| 3/1/1994 12:00:00 AM

Casanare: donde las garzas se despluman

Mi amigo el camino también me dio su consuelo y me dijo que nunca fuera a llorar él bien sabe que la vida está llena de sorpresas y que hay que perder y ganar. (COPLA LLANERA DE REYNALDO DE ARMAS)

En el ocaso del siglo XIX las plumas eran un codiciado accesorio de la moda europea; con ellas las damas abanicaban los sofocos que producían los valses, mientras los soldados imperiales las exhibían en sus altos penachos. Las famosas "aigrettes" venían del Casanare. Hasta Orocué, entrando por el río Orinoco y penetrando por el Meta, navegaban barcos alemanes, italianos y franceses, que las adquirían a US$500 por libra, que contenía 5.000 plumas. Las garzas migratorias habían elegido dormitorios en los pequeños bosques de matepalo y allí, durante el sueño, perdían sus plumas dejando el bosque cubierto de nieve tropical. Bastaba con recogerlas. Pero, bien pronto, hubo que hacerlo con el apoyo de las armas. En 1886, la intendencia descubrió las posibilidades económicas y expidió un decreto según el cual este recurso natural se remataba al mejor postor, quien tenía que organizar pequeños ejércitos de vigilantes privados para evitar el vandalismo. A veces las plumas quedaban manchadas de sangre.

Ya entonces, los mismos barcos recogían caucho, quina, y sarrapia. Se llegaban a exportar 50.000 cueros en un año. Las reses degolladas quedaban abandonadas para disfrute de los zamuros. Durante la primera mitad del siglo XX todas estas exportaciones desaparecieron por falta de demanda. Casanare no podía crecer por falta de términos de intercambio. Pero poco a poco, empezó a florecer una colonización que descendía de Boyacá hipnotizada por su tránsito del minifundio andino al latifundio sin fronteras. Y nació nadería extensiva (10 reses por habitante) que exportaban al interior y, a veces, a Venezuela. Casanare era una isla abandonada en medio del continente, que vivía de la autosuficiencia, la contemplación del paisaje, la soledad y la libertad.



LA HUELLA

DE LOS GENERALES




Apenas 25 años antes por aquí había pasado Bolívar; con sus llaneros desarrapados salió de Pore en junio de 1819 y ascendió a Boyacá por el sitio más inhóspito: el Páramo de Pisba. Dos meses más tarde estaba consolidada la independencia de Colombia. Por aquí pasó el general Uribe Uribe reclutando llaneros para luchar contra los conservadores en la Guerra de los Mil Días, en 1898. Por aquí habitó el general Guadalupe Salcedo durante el levantamiento de los años 1948 a 1953. Por aquí vino a pleitear José Eustasio Rivera, un general de la palabra; en los tiempos libres escribió La Vorágine que no tenía nada de ficción. En Casanare hay una constante de protagonismo en los hechos político-militares que revolcaron al país.

Entre tanto, los vientos de la política desplazaron la capital de un lado a otro. Ocho veces entre 1830 y el presente: Pore, Támara, Moreno, Nunchía, Orocué, fueron sedes del gobierno. Un boyacense, el general Reyes, le dio categoría de departamento en 1906. Otro boyacense, el general Rojas Pinilla, la sometió durante 20 años a la jurisdicción de Boyacá, en 1952. En 1972 se estableció la capital en Yopal y sólo hasta el 4 de julio de 1991 se convirtió en departamento. Así terminó la tutela y aparecieron la riqueza y los problemas.



LA LOTERÍA GEOLÓGICA



En 1970 empezó la actividad petrolera. Las regalías no aparecieron sino 15 años más tarde, pero los gastos de exploración y perforación crearon una vigorosa demanda de trabajo y servicios que se multiplicó gracias al descubrimiento de los yacimientos de Cusiana y Cupiagua.

Yopal, que es el nombre de un árbol de semilla alucinógena, fue fundada en 1926 para dar posada a los vaqueros que viajaban entre Labranzagrande y el llano. En 1990 tenía 25.000 habitantes; tres años más tarde su población se había duplicado.

Las amplias casas de palmiche han sido subdivididas para uso de comercio de importación porque allí no se produce nada. La ciudad está limpia. Hay dos calles asfaltadas con palmas en el separador. Todas las ventanas están protegidas por rejas y la moda arquitectónica consiste en construir edificios de cuatro pisos sin ascensor, de estilo confusamente andino de los años 50. Sólo hay un edificio con ascensor que ostenta un nombre inolvidable: Hotel Glorias Patria. Así, sin concordancia gramatical, que es el privilegio del mundo nuevo.

