| 3/26/2010 12:00:00 AM

Cambiar de método

Si alguna actividad enfrenta hoy una transformación radical en sus paradigmas más básicos, esa es la educación. Las nuevas tecnologías obligan a revisar a fondo lo que la educación hace y lo que la sociedad espera de ella. Como lo menciona Orlando Ayala, "estamos frente a un cambio fundamental y generacional en la educación, que arrancó hace algunos años pero que se ha ido exacerbando de manera agresiva".

En el mundo del pasado (es decir, desde la aparición del homo sapiens hasta hace unos 15 años) la información era escasa, los que tenían acceso a ella eran unos privilegiados y el conocimiento era resguardado por una casta de conocedores y especialistas. En el mundo globalizado e interconectado de hoy, en cambio, la información fluye a torrentes y está al alcance de todos.

Por eso, las expectativas de los usuarios del sistema educativo han cambiado drásticamente. Los estudiantes ya no esperan que la educación se limite a brindarles acceso a la información, pues esa la tienen a través de páginas web, juegos y redes sociales. Esperan que el sistema educativo les muestre caminos para hacer más y llegar más lejos a partir de su propia creatividad. Las empresas ya no esperan que el sistema educativo se limite a entregarles trabajadores buenos para seguir órdenes. Esperan empleados que sean capaces de crear valor a partir de información caótica, en contextos que cambian continuamente, utilizando herramientas que se vuelven obsoletas en cuestión de meses.

Hay, sin embargo, un actor para el cual las expectativas sobre los resultados de la educación solo han cambiado marginalmente. Ese actor es el propio sistema educativo. Las clases siguen manteniendo la estructura que tenían en la edad media, donde un profesor que es dueño del conocimiento se enfrenta con unos estudiantes concentrados en hacer lo que él ordena. La infraestructura de tecnologías de información en los colegios es escasa frente a las necesidades. El sistema entero sigue siendo evaluado por los medios que emplea y no por los resultados que logra.

Es urgente acelerar el proceso de cambio de nuestro sistema educativo. Dinero realizó recientemente un conversatorio sobre este tema con líderes de varias universidades y colegios de primer orden en el país. A continuación presentamos algunos de los resultados de este debate.

Paradójicamente, el mayor reto que imponen las nuevas tecnologías no es siquiera la actualización tecnológica que es, sin duda, un problema gigantesco (ver página 56). Es el replanteamiento del modelo educativo para que pase a centrarse en el estudiante y no en el profesor o en las necesidades de la institución.

La mayoría de nuestros colegios están muy lejos de ese objetivo. Sin embargo, esta aproximación a la educación no es nueva es lo que plantea de tiempo atrás el constructivismo.

El papel del maestro debe cambiar radicalmente. "Ahora el maestro puede enseñar, no informar", afirma José Luis Villaveces, vicerrector de investigaciones y doctorados de la Universidad de los Andes. Su tarea principal es "enseñar a aprender" pues "aprender es hacer cosas con la información", lograr que el estudiante sea consciente de todos los pasos que conforman el proceso de aprendizaje y que transite por sí mismo a lo largo de ellos.

"Antes, las universidades trabajaban en habilidades de solución de problemas", comenta Mauricio Ruiz, profesor de la facultad de Administración de la Universidad de los Andes. "Los estudiantes recibían la información y su tarea era encontrar la respuesta. Ahora, el estudiante debe empezar por organizar y analizar una información abundante y desordenada. ¿Cómo se informa una persona? ¿Cómo analiza información? ¿Cómo llega a fuentes confiables de información? Eso nos tenía sin cuidado hace 20 años. Hoy, desarrollar un sentido crítico sobre qué tipo de información se debe usar para cada tipo de problema es un asunto central", dice Ruiz.

Un ejemplo interesante respecto a la aplicación de un modelo educativo centrado en el estudiante es el del colegio Fontán, donde se aplica el Sistema Educativo Relacional Fontán (Serf), desarrollado por Julio Fontán, rector del colegio. Este sistema busca el desarrollo de la autonomía y excelencia en los estudiantes a partir de la realidad de cada individuo y del desarrollo de sus habilidades y procesos cognitivos, emocionales y sociales, dentro del contexto social y cultural en el que viven.

El concepto de autonomía en este contexto, según explica Julio Fontán, hace referencia al "desarrollo de la capacidad de autorregulación", un elemento fundamental para brindar una educación individualizada en el Serf. Fontán asegura que con la personalización del proceso los estudiantes aprenden a tomar decisiones, a manejar su tiempo, a proyectarse en el tiempo y a asumir una posición crítica y propositiva frente a la realidad que los rodea. Por ello, la tecnología hace parte integral del proceso de aprendizaje, porque no es más que un facilitador para que "el niño desarrolle competencias y aprenda a tomar decisiones", según afirma Fontán.

Pero las posibilidades de cambio dependen necesariamente del acceso amplio y democrático a las tecnologías. Francisco Piedrahita, rector de la Universidad Icesi, insiste en que en América Latina se mantiene una enorme brecha digital e hizo un llamado para que el Estado intervenga para cerrar esta brecha en educación básica y media. "Muchos niños no tienen acceso a bibliotecas, pero internet puede ser una excelente biblioteca. Se necesita un cambio cultural de las instituciones educativas", expresa.

Las instituciones educativas y los maestros deben acelerar su preparación para poder aprovechar las tecnologías. Como lo afirma Octavio Henao, profesor e investigador del grupo de didáctica y nuevas tecnologías de la facultad de educación de la Universidad de Antioquia, "hoy los maestros tienen una inmensa oportunidad para cumplir su rol de formar, porque las tecnologías liberan al maestro de las tareas rutinarias".

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