| 6/10/2005 12:00:00 AM

Café

La única forma de dinamizar la industria torrefactora nacional es aumentar el consumo.

Paradójicamente, Colombia, que es el tercer productor mundial de café, tiene uno de los consumos internos más bajos (1,8 kg per cápita al año frente a 4,7 kg del promedio mundial) y lo más preocupante es que continúa cayendo. Este estancamiento en la demanda se ve reflejado en el pobre comportamiento de los indicadores de la industria que produce el café tostado y molido, en especial a partir del año 2000, cuando se produjo la crisis económica.

De hecho, entre ese año y 2004, las ventas de las empresas del sector apenas crecieron 4%, lo que a su vez afectó las utilidades y, por supuesto, la rentabilidad. Colcafé, por ejemplo, la compañía más grande del sector, con una participación de mercado superior al 50%, aumentó sus ventas en solo 2,5% en estos cinco años.

Este comportamiento tiene varias explicaciones, pero la principal, sin duda, es el poco esfuerzo que se ha hecho para estimular el consumo de café entre los colombianos y sobre todo el de calidad.

Históricamente, en el tema del café, el foco siempre ha estado en el mercado externo a donde se envía el 100% del café de calidad que se produce, es decir, el café excelso. Los subproductos obtenidos de la trilla del café para exportación, específicamente, café consumo (granos defectuosos o de menor tamaño que no son exportables) y pasilla, son los que se utilizan para la industria nacional.

Así que no solo no se ha estimulado el consumo, sino que los colombianos nunca han tenido acceso a los cafés de buena calidad.

Esto tenía una explicación clara cuando el café era la principal fuente de divisas del país y la economía se movía al vaivén de lo que pasara con este producto en el mercado internacional. Hoy la situación es bien diferente. El café pasó a ser el cuarto producto de exportación, después de petróleo, remesas y carbón y la industria nacional está estancada.



Cambio de estrategia

Si la industria torrefactora nacional quiere crecer, tiene que empezar por enseñarles a los colombianos a tomar café, pero para lograrlo tiene que mejorar la calidad del café que utiliza para consumo interno.

En Brasil, por ejemplo, hace años se tomó una decisión de este tipo con excelentes resultados. El consumo pasó de 2,5 kg per cápita a 5,2 kg. Para que esto fuera posible, se trabajó en la calidad del café que se les iba a vender a los brasileños, penalizando a aquellos productores que no utilizaran cafés de calidad en sus ventas al público. Igualmente, con varios estudios se le mostró a la gente las bondades del café e incluso esta bebida se volvió obligatoria en la dieta de los escolares.

El aumento del consumo llevó a que la caficultura de este país se desplazara hacia zonas más productivas, donde es posible la mecanización y, por tanto, los costos son más bajos. Con esto se llegó a todos los brasileños con un buen café a un precio competitivo. Brasil dejó de producir café exclusivamente para el mercado externo y hoy no solo es un gran consumidor, con 15 millones de sacos al año, sino que exporta a los mercados externos entre 25 y 30 millones de sacos.

Colombia podría emular lo hecho por Brasil y sería una oportunidad para ampliar la producción de café en el país. De hecho, el aumento en el consumo interno implica un aumento de la producción o una reducción de las exportaciones, ya que con lo que se produce actualmente sería imposible. De los 12 millones de sacos que se producen al año, se exportan unos 10,5 millones como excelso. El café restante, el que queda de la trilla, entre 1,1 y 1,5 millones de sacos, se utiliza en su totalidad como materia prima para la industria nacional, y no es suficiente. Es decir, en este momento, incluso sin que haya aumentado el consumo interno, hay un problema estructural de abastecimiento para la industria que es necesario corregir.

Algunas empresas del sector como Toscafé OMA, Amor Perfeitto, Pedro de Narváez y más recientemente Juan Valdez están trabajando exclusivamente con cafés de calidad con excelentes resultados. En el caso de OMA, por ejemplo, mientras que las ventas del total del sector crecieron 4% entre 2000 y 2004, las de esta empresa aumentaron 85% en este mismo período. Claro está que estas empresas están orientadas hacia el nicho de altos ingresos donde la calidad se paga con un precio alto, sin ningún problema.

Algo bien diferente ocurre cuando se trata de llegarle a toda la población. En un país como Colombia, con un ingreso per cápita cercano a los US$2.000 al año y el 60% de la población por debajo de la línea de pobreza, el tema de los precios es determinante. Por ejemplo, el alza de los precios del café en el mercado internacional que se inició hacia mediados del año pasado y que se ha trasladado al mercado interno, ya está afectando el consumo. De 1,95 kg per cápita que se consumían en 2003, se pasó a 1,8 kg en 2004.

Esto es apenas lógico, más aún, si no hay una cultura del café y si no se conocen los beneficios del producto. Fácilmente, los consumidores hacen la sustitución hacia otros productos que consideran una mejor compra por el precio que pagan.

La industria por tanto tiene un gran reto hacia adelante. Para crecer debe aumentar el número de consumidores, ofreciendo productos de calidad a precios que ellos puedan pagar. Esto, a su vez, tiene que estar acompañado de una campaña publicitaria acerca de las calidades del café, la manera de prepararlo para que siempre sepa bien y las virtudes que se derivan de su consumo.

Afortunadamente, la industria está consciente de esta necesidad y está trabajando para que en conjunto con todos los jugadores del sector se inicie una estrategia de este tipo. El problema, como siempre, está en los costos de implementarla y la manera de distribuirlos entre los diferentes actores.
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