No hay antejardines ni separaciones entre casa y casa, ni estilo discernible. La razón para este abigarramiento en medio del llano ilimitado consiste en que no se han extendido los servicios públicos. Los barrios de casas nuevas, en extramuros, funcionan con pozos sépticos, como cuando pasó Bolívar.

Pero la prosperidad es evidente y los precios demoledores. Un metro cuadrado de tierra urbana vale $400.000 como en el norte de Bogotá. En el centro de la ciudad compiten caóticamente por el espacio los taxis amarillos, las motos, las tractomulas. En el aeropuerto 25 avionetas refulgen bajo el sol. En medio de la noche seca truenan los altoparlantes alimentados por el "veintiochazo". Este es el nombre vernáculo para el sistema de contratación por 28 días únicamente, que los contratistas remuneran con $400.000. Cuando terminan su contrato, los trabajadores se refugian en las cantinas hasta que los llaman nuevamente. Allí se quema el billete premiado de la lotería geológica.



LA RIQUEZA ATRAE

LA SUBVERSIÓN




Los líderes de la comunidad están insatisfechos y preocupados. No quedaron contentos con el arreglo del Fondo de Regalías. Querían más. Están atribulados con el problema de orden público. Alguien me dice: "El petróleo le dio rentabilidad a la violencia".

Hay síntomas preocupantes. Durante lo que va corrido de 1994 han sido asesinados tres alcaldes: los de Labranzagrande, Chámeza y Aguazul. Temen que la intimidación esté orientada hacia la manipulación de la elección de alcaldes de manera que no se presenten a la contienda sino quienes sean obsecuentes. Sospechan que las cuadrillas que operaban en Arauca, las mismas que extorsionaron a la compañía Mannesmann, se hayan trasladado a usufructuar el desamparo de los contratistas de Casanare.

La guerrilla ejerce una justicia sumaria e implacable; arregla diferencia entre vecinos, exige el matrimonio de los galanes criollos con las vírgenes ultrajadas, cobra impuestos y organiza las reivindicaciones de la comunidad. Recientemente la compañía BP quiso emprender una perforación en el municipio de El Morro. La carretera fue bloqueada por los vecinos que exigieron como precio la pavimentación de la vía hasta Yopal, algo que era desproporcionado. Pero la presión llevó a la mesa de negociaciones al gobernador, a las autoridades de BP y al comandante de la Brigada. Después de 15 días de forcejeo se firmó un acta en la que BP se comprometió al arreglo de la vía, la reconstrucción del puente de La Guatoca, la habilitación de un puesto de salud y el arreglo de las calles. El 2 de febrero el gobernador y el comandante de la Brigada firmaron como testigos el compromiso. Este episodio que se denomina localmente como "el esquema de El Morro" abrió una tronera en el orden institucional. Existe la convicción de que el movimiento era asesorado por la guerrilla que, ahora, reivindica su conquista.



EL GENERAL ESTÁ TRANQUILO



A dos cuadras de la plaza principal se esconde la brigada impecable y arborizada. El general Alvaro Villate nos recibe en traje de combate en una oficina carente de pretensiones. Exuda seguridad en sí mismo. Sus dotes excepcionales de comunicador se perciben inmediatamente.

"El petróleo es un generador de cambios -positivos y negativos que resultan inevitables", nos dice; entre los negativos está la violencia que no existió en este territorio durante cuarenta años.

Ahora es fácil intimidar a las gentes inermes con el ejercicio de la teoría de Maquiavelo según la cual, "el pueblo marcha conmigo no porque me quiere, sino porque me teme". Esto es lo que practica la guerrilla. Pero el general está tranquilo. Durante 1994 la subversión ha sufrido dieciséis bajas y el Ejército solamente dos.

A las tres de la tarde ocurre un momento simbólico del fortalecimiento de las instituciones: la entrega de las armas a cien reclutas voluntarios. Es una ceremonia en donde se funde el ritual castrense con la montonera de las madres ansiosas que se apretujan en torno a sus hijos. Cada fusil se entrega y se recibe con la emoción contenida y la dignidad natural de los llaneros. Se escucha el Himno Nacional y la invocación final del juramento: "Y si no que él o ella os lo demande".

En el lapso de 100 años la riqueza blanca de las garzas ha sido reemplazada por la avalancha negra,del petróleo. Ambas han atraído la violencia que, ahora, se ha convertido en un gran negocio. Para derrotarla se requerirán dos ingredientes: el desarrollo y la toma de conciencia de la comunidad. La fuente de desarrollo está en las regalías que, en 1992, alcanzaron a $20.000 millones y, a partir de 1996, llegarán a $100.000 millones anuales. Cuando las comunidades posean agua, alcantarillado, escuelas y puestos de salud, el pueblo asumirá el control de su destino. Será algo difícil pero totalmente posible.
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