Hacía muchos años que el mercado del cemento en Colombia no estaba tan convulsionado. Por primera vez, esta industria bajó los precios. Un bulto de Cemento Samper, que a finales del año pasado costaba $20.000, hoy se consigue hasta en $7.000. "Esto ni siquiera lo vimos cuando la construcción estuvo paralizada en Colombia a finales de los 90, cuando por arte de magia los precios subían y subían, cuando por ley de oferta y demanda debían haber bajado y bajado", dijo el ingeniero civil Juan Carlos Herrera.

El sector está en medio de una guerra de precios sobre la que nadie quiere opinar. Ni siquiera Carlos Ossa, director ejecutivo del Instituto Colombiano de Productores de Cemento (ICPC), quien prefirió evadir el debate: "Yo no manejo el tema comercial. Ese no es nuestro resorte. Aquí manejamos las cifras del sector", dijo.

Sin embargo, proveedores de insumos para la construcción como Andrés Camargo, tienen sus dudas: "Si hay boom de la construcción y la demanda de cemento está creciendo, los precios debían estar arriba y no abajo. Algo bien raro debe estar pasando", dijo.

Argos, Cemex, Holcim y Andino, las principales productoras de cemento del país, están sentadas a una mesa de negociación que coordina la Superintendencia de Industria y Comercio para poner fin a esta batalla campal, y en la que se comprometieron a no dar declaraciones a la prensa para no entorpecer el proceso.

En ese tira y afloja, precisamente, salió a relucir que las cementeras han dejado de recibir US$200 millones, debido a la reducción de precios. También trascendió que Andino acusó a las empresas líderes (Argos, Cemex y Holcim) de lanzar al mismo tiempo segundas marcas con precios más bajos que sus marcas tradicionales: Ganacem, Sansón y Hércules, respectivamente. Estas, a su vez, acusaron a Cementos Andino de haber comenzado con esta estrategia de precios bajos con su marca Uno A.

Andino se defendió argumentando que la guerra de precios se inició en regiones como Santander, Boyacá y Cundinamarca, donde la compañía vende el 90% de su producción. Allí empezaron a caer sistemáticamente los precios de la competencia, mientras en otras regiones que no eran de su influencia permanecían estables. En retaliación, Andino empezó a vender sus productos en zonas controladas por sus competidores. Finalmente, Cementos Andino presentó ante la Superindustria una demanda por competencia desleal en octubre del año pasado, lo que dio inicio al proceso de concertación que lidera este organismo.

Pero no es la primera vez que Argos, Cemex y Holcim son llamadas al orden por la Superindustria. Hace cuatro años, firmaron un acta en la que se comprometieron a no llevar a cabo prácticas restrictivas del mercado, como acordar precios y repartirse el país por regiones. De esta manera, la entidad puso punto final a una investigación que realizaba en este sentido contra las tres compañías.

Y como 'río revuelto, ganancia de pescadores', otros se están beneficiando, pues mientras baja el cemento, suben insumos como ladrillos, tejas y grifería. "Esas rebajas nunca llegan al consumidor final. O cuándo se ha visto que baje el precio de los apartamentos nuevos porque caigan los precios del cemento", dijo un inversionista en finca raíz.



La jugada

Una de las mayores novedades que se ha registrado en la industria del cemento en Colombia, en los últimos años, fue la llegada de un nuevo fabricante: Cementos Andino. En 1998, la familia Santacoloma, de Pereira, entró en negociación con la familia Carbó, de Boyacá, que le había vendido su marca Cementos Hércules a Holcim. Sin embargo, la multinacional no adquirió los equipos con los cuales producían el cemento, lo que fue considerado como un gran error por las demás empresas que controlaban la industria. Los Santacoloma aprovecharon el descuido y compraron la fábrica, y luego conformaron un equipo directivo con amplia experiencia en el sector cementero que les permitió arrancar con buen conocimiento del mercado. Posteriormente, en 1999, montaron una planta en Cajicá, en inmediaciones de Bogotá. El hecho de haber nacido en tiempos de crisis les permitió dimensionar las plantas para aprovechar al máximo su capacidad instalada.

Una de sus principales estrategias consistió en atender a los pequeños constructores y los que hacen autoconstrucción, donde se concentra la mayor demanda de cemento del mercado. Pero lo que más disgustó a la competencia fue que Andino entró con una política diferente a la de precios relativamente altos que por años había mantenido la industria cementera, casi de manera sistemática.

Otra de sus fortalezas ha sido su capacidad de reacción. Cuando Cemex, por ejemplo, respondió a la presencia que estaba teniendo Andino entre los detallistas del sur de Bogotá, la compañía decidió crear una productora de concreto para atender a los grandes constructores como Pedro Gómez, que hoy adquiere el 80% de esta materia prima con Cementos Andino.

Y en febrero pasado, la compañía inauguró su nueva planta en Barranquilla, con la que aseguró una participación del 8% del mercado nacional, el cual ascendió el año pasado a 5,7 millones de toneladas anuales. Este hecho aceleró la guerra de precios que dirime la Superintendencia de Industria y Comercio.

Según cifras del ICPC, las ventas nacionales crecieron el 5,3% en 2004. Sin embargo, el consumo per cápita de cemento en Colombia es uno de los más bajos del mundo, con un promedio de 140 kilos por habitante, cuando el promedio mundial asciende a 230 kilos anuales. Y para completar, las plantas trabajan con exceso de capacidad instalada, la cual asciende a 14 millones de toneladas.

Y mientras se resuelve la concertación entre Argos (que aún controla el 50% del mercado con Cementos Caribe, Tolcemento y Colclinker), Cemex, Holcim y Andino, siguen apareciendo nuevas empresas productoras que también vienen por su respectiva tajada del mercado: Cementos del Oriente en Sogamoso, y Cementos Tequendama en Suesca.
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